La RECSO evaluó 88 cultivares en más de 350 ensayos de la campaña 2025/26 y determinó que la genética explica entre el 50 % y el 60 % del aumento histórico de los rendimientos.
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO) presentó los resultados de la campaña 2025/26 y volvió a confirmar el aporte del mejoramiento genético al crecimiento de la productividad sojera en Argentina.
La evaluación comprendió 88 cultivares aportados por 12 empresas semilleras, más de 350 ensayos comparativos de rendimiento y 66 localidades representativas de los diferentes ambientes productivos del país.
La red generó más de 11.000 datos parcelarios sobre el comportamiento productivo, agronómico y sanitario de las variedades comerciales. Esta información permite comparar materiales bajo condiciones ambientales diversas y orientar la elección de semillas para cada región.
La presentación se realizó en la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en la provincia de Córdoba. La jornada reunió a autoridades del organismo, representantes de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y referentes de las principales instituciones de la cadena sojera.
El principal observatorio de cultivares de soja del país
La RECSO fue creada en 1980 por el INTA a partir de una iniciativa del investigador Héctor Baigorri, desarrollada desde la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez.
Desde 2004, la red funciona en articulación con ASA mediante un convenio de asistencia técnica que permitió ampliar el alcance de los ensayos y fortalecer la participación de las empresas semilleras.
Durante más de cuatro décadas, el sistema se consolidó como una referencia para productores, asesores, obtentores, instituciones científicas y programas de mejoramiento vegetal.
Su funcionamiento se basa en la repetición de ensayos bajo protocolos comunes. De esta manera, los resultados de cada cultivar pueden compararse en diferentes localidades, fechas de siembra, condiciones climáticas y grupos de madurez.
La evaluación genética complementa otros trabajos desarrollados por el INTA, entre ellos la creación de nuevas variedades de soja no transgénica adaptadas a las regiones productivas del centro y sur argentino.
Más de 350 ensayos en 66 localidades
Cristian Vissani, coordinador nacional de la RECSO, explicó que durante la campaña se analizaron 88 cultivares en más de 350 ensayos comparativos de rendimiento.
Las pruebas estuvieron distribuidas en 66 localidades que representan los principales ambientes sojeros de Argentina. La amplitud territorial permitió observar cómo responde cada variedad frente a diferencias de temperatura, precipitaciones, suelo, manejo y duración del ciclo.
El 92 % de los ensayos cumplió con los estándares de calidad establecidos por la red. Solo el 8 % fue rechazado durante el proceso de validación.
Los ensayos aceptados presentaron coeficientes de variación inferiores al 17 % y desvíos menores de 500 kilogramos por hectárea, indicadores que respaldan la consistencia estadística de la información.
Los resultados fueron validados el 18 de junio de 2026 por el Comité Técnico INTA-ASA de la RECSO durante una reunión celebrada en Marcos Juárez.
La Región Pampeana Norte superó los 4.300 kilos
La campaña registró buenos rendimientos en gran parte del territorio, aunque también mostró diferencias importantes entre regiones.
La Región Pampeana Norte, integrada por Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, el norte de Buenos Aires y el norte de La Pampa, superó un promedio de 4.300 kilogramos de soja por hectárea.
Esta región concentró la mayor cantidad de ambientes evaluados, con ensayos distribuidos en 46 localidades. El promedio general de este conjunto se situó alrededor de los 4.200 kilogramos por hectárea.
Los mejores resultados de la zona núcleo se registraron en Salto, O’Higgins y Chacabuco, donde los promedios alcanzaron aproximadamente 5.900 kilogramos por hectárea.
Marcos Juárez y Corral de Bustos también presentaron rendimientos elevados durante la campaña.
La respuesta de los cultivares depende de la interacción entre genética y ambiente. Identificar materiales adaptados resulta especialmente importante ante los problemas que pueden limitar la producción, como la fusariosis de raíz en la soja y otras enfermedades capaces de reducir la estabilidad del rendimiento.
El norte argentino alcanzó rendimientos destacados
La Región Norte obtuvo rendimientos cercanos a los 4.000 kilogramos por hectárea y presentó algunos de los resultados más altos de toda la red.
En Piquete Cabado y Las Lajitas, dos localidades de la provincia de Salta, los promedios llegaron a 5.000 kilogramos por hectárea.
Las precipitaciones acompañaron favorablemente el desarrollo del cultivo en estos ambientes y permitieron que los materiales evaluados expresaran una parte importante de su potencial productivo.
Los resultados muestran que las variedades comerciales pueden alcanzar niveles elevados de productividad fuera de la zona núcleo cuando existe una combinación adecuada de genética, disponibilidad de agua y manejo agronómico.
La adaptación a diferentes ambientes es uno de los objetivos centrales del mejoramiento. La identificación de germoplasma y características genéticas asociadas con el uso de nutrientes también puede contribuir al desarrollo de variedades de soja más resistentes.
El sur de Buenos Aires tuvo los rendimientos más bajos
La situación fue diferente en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde las condiciones ambientales limitaron el rendimiento de los ensayos.
En Miramar, Tres Arroyos y Balcarce, los promedios se ubicaron alrededor de los 2.100 kilogramos por hectárea, los valores más bajos registrados por la red durante la campaña.
La diferencia frente a los casi 5.900 kilogramos obtenidos en los mejores ambientes de la zona núcleo refleja la magnitud de la interacción entre los cultivares y las condiciones de cada región.
Un material con buen desempeño general no necesariamente ocupa las primeras posiciones en todos los ambientes. Por eso, la RECSO no establece únicamente una clasificación nacional, sino que proporciona resultados regionales para facilitar decisiones más precisas.
Entre Ríos evaluó una amplia diversidad de ciclos
En Entre Ríos se analizaron cultivares pertenecientes a grupos de madurez que se extendieron desde el III corto hasta el VIII.
Diego Santos, profesional del INTA Paraná e integrante del Comité Técnico de Evaluación, indicó que gran parte de la provincia tuvo buenos resultados, aunque con diferencias entre localidades.
Los mejores ambientes entrerrianos alcanzaron promedios de entre 4.200 y 4.400 kilogramos por hectárea.
La evaluación de distintos grupos de madurez permite determinar qué materiales se ajustan mejor a la duración de la estación de crecimiento, las fechas de siembra y las condiciones ambientales de cada zona.
La elección del ciclo también influye en la exposición del cultivo a periodos de sequía, temperaturas elevadas, excesos de agua o enfermedades durante las etapas críticas.
La genética aporta 15,3 kilos adicionales por año
Uno de los principales resultados presentados fue la estimación del progreso genético alcanzado por la soja argentina.
Los estudios desarrollados por la Asociación de Fitomejoradores e Investigadores en Soja de la Argentina (PROSOJA) determinaron una ganancia genética promedio de 15,3 kilogramos por hectárea cada año.
Este avance equivale a un crecimiento anual del rendimiento cercano al 0,96 %. Las mayores ganancias fueron observadas en los grupos de madurez VI y VIII.
Los técnicos calculan que entre el 50 % y el 60 % del aumento del rendimiento logrado por la soja argentina se explica por el trabajo de mejoramiento genético.
El desarrollo de variedades con mayor productividad, adaptación y resistencia constituye una de las principales vías para aumentar la producción sin depender exclusivamente de una expansión de la superficie sembrada.
La investigación internacional también busca modificar características específicas de los granos. Un estudio identificó, por ejemplo, un gen que permite intervenir sobre la textura y dureza de las semillas de soja, una cualidad relevante para determinados mercados alimentarios.
La genética necesita un manejo adecuado
El progreso genético no garantiza por sí solo que una variedad alcance su rendimiento máximo. Los especialistas advirtieron que el potencial debe estar acompañado por nutrición, disponibilidad de agua y prácticas de manejo adecuadas.
Santos comparó una variedad de alto potencial con un automóvil de Fórmula 1: aunque disponga de las mejores características, no podrá desarrollar su capacidad sin una buena pista y el combustible necesario.
La nutrición fue identificada como uno de los principales desafíos de la producción sojera. Una provisión insuficiente de nutrientes puede impedir que las variedades modernas expresen las mejoras incorporadas durante los programas de selección.
También influyen la calidad de la implantación, la fecha de siembra, la densidad de plantas, el control de malezas y el manejo de enfermedades e insectos.
El desafío del mejoramiento moderno consiste en combinar el rendimiento visible de la parte aérea con características menos evidentes. Algunas investigaciones advierten que la selección intensiva podría haber dejado sistemas radiculares menos eficientes en cultivos modernos, lo que abre nuevas líneas para desarrollar variedades capaces de explorar mejor el suelo.
Una herramienta para elegir la variedad adecuada
La información de la RECSO ofrece fundamentos objetivos para seleccionar cultivares comerciales.
En lugar de depender de resultados obtenidos en una sola parcela, la red permite observar la estabilidad de cada material a través de numerosos ambientes y campañas.
Los productores y asesores pueden utilizar estos datos para comparar rendimientos, comportamiento sanitario, grupos de madurez y adaptación regional.
La información no reemplaza el conocimiento de cada establecimiento, pero permite reducir la incertidumbre al momento de decidir qué materiales sembrar.
También ofrece a los programas de mejoramiento una base para determinar cuáles son las características que explican el desempeño superior de determinados cultivares.
Un trabajo articulado entre instituciones y empresas
De la presentación participaron representantes del INTA, ASA, la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSOJA), PROSOJA, el Instituto Nacional de Semillas (INASE) y otras organizaciones vinculadas con el sector.
Juan Erdmann, gerente de Asuntos Técnicos de ASA, destacó a la RECSO como un ejemplo de articulación entre instituciones públicas y empresas privadas.
La red reúne información generada durante más de 45 años y constituye una herramienta para los obtentores y programas dedicados al desarrollo de variedades.
El representante de ASA sostuvo que la continuidad de las inversiones en genética también depende del reconocimiento de la propiedad intelectual de las nuevas variedades.
Para el sector semillero, la protección de las innovaciones permite financiar nuevas etapas de investigación, evaluación y lanzamiento de materiales comerciales.
Más de cuatro décadas siguiendo la evolución de la soja
La elección de Marcos Juárez como sede de la presentación recuperó el lugar donde comenzó la red en 1980.
Desde entonces, la RECSO pasó de evaluar un conjunto limitado de materiales a desplegar cientos de ensayos en las principales regiones productoras de Argentina.
La campaña 2025/26 confirma que las variedades nuevas ofrecen rendimientos superiores, pero también muestra que la respuesta cambia considerablemente entre regiones.
Los más de 11.000 datos parcelarios permitirán identificar qué cultivares expresan mejor la ganancia genética, en qué ambientes lo hacen y cuáles son las prácticas necesarias para acompañar ese potencial.
La próxima decisión no consiste únicamente en elegir la variedad con el promedio nacional más alto, sino en encontrar el material cuyo ciclo, sanidad y estabilidad se adapten mejor a las condiciones concretas de cada lote.
Fuente(s) referenciales

