Agricultura

Dietas más saludables podrían transformar la agricultura mundial

Publicado el 16/07/2026 · REDACCION

Diez modelos globales proyectan que una transición alimentaria hasta 2050 reduciría el uso de tierras agrícolas, las emisiones y la producción ganadera, mientras aumentaría el valor de frutas, verduras, legumbres y frutos secos.


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

Una transición mundial hacia dietas más saludables, una mayor productividad agrícola y una reducción considerable del desperdicio de alimentos podría modificar profundamente la estructura de la agricultura durante las próximas décadas.

Un equipo internacional de investigadores utilizó diez modelos globales de sistemas alimentarios para comparar dos posibles trayectorias hasta 2050: la continuidad de las tendencias actuales y un escenario de transformación basado en dietas saludables, mejoras productivas y una reducción a la mitad de las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

Los resultados, publicados en la revista científica Nature, muestran que la transformación reduciría la presión sobre las tierras agrícolas y las emisiones contaminantes, aunque también provocaría cambios importantes en la producción ganadera, los precios, el empleo rural y la distribución del valor dentro del sistema alimentario.

El trabajo fue coordinado por Matt Gibson, investigador de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, quien desarrolló esta labor mientras se encontraba en la Universidad Cornell, en Estados Unidos. También participaron investigadores del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, conocido como PIK, en Alemania.

La dieta de salud planetaria evitaría millones de muertes

La investigación parte de la necesidad de avanzar hacia sistemas alimentarios capaces de proporcionar dietas nutritivas sin superar los límites ambientales del planeta.

El informe de 2025 de la Comisión EAT-Lancet estimó que la adopción mundial de una dieta flexitariana de salud planetaria podría evitar aproximadamente 15 millones de muertes prematuras de adultos cada año.

Este patrón alimentario concede mayor importancia a frutas, verduras, legumbres, frutos secos y otros alimentos vegetales, al tiempo que limita el consumo de carne y determinados productos con elevada huella ambiental.

No plantea necesariamente la eliminación completa de los alimentos de origen animal, sino una combinación más equilibrada que permita mejorar la salud humana y disminuir la presión ejercida por la producción alimentaria.

La relación entre alimentación y sostenibilidad también ha impulsado la búsqueda de nuevas fuentes de proteínas vegetales, entre ellas garbanzos, lentejas, habas y quinua.

Los sistemas alimentarios generan un tercio de las emisiones

Los sistemas alimentarios representan alrededor de un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero provocadas por las actividades humanas.

La producción, transformación, transporte y consumo de alimentos también están relacionados con la pérdida de biodiversidad, el uso intensivo de agua y fertilizantes, la transformación de ecosistemas y la alteración de varios límites planetarios.

Al mismo tiempo, cerca de un tercio de todos los alimentos producidos se pierde o desperdicia antes de ser consumido. Esta pérdida implica utilizar tierras, agua, energía, fertilizantes y trabajo sin obtener un beneficio alimentario final.

Aproximadamente la mitad de las tierras habitables del planeta está destinada a la agricultura. Una parte considerable se utiliza directamente para mantener ganado o para producir cultivos destinados a su alimentación.

Este uso de los recursos explica por qué los cambios en las dietas podrían tener consecuencias directas sobre la superficie cultivada, las poblaciones ganaderas y la estructura económica del sector agropecuario.

Diez modelos evaluaron la transformación hasta 2050

Los investigadores compararon los resultados de diez modelos para reducir la incertidumbre asociada con una única herramienta de proyección.

El escenario de continuidad asumió que las tendencias actuales de producción, consumo y crecimiento demográfico continuarían hasta mediados de siglo.

En esa trayectoria, los modelos proyectaron un aumento del número de animales, una expansión de las áreas cosechadas, mayores volúmenes de producción y una presión ambiental creciente.

También se elevarían las emisiones de gases de efecto invernadero y la utilización de fertilizantes nitrogenados para sostener el incremento de la producción.

El escenario alternativo incorporó dietas más saludables, mejoras en la productividad agrícola y una reducción del 50 % en las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

El valor agrícola permanecería cerca de los niveles de 2020

Hermann Lotze-Campen, responsable de un departamento de investigación del PIK y coautor del estudio, señaló que continuar por la trayectoria actual sería la opción más costosa.

La provisión de dietas saludables para una población mundial creciente podría mantener en 2050 el valor general de la producción agrícola cerca de los niveles registrados en 2020.

Al mismo tiempo, la transformación reduciría costos ambientales y sanitarios en comparación con el escenario de continuidad.

Esto significa que alimentar a una población mayor no requeriría necesariamente aumentar de forma permanente el valor total de la producción agropecuaria si los recursos disponibles se utilizan con mayor eficiencia.

La reducción del desperdicio y el uso directo de más productos agrícolas para la alimentación humana permitirían satisfacer parte de la demanda sin expandir de forma equivalente la producción primaria.

El uso mundial de tierras agrícolas caería un 9 %

Los diez modelos coincidieron en que el escenario de transformación reduciría el uso mundial de tierras agrícolas en un 9 % para 2050 respecto de la trayectoria habitual.

Una mayor proporción de las cosechas se destinaría directamente a la alimentación humana y una cantidad menor se utilizaría para producir piensos destinados al ganado.

La reducción de la superficie necesaria para la agricultura podría disminuir la presión para transformar bosques, pastizales y otros ecosistemas naturales en terrenos productivos.

También podría liberar áreas para la restauración ecológica, la conservación de la biodiversidad o el almacenamiento de carbono, aunque esos resultados dependerían de las políticas aplicadas posteriormente sobre las tierras disponibles.

La transformación de los sistemas alimentarios mediante políticas coordinadas requeriría integrar objetivos de producción, nutrición, salud pública y protección ambiental.

La producción ganadera experimentaría el mayor ajuste

Los cambios más importantes se concentrarían en la ganadería. Los modelos proyectaron que el valor de la producción ganadera sería un 60 % menor en 2050 respecto del escenario de continuidad.

La producción agrícola total disminuiría un 17 %, principalmente como consecuencia de los cambios en el número de animales y en la demanda de productos pecuarios.

También se producirían menores cantidades de carne, productos lácteos, cereales y cultivos azucareros.

La reducción prevista no debe interpretarse como una comparación directa con los volúmenes actuales, sino con el nivel considerablemente mayor que alcanzaría la producción en un escenario sin transformación.

Las proyecciones reflejan una reasignación de recursos productivos, con menos tierras, cultivos y capital dirigidos a la alimentación animal y una mayor orientación hacia alimentos destinados directamente a las personas.

Frutas, verduras y legumbres ganarían valor económico

La contracción de algunos sectores sería compensada parcialmente por la expansión de otros productos agrícolas.

El valor económico de la producción de verduras, frutas, frutos secos y legumbres aumentaría una mediana del 23 % en el escenario de transformación.

El cambio respondería a una demanda mayor de alimentos vegetales y a la necesidad de proporcionar dietas más diversas y nutritivas.

Las legumbres poseen especial importancia porque aportan proteínas y pueden contribuir a la fertilidad del suelo mediante la fijación biológica de nitrógeno.

Las habas combinan valor nutricional y beneficios agrícolas, una característica que ilustra el papel que determinados cultivos podrían desempeñar dentro de sistemas alimentarios más sostenibles.

La producción no aumentaría de manera uniforme

La transformación no supondría un crecimiento general de todos los sectores agrícolas. Algunas actividades experimentarían una expansión, mientras otras reducirían sus volúmenes, precios y participación económica.

Los productores de frutas, verduras, legumbres y frutos secos podrían encontrar nuevas oportunidades derivadas de una mayor demanda.

En cambio, las regiones altamente dependientes de la ganadería enfrentarían una transición más compleja por la reducción del valor productivo, el número de animales y la demanda de alimentos para el ganado.

Los cambios también afectarían a industrias vinculadas con el procesamiento de carne y leche, la fabricación de piensos, los servicios veterinarios, el transporte y la comercialización.

La reorganización prevista tendría, por tanto, repercusiones que superarían los límites de las explotaciones y alcanzarían numerosos componentes de las economías rurales.

Las emisiones vinculadas al cambio de uso del suelo caerían un 76 %

El escenario de transformación reduciría en un 76 % las emisiones netas de dióxido de carbono relacionadas con los cambios de uso del suelo para 2050, en comparación con la continuidad de las tendencias actuales.

Estas emisiones se producen cuando bosques, sabanas u otros ecosistemas son transformados para establecer cultivos o pastizales.

Al necesitar menos superficie agrícola, disminuiría la presión para expandir la frontera productiva y liberar el carbono almacenado en la vegetación y los suelos.

La reducción prevista tendría una importancia considerable para las estrategias climáticas, debido a que los cambios de uso de la tierra representan una fuente relevante de emisiones agrícolas.

Sin embargo, el beneficio dependería de que las tierras liberadas no fueran destinadas posteriormente a otras actividades capaces de provocar una degradación ambiental similar.

Las emisiones agrícolas directas bajarían un tercio

Las emisiones agrícolas distintas del dióxido de carbono disminuirían aproximadamente un tercio bajo el escenario transformador.

Estas emisiones incluyen principalmente metano y óxido nitroso, gases asociados con la producción ganadera, el manejo del estiércol, los arrozales y el uso de fertilizantes nitrogenados.

La reducción del número de animales contribuiría a disminuir el metano generado durante la digestión de los rumiantes.

Una menor utilización de fertilizantes nitrogenados también podría reducir las emisiones de óxido nitroso y las pérdidas de nitrógeno hacia el agua y la atmósfera.

La transformación alimentaria tendría así efectos simultáneos sobre las emisiones, la demanda de tierras, la utilización de nutrientes y la producción agrícola.

Reducir el desperdicio evitaría producir alimentos innecesarios

La reducción a la mitad del desperdicio constituye uno de los pilares del escenario evaluado.

Cuando los alimentos se pierden durante la cosecha, el almacenamiento, el transporte, la comercialización o el consumo, también se desperdician todos los recursos empleados para producirlos.

Disminuir esas pérdidas permitiría alimentar a más personas sin exigir un incremento equivalente de la superficie cosechada o del número de animales.

Las soluciones varían entre regiones. En algunos países se necesita mejorar el almacenamiento, la refrigeración y el transporte, mientras en otros una proporción importante del desperdicio ocurre en comercios, restaurantes y hogares.

La reducción de las pérdidas también podría moderar parte de los costos económicos y ambientales asociados con la transformación de los sistemas alimentarios.

La transición generaría ganadores y sectores afectados

Los beneficios sanitarios y ambientales de la transformación se distribuirían ampliamente entre la población mundial, pero algunos de los costos económicos se concentrarían en sectores y territorios específicos.

Las economías rurales orientadas a la producción ganadera podrían enfrentar una menor demanda, una reducción de los precios y la necesidad de reorganizar sus actividades.

Este desequilibrio entre beneficios globales y costos localizados constituye uno de los principales desafíos políticos identificados por los investigadores.

La científica del PIK Felicitas Beier, coautora del trabajo, señaló que las oportunidades para la salud y el ambiente son enormes, pero que los desafíos estructurales del sector agrícola requerirán políticas coherentes y un diálogo inclusivo con las partes interesadas.

La transición no podría apoyarse únicamente en cambios voluntarios del consumo. También serían necesarios programas de reconversión, inversión, capacitación y protección económica para los productores afectados.

Las políticas deberán proteger a las comunidades rurales

Una transformación de esta magnitud exigiría coordinar las políticas agrícolas, alimentarias, ambientales, sanitarias y comerciales.

Los gobiernos podrían facilitar la diversificación de las explotaciones, el acceso a nuevos mercados y la incorporación de cultivos con una demanda creciente.

También sería necesario evitar que los pequeños y medianos productores asuman de manera desproporcionada los costos del cambio.

Las decisiones sobre subsidios, compras públicas, investigación agrícola, infraestructura y formación profesional influirían en la distribución de oportunidades y pérdidas.

Las estrategias de diversificación agrícola podrían ayudar a combinar productividad, estabilidad económica y beneficios sociales y ambientales en los territorios rurales.

La transformación requiere decisiones desde el presente

Los investigadores consideran que la escala de los cambios proyectados exige una ambición política equivalente.

Las decisiones adoptadas antes de 2050 determinarán si la transición se produce de forma planificada o mediante ajustes desordenados que perjudiquen a productores y comunidades dependientes de determinadas actividades.

La anticipación permitiría orientar inversiones, adaptar las cadenas de suministro y ofrecer alternativas económicas antes de que disminuya la demanda de algunos productos.

También facilitaría el crecimiento de los sectores vinculados con frutas, verduras, legumbres y frutos secos, cuya producción tendría que aumentar para cubrir las nuevas necesidades alimentarias.

El estudio muestra que proporcionar dietas saludables a una población mayor no exige necesariamente continuar aumentando la presión sobre las tierras, el clima y los recursos naturales.

Un cambio agrícola impulsado por la alimentación

Las proyecciones confirman que las decisiones alimentarias pueden reorganizar la producción agropecuaria mundial.

Una menor demanda de productos ganaderos reduciría el número de animales, el uso de piensos, la superficie agrícola y varias fuentes de emisiones.

Al mismo tiempo, una mayor demanda de alimentos vegetales impulsaría cultivos cuya participación actual dentro del valor agrícola es comparativamente menor.

La relación entre alimentación, salud humana y sostenibilidad también depende de microorganismos presentes en los alimentos, las personas, los animales y el ambiente. Un mapa global de conexiones microbianas ha mostrado hasta qué punto estos componentes forman parte de un mismo sistema.

El trabajo publicado en Nature, titulado Food systems transformation would reshape global agriculture, cuantifica cómo una transición basada en dietas saludables, mayor productividad y menos desperdicio modificaría el uso de la tierra, la producción, los precios y las emisiones hasta 2050.

Fuente(s) referenciales

Phys.org — Healthier, more sustainable diets could reshape global agriculture: New study shows by how much



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