Un estudio basado en datos de 30.700 personas propone ampliar el consumo de alimentos acuáticos mediante una acuicultura diversa y una mejor gestión pesquera
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Brasil podría aprovechar mejor sus recursos acuáticos para combatir deficiencias nutricionales y fortalecer su sistema alimentario, según una investigación internacional publicada en la revista Nature Food. El trabajo concluye que aumentar el consumo de pescado y mariscos, acompañado de una acuicultura sostenible y una gestión responsable de las pesquerías, ayudaría a mejorar la alimentación sin trasladar una presión adicional a las poblaciones silvestres.
El equipo multidisciplinario, integrado por investigadores como Juan Pablo Quimbayo y Luiza Waechter, de la Universidad de Miami, analizó encuestas de consumo alimentario correspondientes a 30.700 personas. También examinó estadísticas pesqueras y datos sobre la composición nutricional de distintas especies acuáticas disponibles en Brasil.
El estudio buscó determinar cuánto pescado y marisco consume actualmente la población, qué nutrientes obtiene mediante estos alimentos y hasta qué punto la oferta nacional podría contribuir a reducir las brechas nutricionales. El análisis adquiere especial relevancia en un país donde se estima que 10,6 millones de personas están subalimentadas y 33 millones enfrentan inseguridad alimentaria.
El consumo está por debajo del nivel recomendado
Los resultados muestran que el consumo medio de productos acuáticos en Brasil representa menos de la mitad de la cantidad recomendada. Los investigadores también identificaron deficiencias extendidas de nutrientes presentes en estos alimentos, entre ellos vitamina A, magnesio y calcio.
Actualmente, los productos pesqueros aportan aproximadamente el 6 % de las proteínas consumidas en el país. Los modelos elaborados por el equipo indican que elevar esa proporción hasta el 25 % podría ayudar a disminuir diversas carencias nutricionales.
El planteamiento no responde a una falta generalizada de proteínas. En promedio, la población brasileña ya alcanza las recomendaciones proteicas, pero su dieta continúa siendo insuficiente en varios micronutrientes esenciales. Por esa razón, los investigadores destacan que la calidad y diversidad de los alimentos importan tanto como la cantidad total de proteína ingerida.
Los pescados, moluscos y crustáceos presentan perfiles nutricionales diferentes. Una alimentación que incorpore varias especies puede suministrar combinaciones complementarias de vitaminas, minerales, ácidos grasos y proteínas, sin concentrar toda la demanda sobre un solo recurso pesquero.
La acuicultura puede cubrir parte de la demanda
El estudio encontró que la demanda de pescado y mariscos ya supera la oferta disponible en varios estados brasileños. Aumentar el consumo nacional, por tanto, exige ampliar el suministro, mejorar la distribución y seleccionar cuidadosamente las especies destinadas a la producción.
Los investigadores descartan que la solución consista simplemente en capturar más peces silvestres, debido a que numerosas pesquerías ya se encuentran bajo presión. Proponen utilizar la acuicultura como una vía para atender parte del incremento de la demanda, siempre que su desarrollo sea ambientalmente responsable y nutricionalmente diverso.
Esta posibilidad coincide con investigaciones previas sobre la contribución de la acuicultura amazónica a la seguridad alimentaria. Los sistemas de cultivo acuático pueden producir alimentos e ingresos para las comunidades, pero su expansión requiere planificación territorial, controles sanitarios y protección de los ecosistemas.
Brasil cuenta además con especies nativas que reúnen características productivas y comerciales relevantes. El tambaqui, también conocido como cachama negra, ha sido señalado por científicos por su crecimiento, resistencia y adaptación a las condiciones amazónicas. Su desarrollo productivo, sin embargo, debe considerar el estado de sus poblaciones naturales, después de que Brasil incluyera al tambaqui entre las especies vulnerables.
Producir más no basta para mejorar la nutrición
Una de las recomendaciones centrales es incorporar el valor nutricional en las decisiones pesqueras y acuícolas. Tradicionalmente, la planificación del sector ha prestado especial atención al volumen que puede capturarse o cultivarse, pero no siempre evalúa qué micronutrientes aporta cada especie a la población.
Una política alimentaria basada en esta perspectiva podría favorecer el cultivo y comercialización de especies con perfiles nutricionales complementarios. También permitiría orientar la producción hacia los territorios donde existen mayores carencias, en lugar de medir el éxito únicamente por las toneladas obtenidas.
El crecimiento acuícola, no obstante, necesita evitar impactos indirectos sobre los recursos marinos. Algunos sistemas dependen de harina y aceite elaborados con peces capturados en estado silvestre, por lo que aumentar la producción de especies carnívoras puede trasladar la presión desde las granjas hacia las pesquerías utilizadas para fabricar alimento.
La investigación sobre el uso de peces silvestres en los piensos acuícolas muestra la necesidad de revisar el origen de los ingredientes, mejorar la trazabilidad y desarrollar fórmulas que reduzcan esa dependencia. La sostenibilidad de la acuicultura no depende únicamente de lo que ocurre dentro de los estanques o jaulas, sino de toda su cadena de suministro.
La selección de especies con menores requerimientos de insumos marinos, el aprovechamiento responsable de subproductos y la diversificación de los sistemas productivos pueden contribuir a cubrir la demanda sin incrementar desproporcionadamente la presión ambiental.
Pesca sostenible y protección de los ecosistemas
Los autores señalan que promover el consumo de pescado debe ir acompañado de una mejor administración de las pesquerías. Esta gestión incluye evaluar el estado de las poblaciones, controlar las capturas, combatir las actividades ilegales y adaptar las decisiones a la capacidad de recuperación de cada especie.
La conservación de manglares, arrecifes de coral y otros hábitats costeros también resulta decisiva. Estos ecosistemas funcionan como zonas de alimentación, refugio y reproducción para numerosas especies que sostienen la pesca artesanal y el abastecimiento de alimentos.
El desafío consiste en equilibrar nutrición, producción e integridad ambiental. El debate sobre si el pescado de criadero puede producirse de manera verdaderamente sostenible demuestra que no existe una respuesta única: los resultados dependen de la especie, el alimento utilizado, la ubicación de las instalaciones, el manejo sanitario y la regulación aplicada.
El estudio también reconoce que las preferencias culturales pueden limitar el cambio alimentario. En algunas regiones brasileñas existe una mayor inclinación por el pollo, la carne bovina y la carne porcina. Incrementar el consumo de productos acuáticos requerirá, por tanto, mejorar su disponibilidad y accesibilidad, además de promover opciones adaptadas a las costumbres locales.
La biodiversidad como parte del sistema alimentario
La investigación vincula directamente la conservación de la biodiversidad con la salud pública. La variedad de especies disponibles determina la diversidad de nutrientes que puede proporcionar el sistema alimentario, mientras que el deterioro de los ecosistemas reduce las opciones para las generaciones actuales y futuras.
La amplia costa de Brasil y sus recursos de agua dulce ofrecen una base importante para producir alimentos acuáticos. Convertir esa capacidad natural en una respuesta frente a la inseguridad alimentaria dependerá de combinar acuicultura sostenible, pesca bien administrada, conservación de hábitats y políticas que acerquen productos nutritivos a la población.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Nature Food

