La decisión abre un plazo para aprobar un plan de recuperación mientras pescadores artesanales amazónicos buscan evitar la pérdida de una fuente esencial de ingresos
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Brasil incorporó al tambaqui, también conocido como cachama o gamitana, a su Lista Nacional Oficial de Especies de la Fauna Amenazadas de Extinción. La clasificación como vulnerable encendió la preocupación entre los pescadores artesanales de la Amazonía, para quienes este pez representa alimento, comercio e ingresos familiares.
La actualización fue publicada por el Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático a finales de abril de 2026. La decisión no estableció una prohibición inmediata de captura y comercialización, pero exige elaborar y aprobar un plan de recuperación poblacional que permita compatibilizar la conservación de la especie con la continuidad de la actividad pesquera.
El plazo de 180 días fijado por las autoridades concluye el 25 de octubre. Si el plan no queda aprobado dentro de ese periodo, la pesca del tambaqui silvestre podría ser prohibida en Brasil, una posibilidad que genera incertidumbre en comunidades cuya economía depende de las capturas realizadas en ríos y lagos amazónicos.
Una caída proyectada de 43,4 % en tres generaciones
El tambaqui, cuyo nombre científico es Colossoma macropomum, fue clasificado como vulnerable a partir de una proyección que estima una reducción general de 43,4 % de su población durante tres generaciones. La explotación pesquera figura entre las presiones consideradas en la evaluación.
La categoría vulnerable indica que la especie enfrenta un riesgo de extinción a mediano plazo si las amenazas responsables de su disminución no son controladas. No significa que el pez haya desaparecido de los mercados o de todos los ambientes donde habita, sino que la evolución de sus poblaciones requiere medidas de recuperación.
El tambaqui es uno de los peces de escamas más grandes de América del Sur. Habita las cuencas del Amazonas y del Orinoco, realiza desplazamientos vinculados con el ciclo de inundaciones y se alimenta en gran medida de frutos y semillas cuando accede a los bosques inundados.
Su valor ecológico está conectado con esa dieta. Al transportar y consumir frutos, el pez participa en las relaciones entre los ríos y la vegetación amazónica. La reducción de los ejemplares grandes puede afectar tanto la reproducción de la especie como las funciones que desempeña dentro del ecosistema.
La pesca sostiene economías familiares amazónicas
La clasificación provocó temor entre pescadores que dependen de la captura silvestre. Para algunas familias, el tambaqui aporta una fracción considerable de los ingresos obtenidos durante la temporada de pesca y constituye uno de los productos más valorados en los mercados regionales.
Una eventual prohibición tendría efectos distintos según el territorio. Las comunidades con pocas alternativas productivas, acceso limitado al transporte o dependencia elevada de los recursos fluviales enfrentarían mayores dificultades para sustituir los ingresos.
El caso se asemeja a los desafíos de gestión que rodean a otras especies amazónicas de alto valor. El pirarucú está sometido a controles y vigilancia comunitaria en diversos territorios debido a la presión de la pesca ilegal y la elevada demanda de su carne.
Las experiencias con el pirarucú muestran que la conservación puede combinarse con aprovechamiento regulado cuando existen conteos, vigilancia local, periodos de veda y límites de captura. No obstante, la aplicación de un sistema semejante al tambaqui requiere información sobre sus poblaciones y acuerdos adaptados a sus movimientos y ciclo reproductivo.
Los pescadores cuestionan la cobertura de los datos
Representantes del sector pesquero han expresado dudas sobre la información utilizada para incorporar al tambaqui a la lista. Uno de los cuestionamientos sostiene que la evaluación se concentró en zonas no protegidas, equivalentes a cerca del 61 % del área de distribución analizada.
Los pescadores argumentan que también deben considerarse los datos procedentes de unidades de conservación y tierras indígenas, donde la especie está presente. Desde esta perspectiva, la ausencia de información completa podría producir una estimación que no refleje todas las poblaciones existentes.
La falta de datos pesqueros continuos es, al mismo tiempo, uno de los obstáculos para demostrar el estado real de los ejemplares silvestres. Los desembarques, tamaños capturados, áreas de reproducción y cambios en el esfuerzo pesquero no siempre se registran de manera uniforme en la extensa cuenca amazónica.
Esta incertidumbre no elimina las señales de sobreexplotación observadas en varias zonas. Registros históricos indican que los ejemplares jóvenes representan una proporción creciente de las capturas en algunos sectores, mientras que los peces grandes, fundamentales para la reproducción, se han vuelto menos frecuentes.
El plan de recuperación deberá conciliar pesca y conservación
La preparación del plan está siendo coordinada con participación de autoridades ambientales y pesqueras, investigadores y representantes de las comunidades. Su contenido deberá definir qué medidas se aplicarán para recuperar las poblaciones sin imponer cargas desproporcionadas a los pescadores artesanales.
Entre las opciones de manejo se encuentran el respeto de tallas mínimas, la protección de zonas reproductivas, el fortalecimiento de las vedas, la vigilancia de la pesca comercial y el seguimiento de los desembarques. La selección final deberá basarse en la situación de cada cuenca y en datos verificables.
Los acuerdos comunitarios ofrecen un antecedente relevante. En el estado de Amazonas, diversos proyectos han fortalecido la participación de las comunidades en la vigilancia y administración de lagos, con reglas definidas localmente para evitar la sobrepesca.
La protección también debe considerar la pesca ilegal y las capturas realizadas fuera de los acuerdos. Sin fiscalización, las restricciones cumplidas por las comunidades pueden perder eficacia si embarcaciones externas continúan explotando los mismos recursos.
La piscicultura queda fuera de las restricciones sobre capturas
Las nuevas disposiciones se dirigen a las poblaciones naturales y no prohíben la comercialización de tambaqui producido en cautiverio. Los peces criados en estanques pueden continuar vendiéndose cuando el productor cuenta con licencia ambiental y documentos fiscales que acrediten su origen.
La piscicultura de tambaqui tiene una importancia considerable en Brasil. Antes de la nueva clasificación, la producción nacional ya alcanzaba alrededor de 100.000 toneladas anuales, situando a la especie detrás de la tilapia entre los peces más cultivados del país.
El potencial productivo y comercial de la cachama negra se relaciona con su crecimiento, alimentación mayoritariamente vegetal, tolerancia a concentraciones reducidas de oxígeno y aceptación entre los consumidores.
La expansión de la acuicultura podría ayudar a abastecer el mercado y reducir parte de la presión sobre los ejemplares silvestres. Sin embargo, necesita controles de origen, manejo sanitario, calidad del agua y prevención de escapes que puedan afectar otros ambientes.
Un análisis sobre la acuicultura y la seguridad alimentaria en la Amazonía destacó su capacidad para producir proteína utilizando menos tierra que la ganadería, aunque también advirtió sobre los riesgos asociados con especies no nativas y cambios de uso del suelo.
La conservación afecta toda la cadena comercial
Las reglas no involucran solamente a quienes capturan el pez. Transportistas, comerciantes, restaurantes y vendedores de mercados deberán diferenciar el tambaqui silvestre del procedente de criaderos y conservar documentos que permitan verificar su origen.
Las autoridades municipales y organizaciones del sector tienen hasta finales de octubre para explicar los cambios y evitar que la desinformación interrumpa operaciones permitidas. Una trazabilidad deficiente podría perjudicar tanto a pescadores autorizados como a piscicultores legales.
La cadena del tambaqui tiene una dimensión cultural que supera su valor comercial. El pescado forma parte de la alimentación amazónica desde hace siglos y se prepara asado, cocido, frito o en caldos. Sus costillas constituyen uno de los cortes más reconocidos en la gastronomía del norte de Brasil.
El clima añade presión sobre los peces amazónicos
Además de la pesca, las poblaciones acuáticas afrontan alteraciones en la temperatura y en el ciclo anual de los ríos. Las sequías extremas pueden reducir el acceso a lagos y bosques inundables, concentrar peces en volúmenes menores de agua y modificar sus desplazamientos reproductivos.
Investigaciones sobre el riesgo climático para los peces de la cuenca amazónica muestran que el aumento de las temperaturas puede superar la tolerancia de determinadas especies. Aunque esos resultados no describen específicamente el futuro del tambaqui, evidencian que la gestión pesquera debe incorporar los cambios ambientales.
El plan de recuperación deberá resolver una tensión inmediata: proteger una especie cuya disminución ha sido reconocida oficialmente y, al mismo tiempo, evitar que el costo recaiga únicamente sobre las comunidades artesanales. La participación de pescadores en la recopilación de datos, vigilancia y diseño de reglas puede mejorar tanto la legitimidad como el cumplimiento de las medidas.
Fuentes referenciales:
Mongabay Latam
Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad

