Un análisis de 184 productos en 179 países atribuye a la carne bovina el 40 % de la pérdida forestal asociada con la producción agropecuaria entre 2001 y 2022
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La producción de carne bovina fue la actividad agropecuaria individual más relacionada con la eliminación de bosques en el mundo entre 2001 y 2022, según una investigación de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Suecia. El estudio también identificó una contribución considerable del aceite de palma, la soja y varios cultivos básicos destinados principalmente a los mercados internos.
El trabajo, publicado en la revista Nature Food, analizó la relación entre la pérdida de cobertura forestal y la producción de 184 productos agrícolas y forestales en 179 países. Los investigadores combinaron observaciones satelitales, mapas de uso del suelo y estadísticas productivas para construir una estimación anual de la superficie transformada y de sus emisiones de carbono.
Los resultados amplían la evidencia sobre el peso de la expansión agrícola en la deforestación tropical. Además, muestran que el problema no se limita a los productos exportados hacia las economías de mayores ingresos, pues una parte importante responde a alimentos consumidos dentro de los propios países productores.
Un modelo rastreó 184 productos agropecuarios y forestales
Los investigadores Chandrakant Singh y Martin Persson desarrollaron el modelo DeDuCE, sigla en inglés de Impulsores de la Deforestación y Emisiones de Carbono. La herramienta superpone mapas anuales de pérdida de árboles con información espacial sobre cultivos, pastizales y plantaciones forestales.
El sistema generó 9.332 estimaciones específicas para diferentes combinaciones de países y productos. El periodo analizado se extendió de 2001 a 2022, lo que permitió distinguir variaciones geográficas y temporales en la transformación de los bosques.
DeDuCE atribuyó 121,8 millones de hectáreas de deforestación a la producción agrícola y forestal durante esos 22 años. La pérdida de vegetación habría liberado 41,2 gigatoneladas de dióxido de carbono, a las que se añadirían otras 2,9 gigatoneladas relacionadas con el drenaje de turberas.
El modelo representa una atribución estadística basada en coincidencias espaciales y temporales. Sus resultados no prueban que cada explotación situada sobre una superficie anteriormente arbolada haya causado directamente la tala, y la precisión depende de la calidad de los mapas y las estadísticas disponibles en cada país.
La carne bovina concentra la mayor proporción
La carne bovina representó aproximadamente el 40 % de la deforestación asociada con la producción de alimentos, una proporción muy superior a la de cualquier cultivo individual. La expansión de pastizales y de sistemas ganaderos sobre antiguos bosques explica buena parte de esa huella.
La incidencia varía según el tipo de explotación y el territorio. Un análisis reciente sobre tres modelos ganaderos en los frentes de deforestación de América Latina determinó que las explotaciones bovinas capitalizadas, familiares y de subsistencia dejan patrones diferentes sobre los bosques y el hábitat del jaguar.
La investigación global situó al aceite de palma en el segundo lugar, con alrededor del 9 % de la pérdida atribuida, seguido por la soja con el 5 %. El maíz y el arroz aportaron cerca del 4 % cada uno, mientras la mandioca o yuca representó el 3 %.
El cacao fue relacionado con aproximadamente el 2 % y tanto el café como el caucho con cerca del 1 % cada uno. Estos porcentajes no indican que un cultivo sea perjudicial en todas las circunstancias: el impacto depende de dónde se expande, qué cobertura reemplaza y cómo se administra la producción.
Maíz, arroz y yuca superan a varios cultivos exportables
Uno de los hallazgos más relevantes es la huella combinada del maíz, el arroz y la yuca. Estos tres cultivos básicos concentraron alrededor del 11 % de la deforestación estimada, una proporción superior a la suma correspondiente al cacao, el café y el caucho.
Los cultivos básicos suelen destinarse en gran medida al consumo nacional y regional. Su impacto aparece distribuido entre numerosos países, mientras la deforestación asociada con productos como la palma aceitera y la soja se concentra en zonas productoras más específicas.
Este resultado cuestiona la idea de que la pérdida forestal puede afrontarse únicamente mediante controles sobre las exportaciones. Las políticas comerciales son relevantes, pero necesitan complementarse con ordenamiento territorial, apoyo técnico, control de la tala ilegal y mejoras productivas dentro de los países.
En el caso de los cultivos oleaginosos, otro estudio determinó que la palma, el coco y la soja concentran gran parte del impacto sobre la biodiversidad. Esa evaluación también mostró que la huella depende de la sensibilidad ecológica de las regiones donde se cultivan.
Brasil encabeza la pérdida forestal atribuida
Brasil concentró aproximadamente el 32 % de la deforestación mundial vinculada por el modelo con productos agropecuarios y forestales. El país combina una extensa producción bovina y sojera con la presencia de ecosistemas de gran valor como la Amazonía y el Cerrado.
Indonesia ocupó el segundo lugar, con cerca del 9 %, debido en parte a la expansión de plantaciones y al drenaje de turberas. China y la República Democrática del Congo representaron alrededor del 6 % cada una, mientras Estados Unidos aportó cerca del 5 %.
La transformación productiva de Brasil ilustra la tensión entre crecimiento agrícola y conservación. El análisis sobre el avance agropecuario y la pérdida de biodiversidad en Brasil advierte que la degradación de los ecosistemas termina afectando servicios de los que también depende el campo, como la regulación del agua, la polinización y la fertilidad del suelo.
La soja presenta una dinámica particular. Parte de su expansión puede producirse directamente sobre vegetación natural, pero también puede ocupar pastizales existentes y desplazar la ganadería hacia nuevas fronteras. Estos efectos indirectos resultan más difíciles de captar mediante mapas de coincidencia espacial.
La trazabilidad deberá abarcar cadenas internas y externas
Los investigadores sostienen que las respuestas deben considerar tanto el comercio internacional como la demanda interna. Las medidas concentradas exclusivamente en café, cacao, soja, aceite de palma o carne exportada pueden dejar fuera una parte sustancial de la pérdida generada por productos consumidos localmente.
En las cadenas internacionales, la trazabilidad permite vincular cada lote con su lugar de origen y comprobar si procede de terrenos recientemente deforestados. La Unión Europea ha establecido este tipo de exigencia para ganado bovino, soja, cacao, café, palma aceitera, caucho y madera.
Para los productores, la aplicación requiere coordenadas de las fincas, registros confiables y mapas capaces de diferenciar bosques, sistemas agroforestales y tierras agrícolas. Un sistema cartográfico impreciso puede excluir injustamente a agricultores que cumplen las normas, como muestra el trabajo sobre la clasificación de fincas de café y cacao.
La producción libre de deforestación también exige aumentar el rendimiento en terrenos ya intervenidos sin provocar degradación del suelo, contaminación o una nueva expansión indirecta. En ganadería, además de mejorar la productividad, es necesario controlar el origen de los animales durante todas las etapas de cría, engorde y comercialización.
Los datos permiten orientar medidas por producto y territorio
El estudio ofrece una base para identificar en qué países y cadenas se concentra la transformación forestal, pero no sustituye las verificaciones sobre el terreno. Los autores reconocen diferencias de calidad entre los conjuntos de datos y señalan que algunos cambios pueden quedar mal asignados cuando varios productos comparten una misma zona.
La herramienta tampoco incorpora todos los factores que favorecen la tala. Carreteras, minería, incendios, extracción maderera, inseguridad sobre la propiedad de la tierra y decisiones políticas pueden interactuar con la expansión agropecuaria y modificar sus efectos.
La información permite diseñar respuestas diferenciadas. En los principales frentes ganaderos pueden priorizarse la trazabilidad y la recuperación de pasturas degradadas; en regiones de cultivos básicos, el acceso a mejores rendimientos y la planificación del uso del suelo; y en cadenas exportadoras, la verificación del origen y el cumplimiento de compromisos ambientales.
La reducción de la deforestación no implica responsabilizar de manera uniforme a todos los productores. Requiere distinguir entre sistemas que avanzan sobre bosques, explotaciones establecidas en tierras agrícolas antiguas y modelos agroforestales que conservan árboles, almacenan carbono y sostienen la biodiversidad.
Fuentes referenciales:
Clarín
Nature Food
Universidad Tecnológica de Chalmers

