Experiencias agronómicas en Europa muestran que mantener el suelo cubierto puede ofrecer ventajas frente al barbecho, siempre que las especies y la siembra se adapten a la disponibilidad de agua.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
La falta de precipitaciones plantea una decisión importante para los agricultores después de recoger sus cosechas: dejar los terrenos sin cultivar para conservar la humedad o establecer cultivos intermedios que protejan el suelo hasta la siguiente campaña. Las experiencias agronómicas desarrolladas en Europa indican que estas plantas pueden resultar beneficiosas incluso en condiciones de sequía, aunque su éxito depende de la elección de especies, el momento de siembra y el manejo del agua disponible.
En Alemania y Austria, donde los episodios de calor y escasez de lluvias han complicado las labores agrícolas durante 2026, el cultivo de especies intermedias vuelve a cobrar importancia como herramienta de conservación del suelo. La discusión se centra especialmente en determinar si estas plantas consumen agua que necesitará el cultivo comercial posterior o si sus beneficios permiten compensar ese consumo.
La Cámara de Agricultura de Alta Austria ha destacado que los resultados de ensayos realizados por la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de Viena (BOKU) ofrecen argumentos para mantener esta práctica incluso en regiones secas. En determinadas condiciones experimentales, los cultivos intermedios no provocaron diferencias de rendimiento respecto a parcelas mantenidas en barbecho sin vegetación.
Por qué los cultivos intermedios no siempre perjudican las reservas de agua
Una de las principales preocupaciones de los productores es que las plantas establecidas entre dos cosechas extraigan humedad del terreno y reduzcan las reservas necesarias para la siguiente siembra. Sin embargo, la relación entre cobertura vegetal y disponibilidad hídrica resulta más compleja.
Los ensayos citados por la Cámara de Agricultura de Alta Austria indican que una parte importante del agua utilizada por los cultivos intermedios procede de las capas superficiales del suelo. En terrenos descubiertos, parte de esa humedad también puede perderse mediante evaporación directa, especialmente cuando existen temperaturas elevadas y exposición continua a la radiación solar.
Esto significa que el consumo de agua de las plantas no debe interpretarse automáticamente como una pérdida equivalente para el cultivo siguiente. El balance depende de la cantidad de agua almacenada, las precipitaciones posteriores, la duración de la cobertura y la capacidad de las raíces para aprovechar la humedad disponible.
Los resultados coinciden con investigaciones sobre los beneficios de los cultivos de cobertura en regiones secas, que han identificado mejoras en diferentes propiedades del suelo, aunque también advierten que las sequías intermitentes pueden afectar negativamente al rendimiento de los cultivos comerciales bajo determinadas circunstancias.
La elección de especies resulta decisiva cuando falta lluvia
No todas las plantas utilizadas como cultivos intermedios responden de la misma manera a la escasez de agua. Algunas desarrollan sistemas radiculares capaces de explorar diferentes profundidades, mientras otras presentan un crecimiento inicial rápido que facilita la cobertura del terreno durante periodos relativamente cortos.
Por esta razón, los especialistas recomiendan seleccionar las especies y sus combinaciones considerando las condiciones locales. Una mezcla apropiada para una región con precipitaciones abundantes puede resultar poco conveniente en una explotación sometida a déficits hídricos prolongados.
Las leguminosas, las gramíneas y otras plantas de cobertura desempeñan funciones diferentes dentro de una rotación agrícola. Algunas contribuyen al aporte de nitrógeno mediante procesos biológicos, mientras otras destacan por la producción de biomasa, la protección superficial o la capacidad de competir con las malezas.
La selección de los diferentes tipos de cultivos de cobertura debe considerar también el cultivo principal que se establecerá posteriormente, para evitar problemas relacionados con la competencia por recursos, la persistencia de residuos vegetales o la transmisión de determinadas enfermedades.
La preparación del terreno puede determinar el éxito de la siembra
La humedad disponible durante los primeros días después de la siembra constituye uno de los factores más importantes para conseguir una implantación adecuada. Cuando el terreno está demasiado seco, las semillas pueden permanecer sin germinar o producir plántulas que no logran desarrollarse.
La Cámara de Agricultura de Alta Austria advierte que las labores intensivas sobre suelos muy secos, especialmente aquellos con un contenido elevado de arcilla, pueden generar partículas finas que aumentan la vulnerabilidad del terreno frente a la erosión eólica.
Una preparación excesiva también puede favorecer la pérdida de humedad y dejar la superficie expuesta a daños cuando regresan las precipitaciones intensas. Por ello, conviene reducir las intervenciones innecesarias y aprovechar, cuando las condiciones lo permitan, la humedad residual existente después de la cosecha principal.
Experiencias agronómicas documentadas en Alemania muestran que la siembra directa o las labores de establecimiento poco intensivas pueden favorecer la implantación de coberturas en años secos. La presencia de residuos vegetales sobre la superficie contribuye a limitar la exposición del suelo y puede facilitar la germinación cuando existen pequeñas reservas de humedad.
La cobertura vegetal protege el suelo más allá de la sequía
Los beneficios potenciales de los cultivos intermedios no se limitan a la conservación del agua. Mantener raíces vivas durante parte del periodo comprendido entre cosechas puede contribuir a mejorar la estructura del suelo, estimular la actividad biológica y reducir las pérdidas de partículas provocadas por el viento y la lluvia.
La vegetación también permite aprovechar nutrientes que permanecen disponibles después de la cosecha anterior. Parte de estos elementos puede incorporarse temporalmente a la biomasa y regresar al sistema agrícola durante la descomposición de los residuos.
Una revisión de investigaciones europeas sobre acolchado y coberturas para mejorar los suelos documentó efectos favorables sobre la humedad, la erosión y la actividad microbiana, reforzando el interés por estas prácticas dentro de estrategias de conservación agrícola.
Sin embargo, estos beneficios no aparecen necesariamente de forma inmediata ni con la misma intensidad en todas las explotaciones. La acumulación de materia orgánica, los cambios en la estructura del terreno y la recuperación de determinadas funciones biológicas suelen depender de la continuidad del manejo y de las condiciones ambientales.
La sequía de 2026 refuerza el interés por conservar los suelos agrícolas
El debate adquiere especial relevancia en el suroeste de Alemania. En Baden-Wurtemberg, la persistencia de temperaturas elevadas y precipitaciones insuficientes durante el verano de 2026 provocó dificultades importantes para numerosos productores.
El Landesbauernverband, organización que representa a los agricultores de ese estado federado, informó en agosto de pérdidas de rendimiento en diferentes cultivos y de problemas especialmente graves para las explotaciones ganaderas debido a la reducción de la disponibilidad de forraje.
Entre los resultados comunicados para la campaña de 2026 figuraban rendimientos de trigo de invierno un 8,2 % inferiores al promedio de las seis cosechas anteriores, mientras que la avena registraba una reducción del 19,4 % y la colza del 10,3 %.
Ante este escenario, las autoridades regionales han planteado medidas para mejorar la capacidad de retención del agua en el territorio y reforzar la adaptación agrícola a los episodios extremos.
La importancia de estas medidas debe interpretarse con realismo. Investigaciones sobre el carbono del suelo y las sequías extremas muestran que mejorar las propiedades del terreno puede favorecer la producción bajo determinadas condiciones, pero no garantiza la protección de los cultivos cuando el déficit de agua alcanza niveles muy severos.
El beneficio económico depende de cada explotación
Además de los aspectos agronómicos, los agricultores deben evaluar los costes de las semillas, la maquinaria, el establecimiento y la eliminación de la cobertura antes de implantar el cultivo siguiente.
En explotaciones donde las precipitaciones son muy escasas, una implantación deficiente puede reducir los beneficios esperados y aumentar el coste por hectárea. En cambio, cuando se consigue una cobertura adecuada, la protección del suelo y el aprovechamiento de nutrientes pueden contribuir a mejorar el funcionamiento del sistema productivo.
La rentabilidad también depende de las funciones que se buscan. Una cobertura destinada principalmente a controlar malezas puede requerir especies y densidades diferentes de otra diseñada para captar nutrientes o producir residuos que permanezcan sobre el terreno.
Los trabajos sobre estrategias para mejorar la rentabilidad de los cultivos de cobertura destacan precisamente la necesidad de relacionar los beneficios agronómicos con los gastos reales de establecimiento y manejo.
Por tanto, mantener el terreno cubierto durante una campaña seca no constituye una solución universal. La decisión debe basarse en las características del suelo, las reservas de humedad, las previsiones de lluvia, las especies disponibles y las necesidades del cultivo comercial siguiente.
Las experiencias europeas indican que la sequía no obliga necesariamente a abandonar los cultivos intermedios. Su utilización puede seguir siendo conveniente cuando se ajustan las mezclas, se evitan labores que favorezcan la pérdida de humedad y se establece una estrategia de manejo compatible con las condiciones de cada parcela.
Fuentes referenciales:
Badisches Landwirtschaftliches Wochenblatt – Zwischenfrüchte lohnen sich auch bei Trockenheit
Cámara de Agricultura de Alta Austria – Cultivos intermedios tolerantes a la sequía
Landesbauernverband Baden-Württemberg – Balance agrícola de la sequía de 2026
Gobierno de Baden-Wurtemberg – Consecuencias del verano extremo de 2026


