Rusia fijó en cero sus derechos de exportación para granos hasta fines de 2026, mientras trigo y cebada continúan tributando 5,5 % en Argentina y el debate vuelve a centrarse en la competitividad agroexportadora
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Argentina mantiene vigentes derechos de exportación sobre sus principales cereales en un escenario internacional que cambió después de que Rusia estableciera temporalmente en cero sus aranceles a las exportaciones de granos. La medida rusa, vigente hasta el 31 de diciembre de 2026, vuelve a colocar el régimen tributario argentino en el centro de la discusión sobre costos, precios recibidos por los productores y competitividad en los mercados internacionales.
En Argentina, trigo y cebada tributan actualmente una alícuota del 5,5 % sobre el valor de exportación. Ese nivel está vigente desde junio de 2026, cuando el Gobierno redujo dos puntos porcentuales la carga que hasta entonces alcanzaba el 7,5 %. La modificación ya había sido analizada en relación con la reducción de retenciones al trigo y la cebada y sus posibles efectos sobre las decisiones de siembra y comercialización.
La fuente inicial sostiene que, tras la decisión de Moscú, Argentina quedó como el único gran país exportador que mantiene activamente derechos de exportación sobre cereales. Esa caracterización debe entenderse como una comparación del régimen argentino con los principales exportadores considerados en el análisis y no como un inventario exhaustivo de todos los sistemas tributarios y regulatorios existentes en el comercio mundial.
Rusia llevó temporalmente a cero el arancel sobre sus granos
El Ministerio de Agricultura de la Federación Rusa informó que, conforme a la Resolución gubernamental N.º 1194 del 19 de septiembre de 2026, la tasa del derecho aduanero de exportación aplicable a los cereales será de cero rublos por tonelada hasta el 31 de diciembre. El esquema alcanza al trigo, la cebada y el maíz comprendidos en el sistema ruso de derechos variables.
La decisión supone un cambio respecto de las tasas que Rusia había calculado durante septiembre. El 18 de ese mes, antes de la aplicación del nuevo régimen, el derecho correspondiente al trigo y meslin se situaba en 725,7 rublos por tonelada, mientras que para el maíz alcanzaba 158,4 rublos. La cebada ya registraba una tasa de cero.
El movimiento se produce mientras Rusia intenta sostener su presencia en el comercio cerealero internacional frente a las dificultades que afectan a sus rutas de salida. El país continúa siendo una pieza central del mercado global de trigo y recientemente se habían analizado las medidas de Rusia para preservar su liderazgo en las exportaciones de trigo en medio de los problemas logísticos en la región del Mar Negro.
La evolución de esa zona tiene repercusiones más allá de Rusia y Ucrania. Las interrupciones logísticas, las condiciones meteorológicas y las expectativas sobre la oferta de los grandes productores han contribuido durante 2026 a movimientos en los precios internacionales del trigo y el maíz, lo que obliga a los exportadores a seguir simultáneamente variables productivas, fiscales y de transporte.
Trigo y cebada argentinos tributan 5,5 %
Argentina inició 2026 con derechos de exportación del 7,5 % para trigo y cebada, luego de una reducción permanente establecida a fines de 2025. En junio, el Decreto 423/2026 disminuyó otros dos puntos porcentuales y llevó ambas alícuotas al 5,5 %.
La norma forma parte de un programa gubernamental de reducción gradual de los derechos de exportación. Para soja, maíz, girasol y sorgo, junto con diferentes subproductos, el Decreto 423/2026 estableció un cronograma de disminuciones que comenzará en enero de 2027 y se extenderá hasta diciembre de 2028.
El propio Gobierno argentino ha definido oficialmente a los derechos de exportación como una carga que pretende reducir progresivamente, condicionando el ritmo de disminución a su programa fiscal. La evolución del esquema y las alícuotas previstas para las distintas cadenas fueron detalladas previamente al analizar el programa argentino de reducción de retenciones al sector agropecuario.
Para el productor, estos derechos influyen directamente en la formación del precio interno porque forman parte de la diferencia entre el valor de exportación y el ingreso que puede trasladarse a la cadena primaria. Su incidencia concreta depende además de precios internacionales, costos logísticos, tipo de cambio, gastos comerciales y condiciones particulares de cada operación.
La diferencia tributaria aparece en plena competencia por los mercados
El cambio ruso ocurre cuando Argentina dispone de una oferta importante de cereales y busca ampliar su participación en el comercio mundial. Durante el primer semestre de 2026, el país exportó más de 60,7 millones de toneladas de granos y derivados industriales, un máximo para ese período, con una participación destacada del maíz y el trigo.
El maíz adquirió un protagonismo particular. Entre enero y junio acumuló 23 millones de toneladas en Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior, equivalentes al 44 % del volumen declarado entre seis grandes complejos agroindustriales. Esa evolución llevó a que el maíz desplazara a la soja en volumen de ventas externas declaradas durante el primer semestre.
Las perspectivas internacionales refuerzan ese papel. Argentina se encamina a competir por el segundo lugar entre los principales exportadores mundiales de maíz, mientras Brasil destina una proporción creciente de su producción al consumo interno. Las proyecciones conocidas durante septiembre situaban las ventas externas argentinas por encima de 45 millones de toneladas.
El trigo también mantiene una posición relevante. Después de una cosecha excepcional, Argentina incrementó su disponibilidad exportable y aparece como un competidor de proveedores del Mar Negro, la Unión Europea, Canadá, Australia y Estados Unidos en numerosos destinos.
Las retenciones vuelven al centro del debate productivo
La comparación con Rusia reabre una discusión de larga duración en el agro argentino. Productores y organizaciones sectoriales sostienen que los derechos de exportación reducen el precio recibido por el agricultor y afectan los incentivos para invertir y ampliar la producción. El Gobierno, aunque ha avanzado en reducciones, mantiene parte de las alícuotas mientras ejecuta un calendario gradual de desgravación.
El efecto de estos impuestos ha sido especialmente debatido en cadenas con fuerte orientación exportadora. Un análisis reciente sobre el impacto de las retenciones sobre la producción argentina de soja mostró cómo la discusión combina competitividad internacional, ingresos del productor, recaudación fiscal y capacidad de expansión de los cultivos.
Para 2026, la Bolsa de Comercio de Rosario proyectó que las seis principales cadenas agrícolas —soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo— aportarían alrededor de 4.613 millones de dólares en derechos de exportación. Esa estimación comprende al conjunto de esas cadenas y no únicamente a los cereales afectados por la comparación con Rusia.
El escenario tampoco puede explicarse exclusivamente mediante los aranceles. Ucrania y Kazajistán, por ejemplo, utilizan otros mecanismos de administración del comercio de granos, entre ellos licencias y regulaciones sobre los flujos exportables. Por ello, la ausencia de un derecho de exportación no significa necesariamente que todos los grandes productores operen bajo condiciones regulatorias idénticas.
Rusia y Argentina compiten desde posiciones diferentes
La suspensión rusa introduce un nuevo elemento en un mercado ya condicionado por abundantes cosechas, variaciones de precios y problemas logísticos. Para Rusia, reducir temporalmente a cero la tasa facilita las ventas externas en un período en el que necesita movilizar grano hacia los mercados internacionales. Para Argentina, las retenciones permanecen como parte de un esquema fiscal cuya reducción ya tiene un cronograma parcial establecido.
La diferencia adquiere relevancia porque ambos países participan activamente en el comercio mundial de cereales. Rusia conserva una posición dominante en trigo, mientras Argentina combina una creciente capacidad exportadora de maíz con importantes excedentes de trigo y cebada.
En el caso argentino, la evolución del régimen tributario durante 2027 será especialmente significativa para el maíz, ya que comenzará el programa de reducción previsto por el Decreto 423/2026. Trigo y cebada ya recibieron en junio de 2026 una disminución inmediata de dos puntos porcentuales.
El contraste abierto por la decisión rusa, por tanto, no modifica automáticamente las alícuotas argentinas, pero agrega una nueva variable competitiva para productores y exportadores. En un mercado donde precio, logística, disponibilidad y acceso comercial determinan los destinos de cada embarque, la carga fiscal aplicada en origen continúa formando parte de la ecuación que define la capacidad de competir por compradores internacionales.
Fuentes referenciales:
Bichos de Campo
Gobierno de Argentina
Boletín Oficial de la República Argentina
Ministerio de Agricultura de la Federación Rusa


