Un estudio de la Universidad Estatal de Washington incorpora la caída de hojas, la poda y el clima al cálculo de las necesidades de fertilización
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Una investigación desarrollada en viñedos irrigados del este del estado de Washington, en Estados Unidos, concluyó que la cosecha de uvas no es la única vía importante de salida de nutrientes del sistema productivo. La caída de las hojas, la retirada de sarmientos durante la poda y determinadas condiciones meteorológicas también pueden reducir las reservas disponibles para las vides.
El trabajo de la Universidad Estatal de Washington busca mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y facilitar presupuestos de fertilización más precisos. Considerar todas las formas de extracción permitiría proteger la calidad de la fruta, mantener la productividad y limitar aplicaciones innecesarias con consecuencias económicas y ambientales.
Los resultados fueron publicados en el American Journal of Enology and Viticulture. El estudio, dirigido por la investigadora Nataliya Shcherbatyuk, analizó información correspondiente a las variedades viníferas Syrah, Sauvignon blanc y Chardonnay, además de la uva Concord destinada principalmente a jugo.
La fruta extrae principalmente potasio y nitrógeno
Los científicos cuantificaron los nutrientes retirados mediante la fruta cosechada, las hojas senescentes y los sarmientos eliminados durante la poda. Las mediciones realizadas entre 2021 y 2023 mostraron que la magnitud de las pérdidas depende considerablemente del rendimiento de cada viñedo.
Las uvas cosechadas representaron la principal salida de potasio y nitrógeno. Cuanto mayor fue la producción, mayor resultó la cantidad de estos elementos retirada del campo, una relación que debe incorporarse al calcular la reposición necesaria para la siguiente temporada.
El potasio desempeña funciones relacionadas con la regulación hídrica, el transporte de azúcares y la maduración. Sin embargo, su aplicación debe responder a mediciones y necesidades reales, ya que en la nutrición de la vid una cantidad superior de potasio no siempre genera mejores resultados.
El nitrógeno también requiere un manejo cuidadoso porque participa en el crecimiento del dosel vegetal y puede influir en el rendimiento y la composición de la uva. Las diferentes fuentes disponibles producen respuestas distintas, como explica el análisis sobre las formas de nitrógeno utilizadas en la nutrición de los viñedos.
Las hojas retiraron cantidades importantes de calcio y nitrógeno
La caída de hojas representó una salida considerable de calcio y nitrógeno. Este componente suele recibir menos atención en los presupuestos de fertilización porque parte del material vegetal puede permanecer dentro del viñedo y devolver nutrientes al suelo durante su descomposición.
Sin embargo, esa devolución no está garantizada. El viento puede transportar las hojas fuera de las hileras y depositarlas en caminos, pastizales o terrenos vecinos. Cuando esto ocurre, los nutrientes contenidos en los tejidos dejan de estar disponibles para las raíces de las vides.
La vegetación mantenida entre las hileras puede atrapar parte de las hojas desplazadas y favorecer que permanezcan dentro del sistema. El resultado dependerá del diseño del viñedo, la intensidad del viento, la orientación de las filas y las prácticas utilizadas para manejar las calles.
Los sarmientos retirados durante la poda invernal constituyen otra vía de extracción. Su importancia varía según el crecimiento vegetativo, la variedad y la cantidad de madera eliminada. Si el material se retira de la explotación, también se exportan los nutrientes acumulados durante la temporada.
El clima puede interrumpir el reciclaje interno de la vid
Antes de desprenderse de forma natural, las hojas envejecidas transfieren parte de sus nutrientes hacia las raíces y otros órganos permanentes. Allí permanecen almacenados durante el invierno y pueden utilizarse cuando se produce la brotación de la temporada siguiente.
Un otoño cálido puede mantener las plantas activas durante más tiempo. Si posteriormente llega una helada repentina, las hojas pueden morir y desprenderse antes de completar esa movilización. La repetición de este proceso podría reducir gradualmente las reservas internas y aumentar la necesidad de fertilizantes.
La sequía también puede disminuir la capacidad de las raíces para absorber nutrientes, mientras que la variabilidad meteorológica afecta el rendimiento, el crecimiento del dosel y la producción total de biomasa. Todos estos factores modifican la cantidad anual de nutrientes movilizados o retirados.
Una primavera cálida, por su parte, puede adelantar la brotación. Si después se registra una helada, la vid debe producir nuevos tejidos utilizando nuevamente sus reservas. Este esfuerzo adicional puede debilitar el balance nutricional disponible para el crecimiento y la fructificación.
Los análisis de tejidos mejoran el diagnóstico nutricional
El estudio respalda un enfoque que combine el historial de rendimiento, los análisis de suelo, las mediciones de tejidos y el registro de los materiales retirados. El cálculo no debe basarse únicamente en una dosis general por hectárea ni en la cantidad de fruta cosechada.
El análisis foliar permite conocer los nutrientes que la planta logró absorber y complementa la información proporcionada por el suelo. En el caso de la vid, las mediciones realizadas en hojas y pecíolos ayudan a orientar la fertilización y a detectar deficiencias antes de que afecten gravemente el rendimiento.
También es necesario considerar el equilibrio entre elementos. Una concentración suficiente en el suelo no garantiza que la planta pueda absorberla, debido a factores como el pH, la humedad, la temperatura y las interacciones entre nutrientes. El manejo debe evaluar tanto los macronutrientes como los microelementos que influyen en la calidad de los cultivos.
Esta información permite evitar dos errores opuestos: aplicar menos nutrientes de los requeridos o agregar fertilizantes cuando las vides ya disponen de niveles adecuados. La primera situación puede limitar la producción, mientras que la segunda incrementa los costos y eleva el riesgo de pérdidas hacia el ambiente.
Fertilización de precisión para viñedos heterogéneos
Muchos viñedos del oeste estadounidense incorporan fertilizantes mediante sistemas de riego por goteo. Aunque la fertirrigación facilita la distribución de nutrientes, los equipos convencionales suelen aplicar una dosis uniforme en terrenos donde existen diferencias de suelo, vigor, rendimiento y estado nutricional entre plantas.
Investigadores de Washington y de la Universidad Estatal de Oregón instalaron en el viñedo experimental de Prosser un prototipo de riego individual para cada vid. El mecanismo podría ajustar la aplicación de agua y fertilizante con mayor precisión, considerando las diferencias observadas dentro de una misma parcela.
El proyecto también ha desarrollado sensores de nutrientes foliares y mapas para orientar el momento de fertilización. Estas herramientas no sustituyen el muestreo agronómico, pero pueden ampliar la información disponible y ayudar a identificar sectores con respuestas diferentes.
Los autores señalaron que todavía deben estudiarse más variedades, ambientes, climas y sistemas de manejo. Los resultados obtenidos en viñedos irrigados de una región seca no deben trasladarse automáticamente a zonas húmedas, explotaciones de secano o cultivares con patrones distintos de crecimiento y producción.
Un presupuesto basado en las salidas reales del sistema
El presupuesto nutricional propuesto parte de identificar cuánto nitrógeno, potasio, calcio y otros elementos abandonan realmente el viñedo. La fruta, las hojas desplazadas por el viento y los sarmientos retirados representan salidas diferentes que pueden cambiar de una temporada a otra.
Registrar el rendimiento, la severidad de las heladas, el crecimiento vegetativo, la gestión de los residuos de poda y la permanencia de las hojas permitiría interpretar mejor los análisis de suelo y tejidos. Con esos datos, los productores podrían ajustar la reposición sin asumir que todas las parcelas pierden la misma cantidad de nutrientes.
El enfoque busca conservar la fertilidad y las reservas de las vides sin convertir automáticamente cada pérdida estimada en una aplicación equivalente. La decisión final debe considerar la disponibilidad del suelo, el reciclaje de los residuos vegetales y la capacidad de absorción de las plantas.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Estatal de Washington
American Journal of Enology and Viticulture

