Una investigación liderada por la Universidad de Columbia Británica identificó 19 prácticas agrícolas ya disponibles que, aplicadas conjuntamente en al menos la mitad de las explotaciones de la provincia, podrían evitar más de 500.000 toneladas de CO2 equivalente al año hacia 2030
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Las explotaciones agrícolas de Columbia Británica, en Canadá, podrían reducir aproximadamente una quinta parte de sus emisiones de gases de efecto invernadero mediante prácticas que ya están disponibles para los productores, según una investigación liderada por la Universidad de Columbia Británica (UBC). El equipo identificó una combinación de 19 medidas que abarcan ganadería, cultivos, fertilización, manejo del suelo, energía y organización de las explotaciones.
El estudio estima que, si al menos la mitad de las granjas de la provincia adoptara conjuntamente las prácticas consideradas, la reducción superaría las 500.000 toneladas de dióxido de carbono equivalente cada año para 2030.
La investigación, divulgada por UBC en septiembre de 2026, no plantea una tecnología única capaz de producir esa disminución. Su principal resultado es precisamente el contrario: las mayores reducciones aparecen al combinar distintas decisiones de manejo adaptadas a las características de cada sistema productivo.
Entre las opciones evaluadas figuran modificaciones en el manejo del pastoreo y la alimentación del ganado, una utilización más eficiente de fertilizantes, incorporación de árboles en determinadas áreas agrícolas y sustitución de equipos dependientes de combustibles fósiles, entre otras actuaciones.
Este enfoque coincide con investigaciones anteriores que muestran que el manejo del pastoreo puede modificar simultáneamente la productividad, la conservación del agua y la resistencia de los pastizales canadienses frente a la sequía.
Diecinueve medidas fueron evaluadas conjuntamente
Los investigadores analizaron 19 prácticas aplicables a diferentes componentes de la agricultura de Columbia Británica. El objetivo fue determinar cuánto podría disminuir la huella climática del sector utilizando herramientas existentes, en lugar de basar la estimación en tecnologías todavía experimentales o que requieren décadas para desarrollarse.
La combinación es importante porque las fuentes de emisiones agrícolas son diversas. En una explotación ganadera pueden predominar procesos asociados a los animales, el estiércol y la producción de alimento, mientras que en un establecimiento agrícola adquieren mayor peso los fertilizantes, el suelo, el combustible y las operaciones mecanizadas.
Por esa razón, una misma práctica no proporciona el mismo resultado en todas las fincas. La investigación propone trabajar con conjuntos de medidas que puedan adaptarse a las características productivas de cada establecimiento.
Entre las actuaciones consideradas se encuentran ajustes en el pastoreo, cambios en las dietas del ganado, incorporación de árboles en los bordes de los campos y sustitución progresiva de equipos alimentados por combustibles fósiles.
La integración de árboles dentro de paisajes ganaderos puede aportar beneficios adicionales. Una síntesis internacional analizada previamente por Mundo Agropecuario encontró que los potreros con árboles albergan considerablemente más individuos y especies animales que las pasturas convencionales sin componente arbóreo, aunque estos sistemas requieren un diseño adaptado al clima, el suelo y las necesidades del ganado.
Más de 500.000 toneladas podrían evitarse cada año
El escenario elaborado por el equipo de UBC calcula que la adopción de las medidas por al menos la mitad de las explotaciones de Columbia Británica permitiría disminuir las emisiones agrícolas provinciales en más de 500.000 toneladas de CO2 equivalente anuales para 2030.
La reducción equivale aproximadamente al 20 % de las emisiones relacionadas con la actividad agrícola consideradas por los investigadores.
La cifra representa un escenario de adopción y no una reducción que ya haya ocurrido. Su materialización depende de que las prácticas puedan incorporarse efectivamente a una proporción considerable de las explotaciones y de que cada una mantenga en condiciones reales el desempeño utilizado en los cálculos.
Esta distinción resulta importante porque las granjas difieren en tamaño, actividad, infraestructura, disponibilidad de capital y condiciones ambientales. Una práctica viable para un productor de ganado puede no resultar aplicable a una explotación hortícola, mientras determinadas inversiones pueden tener periodos de recuperación diferentes.
El manejo ganadero forma parte de la estrategia
La producción pecuaria constituye uno de los sectores donde existen varias oportunidades de intervención. El estudio contempla medidas relacionadas con la alimentación y el manejo del pastoreo, dos ámbitos capaces de influir tanto en la eficiencia productiva como en las emisiones.
En las praderas canadienses ya se han evaluado sistemas de pastoreo adaptativo y rotacional para conocer sus efectos sobre el suelo, el agua y la vegetación. Estas prácticas buscan distribuir de forma más controlada la presión ejercida por los animales y proporcionar periodos de recuperación a los potreros.
La disponibilidad de sombra y refugio también puede formar parte de la resiliencia de las explotaciones. Investigaciones realizadas en Alberta han mostrado que el ganado modifica sus patrones de movimiento durante episodios de calor extremo y utiliza los espacios arbolados como refugio.
Estas interacciones explican por qué los investigadores de UBC no evalúan únicamente las emisiones. Algunas medidas pueden proporcionar beneficios adicionales relacionados con bienestar animal, disponibilidad de forraje, conservación del suelo o capacidad de adaptación frente a temperaturas y precipitaciones más variables.
Reducir emisiones sin separar la rentabilidad
Uno de los puntos centrales del trabajo es que la adopción de prácticas agrícolas depende de su viabilidad económica. Una medida técnicamente capaz de reducir emisiones tendrá pocas posibilidades de extenderse si aumenta permanentemente los costos o reduce el rendimiento de la explotación.
Los investigadores evaluaron por ello las opciones desde una perspectiva que incluye beneficios potenciales para la resiliencia y la rentabilidad de las granjas.
El desafío consiste en identificar medidas capaces de generar más de un beneficio. Una mejora en la eficiencia del fertilizante, por ejemplo, puede reducir pérdidas de nutrientes y simultáneamente disminuir el gasto en insumos cuando permite obtener la misma producción con una utilización más precisa.
En el sector avícola canadiense ya se ha desarrollado un enfoque similar para integrar variables económicas y ambientales. Investigadores de UBC Okanagan y productores crearon una herramienta destinada a evaluar conjuntamente sostenibilidad, rentabilidad y decisiones de manejo en granjas productoras de huevos.
La investigación provincial amplía esa lógica hacia diferentes sistemas agrícolas y plantea que las decisiones climáticas pueden incorporarse a la planificación productiva en lugar de tratarse como un objetivo independiente de la economía de la finca.
Fertilizantes y suelo ofrecen otra vía de reducción
El manejo de nutrientes constituye otro componente de la estrategia. Los fertilizantes nitrogenados son indispensables para mantener elevados rendimientos en numerosos cultivos, pero las pérdidas de nitrógeno pueden disminuir la eficiencia económica y contribuir a las emisiones agrícolas.
El objetivo agronómico no consiste simplemente en aplicar menos fertilizante, sino en mejorar la proporción del nutriente que termina siendo aprovechada por el cultivo. La dosis, el momento de aplicación, la fuente utilizada, el estado del suelo y las condiciones meteorológicas influyen sobre esa eficiencia.
Trabajos anteriores relacionados con suelos canadienses han mostrado que la respuesta de las plantas al manejo de nitrógeno y fósforo cambia según las propiedades del suelo y requiere validación en condiciones agrícolas reales.
Por ello, la combinación propuesta por UBC no debe interpretarse como una receta uniforme para toda Columbia Británica. La provincia contiene sistemas agrícolas muy diferentes, desde ganadería y producción de forrajes hasta horticultura, fruticultura y explotaciones intensivas.
La resiliencia agrícola también entra en el cálculo
La investigación destaca que varias de las prácticas estudiadas pueden ayudar a las explotaciones a afrontar condiciones meteorológicas extremas. Esta característica adquiere relevancia en Columbia Británica, una provincia que durante los últimos años ha sufrido episodios de calor, sequía, incendios e inundaciones con consecuencias agrícolas.
Las medidas que mantienen el suelo cubierto, mejoran la infiltración o aumentan su capacidad para conservar agua pueden proporcionar beneficios productivos incluso cuando la reducción de emisiones no constituye el objetivo inmediato del agricultor.
Un ejemplo se observó durante las graves inundaciones de Columbia Británica, cuando campos protegidos con cultivos de cobertura conservaron mejor la capa superficial del suelo frente al movimiento del agua.
Esta posibilidad de obtener simultáneamente beneficios productivos, ambientales y de adaptación es una de las razones por las que el equipo considera más útil combinar medidas que concentrar todos los esfuerzos en una única intervención.
La adopción por los productores será determinante
El escenario de reducción de más de 500.000 toneladas anuales supone que las prácticas alcancen una adopción significativa. Los investigadores utilizaron como referencia que al menos la mitad de las explotaciones implemente las medidas correspondientes.
Alcanzar esa proporción requiere considerar costos iniciales, disponibilidad de equipos, conocimientos técnicos, tamaño de las explotaciones y retorno económico. Algunas actuaciones pueden introducirse mediante cambios de manejo, mientras otras requieren inversión en infraestructura o maquinaria.
También es necesario evitar contabilizar los beneficios potenciales como resultados ya obtenidos. El estudio cuantifica cuánto podría reducirse bajo determinados niveles de adopción; no afirma que todas las granjas puedan disminuir exactamente 20 % sus emisiones ni que cada una de las 19 prácticas produzca individualmente esa reducción.
La principal aportación es identificar que existe un volumen considerable de reducción posible utilizando herramientas que ya se conocen y que pueden desplegarse durante los próximos años.
Una estrategia basada en combinar decisiones de finca
El análisis de UBC plantea una ruta diferente a esperar una solución tecnológica única. Pastoreo, alimentación animal, árboles, manejo de nutrientes, suelo y energía forman un conjunto de intervenciones cuyo efecto acumulado puede superar ampliamente el conseguido mediante actuaciones aisladas.
Para el productor, la selección concreta dependerá de qué medidas proporcionen beneficios suficientes dentro de su sistema. Una explotación ganadera puede priorizar alimentación, pastoreo y manejo del estiércol, mientras una finca dedicada a cultivos puede concentrarse en fertilización, cobertura del suelo, energía y manejo de residuos.
Los investigadores sostienen que una implementación amplia de prácticas existentes permitiría a Columbia Británica avanzar hacia sus objetivos climáticos sin desligar la reducción de emisiones de dos variables esenciales para el agricultor: productividad y rentabilidad.
La estimación de una reducción cercana al 20 % muestra que una parte significativa del potencial de cambio no depende necesariamente de tecnologías futuras. El desafío inmediato está en determinar qué combinaciones funcionan mejor para cada tipo de explotación y qué condiciones económicas y técnicas permitirían extenderlas entre suficientes productores para que el efecto calculado a escala provincial llegue a materializarse.
Fuente referencial:
Universidad de Columbia Británica – Faculty of Land and Food Systems


