Expertos reunidos en Bután proponen sistemas alimentarios conscientes para mejorar los ingresos del productor, recuperar los suelos y promover decisiones de compra responsables
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Agricultores, científicos y especialistas en desarrollo reunidos en Bután plantearon que una relación más directa entre los consumidores y quienes producen sus alimentos podría ayudar a enfrentar algunas de las presiones económicas, ambientales y sociales que afectan al campo. La propuesta busca que las decisiones de producción y compra consideren el origen de los productos, el estado de los suelos y la remuneración recibida por los trabajadores rurales.
La iniciativa es promovida por integrantes de la Alianza Mundial para Sistemas Alimentarios Conscientes, que cuestionan un modelo centrado principalmente en aumentar la producción y los beneficios económicos. Sus participantes sostienen que la separación entre consumidores, naturaleza y comunidades productoras dificulta reconocer los costos reales de los alimentos.
El debate se desarrolla mientras los agricultores soportan fenómenos meteorológicos extremos, márgenes financieros reducidos y deterioro de las tierras productivas. Según la información presentada durante el encuentro, la agricultura intensiva, el empleo de productos químicos y los eventos asociados con el cambio climático han contribuido a degradar hasta el 40 % de las tierras del planeta.
La tecnología no resuelve por sí sola los problemas agrícolas
Andrew Bovarnick, responsable de sistemas alimentarios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, señaló que las soluciones técnicas son necesarias, pero insuficientes para corregir las deficiencias existentes. A su juicio, el sistema produce más alimentos, aunque persisten simultáneamente la malnutrición, el hambre y daños ambientales considerables.
La propuesta de los sistemas alimentarios conscientes no descarta la innovación ni pretende sustituir las herramientas agronómicas. Su planteamiento consiste en ampliar los criterios utilizados para evaluar la producción, incorporando la protección ambiental, la estabilidad económica del agricultor y las necesidades de los consumidores.
La recuperación de los terrenos degradados representa una de las prioridades. Diferentes prácticas pueden ayudar a restablecer la materia orgánica, la fertilidad y la actividad biológica, como muestra la experiencia de los biofertilizantes utilizados para revitalizar suelos agrícolas. Sin embargo, adoptar estos métodos requiere conocimientos, inversiones y mercados capaces de compensar el esfuerzo del productor.
Los pequeños agricultores enfrentan barreras comerciales
Ashish Gupta, agricultor de una pequeña explotación integrada en una cooperativa de Himachal Pradesh, en India, expuso durante la reunión las dificultades de los productores orgánicos para llegar al consumidor. Aunque sus alimentos pueden mostrar un precio superior, argumentó que el valor visible no refleja necesariamente los costos ambientales y sociales asociados con otros modelos productivos.
Su comunidad también afronta el riesgo de perder una cosecha completa por inundaciones. Para las pequeñas explotaciones que dependen de una campaña anual, un episodio de esa magnitud puede comprometer los ingresos familiares, el pago de deudas y la capacidad de volver a sembrar.
Las presiones económicas se combinan con el envejecimiento de la población rural. Gupta advirtió que los agricultores tienen cada vez más edad y que muchos jóvenes no encuentran razones suficientes para continuar la actividad. La baja rentabilidad, la exposición climática y las dificultades para acceder al mercado debilitan el relevo generacional.
Esta realidad explica por qué los promotores de la iniciativa conceden importancia a las cooperativas, los circuitos comerciales más cortos y la identificación del origen de los alimentos. Una mayor transparencia permitiría que el comprador conozca quién produjo, bajo qué condiciones y qué proporción del precio final puede llegar a la explotación.
El consumidor puede influir en el ingreso rural
Los defensores del modelo esperan que un consumidor informado valore los alimentos cultivados responsablemente y acepte precios capaces de sostener al productor. La propuesta no garantiza por sí misma mejores ingresos, pues también intervienen la distribución, el procesamiento, la capacidad adquisitiva y el poder de negociación dentro de la cadena alimentaria.
Su contribución potencial reside en reducir la distancia entre las decisiones tomadas en el mercado y sus consecuencias en el territorio. Elegir un producto únicamente por el menor precio puede ocultar pérdidas de fertilidad, contaminación del agua, precariedad laboral o una remuneración insuficiente para mantener la finca activa.
Las prácticas regenerativas ofrecen ejemplos de producción vinculada con el cuidado del suelo. En España, una huerta que conserva 200 variedades de tomate combina recuperación de semillas, diversidad agrícola y manejo regenerativo, mientras crea un producto diferenciado por su historia y forma de cultivo.
También existen estrategias destinadas a disminuir la dependencia de insumos externos. La incorporación de leguminosas como cultivos de cobertura puede aumentar la disponibilidad de nitrógeno y favorecer el rendimiento posterior del maíz. Para que estas prácticas se extiendan, sus beneficios productivos deben acompañarse de condiciones comerciales viables.
Egipto incorpora agricultores a prácticas regenerativas
Entre las experiencias discutidas en Bután figura un proyecto de Egipto que ha incorporado a 50.000 agricultores a la agricultura regenerativa. El caso fue presentado como una muestra de que la transformación puede superar la escala de las iniciativas individuales cuando existe coordinación entre productores, instituciones y comunidades.
La agricultura regenerativa procura restablecer procesos ecológicos mediante rotaciones, coberturas vegetales, diversidad de cultivos y reducción de determinadas intervenciones intensivas. Su aplicación debe adaptarse al clima, el suelo, el tipo de explotación y las necesidades económicas de cada territorio.
En Brasil, el crecimiento de los pesticidas naturales y los métodos regenerativos ilustra el interés por reducir el empleo de productos químicos convencionales. La transición, no obstante, exige seguimiento técnico para comprobar la eficacia de las alternativas y evitar que una protección insuficiente exponga la cosecha a pérdidas.
Bután busca productos agrícolas de mayor valor
Bután fue señalado durante el encuentro como una referencia por su compromiso de conservar bosques en al menos el 60 % de su territorio y por mantener un balance de carbono negativo. Estas condiciones podrían respaldar una producción agrícola diferenciada por su origen y desempeño ambiental.
El ministro de Agricultura del país, Lyonpo Younten Phuntsho, explicó que el sector afronta al mismo tiempo una fuerza laboral envejecida, migración hacia las ciudades y salida de habitantes al extranjero. Su gobierno aspira a aprovechar la calidad ambiental del territorio para comercializar productos de alto valor que reciban un precio adicional.
Esa estrategia dependerá de que los consumidores reconozcan el entorno donde se produjeron los alimentos y las condiciones de las personas que los cultivaron. Sin mecanismos creíbles de información, trazabilidad y verificación, las diferencias entre sistemas productivos pueden resultar invisibles en el punto de venta.
La propuesta requiere cambios en toda la cadena alimentaria
La conexión entre productor y consumidor puede expresarse mediante cooperativas, mercados locales, compras públicas, venta directa o información verificable sobre el origen. No todos estos mecanismos son aplicables en cualquier territorio, especialmente cuando los agricultores producen materias primas destinadas a cadenas extensas de procesamiento y exportación.
Los expertos tampoco presentan el consumo consciente como una solución única para el deterioro agrícola. La recuperación del suelo, la adaptación climática y la estabilidad económica rural requieren políticas públicas, financiación, asistencia técnica, infraestructura y mejores condiciones de acceso a los mercados.
El aporte central de la iniciativa consiste en colocar a las personas y a los recursos naturales dentro de la evaluación del sistema alimentario. Para el agricultor, esa visión busca que producir responsablemente no se convierta en una desventaja económica; para el consumidor, implica disponer de información suficiente para comprender qué sostiene el precio de cada alimento.
Fuente referencial:
Phys.org


