Impacto Ambiental

Las dietas saludables podrían reducir 6 % la tierra agrícola mundial

Publicado el 26/08/2026 · REDACCION

Diez modelos económicos proyectan que una transición alimentaria, mayor productividad y 50 % menos desperdicio transformarían la producción agropecuaria hacia 2050


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Una transición mundial hacia dietas más saludables, combinada con mejoras en la productividad y una reducción del 50 % en la pérdida y el desperdicio de alimentos, podría disminuir cerca de un 6 % la superficie agrícola global para 2050. La extensión liberada sería comparable con el territorio de India, según un estudio internacional publicado en la revista Nature.

El escenario también provocaría una profunda reorganización económica del sector. El valor mundial de la producción ganadera sería aproximadamente 42 % menor que en 2020, una contracción estimada en 630.000 millones de dólares, mientras frutas, verduras, legumbres y frutos secos ganarían participación dentro de la producción agrícola.

La investigación fue dirigida por Matthew Gibson, antiguo investigador posdoctoral de la Universidad de Cornell y actualmente vinculado a la London School of Hygiene and Tropical Medicine. El equipo incluyó especialistas de Cornell y numerosas instituciones participantes en la evaluación internacional.

Diez modelos proyectaron la agricultura hasta 2050

Los investigadores utilizaron un conjunto de diez modelos económicos globales para comparar dos trayectorias. La primera mantiene hasta 2050 las tendencias actuales de población, ingresos, producción y consumo. La segunda combina dietas alineadas con las recomendaciones de la Comisión EAT-Lancet, una mayor productividad agropecuaria y la reducción a la mitad del desperdicio alimentario.

El escenario de transformación no constituye una predicción de lo que ocurrirá automáticamente. Es una simulación destinada a estimar cómo podría responder la agricultura si gobiernos, empresas y consumidores impulsaran simultáneamente esos tres cambios.

Los modelos produjeron resultados diferentes sobre la magnitud de algunos efectos. La reducción mediana de la superficie agrícola fue del 6 %, pero el intervalo entre modelos se extendió desde un aumento del 1 % hasta una disminución del 26 %. Esta amplitud refleja la incertidumbre asociada con las políticas, el comportamiento del consumidor y la respuesta de los mercados.

La propuesta comparte elementos con otros análisis sobre cómo mantener la producción agrícola dentro de los límites ambientales, aunque la nueva investigación profundiza en la distribución de los efectos entre sectores, regiones y actividades económicas.

La ganadería concentraría el mayor ajuste productivo

El patrón alimentario analizado contempla un consumo considerablemente menor de carne roja, especialmente de bovinos, porcinos y ovinos, junto con una mayor presencia de frutas, verduras, legumbres y frutos secos. Ese cambio reduciría la demanda de animales y de cultivos destinados a su alimentación, incluidos el maíz y la soja.

Frente a las proyecciones habituales para 2050, la producción de carne de rumiantes sería un 53 % menor en el escenario transformador. La producción láctea disminuiría un 27 %, mientras la cantidad de animales y los precios percibidos por los productores también retrocederían.

Al comparar directamente 2050 con 2020, la producción de carne de rumiantes podría caer aproximadamente un tercio y su valor económico reducirse cerca de un 70 %. El sistema necesitaría alrededor de 400 millones menos de rumiantes destinados al sacrificio cada año.

El estudio no sostiene que los productos de origen animal deban desaparecer. La transformación se basa en una reducción diferenciada del consumo, principalmente allí donde supera las cantidades de referencia. La discusión sobre el papel de una carne producida con mejores criterios ambientales muestra que la sostenibilidad depende tanto de la cantidad consumida como de los sistemas productivos empleados.

Frutas, verduras y legumbres ganarían espacio económico

Mientras la ganadería, los cereales y los cultivos azucareros perderían peso relativo, la producción de frutas, verduras, frutos secos y legumbres aumentaría. La mediana de los modelos sitúa su crecimiento físico en un 23 % frente al escenario de continuidad, aunque los resultados presentan una variación amplia.

La superficie cosechada con esos productos crecería alrededor de un 26 %. A mediados de siglo podrían concentrar la mayor parte del valor de la producción agropecuaria, modificando una estructura económica en la que actualmente la ganadería conserva una posición dominante.

La expansión requeriría inversiones en semillas, infraestructura, almacenamiento, refrigeración, transporte y comercialización. Muchos alimentos frescos son más perecederos que los cereales y necesitan cadenas logísticas capaces de evitar que un aumento de la producción termine convertido en pérdidas poscosecha.

La diversificación también plantea oportunidades para productores que puedan reconvertir parte de sus explotaciones. Las legumbres aportan alimentos y beneficios agronómicos al suelo, pero su expansión comercial dependerá de mercados estables, asistencia técnica y condiciones regionales adecuadas.

Menos alimentos desperdiciados reducirían la presión productiva

La reducción del desperdicio constituye uno de los tres pilares del escenario. Aprovechar una proporción mayor de los alimentos producidos permitiría satisfacer la demanda con menos tierra, agua, fertilizantes, energía y trabajo agrícola.

El problema se distribuye por toda la cadena: pérdidas durante la cosecha, deficiencias de almacenamiento, daños en el transporte, exigencias comerciales, descartes en establecimientos minoristas y desperdicio dentro de los hogares. Por ello, disminuirlo exige intervenciones distintas según el producto y la región.

Entre las medidas posibles se encuentran mejorar la infraestructura poscosecha, ajustar la planificación de la producción, ampliar la transformación de excedentes y facilitar su redistribución. Las estrategias para reducir la pérdida de alimentos pueden beneficiar al ambiente y proteger una parte del valor generado por agricultores y empresas.

Las emisiones agrícolas caerían frente a la trayectoria actual

Los sistemas alimentarios generan cerca de un tercio de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. En el escenario transformador, las emisiones agrícolas distintas del dióxido de carbono serían un 34 % menores que en la trayectoria habitual para 2050, principalmente por la reducción del ganado asociado con emisiones de metano.

La demanda de fertilizantes nitrogenados para los cultivos disminuiría un 17 % y las extracciones de agua serían un 3 % menores respecto del escenario de continuidad. Las emisiones derivadas de cambios en el uso de la tierra también experimentarían una reducción considerable.

La superficie que dejara de utilizarse para agricultura podría destinarse a bosques u otros ecosistemas, pero ese resultado tampoco sería automático. Su aprovechamiento ambiental dependería de políticas de restauración, derechos de propiedad, incentivos económicos y protección efectiva frente a nuevos usos.

La transición tendría costos para las comunidades rurales

El valor total de la producción agrícola mundial en 2050 sería un 26 % menor que bajo una trayectoria sin transformación, una diferencia estimada en 1,6 billones de dólares. Esa contracción no se repartiría de manera uniforme y podría afectar especialmente a territorios dependientes de la ganadería, los lácteos o los cultivos destinados a pienso.

En Estados Unidos, el valor de la producción ganadera podría disminuir un 73 %, mientras el valor de los cultivos aumentaría un 20 %. Brasil, China y otros grandes productores pecuarios también afrontarían reducciones importantes en producción e ingresos.

Los investigadores advierten que los beneficios sanitarios y ambientales no eliminan las consecuencias sociales. Empleos, inversiones, servicios rurales y cadenas industriales construidas alrededor del ganado podrían perder actividad, mientras otros sectores necesitarían trabajadores, capital e infraestructura.

El estudio propone acompañar a agricultores y ganaderos mediante incentivos y compensaciones que reconozcan funciones adicionales a la producción de alimentos. Los autores consideran insuficiente trasladar toda la responsabilidad al consumidor, debido a que las decisiones alimentarias también dependen de precios, cultura, disponibilidad e ingresos.

Una transformación de esta escala requeriría reformar subsidios, invertir en productividad y nuevas tecnologías, facilitar la reconversión de las explotaciones y proteger los medios de vida rurales. Sin esas medidas, los beneficios globales proyectados podrían coexistir con pérdidas concentradas en determinadas comunidades y sectores.

Fuentes referenciales:
Universidad de Cornell
Nature



Mundo Agropecuario
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