Ensayos del INTA en Entre Ríos muestran que terrazas, rotaciones, siembra directa y enmiendas orgánicas protegen el suelo, el agua y las reservas de carbono
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Valentina Ríos
Un equipo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) comprobó que la combinación de terrazas, rotaciones de cultivos, siembra directa y enmiendas orgánicas puede reducir hasta un 54 % las pérdidas de suelo en sistemas productivos de la región Pampeana argentina. Las investigaciones también registraron mejoras en el almacenamiento de carbono y la infiltración del agua.
Los resultados proceden de evaluaciones de largo plazo realizadas principalmente en Entre Ríos, una provincia donde más del 57 % del territorio presenta algún grado de erosión. El trabajo busca identificar prácticas capaces de proteger la capa fértil y desarrollar indicadores que permitan detectar anticipadamente el deterioro de los terrenos agrícolas.
La agricultura continua deterioró indicadores esenciales
Los monitoreos realizados en planteos agrícolas continuos identificaron disminuciones de entre el 20 % y el 50 % en el contenido de carbono orgánico. También registraron pérdidas de nitrógeno por lixiviación de hasta 120 kilogramos por hectárea al año y aumentos de hasta el 20 % en la densidad del suelo.
Estos cambios afectan la estructura, la porosidad y la capacidad del terreno para absorber y almacenar agua. Cuando la superficie pierde estabilidad, aumenta el escurrimiento durante las lluvias y las partículas más fértiles pueden ser transportadas fuera del lote.
El carbono orgánico, la estabilidad de los agregados, la infiltración y la cantidad de suelo perdida forman parte de los indicadores utilizados por el INTA Entre Ríos. Su seguimiento permite comparar sistemas productivos, reconocer tendencias de degradación y ajustar el manejo antes de que el daño resulte difícil de revertir.
Las rotaciones redujeron la escorrentía durante 17 campañas
Un análisis que abarcó 17 campañas agrícolas determinó que la rotación maíz-trigo/soja redujo un 40 % el coeficiente de escorrentía. La presencia de cultivos durante una mayor proporción del año limita el impacto directo de las gotas de lluvia y disminuye la velocidad del agua sobre la superficie.
El monocultivo de soja presentó pérdidas de hasta 2,2 toneladas de suelo por hectárea al año. La incorporación de trigo como cultivo invernal redujo esa cantidad a la mitad, mientras las secuencias más diversificadas alcanzaron valores mínimos de 0,3 toneladas por hectárea.
La diversificación puede incluir otras especies adaptadas al ambiente y al planteo productivo. En Argentina, la incorporación de colza, carinata y camelina en las rotaciones de invierno aparece como una opción para mantener raíces activas, ampliar la cobertura y reducir los períodos con suelo desprotegido.
Las terrazas frenan el agua y conservan la capa fértil
Las terrazas de evacuación constituyen una de las prácticas con mayor impacto en las evaluaciones del INTA. Esta infraestructura, instalada sobre unas 600.000 hectáreas de Entre Ríos, organiza el escurrimiento y disminuye la velocidad con la que el agua recorre los lotes con pendiente.
Las estimaciones a escala de cuenca indicaron que los terrenos sistematizados con terrazas redujeron un 54 % las pérdidas de suelo y elevaron un 8,5 % las reservas de carbono respecto de la línea base. En comparaciones entre lotes, las superficies sistematizadas registraron un 13 % más de carbono orgánico que aquellas sin terrazas.
El beneficio se relaciona con la conservación de la fracción superficial, donde se concentra buena parte de la materia orgánica y de los nutrientes utilizados por los cultivos. Al disminuir la escorrentía, también aumenta la posibilidad de que el agua permanezca en el sistema productivo.
La siembra directa necesita integrarse con otras prácticas
La siembra directa contribuye a controlar la erosión al evitar la remoción frecuente del terreno y mantener residuos vegetales sobre la superficie. Esa cobertura amortigua el impacto de la lluvia, limita el arrastre de partículas y ayuda a conservar humedad.
Sin embargo, su desempeño depende de la rotación, la cantidad de residuos, el tránsito de maquinaria y el manejo de malezas. El análisis sobre los beneficios y límites ambientales de la siembra directa muestra que eliminar el laboreo no garantiza por sí solo una recuperación uniforme del carbono ni de todos los atributos físicos del suelo.
Los resultados del INTA respaldan un enfoque combinado: siembra directa acompañada por secuencias diversas, cobertura durante el año, terrazas donde la pendiente lo requiere y seguimiento periódico de indicadores. La efectividad no depende de una medida aislada, sino de la forma en que las prácticas funcionan dentro del sistema.
Las enmiendas orgánicas elevaron el carbono cerca de 20 %
Los especialistas también evaluaron el uso de cama de pollo como enmienda para recuperar suelos degradados. Después de dos años de aplicación, los lotes tratados mostraron incrementos cercanos al 20 % en el carbono orgánico.
Las evaluaciones detectaron además mejoras en la porosidad, la disponibilidad de fósforo y la infiltración. Estos cambios pueden favorecer el desarrollo de las raíces y permitir un aprovechamiento más eficiente de las precipitaciones, aunque la aplicación de enmiendas debe ajustarse mediante análisis de suelo y criterios agronómicos.
El aumento del carbono no solo depende de cuánto material vegetal ingresa al sistema, sino también de cuánto permanece después de las cosechas y de los períodos sin cultivos. Una investigación regional sobre el balance de carbono en agricultura y pastoreo rotativo mostró que los usos y las secuencias del terreno pueden producir resultados muy diferentes en la retención final.
La cobertura también mejora el aprovechamiento del agua
Mantener vegetación o residuos sobre la superficie favorece la infiltración y reduce la evaporación directa. La cobertura también protege los agregados del suelo, demora el inicio del escurrimiento y evita que el agua transporte sedimentos y nutrientes hacia las zonas bajas.
Esta estrategia adquiere importancia durante los intervalos entre cultivos comerciales. Un estudio realizado en diferentes regiones argentinas determinó que los barbechos pueden perder entre 271 y 409 milímetros de agua por evaporación y percolación profunda, mientras los cultivos de servicios convierten parte de ese recurso en raíces, cobertura y biomasa.
El monitoreo sistemático permite verificar si las prácticas realmente mejoran el funcionamiento de cada lote. El INTA propone observar conjuntamente el carbono orgánico, la estabilidad de agregados, la infiltración y la pérdida de suelo, porque ningún indicador aislado describe por completo la condición del recurso.
La información generada ofrece referencias concretas para productores y asesores de la región Pampeana. Las reducciones documentadas corresponden a prácticas y ambientes determinados, por lo que su aplicación debe adaptarse a la pendiente, el tipo de suelo, la secuencia agrícola y el régimen de lluvias de cada establecimiento.
Fuentes referenciales:
INTA Informa
Argentina.gob.ar

