Un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, publicado el 23 de octubre de 2026, anticipa una reducción de la producción nacional de ambos cereales durante la campaña 2026-2027, debido a los riesgos climáticos y los bajos precios recibidos por los agricultores.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Colombia afronta perspectivas de menor producción de maíz y arroz durante la campaña comercial 2026-2027. Una actualización publicada el 23 de octubre de 2026 por el Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA-FAS) proyecta una disminución de las cosechas nacionales de ambos cereales, en un escenario marcado por el fenómeno de El Niño y por precios agrícolas que han desalentado la expansión de las superficies sembradas.
El informe, denominado Grain and Feed Update, también anticipa un incremento de las importaciones, que permitiría atender parte de las necesidades de abastecimiento del país. La previsión combina dos problemas diferentes para los productores colombianos: el riesgo de menores rendimientos por las condiciones meteorológicas y la falta de incentivos económicos para ampliar la producción.
La actualización representa una nueva evaluación de la oferta y la demanda de cereales, no un balance definitivo de cosechas ya recolectadas. Sus resultados dependerán de la evolución de las siembras, las precipitaciones, los rendimientos agrícolas y las condiciones comerciales durante la campaña.
El maíz enfrenta dificultades para ampliar su producción nacional
El maíz constituye uno de los principales cereales utilizados por la agricultura y la industria alimentaria colombianas. Su importancia se extiende desde el consumo humano hasta la elaboración de alimentos balanceados para la producción avícola, porcina y bovina.
La actualización del USDA señala que la producción colombiana de maíz podría disminuir durante la campaña 2026-2027. Entre los factores que explican esta perspectiva se encuentran las condiciones asociadas con El Niño y los bajos precios pagados a los agricultores, que han limitado las decisiones de expansión de la superficie cultivada.
Para un productor, aumentar las hectáreas sembradas no depende únicamente de la disponibilidad de tierra. También debe considerar el precio esperado del grano, el costo de semillas y fertilizantes, el acceso a maquinaria, las condiciones de financiación y la probabilidad de obtener un rendimiento suficiente para cubrir los gastos.
Cuando los precios de comercialización resultan poco atractivos, ampliar las siembras puede representar un riesgo financiero incluso si existen condiciones técnicas para producir.
La vulnerabilidad del cereal frente a las alteraciones meteorológicas ya había sido documentada en una investigación sobre la reducción de las superficies agrícolas en Tolima durante El Niño, donde el maíz figuró entre los cultivos afectados junto con el arroz y la soya.
Sin embargo, aquella investigación examinó los efectos de un episodio climático anterior en municipios específicos. El informe del USDA publicado en octubre de 2026 presenta una perspectiva nacional para una campaña comercial posterior.
El arroz también acusa la presión de los precios y del clima
El arroz ocupa un lugar central en la alimentación colombiana y representa una actividad económica importante para productores de diferentes regiones del país.
La nueva previsión del USDA apunta igualmente a una disminución de su producción durante la campaña 2026-2027. El organismo identifica tanto las condiciones climáticas como los bajos precios en origen entre los factores que han limitado la expansión de las siembras.
La relación entre estos elementos resulta especialmente delicada en el cultivo arrocero. Una reducción de las precipitaciones puede comprometer el establecimiento y desarrollo de las plantas, particularmente en sistemas de secano que dependen directamente de las lluvias.
En las explotaciones que disponen de riego, la disponibilidad de infraestructura permite amortiguar parte de las restricciones hídricas. No obstante, también intervienen los costos de bombeo, mantenimiento, distribución y acceso al agua.
Los riesgos asociados con El Niño ya habían motivado advertencias sobre la vulnerabilidad de la agricultura colombiana, con especial atención al arroz y a otros sectores dependientes de una disponibilidad regular de agua.
La situación económica añade una dificultad. Cuando el precio recibido por el arroz no compensa adecuadamente los costos de producción, los agricultores pueden reducir las superficies previstas, aplazar inversiones o evitar la incorporación de nuevas parcelas.
Por ello, una cosecha nacional menor no tiene necesariamente una única explicación. Puede resultar de la combinación de menos hectáreas sembradas y rendimientos inferiores, aunque la contribución específica de cada factor debe determinarse con los datos finales de la campaña.
El Niño introduce incertidumbre en las decisiones de siembra
El fenómeno de El Niño modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de precipitación en diferentes regiones del planeta. En Colombia suele asociarse con mayor riesgo de déficit hídrico y temperaturas elevadas en determinadas zonas agrícolas, aunque sus efectos no son uniformes en todo el territorio.
La intensidad y distribución de las lluvias son determinantes para los cultivos anuales. En el maíz, una disponibilidad insuficiente de agua durante la floración y el llenado del grano puede reducir el rendimiento. En el arroz, el déficit hídrico durante etapas sensibles puede afectar el crecimiento, la formación de espigas y la producción final.
La exposición depende también de las características de cada explotación: profundidad del suelo, capacidad de retención de humedad, acceso al riego, fecha de siembra y variedad utilizada.
En Tolima, los efectos del episodio de El Niño de 2023-2024 fueron analizados mediante una investigación que identificó una reducción del 21 % en el área cultivada de una zona integrada por Flandes, El Espinal y Guamo.
Ese antecedente demuestra la importancia de evaluar el riesgo climático a escala territorial. No significa que la reducción de superficie vaya a repetirse con la misma intensidad durante 2026-2027, porque se trata de campañas y condiciones diferentes.
La previsión del USDA debe interpretarse, por tanto, como una señal de vigilancia sobre la producción y no como una cuantificación definitiva de pérdidas agrícolas.
Las importaciones podrían cubrir una mayor parte de la demanda
Mientras proyecta menores cosechas nacionales, el USDA anticipa que Colombia incrementará sus importaciones de maíz y arroz durante la campaña 2026-2027.
La perspectiva responde a una combinación de menor producción interna y necesidades de abastecimiento que continuarían apoyadas por una expansión económica moderada.
En el caso del maíz, las importaciones cumplen una función importante para la industria de alimentación animal. La disponibilidad del cereal influye sobre la formulación de raciones y los costos de producción de carne, huevos y otros alimentos de origen animal.
En el arroz, el abastecimiento tiene una relación más directa con el consumo alimentario de los hogares y con la actividad de las industrias de procesamiento y comercialización.
Un aumento de las compras externas no implica necesariamente una escasez inmediata en los mercados nacionales. Las importaciones pueden complementar la producción doméstica y contribuir al equilibrio entre oferta, consumo y existencias.
Sin embargo, una mayor dependencia del suministro internacional también puede aumentar la exposición a variaciones de precios, tipos de cambio, costos logísticos y condiciones comerciales.
La evolución de las compras externas deberá evaluarse a partir de los volúmenes efectivamente importados y de las estadísticas oficiales correspondientes al período comercial.
Los precios agrícolas influyen sobre la superficie sembrada
Uno de los aspectos más relevantes del informe estadounidense es que no atribuye las dificultades de producción exclusivamente al clima. También identifica los bajos precios recibidos por los productores como una causa de la limitada expansión de las superficies cultivadas.
Esta situación plantea un desafío estructural para la agricultura colombiana. Un productor puede disponer de tierras, experiencia y capacidad técnica, pero decidir no ampliar la superficie cuando considera que los ingresos esperados no compensan suficientemente el riesgo.
La decisión depende del margen económico previsto por hectárea, no solamente del rendimiento físico del cultivo.
Un aumento de la productividad puede mejorar ese margen, pero no garantiza rentabilidad cuando los precios disminuyen o los costos de fertilizantes, combustible, maquinaria y transporte permanecen elevados.
La relación entre condiciones económicas y riesgos meteorológicos también afecta a la ganadería. Colombia ha puesto en marcha un programa de reservas forrajeras para proteger la alimentación del ganado frente a El Niño, una actuación que ilustra cómo diferentes actividades agropecuarias necesitan prepararse ante alteraciones de la disponibilidad de agua y alimentos.
Aunque ese programa corresponde al sector pecuario, comparte con la producción de cereales la necesidad de anticipar costos y riesgos antes de que las condiciones adversas se traduzcan en pérdidas.
La industria alimentaria seguirá de cerca el abastecimiento
Las perspectivas de maíz y arroz tienen consecuencias que van más allá de las explotaciones donde se producen.
Los molinos arroceros, fabricantes de alimentos balanceados, comercializadores de granos y operadores logísticos necesitan planificar sus compras considerando la oferta nacional y las alternativas internacionales.
Para la industria de alimentación animal, el precio y la disponibilidad del maíz influyen sobre los costos de formulación. En los sistemas intensivos de producción, pequeñas variaciones en el precio de los ingredientes pueden modificar los márgenes económicos de las explotaciones.
En el arroz, la calidad industrial, los rendimientos de molienda, el almacenamiento y las condiciones de distribución también intervienen en el abastecimiento final.
El incremento proyectado de las importaciones podría ofrecer mayor disponibilidad de producto, pero sus efectos sobre los precios internos dependerán de factores como los costos de transporte, los acuerdos comerciales, la tasa de cambio y las condiciones de compra.
Por ello, no sería correcto anticipar automáticamente un aumento o una reducción de los precios al consumidor a partir de las previsiones de producción e importación.
La campaña 2026-2027 dependerá de las siembras y los rendimientos
La actualización del USDA publicada el 23 de octubre de 2026 establece una perspectiva de menor producción colombiana de maíz y arroz y mayores necesidades de importación durante el nuevo ciclo comercial.
El informe permite identificar dos variables principales que deberán seguirse durante los próximos meses: la evolución del clima asociado con El Niño y la respuesta de los agricultores a los precios que reciben por sus cosechas.
La superficie efectivamente sembrada ofrecerá una primera señal sobre la disposición de los productores a mantener o ampliar sus actividades. Posteriormente, las condiciones de crecimiento y los rendimientos permitirán determinar si las cosechas se aproximan a las previsiones.
Para el sector agrícola colombiano, la combinación de rentabilidad y disponibilidad de agua será decisiva. Una mejora de las precipitaciones podría favorecer los rendimientos, pero no resolvería por sí sola los problemas económicos que limitan la expansión de los cultivos.
De igual manera, mejores precios podrían incentivar las siembras, aunque sus resultados dependerían de que las condiciones agronómicas permitan completar satisfactoriamente el ciclo productivo.
Las próximas actualizaciones de producción, comercio y existencias permitirán comprobar si Colombia necesita aumentar sus compras internacionales de cereales en la magnitud prevista por el USDA.
Fuente referencial:
Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Servicio Agrícola Exterior (USDA-FAS): Colombia, Grain and Feed Update, publicado el 23 de octubre de 2026


