Ciencia y Tecnología Agropecuaria

Ultrasonido extrae proteína de hojas descartadas de coliflor

Publicado el 23/06/2026 · REDACCION

Una innovación de RMIT University convierte hojas de coliflor desechadas en concentrado proteico vegetal, con potencial para reducir residuos y agregar valor a cultivos ya existentes.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Una innovación de RMIT University utiliza ultrasonido para extraer proteína de hojas descartadas de coliflor, abriendo una posible vía de aprovechamiento para restos vegetales que suelen quedar fuera de la cadena alimentaria. El proceso podría ayudar a fabricantes de alimentos a transformar residuos hortícolas en ingredientes proteicos, reduciendo pérdidas y agregando valor a cultivos ya existentes.

La investigación, todavía en etapa temprana, fue publicada en Food and Bioprocess Technology. El estudio encontró que el ultrasonido de alta potencia aumentó el rendimiento de materia seca y mejoró la recuperación de proteína de las hojas, mientras que diferentes condiciones de procesamiento modificaron el tamaño de partícula, el color, la solubilidad y la estructura del concentrado final.

Hojas abundantes que suelen descartarse

Las hojas de coliflor son abundantes durante el procesamiento del cultivo, pero con frecuencia se eliminan pese a contener proteína y fibra dietaria. Esa pérdida representa una oportunidad desaprovechada para cadenas hortícolas que buscan reducir desperdicio, mejorar eficiencia y generar nuevos productos a partir de biomasa ya disponible.

El resultado del proceso es un concentrado de proteína foliar que podría tener aplicaciones futuras en alimentos y alimentación animal. La clave está en que no requiere producir más superficie agrícola: aprovecha una corriente de residuos ya presente en el sistema.

Este enfoque se alinea con otras iniciativas para convertir residuos en recursos, como los sistemas que transforman residuos alimentarios en proteína y fertilizante, reduciendo presión ambiental y recuperando nutrientes dentro de la cadena agroalimentaria.

Cómo actúa el ultrasonido

El profesor Asgar Farahnaky, de la Escuela de Ciencias de RMIT, explicó que el equipo utilizó hojas de coliflor procedentes de una finca comercial en Melbourne, Australia, para probar distintas formas de procesar el residuo y medir cuánta proteína podía recuperarse.

El ultrasonido emplea ondas sonoras de alta frecuencia para romper paredes celulares vegetales y facilitar la liberación de proteína desde las hojas. En comparación con una extracción convencional, este apoyo físico puede mejorar la recuperación de compuestos útiles y modificar las propiedades del concentrado obtenido.

La técnica no solo busca extraer más proteína. También permite ajustar características tecnológicas del ingrediente, como solubilidad, estructura, color y tamaño de partícula, variables importantes para su posible uso en alimentos o formulaciones de pienso.

Una proteína vegetal desde el desperdicio hortícola

El interés por fuentes alternativas de proteína está creciendo por razones ambientales, económicas y de seguridad alimentaria. Usar hojas descartadas de coliflor permitiría responder a parte de esa demanda sin abrir nuevas tierras de cultivo ni desplazar producción alimentaria principal.

Kinjal Furia, autora principal del estudio y candidata doctoral en RMIT, señaló que el trabajo apunta a agregar valor a lo que ya está dentro del sistema. La lógica es directa: si las corrientes de desperdicio alimentario se usan mejor, pueden reducir impactos ambientales y responder al interés por nuevas fuentes proteicas.

La valorización de residuos agroalimentarios también aparece en iniciativas que convierten residuos de uva en alimento para ganado, mostrando que los subproductos agrícolas pueden transformarse en insumos útiles cuando existe tecnología y organización productiva.

Del residuo al ingrediente funcional

El concentrado de proteína de hoja podría tener aplicaciones futuras tanto en alimentos como en alimentación animal. Para la industria, la pregunta central será si el ingrediente ofrece estabilidad, sabor aceptable, funcionalidad tecnológica y costos compatibles con procesos comerciales.

El estudio indica que las condiciones de procesamiento pueden modificar propiedades del concentrado, lo que resulta importante para adaptar el ingrediente a distintos usos. No es lo mismo formular una bebida, una pasta, un suplemento proteico o un alimento balanceado para animales.

La investigación se conecta con una tendencia más amplia de desarrollo de ingredientes a partir de descartes, como las harinas no convencionales elaboradas con residuos agroindustriales ricos en fibra, compuestos bioactivos y valor nutricional.

Reducir pérdidas en la cadena hortícola

El aprovechamiento de hojas de coliflor también responde a un problema visible en el campo: toneladas de frutas y hortalizas pueden quedar sin uso por razones comerciales, logísticas o de procesamiento. Recuperar esas fracciones permite disminuir pérdidas y mejorar el balance económico de los cultivos.

El artículo de RMIT se concentra en hojas descartadas durante el procesamiento, no en producto perdido por precios o estética. Sin embargo, ambos casos forman parte de un mismo desafío: mejorar la eficiencia del sistema agroalimentario para que más biomasa útil termine convertida en alimento, insumo o ingrediente.

En distintos sistemas agrícolas, el descarte de frutas y hortalizas ya representa una señal de ineficiencia productiva. Investigaciones sobre frutas y verduras descartadas en el campo muestran que el desperdicio implica también pérdida de agua, energía, fertilizantes y trabajo agrícola.

Lo que falta antes de escalar

Farahnaky advirtió que todavía se necesitan más trabajos antes de pensar en aplicación industrial. Entre los próximos pasos están probar el proceso a escala piloto, evaluar la eficiencia energética y analizar la aceptabilidad sensorial del ingrediente en productos alimentarios.

Esos puntos son decisivos. Una tecnología puede funcionar en laboratorio, pero para llegar a la industria necesita ser rentable, estable, segura, reproducible y aceptada por fabricantes y consumidores. En el caso de proteínas vegetales alternativas, el sabor, el color y la textura son tan importantes como la recuperación de proteína.

El estudio aporta una prueba de concepto: las hojas de coliflor no tienen por qué ser vistas solo como residuo. Con ultrasonido y filtración, pueden convertirse en una fracción proteica con valor potencial para alimentación humana o animal.

Una oportunidad para cultivos ya existentes

El valor agronómico de la propuesta está en su carácter circular. No exige sembrar más coliflor para obtener proteína, sino aprovechar mejor el cultivo completo. Esto puede mejorar la rentabilidad de productores, procesadores y fabricantes, siempre que el sistema logre integrarse de forma práctica en la cadena.

La investigación de RMIT muestra cómo una tecnología de procesamiento puede cambiar el destino de una parte subutilizada de la planta. En vez de perderse, las hojas pueden convertirse en ingrediente, reduciendo residuos y agregando valor a una producción hortícola ya establecida.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / RMIT University