La combinación de fitasa, xilanasa y beta-glucanasa puede aumentar la disponibilidad de nutrientes en dietas con trigo, salvado y DDGS, mientras estudios recientes analizan sus efectos sobre digestibilidad, crecimiento y salud intestinal de los cerdos
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La incorporación de complejos multienzimáticos a la alimentación porcina está ampliando las posibilidades de utilizar materias primas con mayor contenido de fibra y determinados subproductos de la industria cerealista. La estrategia combina enzimas como fitasa, xilanasa y beta-glucanasa para actuar sobre diferentes componentes de la dieta que los cerdos no pueden degradar eficientemente mediante sus propias enzimas digestivas.
El interés productivo se concentra especialmente en ingredientes como el salvado de trigo y los granos secos de destilería con solubles, conocidos como DDGS. Estas materias primas pueden reducir el costo de las formulaciones y favorecer el aprovechamiento de subproductos agroindustriales, pero su incorporación está condicionada por factores antinutricionales y por una concentración de fibra que puede disminuir la disponibilidad de energía y otros nutrientes.
La fibra plantea un desafío para el aparato digestivo del cerdo
Los cerdos son animales monogástricos y presentan limitaciones para aprovechar determinados polisacáridos no amiláceos presentes en cereales y subproductos. Entre ellos figuran los arabinoxilanos y los beta-glucanos, capaces de modificar las propiedades del contenido intestinal y de dificultar el acceso de las enzimas digestivas a nutrientes encerrados dentro de las estructuras vegetales.
El problema adquiere importancia cuando las explotaciones buscan incorporar ingredientes alternativos a las formulaciones convencionales. Mundo Agropecuario ya ha documentado cómo subproductos ricos en fibra presentan nutrientes parcialmente inaccesibles para los animales, una limitación que obliga a considerar tanto la composición química como la digestibilidad real de cada materia prima.
La respuesta de la industria de alimentación animal ha sido desarrollar combinaciones enzimáticas dirigidas a distintos sustratos. La xilanasa actúa sobre arabinoxilanos, mientras la beta-glucanasa degrada beta-glucanos. La fitasa, por su parte, hidroliza el fitato y aumenta la disponibilidad del fósforo vegetal, además de reducir parte de los efectos antinutricionales asociados al ácido fítico.
Fitasa, xilanasa y beta-glucanasa cumplen funciones diferentes
El principio de los complejos multienzimáticos no consiste simplemente en aumentar la cantidad de enzimas en el pienso, sino en combinar actividades capaces de actuar sobre distintas barreras nutricionales. Al degradar determinados componentes de las paredes celulares, las carbohidrasas pueden facilitar el acceso a nutrientes que de otro modo permanecerían parcialmente encapsulados.
La fitasa tiene otra función relevante: libera fósforo ligado al fitato. Esto puede mejorar el aprovechamiento del fósforo presente en los ingredientes vegetales y permitir ajustes en la cantidad de fósforo inorgánico añadido a la ración, siempre que la formulación contemple correctamente la actividad de la enzima y las necesidades nutricionales de los animales.
Una investigación publicada en septiembre de 2026 en Animal Feed Science and Technology evaluó precisamente una fitasa bacteriana híbrida, utilizada sola o combinada con xilanasa y beta-glucanasa, en dietas para cerdos basadas en trigo y harina de soja. El trabajo examinó la digestibilidad ileal y total de energía y nutrientes, aportando evidencia reciente sobre las interacciones entre estas enzimas en formulaciones porcinas.
Los ensayos muestran mejoras que dependen de la dieta
Los efectos de las multienzimas no son idénticos en todas las formulaciones. La composición del cereal, el nivel de fibra, la edad del animal, la concentración de enzimas y los demás ingredientes condicionan la respuesta. Por ello, los resultados experimentales deben interpretarse dentro de la dieta concreta en la que fueron obtenidos.
Un ensayo con 300 cerdos en crecimiento y finalización estudió una mezcla que aportaba actividades de xilanasa, beta-glucanasa, arabinofuranosidasa y fitasa. Los investigadores evaluaron rendimiento, mineralización ósea, digestibilidad de nutrientes y composición microbiana fecal en animales alimentados con dietas reducidas en energía neta, aminoácidos digestibles, fósforo y calcio.
La investigación encontró que la suplementación enzimática podía compensar parcialmente las reducciones nutricionales de las dietas experimentales y modificar la digestibilidad de algunos componentes. Este enfoque se relaciona con otras tecnologías dirigidas a extraer mayor valor nutritivo de los cereales: estudios anteriores han comprobado que la extrusión puede aumentar el aprovechamiento de energía y proteínas de determinados granos destinados a los cerdos.
Las enzimas también se estudian por sus efectos intestinales
El interés por la xilanasa y la beta-glucanasa no se limita al aprovechamiento energético. Un estudio con 40 lechones de recría analizó diferentes niveles de ambas enzimas en dietas elaboradas principalmente con maíz, harina de soja y DDGS de maíz. Las raciones contenían además fitasa.
Los investigadores observaron cambios en variables relacionadas con el contenido intestinal y la microbiota. Entre los resultados, el aumento del consumo de xilanasa y beta-glucanasa mostró una tendencia cuadrática a reducir la viscosidad del contenido del yeyuno, mientras determinadas poblaciones bacterianas de la mucosa también respondieron a los niveles de suplementación.
La relación entre alimentación, microorganismos intestinales y producción porcina se estudia cada vez con mayor detalle. Investigaciones independientes han mostrado que la microbiota intestinal puede intervenir incluso en características relacionadas con la calidad de la carne porcina, lo que refuerza la necesidad de evaluar las dietas más allá de la simple conversión alimenticia.
Los subproductos pueden ganar espacio en las formulaciones
Una de las aplicaciones más interesantes de las multienzimas es facilitar la incorporación de ingredientes menos convencionales. Los DDGS, salvados y otros coproductos contienen energía, proteína y minerales aprovechables, pero sus niveles de fibra y la variabilidad de su composición pueden limitar las tasas de inclusión.
Un ensayo presentado en el Journal of Animal Science estudió lechones alimentados durante 42 días con una dieta de trigo, cebada y centeno que contenía subproductos ricos en fibra. El tratamiento experimental añadió un complejo con xilanasa, beta-glucanasa, proteasa y amilasa sobre una dieta que ya contenía fitasa.
Durante el periodo completo, los animales que recibieron las multienzimas fueron en promedio 1,3 kilogramos más pesados y registraron un aumento del 4,4 % en la ganancia diaria de peso frente al tratamiento sin el complejo multienzimático. Los autores señalaron que la mejora probablemente estuvo relacionada con un mayor aprovechamiento de los nutrientes de la dieta, aunque los resultados corresponden a las condiciones específicas de ese experimento.
El aprovechamiento de corrientes secundarias de la agroindustria también se investiga desde otras perspectivas. Un proyecto desarrollado por el IRTA y el Centro Tecnológico del Champiñón de La Rioja estudió el uso de subproductos de la producción de setas en piensos para cerdos, con el objetivo de obtener nuevas fuentes de proteína e ingredientes bioactivos y avanzar hacia sistemas de producción más circulares.
Menos nutrientes desaprovechados puede reducir las excreciones
La eficiencia digestiva tiene además una dimensión ambiental. Cuando una mayor proporción del fósforo, nitrógeno y energía contenidos en el alimento es aprovechada por el animal, disminuye la fracción que termina sin utilizarse en las excreciones. La fitasa está especialmente vinculada a esta estrategia porque permite aprovechar una mayor proporción del fósforo vegetal ligado al fitato.
Un estudio publicado en 2025 evaluó durante todo el ciclo, desde el destete hasta la finalización, dietas de cereales con reducciones de energía y nutrientes suplementadas con fitasa y, en uno de los tratamientos, con xilanasa y beta-glucanasa. El tratamiento que combinó las tres actividades enzimáticas mantuvo el desempeño productivo en niveles que no difirieron del control nutricionalmente adecuado y registró un costo estimado de alimentación por kilogramo de ganancia de peso un 7,3 % inferior al control. Los autores también calcularon una reducción de la huella de carbono de producción bajo las condiciones del ensayo.
La eficiencia del alimento constituye uno de los principales factores económicos de la porcicultura. El análisis sobre las tendencias de sostenibilidad y alimentación de precisión en la producción porcina muestra que ajustar los nutrientes a las necesidades reales de los animales puede disminuir tanto los costos como las pérdidas de nitrógeno y fósforo.
Las multienzimas no convierten cualquier ingrediente en un pienso adecuado
Los resultados disponibles no significan que la adición de enzimas permita utilizar sin restricciones materias primas de baja calidad. Los subproductos pueden presentar variaciones importantes en proteína, fibra, energía, minerales, humedad y otros componentes, y cada formulación debe mantener las necesidades nutricionales correspondientes a la fase productiva del animal.
Tampoco todas las combinaciones enzimáticas producen automáticamente el mismo efecto. La respuesta depende de que exista suficiente sustrato para la enzima, de su actividad efectiva durante el procesamiento y la digestión, de la matriz nutricional empleada y de las interacciones entre los diferentes ingredientes.
En la práctica, el valor de fitasas, xilanasas y beta-glucanasas reside en ampliar las herramientas disponibles para formular dietas con mayor precisión. Cuando su utilización está respaldada por la composición real del alimento y por resultados experimentales aplicables al sistema productivo, estas enzimas pueden contribuir a aprovechar mejor cereales y subproductos, reducir pérdidas de nutrientes y disminuir la dependencia de algunos ingredientes de mayor costo.
Fuentes referenciales:
AgroXXI
Animal Feed Science and Technology
Translational Animal Science
Journal of Animal Science and Biotechnology
Journal of Animal Science
Translational Animal Science


