
Granjas urbanas, el futuro de la agricultura
Diógenes Infante Herrera “o inventamos o erramos” -Simón Rodríguez- En un reportaje del pasado mes de diciembre, The Economist destacaba las tecnologías emergentes a tener en cuenta para…
Temperaturas elevadas y distribución irregular de las lluvias dominan el comienzo de agosto.
El agro mundial entra en agosto con diferencias marcadas entre regiones. La perspectiva julio-agosto-septiembre de GEOGLAM señala temperaturas superiores a lo normal en extensas zonas productoras y precipitaciones por debajo del promedio en partes de Europa, Asia meridional, África oriental, Australia y el norte de Sudamérica. En otras áreas, especialmente sectores del Cono Sur, África central y Asia oriental, pueden presentarse lluvias superiores al promedio.
El principal riesgo no es únicamente la falta de lluvia, sino su combinación con calor, elevada evapotranspiración y suelos que llegan a la etapa crítica con reservas limitadas. Esta situación puede reducir la eficacia de precipitaciones moderadas y aumentar la demanda de riego, agua para ganado y manejo de pasturas.
La perspectiva estacional favorece lluvias superiores al promedio en Ecuador, sectores centrales y sudorientales de Brasil, noreste de Bolivia, este de Paraguay, centro de Chile y sur de Argentina. Sin embargo, el oeste de Colombia, Venezuela, las Guayanas y el norte de Brasil presentan una inclinación hacia condiciones más secas.
Para el norte sudamericano, el desafío será conservar agua en suelos y pasturas. En el Cono Sur, los excesos puntuales también pueden dificultar labores, generar anegamientos o aumentar presión de enfermedades. Las decisiones deben apoyarse en pronósticos locales y no solamente en la señal estacional.
Maíz y soja estadounidenses atraviesan fases sensibles, por lo que cada episodio de calor o déficit de lluvia puede trasladarse rápidamente a las expectativas de rendimiento. El seguimiento semanal de condición de cultivos del USDA será una referencia central durante agosto.
En el noroeste de México se proyecta una mayor probabilidad de precipitaciones superiores al promedio, mientras buena parte del resto de la región podría recibir menos lluvia. El calor aumenta necesidades de agua en cultivos y ganadería, además de elevar riesgos de incendios y estrés térmico.
La señal más delicada aparece sobre Irlanda, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Alemania, Dinamarca, Polonia, países bálticos, Chequia, norte de Austria y zonas vecinas, donde la perspectiva favorece precipitaciones inferiores al promedio. Las temperaturas también tenderían a situarse por encima de lo normal en gran parte del continente.
El impacto puede sentirse en maíz, girasol, remolacha, papa, hortalizas, pasturas y disponibilidad de forraje. En suelos ligeros, la pérdida rápida de humedad podría adelantar cosechas o reducir llenado de grano. También aumenta la necesidad de vigilar incendios y calidad del agua.
El monzón mantiene un mosaico complejo. En el horizonte corto se contemplan lluvias superiores al promedio en el centro de India, pero inferiores en Pakistán, sur y oeste de India, Sri Lanka, norte de Bangladesh y Bután. A escala estacional, India, Pakistán y Nepal muestran inclinación hacia déficit de precipitaciones y temperaturas elevadas.
En Asia oriental, el sur y noreste de China, Corea del Norte y el norte de Japón pueden recibir más lluvia, mientras el centro y noroeste chino enfrentan señales más secas. El exceso puede afectar cosecha y sanidad; el déficit, establecimiento y riego.
Se esperan lluvias superiores al promedio en sectores de Nigeria, Camerún, Congo y parte de África central. En contraste, Sahel occidental, Sudán, Sudán del Sur, Eritrea, Etiopía, norte de Kenia, Uganda y norte de Tanzania presentan señales de menor precipitación.
La preocupación se concentra en cultivos de secano y ganadería pastoril. Un déficit prolongado reduce disponibilidad de pastos y agua, aumenta desplazamientos de rebaños y puede deteriorar la seguridad alimentaria en comunidades rurales vulnerables.
La perspectiva señala condiciones más secas en partes del este y oeste de Australia, así como en el norte de Nueva Zelanda. El sur neozelandés podría recibir más lluvia. En Australia, la distribución regional será decisiva para cereales de invierno, pasturas y disponibilidad de agua.
Los productores deben observar humedad del perfil, pronósticos de heladas tardías, presión sobre represas y relación entre carga ganadera y crecimiento forrajero.
Estrés térmico: menor consumo y producción en bovinos, aves y cerdos; fallas reproductivas y mayor demanda de agua.
Déficit hídrico: reducción del llenado de granos, pérdida de pasturas y mayores costos de riego.
Exceso de lluvia: anegamiento, erosión, enfermedades foliares, retrasos de cosecha y pérdida de calidad.
Incendios: riesgo creciente donde coinciden vegetación seca, viento y altas temperaturas.
Europa central y septentrional concentra una de las señales más consistentes de calor y menor precipitación para el trimestre. Si se confirma durante agosto, la combinación puede reducir rendimientos de cultivos estivales y elevar la demanda de agua para riego y ganadería.
Conviene prestar especial atención al cinturón productor estadounidense, Europa central, India, China y África oriental. Los pronósticos de corto plazo pueden cambiar la intensidad o ubicación de las anomalías estacionales, pero no eliminan la necesidad de preparar medidas preventivas.
En agricultura, se recomienda verificar humedad a distintas profundidades, priorizar riegos por etapa fenológica y evitar labores que dejen el suelo expuesto. En ganadería, revisar caudales, sombra, ventilación, reservas forrajeras y planes de traslado. Donde exista riesgo de exceso hídrico, mantener drenajes y accesos despejados.
Más disponibilidad estacional en granos, firmeza en carnes y costos productivos todavía sensibles.
Los mercados agropecuarios comienzan agosto con señales mixtas. El índice de precios de los alimentos de la FAO promedió 130,3 puntos en junio, 0,3 % por debajo de mayo. La caída de cereales, azúcar y lácteos compensó el avance de carnes y aceites vegetales. Frente a junio de 2025, el índice todavía se situó 1,7 % más alto.
La disponibilidad derivada de las cosechas del hemisferio norte limita los precios de trigo y otros cereales. Sin embargo, energía, fertilizantes, conflictos logísticos y riesgos climáticos impiden hablar de un escenario completamente holgado. En ganadería, la oferta limitada de algunas categorías mantiene valores firmes, mientras los costos de alimentación y sanidad determinan el margen real.
El índice de cereales de la FAO bajó 3,5 % mensual en junio. El trigo retrocedió 4,4 % por el rápido avance de cosechas y las buenas perspectivas de oferta en la región del mar Negro. La FAO había estimado la producción mundial de trigo de 2026 en 817 millones de toneladas: inferior al año precedente, pero sobre la media de los últimos cinco años.
El maíz dependerá especialmente del clima estadounidense durante agosto. Una modificación en la condición de cultivos puede cambiar expectativas de rendimiento y precios. Para compradores, la oferta más amplia abre oportunidades; para vendedores, aumenta la importancia de calidad, almacenamiento y planificación comercial.
Los aceites vegetales fueron uno de los componentes que sostuvieron el índice mundial de alimentos. En soja, el mercado seguirá comparando la disponibilidad sudamericana con el desarrollo del cultivo estadounidense y la demanda de trituración.
El último reporte semanal del USDA sobre granos no modificados genéticamente mostró primas estables para soja y maíz. Esto refleja un mercado diferenciado en el que trazabilidad, segregación y cumplimiento contractual siguen agregando valor.
El mercado bovino estadounidense conserva firmeza, aunque con diferencias entre categorías y regiones. El informe directo del USDA del 31 de julio registró compras de bovinos en pie mayormente entre 232 y 233 dólares por quintal, entre 2 y 3 dólares más que la semana anterior.
En mercados de reposición se observó mayor irregularidad. Para el productor, un precio nominal alto debe analizarse junto con costo de reposición, alimento, financiamiento, mortandad y peso final.
Ambos sectores permanecen estrechamente vinculados a maíz, soja y energía. La moderación de algunos granos puede favorecer el costo de la ración, pero la sanidad sigue siendo un factor decisivo.
La influenza aviar puede alterar inventarios, comercio de huevos y aves, mientras la peste porcina africana mantiene restricciones y medidas de bioseguridad en distintas regiones. La gestión sanitaria es parte directa de la estrategia de mercado.
El componente de lácteos del índice FAO disminuyó en junio. La señal internacional puede trasladarse de manera desigual a los precios pagados al productor por diferencias de contratos, composición de la leche, estacionalidad y demanda industrial.
Durante el verano boreal, el estrés térmico puede afectar consumo, fertilidad y volumen de leche, elevando los costos de enfriamiento y manejo.
El mercado continúa expuesto al costo del gas natural, energía y transporte marítimo. Aunque los precios pueden ofrecer ventanas de compra, la volatilidad recomienda comparar productos por unidad de nutriente disponible y no solo por tonelada.
Escalonar adquisiciones, revisar almacenamiento y ajustar dosis con análisis de suelo ayuda a disminuir riesgos financieros y agronómicos.
El petróleo y los combustibles influyen en laboreo, bombeo, secado, refrigeración y transporte. La energía también se transmite indirectamente a fertilizantes nitrogenados y fletes.
Para explotaciones con alto consumo, actualizar el costo energético por hectárea, tonelada o litro de leche permite identificar márgenes antes de comprometer ventas.
La disponibilidad física no garantiza precios bajos si existen interrupciones portuarias, rutas más largas, limitaciones fluviales o encarecimiento de seguros. El origen competitivo puede perder ventaja cuando aumenta el costo de entrega.
Productores y operadores deben verificar capacidad de almacenamiento, fechas de embarque, penalizaciones por calidad y disponibilidad de transporte antes de cerrar operaciones.
La reapertura gradual prevista por Estados Unidos para el comercio de ganado desde México muestra cómo la sanidad modifica los flujos comerciales. El puerto de Douglas, Arizona, tiene una reapertura programada para el 24 de agosto, sujeta a evaluación epidemiológica.
En granos, la competencia entre orígenes exportadores continuará limitando precios, especialmente mientras ingresan nuevas cosechas.
La caída de los cereales no se está trasladando de forma uniforme al costo total de producir. El índice general de alimentos apenas bajó porque carnes y aceites vegetales compensaron parte del descenso. La estrategia comercial debe separar precio del producto, costo de insumos, logística y riesgo climático.
El mercado observará el informe Crop Progress del USDA del 3 de agosto y las siguientes actualizaciones semanales sobre maíz, soja y cultivos de primavera. También serán relevantes los datos de molienda, productos lácteos y actividad pecuaria que publicará el USDA durante la primera semana del mes.
En el corto plazo, una mejora climática puede reforzar la presión estacional sobre cereales. En cambio, calor persistente o menor lluvia en zonas críticas podría recuperar primas de riesgo. La recomendación es construir decisiones por tramos: asegurar costos indispensables, preservar flexibilidad comercial y evitar depender de una única fecha de venta.
Sanidad, clima, comercio y seguridad alimentaria condicionan las decisiones del agro mundial.
El comienzo de agosto muestra un agro internacional condicionado por tres fuerzas: disponibilidad estacional de cereales, riesgos agroclimáticos regionales y controles sanitarios que pueden abrir o cerrar mercados con rapidez. La oferta mundial de trigo continúa siendo amplia, pero energía, fertilizantes, logística y diferencias de rendimiento mantienen incertidumbre.
La política agropecuaria se concentra en seguridad alimentaria, asistencia frente a desastres, sanidad transfronteriza y protección de ingresos. Al mismo tiempo, los gobiernos y organismos internacionales insisten en mejorar vigilancia epidemiológica, uso responsable de antimicrobianos y resiliencia ante sequías, calor e inundaciones.
La región conserva un papel central en las exportaciones de soja, maíz, carnes, café, azúcar y frutas. Sin embargo, el comportamiento climático no es uniforme: partes del Cono Sur presentan probabilidades de lluvia superiores al promedio, mientras el norte de Sudamérica enfrenta señales más secas.
El gusano barrenador del ganado continúa siendo un desafío para Mesoamérica y México. Su evolución afecta bioseguridad, movilización animal y acceso al mercado estadounidense. La prioridad práctica es la detección de heridas, notificación y coordinación fronteriza.
Estados Unidos entra en el periodo decisivo para rendimientos de maíz y soja. Los informes semanales del USDA serán utilizados por productores, aseguradoras, compradores y mercados para valorar impacto de calor, lluvia y condición de cultivos.
En política ganadera, el USDA anunció que el puerto de Douglas, Arizona, reabrirá el 24 de agosto al movimiento de ganado, bisontes y caballos desde México, siempre que las evaluaciones sanitarias no aconsejen modificar el calendario.
El continente combina una cosecha de cereales en marcha con riesgo de calor y déficit hídrico en sectores centrales y orientales. Las diferencias regionales pueden influir en rendimientos, calidad, forraje y necesidad de importaciones.
La política agrícola continúa bajo presión para conciliar rentabilidad, seguridad alimentaria, requisitos ambientales y adaptación climática. El reto inmediato es ofrecer previsibilidad sin reducir la capacidad de respuesta frente a sequías o crisis sanitarias.
India, China y el sudeste asiático concentran la atención por el desarrollo del monzón y su efecto sobre arroz, trigo, maíz y oleaginosas. Exceso y déficit de lluvia pueden convivir dentro de un mismo país, generando impactos distintos en producción y precios.
En Asia oriental, las lluvias potencialmente elevadas en algunas zonas contrastan con condiciones más secas en el centro de China. En el sur de Asia, la combinación de calor y precipitación irregular puede afectar cultivos de secano y demanda de riego.
La seguridad alimentaria sigue estrechamente vinculada a la lluvia, la estabilidad de las cadenas de suministro y el acceso a insumos. África oriental y sectores del Sahel muestran riesgos por déficit o distribución irregular de precipitaciones.
En ganadería pastoral, la disponibilidad de agua y pasturas determina desplazamientos de rebaños, condición corporal y exposición a enfermedades. La vigilancia de enfermedades transmitidas por vectores cobra especial relevancia durante periodos cálidos.
Australia mantiene su importancia en trigo, carne y lana, pero la humedad disponible varía ampliamente entre regiones. Las perspectivas más secas para sectores del país pueden afectar cultivos de invierno y crecimiento de pasturas.
Nueva Zelanda conserva una fuerte orientación láctea y cárnica; las señales de menor precipitación en el norte y mayor lluvia en el sur requieren estrategias regionales de manejo.
La sanidad animal se consolida como una condición comercial. La fiebre aftosa, peste porcina africana, influenza aviar y gusano barrenador pueden generar sacrificios, restricciones de movimiento y pérdida temporal de mercados.
La OMSA recuerda que la fiebre aftosa es altamente contagiosa y afecta bovinos, porcinos, ovinos, caprinos y otros animales de pezuña hendida. Prevenir su ingreso resulta menos costoso que controlar una incursión.
La competencia entre exportadores de trigo aumenta con la entrada de cosechas. Para los países importadores, esto puede mejorar oportunidades de compra, aunque fletes, seguros, calidad y disponibilidad portuaria siguen diferenciando el costo final.
En productos pecuarios, los protocolos sanitarios y la trazabilidad pesan tanto como el precio. Una modificación epidemiológica puede cambiar rápidamente certificados y rutas comerciales.
Estados Unidos mantiene plazos de agosto para programas de apoyo y revisión de bases agrícolas. En otras regiones, las políticas se concentran en seguros, crédito, reservas alimentarias y respuesta a desastres.
La efectividad de estas medidas dependerá de su rapidez, claridad y capacidad para llegar a explotaciones pequeñas y medianas antes de que una pérdida temporal se convierta en descapitalización permanente.
La innovación con impacto directo se orienta a uso eficiente del agua, diagnóstico sanitario, agricultura de conservación, mejores pasturas y reducción de pérdidas poscosecha. El valor no reside en incorporar tecnología por sí misma, sino en resolver un problema productivo verificable.
Las ferias agropecuarias de agosto pondrán énfasis en demostraciones de campo, maquinaria, nutrición vegetal y manejo de cultivos y ganado.
La seguridad alimentaria depende cada vez más de gestionar riesgos conectados. Un episodio climático puede reducir producción; una enfermedad puede cerrar fronteras; un aumento energético puede encarecer fertilizantes y transporte. La planificación agropecuaria necesita integrar esas variables en lugar de evaluarlas por separado.
La reapertura gradual del comercio ganadero entre México y Estados Unidos muestra el peso de la vigilancia sanitaria sobre los mercados. El calendario anunciado es una señal favorable, pero permanece condicionado a la distancia de los casos, la eficacia de los controles y nuevas evaluaciones de riesgo.

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