Agricultura

Venezuela utiliza apenas el 20 % de sus tierras agrícolas aptas

Publicado el 17/10/2026 ·

Fedeagro advierte que el país dispone de unos 12 millones de hectáreas con potencial agrícola, pero enfrenta limitaciones de financiamiento, seguridad jurídica y condiciones productivas que dificultan ampliar la superficie cultivada.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Venezuela dispone de aproximadamente 12 millones de hectáreas aptas para desarrollar actividades agrícolas, pero actualmente utiliza apenas el 20 % de esa capacidad, según un diagnóstico presentado por Osman Quero, presidente de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), en declaraciones difundidas el 12 de octubre de 2026.

La estimación revela una diferencia considerable entre el potencial de las tierras agrícolas venezolanas y la superficie que efectivamente estaría siendo aprovechada. De acuerdo con las cifras expuestas por el dirigente gremial, el país utilizaría alrededor de 2,4 millones de hectáreas, mientras que aproximadamente 9,6 millones permanecerían fuera de ese aprovechamiento estimado.

Quero identificó la seguridad jurídica y el acceso al crédito como dos necesidades prioritarias para recuperar la capacidad productiva del campo venezolano. El representante de Fedeagro sostuvo que, aunque existen condiciones naturales favorables para distintos cultivos, persisten dificultades que limitan las inversiones y la expansión de las explotaciones.

Las cifras corresponden a una estimación gremial y no deben interpretarse como un inventario catastral actualizado de todas las parcelas disponibles. Tampoco significan que la totalidad de las hectáreas consideradas aptas pueda incorporarse inmediatamente a la producción sin inversiones, estudios técnicos o evaluaciones ambientales.

Una amplia superficie agrícola permanece sin aprovechar

El diagnóstico de Fedeagro sitúa el aprovechamiento de las tierras agrícolas venezolanas en aproximadamente una quinta parte de su capacidad potencial.

Si se toma como referencia la estimación de 12 millones de hectáreas aptas para la siembra, el porcentaje señalado por Quero equivale a unos 2,4 millones de hectáreas utilizadas. La diferencia, cercana a 9,6 millones de hectáreas, permite dimensionar el margen de expansión identificado por el sector gremial.

Sin embargo, esa superficie potencial no representa necesariamente tierras disponibles para una incorporación inmediata. La posibilidad de desarrollar nuevas explotaciones depende de factores como la disponibilidad de agua, las características del suelo, la infraestructura vial, los derechos sobre la tierra y el acceso a mercados.

También deben considerarse las diferencias entre regiones agrícolas. Una parcela adecuada para determinados cereales puede no reunir las condiciones necesarias para producir hortalizas, frutales u otros cultivos con exigencias específicas de temperatura, humedad y fertilidad.

La estimación de Fedeagro constituye, por tanto, una referencia sobre la capacidad agrícola nacional, pero requiere información territorial más detallada para establecer qué superficies podrían incorporarse a la producción y bajo cuáles condiciones.

El crédito agrícola aparece entre las principales limitaciones

Uno de los aspectos destacados por Osman Quero es la necesidad de mejorar el financiamiento destinado a las actividades agropecuarias.

La producción agrícola requiere inversiones que normalmente deben realizarse antes de obtener ingresos por la venta de las cosechas. Los agricultores necesitan adquirir semillas, fertilizantes, productos fitosanitarios, combustible y otros insumos durante las etapas de preparación y establecimiento de los cultivos.

En explotaciones de mayor escala también pueden resultar necesarias inversiones en maquinaria, infraestructura de almacenamiento, sistemas de riego y acondicionamiento de terrenos.

La ausencia de mecanismos de financiamiento adecuados puede dificultar la ampliación de las superficies cultivadas, incluso cuando los productores disponen de conocimientos técnicos y tierras con potencial productivo.

Esta situación adquiere especial importancia en cultivos que demandan desembolsos elevados al comienzo de cada campaña. Cuando el financiamiento es insuficiente, los agricultores pueden verse obligados a reducir la superficie sembrada, modificar sus planes productivos o depender de acuerdos comerciales con proveedores y compradores.

El diagnóstico presentado por Fedeagro no establece una cifra específica de crédito adicional necesario para aprovechar las tierras disponibles. Su planteamiento identifica el financiamiento como una condición fundamental para impulsar la actividad agrícola.

La seguridad jurídica condiciona las inversiones en el campo

El presidente de Fedeagro también señaló la seguridad jurídica como una prioridad para el desarrollo agropecuario venezolano.

La estabilidad de las condiciones legales sobre el uso y la tenencia de la tierra influye en las decisiones de inversión, especialmente cuando los proyectos requieren varios años para recuperar el capital comprometido.

En actividades agrícolas permanentes, como determinados cultivos frutales, los productores necesitan planificar gastos de establecimiento, mantenimiento y comercialización durante períodos prolongados.

En cultivos anuales, la previsibilidad también resulta importante para organizar contratos, financiamiento, adquisición de insumos y venta de las cosechas.

La disponibilidad de tierras, por sí sola, no garantiza que una explotación pueda funcionar de manera rentable. Es necesario contar con condiciones que permitan organizar la producción, mantener las instalaciones y comercializar los productos.

El dirigente gremial considera que fortalecer esas condiciones contribuiría a recuperar parte de la capacidad agrícola que actualmente permanece sin utilizar.

Los Llanos concentran buena parte del potencial cerealero

Durante su evaluación, Quero destacó las diferencias productivas entre las principales regiones agrícolas venezolanas.

En los Llanos, el maíz blanco, el maíz amarillo y el arroz figuran entre los cultivos más representativos. Estas actividades forman parte de cadenas agroindustriales relacionadas con la alimentación humana y animal.

La importancia de los cereales quedó reflejada en el inicio de la cosecha venezolana de maíz de 2026, cuando las autoridades nacionales informaron sobre una amplia superficie sembrada durante el ciclo de invierno.

El balance oficial presentado a finales de septiembre contabilizó 503.037 hectáreas sembradas de maíz blanco y amarillo y una proyección de producción superior a dos millones de toneladas. Estas cifras corresponden a una campaña específica y no deben confundirse con la estimación general de tierras agrícolas utilizadas presentada por Fedeagro.

En el oriente del país también existen áreas dedicadas a la producción cerealera. El estado Anzoátegui, por ejemplo, informó una proyección superior a 78.000 toneladas de maíz para el cierre de 2026, dentro de una superficie regional aproximada de 22.000 hectáreas de cereales.

Estos antecedentes muestran que la producción de granos continúa siendo una actividad importante en distintas regiones venezolanas, aunque su expansión depende de las condiciones económicas y técnicas de cada campaña.

Los Andes y otras regiones ofrecen alternativas productivas

El diagnóstico de Fedeagro también reconoce la diversidad de cultivos que pueden desarrollarse fuera de las principales zonas cerealeras.

En el eje andino destacan las hortalizas y los tubérculos, actividades que abastecen mercados de consumo y requieren condiciones particulares de manejo agrícola.

La producción de estos rubros depende de factores como el calendario de siembra, la disponibilidad de agua, las condiciones fitosanitarias y el transporte hacia los centros de comercialización.

El carácter perecedero de numerosos productos hortícolas añade exigencias relacionadas con la recolección, el acondicionamiento y la distribución.

Quero también mencionó el café, el cacao, la caña de azúcar y la palma aceitera entre los cultivos que forman parte del potencial productivo venezolano.

En el caso del café, las dificultades del sector no se limitan a la disponibilidad de tierras. Durante el inicio de la campaña 2026-2027, productores de Portuguesa y Lara denunciaron diferencias entre los precios recibidos y los valores de referencia acordados para determinadas categorías del grano.

Este antecedente muestra que ampliar la producción también requiere condiciones comerciales capaces de sostener económicamente las explotaciones.

El acceso al agua es decisivo para ampliar la superficie cultivada

La posibilidad de incorporar nuevas tierras agrícolas depende igualmente de la disponibilidad de recursos hídricos y del funcionamiento de las infraestructuras de riego.

En determinadas regiones venezolanas, los sistemas de almacenamiento y distribución de agua permiten organizar campañas agrícolas que no podrían depender exclusivamente de las precipitaciones.

Un ejemplo es el Sistema de Riego Río Guárico, cuya infraestructura fue objeto de una inspección oficial durante octubre de 2026 para evaluar las condiciones necesarias antes de la siguiente siembra de arroz.

La revisión incluyó el embalse Ingeniero Generoso Campilongo y las necesidades de mantenimiento del sistema.

La experiencia de Guárico muestra que disponer de terrenos potencialmente cultivables no equivale necesariamente a contar con agua suficiente para mantener una producción estable.

La ampliación de superficies agrícolas exige evaluar la disponibilidad hídrica, los requerimientos de los cultivos y la sostenibilidad de los sistemas de abastecimiento.

También es necesario considerar los costos de mantenimiento de canales, estaciones de bombeo y otras instalaciones que permiten distribuir el agua hacia las parcelas.

La comercialización influye en la recuperación agrícola

Otro componente importante del desempeño agropecuario venezolano es la capacidad de colocar las cosechas en condiciones económicas favorables para los productores.

Durante septiembre de 2026, Fedeagro advirtió sobre el efecto de las importaciones de productos agrícolas en el mercado nacional. Según el gremio, el ingreso de importantes volúmenes de cereales importados, junto con las diferencias de costos y condiciones tributarias, estaba generando dificultades para comercializar parte de la producción local.

La organización señaló que durante el año habían ingresado más de 2,2 millones de toneladas de maíz y arroz importados, una situación que, a juicio de sus representantes, presionaba los precios recibidos por los agricultores venezolanos.

Esta advertencia gremial constituye una evaluación del sector productor. Para determinar el impacto económico completo de las importaciones sería necesario contrastar los volúmenes, precios, costos y condiciones comerciales de cada rubro.

La relación entre producción y comercialización es especialmente importante cuando se plantea ampliar las superficies cultivadas.

Un incremento de la cosecha necesita estar acompañado de capacidad de almacenamiento, transporte, procesamiento industrial y acceso a compradores.

Sin estas condiciones, una mayor producción puede generar dificultades adicionales para los agricultores si la oferta disponible supera temporalmente la capacidad de recepción del mercado.

El potencial agrícola necesita inversiones y planificación territorial

Las declaraciones de Osman Quero plantean una diferencia significativa entre los recursos agrícolas potenciales de Venezuela y el aprovechamiento que actualmente estima el sector gremial.

El cálculo de 12 millones de hectáreas aptas para la agricultura y una utilización cercana al 20 % indica que existe margen para estudiar nuevas posibilidades de expansión productiva.

Sin embargo, transformar ese potencial en cosechas efectivas requiere resolver problemas que no dependen exclusivamente de la disponibilidad de tierras.

El financiamiento, la seguridad jurídica, los insumos, la infraestructura hídrica, las condiciones de comercialización y la capacidad de almacenamiento forman parte de las variables que deben considerarse.

También resulta necesario distinguir entre aumentar la superficie cultivada y mejorar la productividad de las tierras que ya se encuentran en explotación. Ambas estrategias pueden contribuir al abastecimiento agrícola, pero requieren inversiones y decisiones técnicas diferentes.

El diagnóstico de Fedeagro, difundido en octubre de 2026, sitúa el aprovechamiento de las tierras agrícolas como uno de los asuntos centrales para el desarrollo rural venezolano. La dimensión real de ese potencial y las inversiones necesarias para utilizarlo deberán establecerse mediante información territorial, agronómica y económica más detallada.

Fuentes referenciales:
Fedecámaras Radio – Entrevista y diagnóstico de Osman Quero sobre el sector agrícola venezolano, 12 de octubre de 2026
Fedeagro – Impacto de las importaciones y condiciones comerciales de la agricultura venezolana, 4 de septiembre de 2026