Enfermedades en ganadería

El pastoreo se asocia con menos cojeras en vacas lecheras

Publicado el 08/10/2026 ·

Una investigación realizada en 41 explotaciones de Francia y Alemania encontró diferencias en salud, reproducción y producción entre tres modelos de ganadería lechera.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario Editor: Eduardo Schmitz

Un estudio científico desarrollado en Francia y Alemania encontró que las vacas lecheras criadas en sistemas de pastoreo con pocos insumos presentaban menos problemas de cojera, mejores indicadores de condición corporal y menores tasas de descarte que los animales de explotaciones más intensivas. La investigación, publicada en 2026 en la revista Frontiers in Veterinary Science, analizó diferentes aspectos de la salud del ganado para determinar cómo varían según el sistema de producción.

El trabajo examinó información recopilada entre 2018 y 2022 en 41 explotaciones lecheras. Los investigadores compararon granjas basadas principalmente en pastizales, establecimientos que combinaban pastoreo y alimentación suplementaria, y sistemas donde las vacas permanecían alojadas durante todo el año.

Los resultados muestran diferencias importantes entre los modelos, aunque los autores advierten que las características de las razas, la alimentación y el manejo también pueden influir. Por tratarse de una investigación observacional, los resultados no demuestran que el pastoreo sea por sí solo la causa de todas las ventajas sanitarias identificadas.

Tres sistemas ganaderos con diferentes niveles de intensificación

La investigación fue realizada por especialistas vinculados a instituciones científicas de Francia y Alemania, entre ellas ISARA, VetAgro Sup, la Universidad de Leipzig y el Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia (INRAE).

El equipo estudió 11 explotaciones de bajos insumos, 10 granjas con pastoreo convencional y 20 establecimientos de producción intensiva bajo alojamiento permanente.

Las granjas de bajos insumos se encontraban en el Macizo Central francés. En estos establecimientos, más del 70 % de la superficie agrícola utilizada correspondía a pastizales y las vacas permanecían en ellos durante más de 180 días al año. Durante los meses fríos, los animales eran alojados en instalaciones cubiertas.

Las explotaciones alemanas con pastoreo convencional combinaban el acceso estacional a praderas con alimentación basada parcialmente en ensilado de maíz. El tercer grupo correspondía a granjas alemanas donde las vacas permanecían alojadas durante todo el año y recibían una alimentación más intensiva.

Para comparar los modelos, los científicos utilizaron indicadores de rendimiento productivo, observaciones clínicas, calidad de la leche y análisis sanguíneos relacionados con el estado metabólico de los animales.

Las vacas de pastoreo presentaron menores niveles de cojera

Uno de los resultados más relevantes apareció en la evaluación de la movilidad del ganado. Las vacas de los sistemas de bajos insumos registraron una puntuación media de cojera de 1,04, frente a 1,48 en las explotaciones con pastoreo convencional y 1,86 en los establecimientos de alojamiento permanente.

La diferencia fue estadísticamente significativa y apunta a una mejor situación de movilidad en el grupo de menor intensificación.

La salud de las pezuñas representa un aspecto fundamental del bienestar ganadero. Las lesiones pueden dificultar los desplazamientos, reducir el acceso al alimento y comprometer el desempeño de las vacas. Este problema también ha sido abordado en investigaciones sobre la vulnerabilidad de las vacas lecheras de alta producción frente a las cojeras.

Sin embargo, los resultados del nuevo estudio no permiten atribuir las diferencias exclusivamente al contacto con los pastizales. Las condiciones de alojamiento, la genética, el tamaño del rebaño y las prácticas de manejo pueden intervenir conjuntamente.

La relación entre superficies de alojamiento y salud de las extremidades también se ha examinado en trabajos anteriores sobre los efectos de los pisos de concreto sobre las pezuñas del ganado, un asunto especialmente relevante para las explotaciones que mantienen a sus animales en instalaciones cubiertas durante períodos prolongados.

Mejor condición corporal y diferencias reproductivas

Los investigadores también encontraron diferencias en la condición corporal de los animales durante la lactancia. Las vacas de las explotaciones de bajos insumos alcanzaron una puntuación media de 3,22, mientras que los otros dos sistemas registraron valores de 2,37 y 2,58, respectivamente.

La condición corporal constituye una herramienta utilizada en ganadería para evaluar las reservas energéticas de los animales. Su interpretación depende de la etapa productiva, la escala empleada y las necesidades de cada rebaño.

En materia reproductiva, las explotaciones de bajos insumos presentaron intervalos entre partos de 391 días, frente a 416 días en las granjas con pastoreo convencional y 413 días en las de alojamiento permanente.

Un intervalo entre partos más corto puede reflejar diferencias en el desempeño reproductivo, aunque debe interpretarse junto con otros indicadores de fertilidad, alimentación y manejo.

El estudio también identificó menores tasas de descarte en los establecimientos de bajos insumos. Este indicador resulta importante porque la salida de animales del rebaño implica necesidades de reposición y puede influir en los costos de producción.

Las explotaciones intensivas produjeron más leche por vaca

Las ventajas sanitarias observadas en las granjas menos intensivas coexistieron con diferencias considerables en el rendimiento lechero.

Las vacas de los sistemas de bajos insumos produjeron, en promedio, 4.573 kilogramos de leche por animal al año. En las explotaciones con pastoreo convencional, la producción alcanzó 9.531 kilogramos, mientras que en los sistemas de alojamiento permanente llegó a 9.965 kilogramos.

Estas cifras muestran que los establecimientos más intensivos obtuvieron mayores volúmenes de leche por vaca. No obstante, una comparación completa de la rentabilidad necesitaría incorporar costos de alimentación, instalaciones, mano de obra, sanidad, reposición de animales y otros componentes económicos.

El tamaño de las explotaciones también presentó diferencias importantes. Los investigadores registraron promedios de 40,7 unidades ganaderas en el grupo de bajos insumos, 197,4 en el sistema de pastoreo convencional y 608,8 en las granjas de alojamiento permanente.

Otra diferencia correspondió a la composición racial. Los establecimientos de bajos insumos presentaban mayor diversidad de razas, mientras que los otros dos modelos estaban integrados casi exclusivamente por animales Holstein.

Esta característica constituye una limitación importante para interpretar los resultados, porque las diferencias genéticas pueden influir tanto en la productividad como en la resistencia a determinados problemas sanitarios.

Los análisis sanguíneos aportaron información sobre la salud metabólica

Además de las observaciones clínicas, el equipo científico evaluó indicadores sanguíneos relacionados con el metabolismo y el estado fisiológico de las vacas.

Entre los resultados se identificaron concentraciones menores de beta-hidroxibutirato en los animales de sistemas de bajos insumos. Este compuesto se utiliza como indicador del metabolismo energético y puede resultar relevante para estudiar alteraciones como la cetosis.

La diferencia fue estadísticamente significativa, aunque los investigadores señalaron que la mayoría de los biomarcadores analizados permanecieron dentro de sus intervalos fisiológicos de referencia.

Por tanto, no sería correcto interpretar estos resultados como evidencia de que las vacas de los sistemas intensivos presentaban necesariamente enfermedades metabólicas.

La vigilancia del estado sanitario sigue siendo fundamental en cualquier sistema ganadero. La observación de cambios en la movilidad, el apetito, la rumia y el comportamiento constituye una parte importante de la detección temprana de enfermedades en las vacas, independientemente del modelo de explotación.

La salud animal requiere evaluar varios indicadores al mismo tiempo

Uno de los principales aportes de la investigación es su metodología de evaluación integrada. En lugar de concentrarse exclusivamente en la producción de leche o en una enfermedad determinada, los científicos analizaron simultáneamente características del rebaño, observaciones de los animales y parámetros biológicos.

Este enfoque permitió identificar diferencias que podrían pasar inadvertidas si solamente se compararan los litros de leche obtenidos por explotación.

También pone de manifiesto que el bienestar ganadero no depende de un único factor. La alimentación, el descanso, las instalaciones, la movilidad y las condiciones sanitarias forman parte de un conjunto de elementos que deben considerarse conjuntamente.

En ese sentido, la importancia del manejo individual del rebaño también aparece en investigaciones sobre estrategias de secado selectivo para proteger la salud de la ubre y reducir tratamientos innecesarios, donde las decisiones sanitarias se adaptan a las condiciones de cada animal.

Los autores del estudio europeo consideran que los sistemas basados en pastoreo y menores niveles de insumos pueden ofrecer características favorables para determinados aspectos de la salud del ganado. Sin embargo, destacan la necesidad de interpretar los resultados considerando las diferencias entre razas y sistemas productivos.

Implicaciones para los productores de leche

Los resultados aportan información para los ganaderos que deben decidir cómo equilibrar productividad, salud animal y características de sus explotaciones.

Una mayor producción de leche por vaca no implica automáticamente mejores resultados sanitarios, del mismo modo que un sistema de bajos insumos no garantiza por sí solo una mayor rentabilidad.

La investigación tampoco demuestra que trasladar animales desde instalaciones permanentes hacia pastizales reproduzca necesariamente las diferencias observadas. Para establecer relaciones causales serían necesarios estudios que controlaran con mayor precisión factores como la raza, la alimentación y las prácticas de manejo.

La evaluación de los sistemas ganaderos debe considerar, además, las condiciones regionales. La disponibilidad de praderas, la duración de las estaciones de crecimiento, el clima y la infraestructura pueden determinar la viabilidad de mantener a los animales en pastoreo durante una parte importante del año.

Para las explotaciones lecheras, el trabajo refuerza la utilidad de registrar sistemáticamente las cojeras, la condición corporal, los intervalos entre partos, las enfermedades y los rendimientos productivos. Estos datos permiten identificar problemas concretos y comparar el desempeño de los rebaños sin depender únicamente del volumen de leche producido.

La investigación europea ofrece así una base científica para estudiar cómo las decisiones de manejo y el grado de intensificación se relacionan con la salud del ganado, manteniendo una distinción necesaria entre las asociaciones observadas y los efectos que todavía requieren comprobación experimental.

Fuente referencial:
Frontiers in Veterinary Science — Dairy cow health across an intensification gradient in Europe: an integrated multi-indicator assessment (2026)