Acuicultura

La acuicultura busca aprovechar mejor los peces silvestres

Publicado el 28/10/2026 ·

Un análisis internacional plantea que la sostenibilidad de la producción acuícola depende no solo de reducir las capturas destinadas a piensos, sino también de aprovechar los subproductos pesqueros, conservar los nutrientes y proteger el acceso de las comunidades costeras a los alimentos.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

La expansión mundial de la acuicultura está obligando a revisar cómo se utilizan los peces silvestres que sirven de materia prima para fabricar alimentos destinados a las granjas acuícolas. Un análisis publicado el 21 de octubre de 2026 por los investigadores Wesley Malcorps, Richard Newton y Umair Choksy plantea que la seguridad alimentaria no depende únicamente de reducir el consumo de harina y aceite de pescado, sino de utilizar estos recursos de manera que proporcionen el mayor beneficio nutricional posible.

Los especialistas advierten que las decisiones sobre el destino de las capturas marinas pueden tener consecuencias muy diferentes según la región, las especies involucradas y las necesidades alimentarias de las comunidades.

En África occidental, por ejemplo, pequeños peces como las sardinelas representan una fuente accesible de proteínas y nutrientes esenciales para millones de personas. Sin embargo, una parte de estas capturas se procesa para obtener ingredientes destinados a la alimentación acuícola en mercados de mayores ingresos, especialmente Europa y Asia oriental.

Al mismo tiempo, los investigadores subrayan que la utilización de ingredientes marinos en la acuicultura no es necesariamente perjudicial. Cuando proceden de fuentes responsables y se emplean eficientemente, pueden contribuir a producir alimentos nutritivos sin aumentar de forma proporcional la presión sobre las poblaciones de peces destinadas al consumo humano.

Una cuarta parte de las capturas silvestres se transforma en ingredientes marinos

La harina y el aceite de pescado constituyen materias primas importantes para la alimentación de determinadas especies acuícolas, particularmente durante sus primeras etapas de desarrollo y en sistemas de cría de peces carnívoros.

Según los datos citados por los investigadores, aproximadamente una cuarta parte del pescado capturado en estado silvestre en el mundo se destina a la fabricación de harina y aceite de pescado.

Estos ingredientes también se utilizan en otras actividades de alimentación animal, aunque la acuicultura representa su principal destino.

La harina de pescado proporciona proteínas y otros nutrientes, mientras que el aceite constituye una fuente de ácidos grasos de cadena larga, incluidos determinados omega-3 de importancia nutricional.

Su utilización ha permitido formular alimentos adecuados para especies como el salmón y los camarones, cuya producción comercial requiere dietas con características nutricionales específicas.

Sin embargo, el aprovechamiento de peces silvestres como materia prima también plantea interrogantes sobre la competencia entre la alimentación animal y el consumo humano directo.

Esta relación ya había sido examinada en una investigación que encontró una dependencia de peces silvestres mayor de la calculada anteriormente para determinados sistemas acuícolas.

El nuevo análisis propone ampliar esa discusión incorporando la eficiencia nutricional, el origen de los ingredientes y las condiciones sociales de las regiones pesqueras.

África occidental enfrenta una competencia por el destino de sus capturas

En varios países de África occidental, las sardinelas y otros peces pequeños forman parte de la alimentación cotidiana de comunidades costeras y poblaciones del interior.

Estas especies aportan proteínas y micronutrientes en regiones donde las deficiencias nutricionales continúan siendo un problema de salud pública.

Los investigadores señalan que parte de los peces disponibles se destina a exportación o procesamiento industrial para producir ingredientes utilizados posteriormente en granjas acuícolas de otros países.

El problema no reside exclusivamente en la existencia de ese comercio, sino en sus posibles efectos sobre la disponibilidad y el precio de alimentos para las poblaciones que dependen de las pesquerías locales.

Una investigación difundida en 2025 encontró vínculos entre fábricas de harina de pescado de Senegal y problemas relacionados con la seguridad alimentaria y el empleo en comunidades próximas.

El caso adquirió relevancia porque ingredientes procedentes de esas instalaciones fueron relacionados con la alimentación de lubinas criadas en Turquía y comercializadas posteriormente en Europa.

Los autores consideran que estas situaciones muestran las limitaciones de evaluar la sostenibilidad únicamente a partir de las condiciones de producción de las granjas acuícolas.

También resulta necesario conocer qué ocurre en los lugares donde se capturan y procesan los peces utilizados para fabricar los piensos.

La dimensión social y ambiental de esta cadena de suministro fue abordada en una investigación internacional sobre los costes asociados con la producción de harina de pescado, que examinó instalaciones industriales y embarcaciones vinculadas con este mercado.

Los subproductos pesqueros ya representan una fuente importante de nutrientes

Una de las principales propuestas de los especialistas consiste en aumentar el aprovechamiento de las partes del pescado que normalmente no se consumen directamente.

Las cabezas, vísceras, esqueletos y otros subproductos generados durante el procesamiento pueden transformarse en ingredientes para la alimentación animal.

De esta manera, nutrientes que de otro modo podrían perderse o tener aplicaciones de menor valor se reincorporan a la cadena de producción alimentaria.

Según las cifras citadas en el análisis, los subproductos del procesamiento pesquero representaron el 34 % de la producción mundial de harina de pescado en 2024.

En el caso del aceite de pescado, su participación alcanzó el 54 % del suministro global durante ese mismo año.

Estos porcentajes muestran que el aprovechamiento de residuos y fracciones no destinadas al consumo directo ya constituye una parte considerable de la industria de ingredientes marinos.

Para los investigadores, ampliar estas prácticas puede ayudar a mejorar la eficiencia de los recursos existentes.

Sin embargo, el beneficio depende de la procedencia de los materiales, las condiciones de procesamiento y el uso final de los nutrientes recuperados.

El objetivo no consiste simplemente en fabricar más harina y aceite, sino en reducir pérdidas y aprovechar mejor las capturas que ya se realizan.

El salmón de las Islas Feroe ofrece un ejemplo de eficiencia nutricional

Los investigadores destacan un estudio reciente sobre la producción de salmón en las Islas Feroe, territorio autónomo del Reino de Dinamarca situado en el Atlántico Norte.

El trabajo evaluó cómo se transforman los nutrientes procedentes de ingredientes marinos en alimentos acuícolas destinados al consumo humano.

Sus resultados cuestionan la idea de que toda producción de salmón alimentada con ingredientes de origen marino implica necesariamente una pérdida neta de nutrientes.

En el sistema estudiado, el salmón de cultivo resultó ser un productor neto de ácidos grasos omega-3 comestibles.

Este resultado se relacionó con la utilización de subproductos pesqueros y otras materias primas que no estaban destinadas directamente al consumo humano.

Al transformar esos ingredientes en pescado cultivado, el sistema permitió obtener un alimento que aportaba más omega-3 comestibles de los que se habían introducido mediante recursos marinos aptos para el consumo directo.

La conclusión no significa que todos los sistemas salmoneros presenten el mismo rendimiento nutricional.

La eficiencia depende de la composición del pienso, el origen de los ingredientes, las características del cultivo y los nutrientes considerados.

El estudio demuestra que evaluar únicamente la cantidad de peces silvestres utilizada puede resultar insuficiente para describir el verdadero balance alimentario de una granja.

Una nueva herramienta mide la conversión de peces silvestres en alimentos

Para mejorar estas evaluaciones, los investigadores desarrollaron una herramienta de medición del desempeño que utiliza criterios comunes para analizar el aprovechamiento de ingredientes marinos.

Uno de sus componentes centrales es el indicador Fish In: Fish Out, conocido por sus siglas FIFO.

Esta relación permite examinar cuántos recursos pesqueros silvestres se utilizan para obtener una determinada cantidad de pescado cultivado.

El enfoque desarrollado por los investigadores también considera la conversión de nutrientes, incluidos los ácidos grasos omega-3.

Esto permite diferenciar entre sistemas que dependen de capturas destinadas potencialmente al consumo humano y aquellos que aprovechan principalmente subproductos u otras fuentes no comestibles.

La herramienta está siendo utilizada por empresas de alimentación acuícola, proveedores de ingredientes, productores, investigadores y organizaciones ambientales.

Su aplicación busca facilitar comparaciones más completas entre sistemas productivos y orientar decisiones sobre el uso de materias primas.

Los autores sostienen que medir la eficiencia nutricional puede ayudar a identificar oportunidades de mejora que no resultan evidentes cuando solo se contabilizan toneladas de harina o aceite de pescado.

Las algas y los insectos pueden reducir parte de la dependencia marina

Otra estrategia propuesta consiste en sustituir selectivamente determinados ingredientes marinos por materias primas alternativas.

Entre las opciones mencionadas se encuentran los aceites obtenidos de algas y las harinas elaboradas a partir de insectos.

Estas alternativas pueden proporcionar nutrientes específicos y reducir la necesidad de utilizar pescado silvestre en determinadas formulaciones.

Sin embargo, su incorporación requiere comprobar que los alimentos resultantes mantienen el equilibrio nutricional necesario para cada especie y etapa de crecimiento.

También deben evaluarse los costos, la disponibilidad de materias primas y los impactos ambientales asociados con su producción.

La sustitución de ingredientes ya forma parte de iniciativas comerciales y de investigación. En Europa, por ejemplo, empresas salmoneras han incorporado proteínas obtenidas de subproductos avícolas para diversificar sus fórmulas alimenticias.

En América Latina también se estudian otras opciones. Una investigación colombiana evaluó harina de larvas de mosca soldado negra en dietas para cachama blanca, con resultados favorables dentro de los niveles de sustitución ensayados.

Los investigadores del nuevo análisis no plantean eliminar por completo los ingredientes marinos, sino utilizarlos donde aporten mayores beneficios nutricionales y reemplazarlos cuando existan alternativas apropiadas.

El Niño y el calentamiento oceánico afectan el suministro de ingredientes

La disponibilidad de harina y aceite de pescado también está condicionada por fenómenos climáticos y oceanográficos.

En determinadas regiones, las aguas frías que ascienden desde las profundidades transportan nutrientes esenciales para el desarrollo del plancton y sostienen importantes poblaciones de peces.

Los períodos de calentamiento asociados con fenómenos como El Niño pueden alterar estos procesos y reducir la disponibilidad de recursos pesqueros.

Estas variaciones afectan especialmente a las cadenas productivas que dependen de especies pequeñas capturadas en grandes volúmenes.

La anchoveta peruana constituye un ejemplo de la importancia de estos recursos para el mercado internacional de ingredientes marinos.

Su explotación sostiene una de las principales industrias de harina y aceite de pescado del mundo, pero la disponibilidad del recurso puede variar considerablemente con las condiciones del océano.

La importancia productiva de esta especie se explica en un análisis sobre el papel de Perú en la producción mundial de harina y aceite de pescado.

Para las empresas acuícolas, estas variaciones representan un riesgo de abastecimiento y pueden influir en los costos de alimentación.

Por ello, diversificar las materias primas y mejorar su aprovechamiento también constituye una estrategia para reducir la exposición a cambios en la disponibilidad de recursos marinos.

La certificación debe considerar también la seguridad alimentaria

Los autores reconocen que los programas de certificación pueden contribuir a mejorar las prácticas pesqueras y acuícolas.

Estos sistemas suelen evaluar aspectos como el estado de las poblaciones explotadas, los impactos ambientales y determinadas condiciones laborales.

Sin embargo, consideran que la seguridad alimentaria de las comunidades de origen recibe una atención menor.

Una cadena de suministro puede cumplir determinados criterios ambientales y, aun así, generar tensiones relacionadas con la disponibilidad local de pescado.

Los investigadores proponen incorporar criterios que permitan evaluar si el aprovechamiento industrial de las capturas contribuye a mejorar o deteriorar el acceso de las poblaciones a alimentos nutritivos.

En África occidental, una medida posible sería reservar parte de determinadas capturas para el consumo local y mejorar las instalaciones de refrigeración y distribución.

Estas intervenciones podrían facilitar que los productos pesqueros lleguen a comunidades alejadas de los principales puertos.

No obstante, los autores advierten que destinar automáticamente todas las especies utilizadas para fabricar piensos al consumo humano tampoco resolvería el problema.

Algunos peces presentan una demanda comercial limitada, dificultades de conservación o costos logísticos que restringen su distribución como alimentos frescos.

La experiencia de la anchoveta peruana muestra que una especie puede tener un elevado valor nutricional y, al mismo tiempo, enfrentar barreras para ampliar su consumo directo.

Por esa razón, las decisiones deben considerar las condiciones económicas, sociales y alimentarias de cada territorio.

La trazabilidad debe beneficiar también a las comunidades pesqueras

El análisis destaca la importancia de mejorar la trazabilidad de los ingredientes utilizados por la industria acuícola.

Conocer la procedencia de la harina y el aceite de pescado permite identificar riesgos relacionados con la explotación de recursos, las condiciones laborales y los impactos sobre comunidades costeras.

Sin embargo, los investigadores sostienen que registrar información sobre las cadenas de suministro no resulta suficiente si los datos no contribuyen a mejorar las condiciones de quienes dependen de la pesca.

Los sistemas de trazabilidad deberían acompañarse de mecanismos que faciliten la participación de las comunidades en las decisiones y fortalezcan su acceso a los mercados.

La propuesta implica ampliar la definición de sostenibilidad acuícola para incluir no solo el desempeño ambiental de las granjas, sino también los efectos nutricionales y sociales de los ingredientes utilizados.

Para productores, fabricantes de piensos y autoridades, esto supone evaluar conjuntamente la eficiencia de los recursos, la disponibilidad de materias primas y las consecuencias de las decisiones comerciales en diferentes regiones.

Producir más pescado no basta si los nutrientes se aprovechan mal

La acuicultura continúa siendo una actividad importante para ampliar la oferta mundial de alimentos acuáticos.

Sin embargo, los investigadores advierten que su contribución a la seguridad alimentaria depende de cómo utiliza los recursos necesarios para sostener esa producción.

El aprovechamiento de subproductos, la sustitución selectiva de ingredientes, la medición de la eficiencia nutricional y la protección del acceso local a los peces silvestres aparecen como estrategias complementarias.

El análisis también muestra que no existe una solución única aplicable a todas las especies y regiones.

En algunos casos, el consumo humano directo de peces pequeños puede aportar mayores beneficios nutricionales. En otros, su transformación mediante sistemas acuícolas eficientes puede facilitar la producción de alimentos demandados por los consumidores.

La cuestión central es determinar qué destino permite aprovechar mejor cada recurso sin comprometer la disponibilidad alimentaria de las comunidades que dependen de él.

Los autores proponen que las políticas pesqueras y acuícolas incorporen estos criterios nutricionales y sociales junto con los indicadores ambientales y económicos.

De esta manera, el crecimiento de la acuicultura podría evaluarse no solo por el volumen de pescado producido, sino también por su capacidad para transformar recursos limitados en alimentos nutritivos y accesibles.

Fuentes referenciales:
Wesley Malcorps, Richard Newton y Umair Choksy / The Conversation, reproducido por Phys.org — Wild fish are a precious resource: Here’s how aquaculture can bolster food security, 21 de octubre de 2026
Blue Food Performance — Herramienta de evaluación de la eficiencia de los recursos marinos en la acuicultura