Un estudio del INTA en la Norpatagonia encontró que los novillos terminados con remolacha forrajera produjeron carne con más del doble de omega-3 que los alimentados con una dieta basada en maíz, sin diferencias que comprometieran su calidad comercial.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina comprobaron que la alimentación de novillos con remolacha forrajera mediante pastoreo directo puede modificar favorablemente la composición de los ácidos grasos de la carne. Los resultados, difundidos el 7 de octubre de 2026, proceden de un trabajo realizado en los valles irrigados de la Norpatagonia y muestran una concentración de omega-3 superior al doble de la registrada en animales terminados con una dieta basada en maíz.
La investigación aporta un resultado concreto para la ganadería bovina: es posible utilizar un cultivo forrajero de otoño e invierno para obtener carne con características comerciales aceptables y un perfil de grasas diferente al de los sistemas de engorde a corral evaluados.
El estudio fue desarrollado mediante la colaboración de especialistas de la Agencia de Extensión Rural Valle Medio, la Estación Experimental Agropecuaria Valle Inferior del Río Negro y el Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) del INTA, en Castelar.
Los investigadores analizaron características físicas y químicas de la carne obtenida bajo dos estrategias de alimentación, con especial atención a su composición lipídica, color, firmeza y comportamiento durante la cocción.
La remolacha forrajera duplicó la concentración de omega-3
La diferencia más destacada apareció en el análisis de los ácidos grasos. La carne procedente de novillos terminados con remolacha forrajera presentó una concentración de omega-3 más de dos veces superior a la obtenida con la dieta basada en maíz.
Los investigadores también encontraron cambios en la relación entre los ácidos grasos omega-6 y omega-3, un indicador utilizado para caracterizar la composición nutricional de las grasas alimentarias.
En el tratamiento con maíz, esa relación superó el valor de 5, mientras que en los animales alimentados con remolacha descendió por debajo de 3.
La investigadora Verónica Favere, de la Agencia de Extensión Rural Valle Medio del INTA Patagonia, destacó que la diferencia resulta relevante porque demuestra que el tipo de forraje utilizado durante la terminación puede modificar la composición de la carne.
Los análisis también identificaron diferencias favorables en determinados índices calculados a partir de los ácidos grasos, relacionados con el potencial aterogénico y trombogénico de la grasa.
Sin embargo, estos indicadores describen características de la composición del alimento. No constituyen una demostración directa de que consumir esta carne reduzca el riesgo de enfermedades cardiovasculares en las personas.
La investigación se incorpora a una línea de estudios sobre la influencia de las pasturas y la alimentación del ganado sobre la calidad nutricional de la carne, en la que se examina cómo las características de la dieta pueden trasladarse a los productos de origen animal.
Cómo se compararon los dos sistemas de alimentación
Para evaluar las diferencias, los especialistas trabajaron con muestras de carne de novillos terminados mediante pastoreo directo de remolacha forrajera y las compararon con muestras procedentes de animales alimentados a corral con una dieta basada en maíz entero.
La comparación incluyó análisis de laboratorio destinados a determinar tanto la composición de la grasa como distintas propiedades físicas de la carne.
Gabriela Grigioni, investigadora del Instituto de Tecnología de Alimentos del INTA y participante del estudio, explicó que los resultados permiten identificar características propias de animales producidos en los valles patagónicos, sin depender exclusivamente de referencias obtenidas en otras regiones.
El perfil de ácidos grasos de la carne obtenida con remolacha presentó similitudes con el observado en sistemas ganaderos basados en pasturas.
La diferencia no estuvo principalmente en la cantidad total de grasa. Los investigadores encontraron contenidos relativamente similares entre ambos tratamientos, aunque ligeramente inferiores en los animales alimentados con remolacha.
El cambio más relevante correspondió a la distribución de los distintos ácidos grasos presentes en esa grasa.
Este resultado permite distinguir entre dos aspectos que suelen confundirse: el contenido total de grasa de una carne y la composición de los ácidos grasos que la integran.
La carne mantuvo características comerciales aceptables
Además del perfil nutricional, el equipo evaluó propiedades relacionadas con la apariencia y el comportamiento del producto durante su preparación.
La carne de los animales terminados con remolacha presentó una tonalidad más oscura que la obtenida con la dieta de maíz. Según la clasificación instrumental utilizada por los investigadores, el primer tratamiento se situó en la categoría de carne muy roja, mientras que el segundo correspondió a carne roja.
María Gabriela Garcilazo, investigadora del INTA Valle Inferior del Río Negro, señaló que esta diferencia de color no representa necesariamente un defecto comercial.
La grasa de cobertura, por su parte, presentó una coloración blanquecina similar en los dos sistemas de alimentación.
En cuanto a la terneza, los análisis mostraron una tendencia a una mayor firmeza en la carne procedente de novillos alimentados con remolacha.
No obstante, ambos tratamientos permanecieron dentro de los parámetros considerados aceptables en la evaluación realizada.
Los investigadores también examinaron la capacidad de retención de agua y las pérdidas durante la cocción, factores que influyen en las características del producto preparado.
El equipo advirtió que se trata de una primera exploración y que son necesarias nuevas evaluaciones para consolidar los resultados.
Una alternativa para terminar novillos durante el invierno
El interés de la remolacha forrajera no se limita a la composición de la carne. Su ciclo productivo permite utilizarla mediante pastoreo directo durante el otoño y el invierno, cuando disminuye la disponibilidad de otros recursos forrajeros en determinadas zonas de la Norpatagonia.
Esta característica ofrece una posibilidad de manejo para los establecimientos que necesitan mantener la alimentación del ganado durante los meses de menor crecimiento de las pasturas.
Los valles irrigados de Río Negro y Neuquén cuentan con condiciones que permiten incorporar cultivos forrajeros intensivos dentro de los sistemas agrícolas y ganaderos.
El INTA estudia desde hace varios años la adaptación y el aprovechamiento de la remolacha forrajera en estos ambientes.
En trabajos anteriores, sus especialistas habían señalado el potencial del cultivo para producir cantidades elevadas de materia seca por hectárea y mantener la alimentación de bovinos y ovinos durante períodos de escasez.
Esos antecedentes fueron abordados en evaluaciones previas del potencial de la remolacha forrajera en las dietas bovinas de Argentina, centradas principalmente en el manejo del pastoreo, la disponibilidad de alimento y las posibilidades de engorde.
La novedad del trabajo difundido en octubre de 2026 es que incorpora resultados de laboratorio sobre las características de la carne obtenida, particularmente su composición de ácidos grasos.
El pastoreo directo puede reducir los costos de terminación
Según los especialistas del INTA, el aprovechamiento de la remolacha mediante pastoreo directo puede representar una alternativa económicamente interesante frente a determinados sistemas de terminación a corral basados en maíz.
La estrategia permite que los animales consuman el cultivo en el propio establecimiento, evitando algunas operaciones relacionadas con la cosecha, el traslado y la distribución del alimento.
Verónica Favere destacó que la remolacha presenta una elevada producción de forraje por unidad de superficie y una buena aceptación por parte del ganado.
Los investigadores consideran que estas características pueden contribuir a reducir los costos de terminación en las condiciones productivas estudiadas.
Sin embargo, la conveniencia económica depende de factores como el costo de implantación del cultivo, la disponibilidad de riego, la productividad obtenida, la infraestructura de manejo y los precios de los alimentos alternativos.
La utilización de remolacha también requiere un manejo cuidadoso de la alimentación. Debido a su elevada concentración energética, los animales necesitan una adaptación gradual para evitar trastornos digestivos asociados con cambios bruscos en la dieta.
Los especialistas del INTA habían recomendado anteriormente períodos de acostumbramiento y un manejo controlado de las superficies ofrecidas al ganado.
Estas precauciones forman parte de las decisiones necesarias para aprovechar adecuadamente el cultivo y no deben confundirse con los resultados de calidad de carne obtenidos en el nuevo ensayo.
La alimentación del ganado influye en los productos animales
La investigación argentina aporta evidencia adicional sobre la relación entre la dieta de los rumiantes y la composición de los alimentos que producen.
Los nutrientes consumidos por los animales atraviesan procesos digestivos y metabólicos que influyen en la formación y acumulación de grasas en los tejidos.
Por esa razón, dos sistemas ganaderos pueden obtener carne con cantidades totales de grasa similares, pero con diferencias en su perfil de ácidos grasos.
Esta relación también se ha observado en otros productos pecuarios. Por ejemplo, un estudio sobre la alimentación de vacas lecheras encontró diferencias en los niveles de omega-3 de la leche según el sistema productivo y la estación del año.
Aunque los mecanismos y productos evaluados son diferentes, ambos trabajos refuerzan la importancia de estudiar la alimentación animal no solamente desde la productividad, sino también desde las características de los alimentos obtenidos.
En el caso de la remolacha forrajera, los resultados del INTA permiten considerar su utilización como parte de una estrategia de producción de carne diferenciada, siempre que se mantengan las condiciones adecuadas de manejo y se confirme la consistencia de los resultados.
La Norpatagonia podría desarrollar una oferta de carne de invierno
Uno de los aspectos productivos destacados por los investigadores es la posibilidad de terminar novillos durante una época en la que suele disminuir la disponibilidad de forrajes.
El aprovechamiento de la remolacha permitiría mantener animales en los valles irrigados durante el invierno y obtener carne sin depender necesariamente de su traslado a otras regiones para completar el engorde.
Esto podría favorecer la continuidad de determinadas actividades ganaderas y generar oportunidades de comercialización asociadas con la época de producción y las características del producto.
Gabriela Grigioni señaló que los resultados constituyen un punto de partida para identificar una carne producida durante el invierno en los valles patagónicos mediante un cultivo conocido por los productores de la región.
Sin embargo, el estudio no demuestra todavía que exista una prima comercial por esta carne ni que los consumidores estén dispuestos a pagar más por sus características nutricionales.
Para avanzar hacia una diferenciación comercial sería necesario evaluar la estabilidad de los resultados, las condiciones de producción y la respuesta del mercado.
Los investigadores también consideran importante ampliar los estudios sobre terneza, color y otras características de calidad, debido a que la evaluación presentada corresponde a una etapa inicial.
El resultado principal ya ofrece una referencia concreta para la ganadería: bajo las condiciones estudiadas, la terminación de novillos con remolacha forrajera permitió obtener carne comercialmente aceptable, con más del doble de omega-3 y una relación omega-6/omega-3 inferior a la registrada en animales alimentados con maíz.
Fuente referencial:
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA): Remolacha forrajera, una alternativa para producir carne de calidad en invierno, 7 de octubre de 2026


