El balance oficial del ciclo de invierno 2026 proyecta más de dos millones de toneladas de maíz, mientras los productores reclaman condiciones comerciales que permitan colocar la cosecha nacional.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Venezuela entró en la fase principal de cosecha de sus cereales del ciclo de invierno 2026 con 503.037 hectáreas sembradas de maíz blanco y amarillo y una proyección oficial superior a dos millones de toneladas del grano. El balance, presentado el 29 de septiembre durante el inicio del Plan de Cosecha en el estado Portuguesa, sitúa al maíz como el cultivo dominante de una campaña que comprende también arroz y sorgo.
Los datos divulgados por el Ejecutivo venezolano, con corte al 25 de septiembre, contabilizan 593.279 hectáreas sembradas entre los tres cereales y estiman una producción conjunta de 2.631.213 toneladas. De esa superficie, el maíz representa el 84,8 %, mientras que su producción prevista equivale al 82,2 % del volumen cerealero proyectado.
Las cifras ofrecen una fotografía actualizada de la campaña, pero deben interpretarse como estimaciones oficiales y no como producción definitiva. La cosecha continúa en los principales corredores cerealeros y el resultado final dependerá de los rendimientos obtenidos, las condiciones meteorológicas durante la recolección y la capacidad de recibir, secar, almacenar y comercializar el grano.
La cosecha ya supera las 357.000 toneladas de cereales
Al momento del balance se habían cosechado 62.710 hectáreas, de las cuales se reportaron 357.546 toneladas de producción. El inicio formal de las operaciones se realizó desde la Unidad de Producción Social Agrícola La Productora, en Portuguesa, uno de los estados que concentra buena parte de la actividad cerealera venezolana.
El maíz es particularmente importante porque sus dos grandes segmentos cumplen funciones diferentes dentro de la cadena alimentaria. El maíz blanco se destina principalmente a productos para consumo humano, mientras el amarillo constituye una materia prima fundamental para la fabricación de alimentos balanceados utilizados en avicultura, porcicultura y otras actividades pecuarias.
La campaña se produce después de varios años en los que el sector cerealero ha intentado recuperar superficie y productividad. Un análisis de la agricultura venezolana realizado a comienzos de 2026 mostraba precisamente que el maíz continuaba condicionado por la disponibilidad de semillas, financiamiento, insumos y capacidad de inversión de los agricultores.
Arroz y sorgo completan el ciclo cerealero
El reporte oficial contabiliza además 89.441 hectáreas sembradas de arroz, para las que se proyectan 465.091 toneladas, y otras 801 hectáreas destinadas al sorgo. Aunque el maíz concentra ampliamente la campaña, estos cultivos permiten diversificar la producción cerealera de los Llanos y abastecer diferentes segmentos de las cadenas alimentarias.
La evolución del arroz merece atención porque las estimaciones disponibles para 2026 muestran una recuperación de la actividad en Portuguesa y Guárico. Mundo Agropecuario informó recientemente sobre la expansión de la producción arrocera venezolana durante 2026, impulsada por una mayor superficie cultivada y la recuperación de capacidad productiva en las principales regiones arroceras.
La combinación de maíz, arroz y otros cultivos también forma parte de la organización tradicional de los sistemas agrícolas de los Llanos occidentales. En Portuguesa, por ejemplo, existen experiencias en las que después de la cosecha principal se incorporan oleaginosas como segundo cultivo, aprovechando la humedad residual y las características particulares del ciclo de lluvias.
Ese esquema ha sido analizado en propuestas para integrar la soya después del maíz y el arroz en los Llanos occidentales, una alternativa que puede ampliar la rotación y aprovechar mejor la tierra durante diferentes períodos del año.
El volumen cosechado abre ahora el desafío de la comercialización
La magnitud de la superficie sembrada no es el único elemento que determinará el resultado económico de la campaña. Con las cosechadoras entrando progresivamente en los campos, el precio recibido por los agricultores, la capacidad de almacenamiento y el comportamiento de las importaciones pasan a ocupar un lugar central.
La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) advirtió el 4 de septiembre que, según sus propios cálculos, durante 2026 habían ingresado al país más de 2,2 millones de toneladas de maíz blanco, maíz amarillo y arroz importados. El gremio sostiene que las exoneraciones arancelarias aplicadas a productos extranjeros pueden presionar los precios recibidos por los agricultores venezolanos durante la cosecha.
La organización también señaló que los productores nacionales trabajan con restricciones de financiamiento y mayores costos operativos. Entre los problemas descritos por Fedeagro figuran el acceso limitado al crédito, los costos del combustible y las interrupciones eléctricas que pueden afectar pozos de riego, plantas acondicionadoras y operaciones de los silos.
Estas posiciones representan la evaluación del gremio productor y deben diferenciarse de las cifras y proyecciones difundidas por el Ejecutivo. La discusión sobre las importaciones ya había llevado a productores venezolanos a advertir sobre la presión comercial que afrontan las cosechas nacionales de arroz, maíz y azúcar.
Más de medio millón de hectáreas ponen a prueba la cadena cerealera
Una cosecha de la escala proyectada exige coordinación más allá de las labores realizadas dentro de las fincas. El grano debe trasladarse desde las zonas productoras hacia centros de recepción, someterse a controles de humedad y calidad, acondicionarse cuando sea necesario y almacenarse antes de su procesamiento industrial.
La disponibilidad de cosechadoras, camiones, combustible, secadoras y silos puede adquirir especial importancia cuando grandes extensiones alcanzan simultáneamente la madurez. Retrasos prolongados en la recolección pueden elevar las pérdidas de campo, mientras una recepción más rápida de la capacidad disponible en los silos puede generar cuellos de botella.
El desarrollo de organizaciones productivas regionales también resulta relevante para ampliar la superficie cultivada. Experiencias anteriores en Yaracuy han mostrado cómo productores agrícolas han intentado recuperar áreas tradicionales de producción de maíz mediante financiamiento y coordinación privada, en un contexto donde una parte de la superficie potencial permanecía fuera de cultivo.
La campaña 2026 entra ahora en su etapa decisiva. Las 503.037 hectáreas de maíz constituyen una superficie ya establecida, pero la cifra final de producción solo podrá conocerse cuando concluya la recolección. Hasta entonces, los más de dos millones de toneladas anunciados para el cereal deben mantenerse como una proyección oficial, mientras los volúmenes efectivamente cosechados permitirán medir el rendimiento real del ciclo.
Para los productores, además, el resultado agronómico será solo una parte del balance. La capacidad de colocar el grano a precios que cubran los costos y permitan financiar la siguiente siembra determinará cuánto de la recuperación de superficie puede sostenerse durante los próximos ciclos agrícolas.
Fuentes referenciales:
Ministerio del Poder Popular de Economía y Finanzas de Venezuela — información de Prensa Presidencial sobre el Plan de Cosecha 2026
Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro)


