El estado venezolano reporta 22.000 hectáreas de cereales y avanza en la cosecha de maíz blanco y amarillo en la Mesa de Guanipa, mientras 434 productores recibieron títulos de adjudicación de tierras
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
El estado Anzoátegui, en el oriente de Venezuela, proyecta cerrar 2026 con una producción superior a 78.000 toneladas métricas de maíz blanco y amarillo, dentro de una superficie regional de aproximadamente 22.000 hectáreas dedicada a cereales. El balance fue presentado durante una jornada del Plan Cosecha de Maíz del Ciclo Invierno 2026 en la Mesa de Guanipa, donde autoridades agrícolas también informaron de la adjudicación de tierras a pequeños y medianos productores y recorrieron campos en plena recolección.
La información difundida por la Gobernación de Anzoátegui el 2 de octubre sitúa a la producción cerealera como uno de los componentes centrales de la actividad agrícola de la entidad. La jornada se desarrolló en la Unidad Agropecuaria Radum y estuvo encabezada por autoridades nacionales y regionales responsables del sector agropecuario.
La Mesa de Guanipa forma parte de las extensas sabanas agrícolas orientales del país y mantiene una tradición vinculada con cereales y oleaginosas. Esa capacidad productiva ha sido estudiada anteriormente también para otros cultivos: las sabanas de Anzoátegui y Monagas han sido identificadas como áreas con condiciones favorables para desarrollar la producción de soya.
La cosecha forma parte del ciclo de invierno de Venezuela
La recolección de Anzoátegui se integra en el Plan Cosecha de Maíz del Ciclo Invierno 2026, iniciado a finales de septiembre en los principales corredores cerealeros venezolanos. El balance nacional divulgado al comienzo de las operaciones reportó 593.279 hectáreas sembradas entre maíz blanco, maíz amarillo, arroz y sorgo al corte del 25 de septiembre.
La proyección oficial nacional para esos cuatro cereales asciende a 2.631.213 toneladas métricas. Dentro de esa superficie, el maíz representa la mayor participación, con 503.037 hectáreas cultivadas y una previsión superior a dos millones de toneladas.
Estas cifras corresponden a proyecciones oficiales de producción y no deben confundirse con volúmenes ya cosechados. Al inicio del plan se habían recolectado 62.710 hectáreas a escala nacional, de las que se reportaban 357.546 toneladas métricas obtenidas.
El arroz constituye otro componente relevante del ciclo cerealero. El sector ha venido recuperando superficie durante los últimos años y las estimaciones sectoriales de 2026 sitúan a Venezuela ante una de sus mayores cosechas recientes de arroz, principalmente en Portuguesa y Guárico.
La Mesa de Guanipa concentra una agricultura diversa
La jornada realizada en Anzoátegui no estuvo limitada al maíz. Las autoridades señalaron la presencia de actividades pecuarias, ganaderas y agrícolas y destacaron cultivos como patilla, pimentón y maní dentro de la estructura productiva regional.
La Mesa de Guanipa posee una importancia particular para el maní. La Gobernación de Anzoátegui atribuyó a esta zona cerca del 90 % del maní consumido en Venezuela, una cifra oficial que muestra el grado de concentración territorial alcanzado por este cultivo.
El maní tiene antecedentes de larga data en las sabanas orientales venezolanas. Un análisis sobre la evolución de las leguminosas de grano en Venezuela identifica a Anzoátegui y Monagas como territorios donde se han mantenido programas de producción de maní vinculados, entre otros destinos, con la industria alimentaria.
La combinación de maíz, maní y otros rubros refleja una agricultura regional que no depende exclusivamente de un cereal. Las características de las sabanas orientales han permitido históricamente evaluar diferentes sistemas productivos, aunque cada cultivo exige ajustar fechas de siembra, fertilización, disponibilidad de agua y manejo del suelo.
434 productores recibieron títulos de adjudicación
Durante la actividad en Anzoátegui también fueron entregados 434 títulos de adjudicación de tierras a pequeños y medianos productores pertenecientes a los cuatro ejes productivos del estado, según la información oficial difundida por la Gobernación.
La entrega formó parte de un proceso más amplio de regularización agraria realizado simultáneamente en distintas regiones del país. El balance nacional comunicado durante esas jornadas situó en 62.788 hectáreas la superficie objeto de regularización mediante 1.361 títulos agrarios.
En los estados Bolívar, Delta Amacuro, Nueva Esparta, Monagas y Sucre se informó de la adjudicación de instrumentos correspondientes a 37.566 hectáreas. Las tierras señaladas por las autoridades están vinculadas con actividades como cría de bovinos, porcinos y aves, además de cereales, café, hortalizas, musáceas y tubérculos.
La regularización de la tenencia constituye un componente distinto de la producción física obtenida en los campos. Un título agrario no equivale por sí mismo a una hectárea sembrada o productiva, aunque puede aportar un marco administrativo para agricultores que desarrollan o pretenden consolidar sus unidades de producción.
El maíz enfrenta también un escenario comercial complejo
La cosecha ocurre mientras los productores venezolanos plantean dificultades relacionadas con precios e importaciones. Fedeagro ha advertido durante 2026 que el ingreso de cereales importados puede presionar los precios recibidos por los agricultores precisamente cuando comienza a entrar al mercado la producción nacional.
El gremio sostiene que durante el año han ingresado al país volúmenes importantes de maíz blanco, maíz amarillo y arroz procedentes del exterior. La preocupación se centra en la coincidencia temporal entre esas importaciones y la comercialización de las cosechas locales.
La situación ya había sido planteada en septiembre, cuando productores de arroz, maíz y azúcar advirtieron sobre las dificultades para colocar la producción nacional frente a mercancías importadas.
Esto introduce una diferencia importante entre producir y comercializar. Alcanzar un determinado volumen de cosecha no garantiza por sí solo la rentabilidad de una explotación agrícola. El precio recibido, los costos de semillas, fertilizantes, combustible y maquinaria, así como las condiciones de compra de la agroindustria, influyen directamente en el resultado económico de cada ciclo.
El clima añade diferencias entre las regiones maiceras
Las perspectivas tampoco son iguales en todos los estados productores. Mientras Anzoátegui proyecta más de 78.000 toneladas de maíz blanco y amarillo, productores de Guárico han advertido que la irregularidad de las precipitaciones puede reducir sus rendimientos durante la cosecha.
En Guárico, representantes agrícolas han señalado que la escasez de lluvia durante fases sensibles como floración y llenado del grano afectó parte de las siembras. Esto obliga a separar las proyecciones nacionales y regionales de los resultados finales que se obtendrán una vez concluya la recolección.
La disponibilidad de humedad es especialmente crítica para los cultivos de secano. Una distribución deficiente de las precipitaciones puede reducir el rendimiento incluso cuando la superficie sembrada permanece elevada, porque el número de hectáreas no refleja por sí solo la cantidad de grano que finalmente llegará a los centros de recepción.
La experiencia de las sabanas orientales muestra también la importancia de sincronizar el cultivo con el régimen de lluvias. En el caso de la producción de soya en Anzoátegui, Guárico y Monagas se ha destacado la necesidad de ajustar las fechas de siembra a la humedad disponible en el suelo, un principio agronómico igualmente relevante para otros cultivos extensivos.
Anzoátegui busca consolidar su producción agrícola
El avance de la cosecha en la Mesa de Guanipa coloca nuevamente a las sabanas orientales dentro del mapa cerealero venezolano. Las 22.000 hectáreas reportadas para cereales y la proyección superior a 78.000 toneladas de maíz constituyen, por ahora, estimaciones oficiales para el cierre de 2026 y deberán contrastarse posteriormente con los resultados definitivos de la recolección.
La estructura agropecuaria de Anzoátegui es más amplia que la producción vegetal. El estado posee condiciones para ganadería, pesca y otros sistemas productivos, y también se ha documentado su potencial para ampliar la acuicultura aprovechando recursos hídricos y diferentes ambientes productivos.
En el corto plazo, el indicador más concreto será el volumen efectivamente cosechado de maíz blanco y amarillo. La cifra permitirá conocer cuánto de la proyección regional superior a 78.000 toneladas logra materializarse y qué rendimiento medio obtiene la superficie cerealera después de un ciclo marcado por diferencias climáticas y por un escenario comercial que los productores consideran desafiante.
La cosecha de 2026 reúne así tres elementos que determinarán el balance agrícola de la región: productividad en campo, capacidad de comercialización y continuidad de las unidades productivas. Los resultados finales de Anzoátegui permitirán medir con mayor precisión la contribución de la Mesa de Guanipa al abastecimiento cerealero venezolano y la evolución de una zona históricamente vinculada con la agricultura de las sabanas orientales.
Fuentes referenciales:
Gobernación del Estado Anzoátegui
Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela


