Un meteorólogo e ingeniero agrónomo reportó pérdidas totales en algunas zonas productivas y advirtió sobre daños en granos básicos, hortalizas, caña y pasturas
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La irregular transición entre la estación seca y la temporada lluviosa provocó graves pérdidas agrícolas y ganaderas en el oriente de El Salvador, según advirtió Danilo Ramírez, meteorólogo e ingeniero agrónomo. El especialista señaló que el déficit de humedad, las temperaturas elevadas y el deterioro de los suelos afectaron las siembras realizadas durante mayo y junio.
Ramírez situó los daños más severos en el corredor seco, el litoral costero y la zona oriental del país. Entre los territorios mencionados se encuentran La Unión, San Miguel, Morazán, San Vicente y Cabañas, además de la planicie costera y el Bajo Lempa.
De acuerdo con su evaluación, algunas áreas del oriente registraron pérdidas del 100 % en cultivos, incluidos granos básicos y hortalizas, además de muertes de ganado. Esta estimación corresponde a las observaciones expuestas por el especialista y no a un balance nacional consolidado de las autoridades.
Productores perdieron inversiones y recurrieron a los residuos
La falta de humedad obligó a algunos agricultores a retrasar o descartar la siembra, mientras que otros invirtieron recursos y perdieron posteriormente sus cultivos. Ramírez indicó que hubo productores que destinaron entre 1.000 y 2.000 dólares a la primera siembra y apenas recuperaron cerca de 100 dólares mediante la venta de residuos vegetales como forraje.
Los daños alcanzaron al maíz, el frijol y las hortalizas, productos relevantes tanto para la comercialización como para el consumo de las familias rurales. Productores de caña de azúcar, agregó el especialista, estimaban pérdidas de hasta el 80 % en sus explotaciones.
El impacto descrito en El Salvador coincide con las dificultades que afrontan otros productores centroamericanos. En Honduras, por ejemplo, se han distribuido alimento y sorgo para sostener al ganado ante la sequía, una medida dirigida a reducir la presión ocasionada por la disminución de pastos y reservas forrajeras.
La falta de pasto compromete la producción ganadera
La escasez de agua no afecta únicamente a los cultivos. La reducción de las pasturas disminuye el alimento disponible para el ganado y eleva la vulnerabilidad de las explotaciones pecuarias, especialmente cuando los productores carecen de reservas o recursos para adquirir suplementos.
La experiencia de otras regiones productoras muestra que el déficit de agua puede disminuir de forma importante la disponibilidad de alimento animal. Un caso relacionado es la reducción del maíz forrajero causada por la sequía, con consecuencias sobre los costos y la planificación alimentaria de las ganaderías.
En el oriente salvadoreño, la pérdida simultánea de cultivos, pasturas y animales profundiza el perjuicio económico. Las familias afectadas dejan de percibir ingresos por sus cosechas y, al mismo tiempo, deben afrontar el deterioro de un patrimonio productivo cuya recuperación puede requerir varias temporadas.
Los suelos degradados retienen menos humedad
Ramírez explicó que la respuesta de cada terreno ante la sequía depende de sus características. Los suelos arenosos, arcillosos y francos almacenan y liberan agua de manera diferente, pero la erosión y la degradación pueden reducir todavía más su capacidad para conservar la humedad disponible.
La disminución de la cobertura vegetal agrava esa exposición al favorecer la pérdida de suelo y limitar la infiltración. Por ello, la recuperación de la producción no depende exclusivamente del retorno de las lluvias, sino también de las condiciones físicas de los terrenos y de las prácticas aplicadas para protegerlos.
La restauración de tierras deterioradas tiene implicaciones directas para la producción y la seguridad alimentaria. Investigaciones divulgadas anteriormente indican que recuperar los suelos degradados puede ampliar la capacidad de producir alimentos, especialmente en regiones donde el agua constituye un recurso limitado.
La crisis amenaza la alimentación de las familias rurales
El especialista advirtió que las pérdidas representan un riesgo para la seguridad alimentaria y nutricional de El Salvador. Una parte de las familias campesinas siembra granos básicos y hortalizas tanto para venderlos como para cubrir sus propias necesidades, de modo que el fracaso de la cosecha reduce simultáneamente sus ingresos y sus reservas de alimentos.
La crisis también influye en el empleo rural. Ramírez señaló que algunos jóvenes buscan oportunidades fuera de la agricultura ante las diferencias salariales y la incertidumbre productiva. Durante sus recorridos por la zona oriental, observó cambios en las condiciones de las comunidades y una creciente presión asociada al calor, la falta de agua y la reducción de la cobertura vegetal.
Información agroclimática para decidir cuándo sembrar
La Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de El Salvador impulsa una mesa agroclimática participativa que incorpora a agricultores, comunidades y cooperativas. La iniciativa busca intercambiar información y mejorar la toma de decisiones frente a sequías, lluvias irregulares, inundaciones, plagas y otros riesgos para la producción.
Ramírez sostuvo que los pronósticos deben llegar directamente a quienes trabajan la tierra. También propuso combinar la información científica con los conocimientos acumulados por agricultores y campesinos, especialmente para determinar las fechas de siembra y adaptar el manejo a las condiciones de cada territorio.
Captar agua de lluvia y proteger la cobertura vegetal
Entre las alternativas planteadas se encuentran el riego por goteo, la aspersión, el riego por gravedad y la instalación de reservorios para almacenar agua durante la temporada lluviosa. La utilidad de cada reservorio depende de su capacidad, del área que debe abastecer y del tiempo durante el cual será necesario disponer del recurso.
El especialista también consideró necesario conservar los bosques, recuperar la cobertura vegetal y aprovechar mejor las precipitaciones. Estas medidas deben adaptarse a las condiciones económicas de los productores y acompañarse de asistencia técnica para evitar que las recomendaciones permanezcan únicamente en manuales o documentos institucionales.
Fuente referencial:
Infobae


