Observaciones realizadas en seis lotes de la Universidad Nacional de Córdoba relacionan la densidad, la orientación de las hileras y la arquitectura de las plantas con la magnitud de los daños
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Una observación de seis lotes de maíz cultivados en el Campo Escuela de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba, en Argentina, aportó indicios sobre prácticas de manejo que podrían reducir el vuelco y la rotura de plantas durante episodios de viento intenso.
El análisis surgió después de que ráfagas fuertes provocaran pérdidas en campos del centro-norte de Córdoba. La vulnerabilidad aumentó en lotes maduros cuya cosecha se había retrasado durante julio y agosto debido a la combinación de ausencia de precipitaciones significativas y elevada humedad relativa.
La situación resulta relevante en un contexto en el que el maíz amplió su participación en la agricultura argentina. Entre las campañas 2014/15 y 2024/25, la producción nacional del cereal pasó de 34 a 52 millones de toneladas, según datos difundidos por la Bolsa de Comercio de Rosario.
El maíz maduro queda más expuesto al daño
Cuando el cultivo permanece en el campo después de alcanzar la madurez, las plantas pueden perder progresivamente capacidad para resistir cargas mecánicas. El viento puede entonces descalzar las raíces o quebrar el tallo, tanto por encima como por debajo del punto donde se inserta la espiga.
La demora también puede complicar la logística de recolección y aumentar la cantidad de grano que no llega al circuito comercial. Esa exposición adquiere mayor importancia cuando la cosecha debe movilizar volúmenes elevados, como ocurrió con el aumento de las exportaciones argentinas de maíz durante agosto.
Las observaciones realizadas en Córdoba no constituyen un ensayo concluyente ni permiten fijar una receta universal. Sin embargo, ofrecen referencias útiles para diseñar evaluaciones posteriores y revisar decisiones de manejo en zonas donde predominan vientos intensos durante la maduración.
La menor densidad registró menos tallos quebrados
En tres de los seis lotes evaluados, la densidad osciló entre ocho y nueve plantas por metro cuadrado. En los otros tres se mantuvo entre cinco y seis plantas por metro cuadrado.
Los lotes con la población más elevada presentaron, en promedio, un 50 % de plantas quebradas por encima del cuarto o quinto nudo. Con la densidad menor, la proporción de tallos afectados se redujo a menos del 15 %.
Los resultados respaldan la recomendación de no aumentar automáticamente el número de plantas por superficie. La población debe ajustarse al híbrido, al potencial del ambiente, a la disponibilidad de agua y nutrientes y al comportamiento histórico del lote.
Una densidad elevada puede intensificar la competencia por luz, agua y nutrientes, además de modificar la arquitectura del cultivo. No obstante, la experiencia cordobesa no permite atribuir el daño exclusivamente a este factor, porque la resistencia también depende de la genética, la estructura del tallo y otras condiciones ambientales.
La dirección de las hileras también mostró diferencias
Cinco de los seis lotes habían sido sembrados de este a oeste, en sentido transversal a la dirección predominante del viento. Para un mismo material, la proporción de plantas quebradas se redujo aproximadamente a la mitad cuando las hileras se orientaron de norte a sur, paralelas al viento.
Esta observación sugiere que la orientación de la siembra podría incorporarse a la planificación en campos donde la dirección de los vientos fuertes es relativamente previsible. Su aplicación dependerá, sin embargo, de la forma del lote, la pendiente, la circulación de maquinaria, el drenaje y otras restricciones operativas.
La planificación climática también debe considerar que el viento puede presentarse junto con sequía, tormentas, granizo o lluvias concentradas. En regiones productoras de granos básicos, el ajuste de las fechas de siembra y el seguimiento agroclimático ya forman parte de estrategias para reducir pérdidas agrícolas asociadas a condiciones meteorológicas adversas.
La genética influyó en la tolerancia al vuelco
Durante la campaña 2025/26 se observó que, con una densidad común de 60.000 plantas por hectárea, la genética del material tuvo una influencia determinante sobre su tolerancia o susceptibilidad al vuelco. La fertilización, por su parte, no produjo en esa experiencia una mejora positiva de la resistencia.
Entre los rasgos que deberían considerarse figuran una altura moderada de la planta, una inserción más baja de la espiga y tallos robustos, con mayor diámetro en la zona del nudo donde se ubica la mazorca. En los lotes examinados, una menor altura de inserción y ejes más largos en ese nudo estuvieron asociados con daños inferiores.
También se advirtió un posible antagonismo entre rendimiento de grano y tolerancia al vuelco. Por ello, la selección de híbridos debe buscar un equilibrio entre productividad, estabilidad estructural, duración del ciclo y adaptación al ambiente, sin asumir que el material de mayor potencial será necesariamente el más resistente.
Decisiones integradas antes de la próxima campaña
Las pautas propuestas incluyen evitar densidades excesivas, distribuir las fechas de siembra, seleccionar híbridos tolerantes de ciclos diferentes y orientar las hileras, cuando resulte viable, en la dirección de los vientos más frecuentes. También se recomienda no aplicar fertilizantes por encima de las necesidades comprobadas del cultivo.
La elección no debe hacerse a partir de un solo indicador. El historial de vuelco, la fertilidad del suelo, la disponibilidad hídrica, la frecuencia de tormentas y la capacidad para cosechar oportunamente forman parte de una misma decisión agronómica.
Además, diversificar cultivos puede distribuir riesgos productivos y mejorar el manejo del suelo. La rotación de cultivos como herramienta agronómica permite alternar especies, interrumpir ciclos de plagas y reducir la dependencia de un único resultado comercial.
Los datos del Campo Escuela deben interpretarse como indicios obtenidos en condiciones específicas. La validación de estas relaciones requiere ensayos con más lotes, repeticiones, materiales genéticos, densidades, direcciones de siembra y mediciones controladas de la velocidad del viento.
Fuente referencial:
Infocampo


