Ensayos del INTA mostraron que esta fuente de nitrógeno redujo cerca de una unidad el pH del suelo en campo y favoreció la nutrición, la fotosíntesis y la biomasa frente a la urea
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Santiago Duarte
Una investigación realizada por especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina determinó que el sulfato de amonio puede ofrecer ventajas frente a la urea para fertilizar sorgo (Sorghum bicolor) cultivado en suelos alcalinos-salinos-sódicos. Los experimentos mostraron que esta fuente nitrogenada redujo el pH del suelo, mejoró la absorción de nutrientes y favoreció la actividad fotosintética y la producción de biomasa.
El trabajo comparó tres híbridos de sorgo bajo condiciones de campo e invernadero, utilizando un suelo afectado simultáneamente por alcalinidad, salinidad y sodicidad y otro suelo de referencia sin esas restricciones. Los tratamientos incluyeron sulfato de amonio, urea y un control sin fertilización, lo que permitió evaluar no solamente el aporte de nitrógeno, sino también las diferencias generadas por cada fuente.
Los resultados aportan información para el manejo de terrenos marginales donde el exceso de sales y el elevado pH restringen la disponibilidad de nutrientes. El problema forma parte de un desafío agrícola más amplio: la salinidad dificulta la absorción de agua y altera procesos esenciales en las plantas, reduciendo su capacidad de crecimiento y producción.
El sulfato de amonio redujo el pH donde la urea no lo hizo
Una de las principales diferencias apareció en la reacción química del suelo. Bajo condiciones de campo, la aplicación de sulfato de amonio redujo aproximadamente una unidad el pH del suelo alcalino-salino-sódico, mientras que la urea no produjo un cambio significativo en este indicador.
La acidificación asociada con el sulfato de amonio resultó relevante porque el pH elevado limita la disponibilidad de determinados nutrientes. En esos ambientes, el problema no consiste únicamente en aportar nitrógeno: la condición química del suelo puede impedir que la planta acceda adecuadamente a otros elementos indispensables para su desarrollo.
El manejo de estas tierras requiere, por tanto, decisiones específicas y no una receta general de fertilización. Experiencias internacionales han mostrado que la recuperación productiva de suelos salinos depende de combinar fertilización con otras prácticas de manejo, entre ellas estrategias destinadas a mejorar la estructura del terreno y favorecer la eliminación de sales.
Más nitrógeno y fósforo llegaron a las hojas del sorgo
El cambio en el ambiente edáfico estuvo acompañado por una mejora en el estado mineral de las plantas. El sulfato de amonio incrementó la absorción de nutrientes esenciales que suelen encontrarse limitados en estos suelos, entre ellos nitrógeno, fósforo, potasio y calcio.
El INTA destacó particularmente el aumento de las concentraciones foliares de nitrógeno y fósforo. Esa respuesta es importante porque ambos nutrientes participan en procesos fundamentales para el crecimiento vegetal y su disponibilidad puede reducirse cuando las características químicas del suelo restringen su absorción.
La comparación con la urea muestra que la cantidad de nitrógeno suministrada no constituye el único criterio para seleccionar un fertilizante. La forma química del producto y su interacción con el suelo pueden modificar la respuesta del cultivo. Este principio también es relevante en otros cereales, donde la eficiencia de la fertilización nitrogenada depende de la dosis, el momento de aplicación y las características del lote.
En el caso del sorgo estudiado, el sulfato de amonio consiguió modificar favorablemente el entorno químico de las raíces y, a partir de ese efecto, mejorar el estado nutricional de las plantas. La urea no produjo la misma respuesta en el suelo sometido a las restricciones combinadas de alcalinidad, salinidad y sodicidad.
La fotosíntesis también respondió al tratamiento
Los investigadores analizaron la fluorescencia de la clorofila para conocer cómo los tratamientos influían sobre el funcionamiento del aparato fotosintético. Los resultados indicaron que el sulfato de amonio mitigó daños asociados con el estrés sobre la cadena de transporte de electrones del fotosistema II.
La mejora nutricional se relacionó con mayores tasas fotosintéticas y una mayor producción de biomasa frente a las plantas no fertilizadas. Esto muestra que la respuesta observada no quedó limitada a los análisis químicos del suelo o de los tejidos vegetales, sino que alcanzó procesos fisiológicos vinculados directamente con el crecimiento.
La salinidad constituye una presión especialmente severa porque combina dificultades para captar agua con efectos tóxicos derivados de la acumulación de determinados iones. Investigaciones recientes también han identificado bacterias del suelo capaces de fortalecer las raíces de cultivos sometidos a estrés salino, otra línea de trabajo dirigida a mantener la productividad en ambientes degradados.
Los tres híbridos no respondieron de la misma manera
La investigación utilizó tres híbridos de sorgo identificados como 155, 163 y SIP. Los resultados mostraron diferencias entre genotipos, lo que indica que la eficacia de la fertilización debe analizarse junto con la capacidad de cada material vegetal para tolerar las restricciones del suelo.
Los híbridos moderadamente tolerantes 163 y SIP alcanzaron, al recibir sulfato de amonio, una producción de biomasa comparable con la observada bajo las condiciones del suelo de referencia. Este comportamiento respalda la posibilidad de combinar una fuente de fertilización adecuada con la selección de genotipos mejor adaptados.
La interacción entre ambiente, genética y manejo también aparece en otras investigaciones sobre sorgo. En regiones semiáridas de Argentina, el INTA ha comprobado que la elección del cultivo y su adaptación al agua disponible son fundamentales para estabilizar la producción cuando existen fuertes restricciones ambientales.
Los autores del estudio advierten, por tanto, que el sulfato de amonio no debe interpretarse como una respuesta idéntica para cualquier sorgo y cualquier terreno. La magnitud de los beneficios observados estuvo condicionada por el híbrido utilizado y por las características del suelo.
La fuente de nitrógeno puede ser tan importante como la dosis
Los resultados refuerzan la necesidad de ajustar la fertilización a las propiedades del suelo. En terrenos alcalinos-salinos-sódicos, elegir una fuente capaz de modificar parcialmente el pH puede generar efectos diferentes a los de un fertilizante que aporta nitrógeno sin producir la misma acidificación.
Este criterio resulta particularmente importante porque el uso de enmiendas o fertilizantes sin considerar la salinidad puede incluso agravar las restricciones. Un estudio reciente comprobó que determinados biochar elaborados con paja pueden aumentar la salinidad del suelo cuando sus características y dosis no son compatibles con las condiciones del terreno.
El trabajo del INTA tampoco plantea que la urea sea ineficiente como fuente nitrogenada en términos generales. La comparación se realizó específicamente bajo las condiciones evaluadas de suelos alcalinos-salinos-sódicos, donde el sulfato de amonio produjo una respuesta química y fisiológica que la urea no reprodujo.
Los investigadores consideran que los resultados posicionan al sulfato de amonio como una herramienta agronómica útil para mejorar el crecimiento del sorgo en este tipo de tierras marginales. La aplicación práctica requiere, sin embargo, considerar las características particulares del lote y el genotipo utilizado antes de definir la estrategia de fertilización.
Una alternativa para recuperar productividad en tierras restrictivas
Los suelos afectados simultáneamente por salinidad, sodicidad y alcalinidad representan un desafío porque varias restricciones actúan al mismo tiempo. La acumulación de sales dificulta el funcionamiento de las raíces, el sodio puede deteriorar propiedades del suelo y el pH elevado reduce la disponibilidad de nutrientes esenciales.
En este contexto, la investigación aporta una herramienta potencial para utilizar terrenos con limitaciones productivas sin asumir que todos los fertilizantes nitrogenados tendrán el mismo comportamiento. Los resultados muestran que la interacción entre el fertilizante, el suelo y el genotipo puede ser decisiva para obtener una respuesta favorable.
El trabajo fue realizado por María Belén Ciacci, Rodrigo Ezequiel Domínguez, Silvia del Carmen Imhoff, Dolores Ángela Bustos, Fernando Salvagiotti y Darío Fernando Luna, con participación de especialistas vinculados al INTA, Conicet y otras instituciones académicas. La investigación fue publicada en 2026 en la Revista de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo.
La principal implicación agronómica es que el manejo del nitrógeno en suelos problemáticos debe contemplar algo más que la cantidad aplicada. En los ensayos, el sulfato de amonio modificó el pH, mejoró la nutrición mineral y protegió el funcionamiento fotosintético, mientras que la respuesta dependió también de la tolerancia de los híbridos de sorgo utilizados.
Fuentes referenciales:
Agrofy News
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
Revista de la Facultad de Ciencias Agrarias – Universidad Nacional de Cuyo


