Las capturas descendieron frente a 2025, aunque las lonjas aún registran un volumen superior al de numerosos veranos anteriores y las Rías Baixas mantienen resultados más estables
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Javier Morales O.
Los pescadores de Galicia observan una menor presencia de pulpo común durante la campaña de 2026, especialmente desde Fisterra hacia el norte y en las aguas vinculadas al mar Cantábrico. La percepción de escasez contrasta con unas lonjas que todavía comercializan cantidades relevantes, una aparente contradicción que responde a las diferencias geográficas, la comparación con series históricas y la presencia de producto importado en el mercado.
Los datos oficiales citados por el sector confirman que las capturas disminuyeron respecto al verano anterior, pero no reflejan un desplome uniforme en toda la costa gallega. La reducción es más pronunciada en el norte, mientras que las Rías Baixas registran volúmenes próximos a los promedios habituales de una especie caracterizada por fuertes oscilaciones entre campañas.
José Antonio Pérez, presidente de la Federación de Cofradías de Pescadores de Galicia y patrón mayor de Ribeira, pidió no dramatizar la situación por el momento. No obstante, reconoció que la campaña está por debajo de las expectativas y advirtió sobre la captura de ejemplares con huevos, una señal que obliga a revisar si el calendario de veda coincide adecuadamente con la reproducción del pulpo.
Las capturas bajaron un 17 % frente al verano anterior
Entre el 1 de julio y el 13 de agosto se subastaron en las lonjas gallegas 315 toneladas de pulpo común, por un valor de primera venta cercano a 3,5 millones de euros. El volumen representó una caída interanual del 17 %, mientras los ingresos de la flota disminuyeron un 19 %.
El precio promedio se situó en 11,2 euros por kilogramo, un 2 % menos que durante el mismo tramo de 2025. Pese a ese retroceso, la cotización permaneció un 16 % por encima del promedio de los seis veranos anteriores y la facturación fue la segunda más alta del siglo para ese período, únicamente superada por la campaña pasada.
Las cifras ayudan a explicar por qué las subastas pueden mantener una actividad apreciable mientras los marineros encuentran menos ejemplares durante sus jornadas. El resultado de 2026 es inferior al de ocho veranos de este siglo, pero supera el de otros 18 y se encuentra un 5 % por encima del promedio de 299 toneladas registrado desde el año 2000.
Esta comparación histórica no elimina las dificultades actuales. Los pescadores necesitan valorar la campaña frente al año precedente, sus costos de combustible y carnada, el número de jornadas efectivamente trabajadas y la rentabilidad obtenida por cada salida, no solamente frente a promedios de décadas anteriores.
Las lonjas muestran diferencias acusadas por zonas
Ribeira mantuvo el liderazgo gallego con unas 90 toneladas y una facturación de un millón de euros hasta el 13 de agosto. Esos resultados supusieron descensos respectivos del 8 % y el 7 % frente al mismo período de 2025.
Las reducciones fueron más intensas en otros puertos. Bueu subastó 37 toneladas, un 27 % menos, y su facturación cayó un 31 %. Vigo acumuló 29 toneladas, con descensos del 35 % en volumen y del 40 % en ingresos.
Muros registró 16 toneladas, un 27 % menos; Corcubión bajó a 12 toneladas, con una reducción del 23 %; y A Coruña contabilizó 11 toneladas, un 37 % por debajo del año anterior. También disminuyeron las subastas en Carnota, Portonovo, Aldán, Fisterra, Porto do Son y O Grove.
Cangas y Cambados ofrecieron la principal excepción. La primera lonja alcanzó aproximadamente 25 toneladas, un 43 % más que en 2025, mientras Cambados se aproximó a 19 toneladas, con un crecimiento del 6 %. Estos contrastes respaldan la advertencia de no extender la situación del Cantábrico a todo el litoral gallego.
El nordés dificultó el comienzo de la campaña
La pesca se reanudó el 1 de julio después de dos meses de veda. Las primeras jornadas estuvieron condicionadas por fuertes vientos del nordeste, conocidos localmente como nordés, que limitaron las salidas y complicaron el manejo nocturno de las nasas.
La menor duración del descanso biológico también genera debate. La campaña anterior contó con tres meses de parada, mientras que en 2026 se aplicaron dos. Algunas cofradías, entre ellas la de Cambados, defendían repetir el período más largo para proporcionar mayor margen a la reproducción y recuperación del recurso.
Otros representantes apoyaron una veda más corta porque los temporales ya habían mantenido a buena parte de la flota amarrada durante enero y febrero. Para las embarcaciones dependientes del pulpo, añadir otro mes sin actividad habría incrementado las dificultades económicas antes de conocer los resultados reales de la campaña.
La preocupación ahora se concentra en la correspondencia entre la veda y la desova. Si los pescadores encuentran hembras con huevos después de la reapertura, el período fijo puede no estar protegiendo completamente la fase reproductiva. El sector plantea estudiar vedas más flexibles, respaldadas por observaciones biológicas y condiciones oceanográficas.
El Cantábrico y las Rías Baixas evolucionan de manera distinta
Miguel Salvande, técnico de la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia, señaló que el descenso no afecta de igual manera a todo el litoral. Desde Fisterra hacia el norte se observan caídas marcadas, mientras hacia el sur la producción permanece dentro de rangos más habituales.
Una de las posibles explicaciones se encuentra en el afloramiento costero de las Rías Baixas. Durante la primavera y el verano, los vientos desplazan el agua superficial hacia mar abierto y permiten el ascenso de masas profundas, frías y ricas en nutrientes.
Estas aguas, con temperaturas de entre 11 y 13 grados, favorecen el fitoplancton y sostienen la cadena alimentaria de especies como el pulpo y el mejillón. El proceso amortigua temporalmente parte del calentamiento superficial y ayuda a conservar condiciones productivas en las rías meridionales.
En el Cantábrico no existe un afloramiento de igual intensidad. El calentamiento y la menor mezcla vertical pueden dificultar la llegada de nutrientes a la superficie, aunque todavía se requiere seguimiento científico para determinar cuánto explica este mecanismo la reducción observada durante 2026.
Las alteraciones térmicas también están modificando la distribución de otras especies. La expansión de una ostra tropical por las costas españolas constituye otro ejemplo de cómo los cambios ambientales pueden crear nuevas condiciones para los recursos marinos, con resultados diferentes según cada litoral.
El crecimiento del pulpo británico cambia el mercado
Mientras la flota gallega encuentra menos pulpo en determinadas zonas, el sur de Reino Unido atraviesa una expansión extraordinaria de la especie. Durante el primer semestre de 2026, los pescadores británicos superaron las 3.000 toneladas capturadas, una cantidad mayor que la producción gallega acumulada durante dos años recientes.
El récord de capturas de pulpo en Reino Unido ha permitido incorporar un nuevo origen a los circuitos comerciales europeos. Junto con Marruecos, Mauritania, Senegal, Irlanda y Francia, las importaciones ayudan a mantener la oferta disponible para distribuidores, pescaderías y restaurantes españoles.
La abundancia británica no demuestra por sí sola que el pulpo gallego haya migrado hasta esas aguas. El pulpo común posee un ciclo de vida corto y sus poblaciones responden con rapidez a la temperatura, la disponibilidad de alimento, la reproducción y otras condiciones locales. Establecer una relación directa entre ambos fenómenos requeriría evidencias científicas específicas.
La competencia importada puede ejercer presión sobre las cotizaciones recibidas por la flota gallega. Aunque el producto local conserva reconocimiento comercial, compradores y distribuidores pueden recurrir a otros orígenes cuando el suministro regional disminuye o alcanza precios difíciles de trasladar al consumidor.
La gestión pesquera necesita datos regionales
La evolución de las capturas desde 2016 muestra una tendencia que preocupa al sector: la producción anual pasó de aproximadamente 3,19 millones de kilos a 1,23 millones en 2025. Esa reducción de largo plazo exige diferenciar las variaciones normales de una especie de ciclo corto de posibles cambios persistentes en su disponibilidad.
La respuesta deberá combinar datos de lonjas, esfuerzo pesquero, número de nasas, jornadas trabajadas, estructura de tallas y presencia de hembras reproductoras. Comparar únicamente el peso desembarcado puede producir interpretaciones incompletas si cambian las condiciones meteorológicas o la cantidad de embarcaciones activas.
También será necesario revisar los límites de captura y la duración de la veda con información específica para cada zona. Las condiciones del Cantábrico no son idénticas a las de las Rías Baixas, por lo que una medida uniforme podría proteger insuficientemente unas poblaciones o imponer restricciones innecesarias sobre otras.
El seguimiento ambiental adquiere especial importancia ante el aumento de las temperaturas marinas. El análisis sobre cómo el clima extremo pone a prueba la pesca sostenible advierte que los cambios en distribución y abundancia pueden dejar desactualizadas las referencias utilizadas para evaluar determinados recursos.
Por ahora, las cifras no indican la desaparición del pulpo de toda Galicia, pero sí justifican una vigilancia reforzada en el Cantábrico. La combinación de menores capturas, diferencias entre lonjas, cambios térmicos, vedas debatidas y nueva competencia internacional obliga a adaptar la gestión antes de que una sucesión de campañas débiles comprometa la rentabilidad de la pesca artesanal.
Fuentes referenciales:
OKDIARIO
La Voz de Galicia
EFEAgro


