El programa nacional contempla 12.500 toneladas de silo, 230 toneladas de heno y suplementos para sostener la alimentación del ganado frente a la sequía y las altas temperaturas
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Colombia puso en marcha un programa nacional de producción y distribución de reservas forrajeras para sostener la alimentación del ganado frente a los efectos de El Niño. La iniciativa, denominada “Forrajes Milagro”, utiliza instalaciones de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA) para producir heno y silo y forma parte de un plan de choque dirigido especialmente a pequeños productores expuestos a sequía, altas temperaturas y reducción de la disponibilidad de pasturas.
El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural informó que el programa prevé entregar en el país 12.500 toneladas de silo, 230 toneladas de heno, 100.000 bloques de nutrición, 120 toneladas de alimento balanceado y 6.000 unidades de Rumitec, un suplemento probiótico para animales. Las primeras actuaciones comenzaron en instalaciones de AGROSAVIA en Córdoba y Cesar durante septiembre de 2026.
La intervención llega mientras el sector pecuario afronta un deterioro considerable de sus condiciones productivas. El balance más reciente de la ganadería colombiana sitúa en 95.065 millones de pesos las pérdidas asociadas con El Niño entre comienzos de junio y el 21 de septiembre, con 19.030 animales muertos, más de medio millón desplazados y millones de hectáreas afectadas por verano o inundaciones.
Colombia almacenará silo y heno para enfrentar el déficit de pasturas
El componente central del programa consiste en transformar biomasa vegetal en reservas que puedan conservarse y utilizarse cuando el pasto disponible en los potreros resulte insuficiente. El silo permite almacenar forraje mediante fermentación en condiciones controladas, mientras el heno conserva material vegetal después de reducir su contenido de humedad.
Ambas alternativas permiten trasladar alimento desde períodos o lugares con disponibilidad de biomasa hacia momentos de escasez. Esa capacidad resulta particularmente importante durante sequías prolongadas, cuando el crecimiento de las pasturas disminuye y los animales pueden enfrentar restricciones de materia seca, energía y otros nutrientes.
La calidad de las reservas depende, sin embargo, de cómo sean producidas y almacenadas. En el caso del maíz, aspectos como humedad, procesamiento, compactación y sellado son determinantes para conservar el valor nutritivo del ensilaje destinado al ganado y reducir pérdidas durante la fermentación y el almacenamiento.
El plan colombiano combina estas reservas con bloques nutricionales y alimento balanceado. La estrategia permite disponer de diferentes recursos alimentarios en función de las necesidades de las explotaciones y de la intensidad con la que la sequía afecte las fuentes convencionales de alimentación.
Cesar recibe una intervención superior a 8.000 millones de pesos
Una de las primeras actuaciones se desarrolló en Codazzi, departamento del Cesar, en el Centro de Investigación Motilonia de AGROSAVIA. El Gobierno anunció allí una inversión superior a 8.000 millones de pesos para apoyar a pequeños ganaderos afectados por las condiciones asociadas con El Niño.
El paquete no se limita a la entrega de alimento. Incluye también soluciones de riego y mecanismos de financiación de largo plazo. El objetivo oficial es actuar sobre dos de las restricciones que aparecen simultáneamente durante una sequía ganadera: la disponibilidad de agua y la cantidad de alimento que puede obtenerse de los potreros.
La intervención ocurre después de varios meses de advertencias desde las zonas productoras. Ya en julio, ganaderos colombianos habían solicitado medidas financieras y productivas frente al clima extremo, en momentos en que diferentes departamentos registraban pérdidas por verano intenso o exceso de lluvias.
Cesar se encuentra entre las regiones ganaderas que han sufrido con especial intensidad el déficit hídrico. Cuando la sequía reduce la producción de pasto, los establecimientos pueden verse obligados a desplazar animales, comprar alimento adicional, reducir cargas ganaderas o utilizar anticipadamente las reservas disponibles.
El riego completa la estrategia contra la sequía
El Ministerio de Agricultura también activó, a través de Finagro, una línea de crédito subsidiada para financiar sistemas denominados “Combo Milagro de Riego”. El esquema contempla pozos profundos, motobombas sumergibles, paneles solares y sistemas de conducción de agua.
La financiación anunciada puede extenderse hasta diez años e incorpora un Incentivo a la Capitalización Rural (ICR) de hasta 30%. La intención es que las explotaciones puedan desarrollar infraestructura para suministrar agua tanto a cultivos como a animales y disminuir su exposición frente a episodios prolongados de déficit hídrico.
La necesidad de anticipar estas situaciones había quedado planteada meses antes. Las proyecciones climáticas llevaron a advertir que El Niño podía poner bajo presión al agro colombiano, especialmente a la ganadería y a actividades agrícolas dependientes de una disponibilidad regular de agua.
La combinación de reservas forrajeras e infraestructura hídrica apunta, por tanto, a evitar que la respuesta se limite a alimentar animales una vez producida la emergencia. Disponer de agua puede ayudar a conservar determinadas áreas productivas, mientras el silo y el heno proporcionan una reserva cuando la oferta directa de las pasturas cae por debajo de las necesidades del rebaño.
Las pérdidas ganaderas se aceleraron durante 2026
La magnitud de la emergencia puede observarse en la evolución de los balances sectoriales. A comienzos de agosto, las pérdidas atribuidas a El Niño se calculaban en aproximadamente 47.000 millones de pesos, con 9.865 animales muertos, 333.228 bovinos y bufalinos desplazados y más de dos millones de hectáreas afectadas.
Para el 21 de septiembre, el valor contabilizado había superado los 95.000 millones de pesos. El incremento refleja tanto la prolongación de las condiciones adversas como la ampliación territorial de las afectaciones registradas.
El problema comenzó a manifestarse incluso antes. En julio, las pérdidas ganaderas por afectaciones climáticas rondaban los 13.000 millones de pesos en siete departamentos, con miles de bovinos muertos y cientos de miles de animales desplazados.
La progresión de esas cifras explica la importancia de disponer de reservas antes de alcanzar las fases más críticas de una sequía. Cuando los potreros pierden capacidad para sostener la carga animal, la disponibilidad de alimento conservado puede reducir la necesidad de movimientos de emergencia y proporcionar tiempo para reorganizar el manejo del establecimiento.
Conservar el forraje también exige evitar pérdidas durante el almacenamiento
Producir grandes volúmenes de alimento no garantiza por sí solo que toda esa biomasa llegue al ganado en condiciones adecuadas. Tanto el silo como el heno necesitan manejo durante la elaboración, transporte y almacenamiento para evitar pérdidas de materia seca y deterioro nutricional.
En el heno, la exposición prolongada a humedad puede favorecer deterioro y reducir su calidad. La forma de empacar y proteger las reservas influye en su conservación, como muestran las recomendaciones sobre almacenamiento de pacas y protección de la calidad del forraje.
El ensilaje plantea desafíos diferentes: requiere limitar la entrada de oxígeno y alcanzar condiciones apropiadas para la fermentación. Una mala compactación o un sellado deficiente pueden aumentar las pérdidas y reducir el valor alimenticio del material precisamente cuando más se necesita.
Para el programa colombiano, el reto será por ello doble: producir y distribuir los volúmenes anunciados y asegurar que las reservas mantengan una calidad adecuada hasta su utilización en las explotaciones afectadas.
Las reservas forrajeras pasan a formar parte de la adaptación ganadera
La experiencia de otros sistemas productivos muestra que el ensilaje puede funcionar no solamente como alimento habitual, sino como herramienta de estabilización de la oferta durante períodos críticos. En Argentina, por ejemplo, el silaje de maíz se utiliza en sistemas de cría, recría, engorde y producción lechera para disponer de una fuente energética conservada durante diferentes momentos del año.
En Colombia, la emergencia de 2026 está llevando esa lógica hacia una intervención pública de alcance nacional. La producción de 12.500 toneladas de silo y 230 toneladas de heno no elimina los efectos de El Niño ni sustituye la necesidad de recuperar pasturas y fuentes de agua, pero proporciona una reserva alimentaria destinada a reducir la exposición inmediata de los pequeños ganaderos.
La efectividad final dependerá de la oportunidad de las entregas, la distribución territorial, la calidad de los alimentos, el número de animales atendidos y la duración de las condiciones adversas. También será necesario observar si la infraestructura de riego financiada durante la emergencia permite aumentar posteriormente la capacidad de las explotaciones para enfrentar nuevos períodos secos.
Fuentes referenciales:
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia — Plan de Choque frente a El Niño
Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural de Colombia — apoyo a pequeños ganaderos del Cesar


