El problema no es una infección fúngica, sino un trastorno fisiológico ligado al transporte deficiente de calcio durante el crecimiento del fruto.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La podredumbre apical del tomate es uno de los problemas más frustrantes para horticultores y productores de huerta. Los frutos pueden crecer grandes y aparentemente sanos, pero en la punta aparece una mancha plana de color marrón o negro que se expande con rapidez. Luego el tomate comienza a madurar antes de tiempo y termina pudriéndose en la planta.
No se trata de una infección clásica que pueda resolverse con un fungicida. Es un trastorno fisiológico que indica una crisis interna de la planta, relacionada principalmente con una deficiencia funcional de calcio en los tejidos del fruto.
Por qué aparece la podredumbre apical
Los tomates de forma alargada, como los tipo ciruela, pimiento o algunos híbridos carnosos, suelen ser más sensibles. También pueden verse afectados los frutos grandes de variedades como “Corazón de buey”, “Corazón de vaca”, “Gigante rosa” o “Puzata hata”, que demandan mucho material estructural durante el llenado.
El calcio es clave para la formación de las paredes celulares. Cuando el fruto crece rápido y no recibe suficiente calcio en la zona más alejada del pedúnculo, las células colapsan, se desintegran y aparece la mancha seca característica en el extremo del tomate.
El problema puede presentarse incluso cuando el suelo contiene calcio suficiente. La planta puede no absorberlo o no transportarlo bien si sufre calor fuerte, cambios bruscos de humedad, exceso de nitrógeno o suelos demasiado ácidos. En cultivos de tomate, el manejo de humedad y riego resulta decisivo para evitar esos desequilibrios.
El papel del nitrato de calcio
El recurso señalado como más eficaz para una respuesta rápida es la salitre cálcico o nitrato de calcio. Su ventaja está en que combina calcio con nitrógeno en forma nítrica, lo que favorece una absorción veloz por raíces y hojas.
Otros materiales ricos en calcio, como la tiza, la harina de dolomita o las cáscaras de huevo, no actúan con la misma rapidez durante la temporada. Pueden mejorar el suelo a más largo plazo, pero no se disuelven ni penetran en los tejidos con la velocidad necesaria cuando los frutos ya están en desarrollo.
En la prevención de la podredumbre apical, el aporte de calcio suele complementarse con boro, porque este micronutriente participa en el transporte y la absorción del calcio. Ese vínculo también aparece en recomendaciones sobre boro para tomates durante etapas de crecimiento y fructificación.
Aplicación foliar para una acción rápida
La vía más rápida es la fertilización foliar, mediante pulverización sobre hojas y frutos jóvenes. Debe realizarse por la tarde o en días nublados para evitar quemaduras por sol sobre las gotas del producto.
La preparación indicada consiste en disolver aproximadamente una cucharada de gránulos en un balde estándar de 10 litros de agua tibia. Con esa solución se humedece toda la copa de la planta, dando especial atención a las hojas jóvenes superiores y a los tomates verdes en formación.
El tratamiento puede repetirse dos veces, con una semana de intervalo, durante la floración activa del segundo y tercer racimo. La intención es que el calcio llegue con rapidez a los frutos nuevos y reduzca la aparición de manchas en las siguientes tandas.
Aplicación por raíz para sostener la nutrición
El segundo método es el riego con solución nutritiva, pensado para un efecto más sostenido. Debe aplicarse siempre sobre suelo húmedo, después de regar previamente con agua limpia, para evitar daños en las raíces absorbentes.
La proporción recomendada es cercana a 20 gramos de fertilizante por cada 10 litros de agua. Bajo cada planta se aplica hasta un litro de solución preparada, de modo que el calcio quede disponible en la zona radicular y contribuya al desarrollo de un sistema de raíces más activo.
La combinación de ambas vías ofrece una protección más completa: aplicación de raíz al inicio de junio para fortalecer la planta y pulverización foliar preventiva cuando llega el calor fuerte de julio, antes de que aparezcan las primeras manchas negras.
Estrategia en invernadero
En invernadero, el principal enemigo es el aire caliente y estancado. Cuando la temperatura supera los 30 °C, la planta cierra los estomas para reducir la pérdida de agua. Al disminuir la transpiración, también se frena el movimiento del calcio hacia los frutos.
En esas condiciones, el nitrato de calcio se aplica bajo la raíz en la primera mitad del día. El suelo debe mantenerse establemente húmedo, sin pasar de sequía a encharcamiento. El riego por goteo es una opción adecuada porque mantiene humedad regular cerca de las raíces.
La fertilización radicular puede realizarse una vez cada dos semanas desde la formación del primer racimo. Además, en invernadero las aplicaciones foliares son especialmente útiles cada 7 a 10 días por la tarde, cubriendo hojas y racimos verdes.
La ventilación es indispensable. Abrir puertas y ventanas, crear circulación de aire y sombrear la cubierta reduce el estrés térmico y ayuda a que la planta mantenga el flujo de agua necesario para mover calcio. La importancia del riego constante en tomate también se refleja en recomendaciones sobre tomates sanos durante la temporada.
Estrategia en campo abierto
En campo abierto, los tomates reciben más ventilación y el problema de estomas cerrados suele ser menor. Sin embargo, aparecen otros riesgos: sol intenso que seca la capa superior del suelo y lluvias prolongadas que lavan el calcio soluble desde la zona de raíces.
En exterior, el nitrato de calcio se utiliza con menor frecuencia. Generalmente bastan dos o tres aplicaciones principales durante el verano: la primera dos semanas después del trasplante y la segunda durante la floración intensa.
Después de lluvias fuertes conviene aplicar el fertilizante bajo la raíz, porque el agua puede arrastrar nitrógeno y calcio hacia capas profundas. Luego se recomienda cubrir el suelo con una capa gruesa de paja o hierba cortada para conservar humedad en la zona donde trabajan las raíces absorbentes.
Las aplicaciones foliares en campo abierto se reservan para sequías anómalas o cuando aparecen los primeros frutos afectados. Deben hacerse en una tarde seca, sin viento y revisando el pronóstico, porque una lluvia nocturna o matinal puede lavar el tratamiento.
Evitar desequilibrios por exceso de abonos
Un error frecuente en huertas es sobrealimentar los tomates con materia orgánica, infusiones de hierbas o estiércol. El exceso de potasio y nitrógeno amoniacal compite con el calcio y puede bloquear su absorción.
Cuando se usan muchas fuentes orgánicas, puede ser necesario reforzar la aplicación foliar de calcio para compensar ese desequilibrio. La fertilización del tomate debe acompañar la demanda del cultivo sin crear antagonismos entre nutrientes, como ocurre con otros manejos descritos para alimentación de verano de tomates.
Los tomates de fruto pequeño, como cherry y coctel, suelen sufrir menos podredumbre apical. La distancia entre el pedúnculo y la punta del fruto es corta, por lo que el calcio se distribuye con mayor facilidad incluso bajo condiciones de estrés. Algunos híbridos modernos F1 de fruto redondo también muestran mayor resistencia por una mejor conducción interna.
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