Los campos experimentales de Galicia mostraron ventajas con líneas separadas 50 y 55 centímetros, siembras tempranas, control de malezas en preemergencia y una nutrición ajustada a las necesidades del cultivo
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Una red de ensayos de maíz forrajero desarrollada en Galicia, España, durante una campaña marcada por la sequía apunta a que reducir la distancia entre las líneas de cultivo y adelantar la siembra puede contribuir a conservar mejor la humedad, limitar la competencia de las malezas y sostener el rendimiento. Los resultados fueron presentados por Bayer, EuroChem y Progando en una jornada celebrada en Trazo, provincia de A Coruña, ante más de 120 asistentes.
Bayer realizó 26 campos de ensayo en Galicia durante la campaña, dentro de un programa que también desarrolla experiencias con productores en Asturias y Cantabria. Las pruebas evaluaron variedades de distintos ciclos y aspectos como rendimiento, tolerancia a la sequía, digestibilidad, resistencia al encamado y sanidad foliar.
Las conclusiones adquieren especial relevancia después de un verano difícil para el cultivo en el noroeste español. La falta de agua obligó a anticipar trabajos en numerosas explotaciones y provocó pérdidas importantes. En agosto, la sequía adelantó la cosecha de maíz en Galicia y dejó pérdidas de hasta el 30 % en determinadas explotaciones, reduciendo la cantidad de forraje disponible para alimentar al ganado.
Líneas de 50 y 55 centímetros mostraron mejores resultados
Uno de los principales factores estudiados fue la separación entre líneas. Los ensayos compararon distancias desde 50 hasta 75 centímetros y los mejores comportamientos se observaron en los planteamientos más estrechos, especialmente con separaciones de 50 y 55 centímetros.
Marcos García, asesor agronómico de Bayer para el occidente de A Coruña, explicó que la reducción del marco entre líneas estuvo asociada en los ensayos con mayor rendimiento, mejor permanencia del verdor de las plantas, mayor regularidad productiva y un control más favorable de las malezas.
El mecanismo agronómico observado está relacionado con la rapidez con la que el cultivo cubre el terreno. Cuando las líneas están más próximas, el dosel del maíz sombrea antes la superficie del suelo. Esa cobertura reduce la radiación disponible para las malezas y limita la evaporación directa desde el terreno, ayudando a conservar humedad durante periodos secos.
La respuesta coincide con un principio fundamental del manejo del cereal: densidad y distribución espacial deben ajustarse al ambiente productivo y a la disponibilidad de agua. La planificación del cultivo de maíz según suelo, reservas hídricas y fecha de siembra permite reducir riesgos al adaptar las decisiones agronómicas a la capacidad real de cada parcela.
La implantación en líneas más estrechas requiere, no obstante, adaptar la maquinaria. En los ensayos gallegos se señaló la necesidad de realizar ajustes tanto en la sembradora como en el cabezal utilizado posteriormente por la picadora.
La siembra temprana respondió mejor frente al estrés hídrico
Los técnicos también observaron ventajas en las siembras tempranas. Además de tolerar mejor el estrés hídrico registrado durante la campaña, las plantas implantadas antes mostraron una mayor resistencia al encamado, un aspecto relevante en zonas donde el cultivo puede estar expuesto a episodios de viento.
La explicación planteada durante la jornada relacionó este comportamiento con una cristalización más lenta de los azúcares, que favorece la formación de tallos más robustos. La fecha de siembra, por tanto, no afecta únicamente al calendario de desarrollo, sino que puede modificar la exposición del cultivo a periodos críticos de calor y déficit hídrico.
Los resultados no convierten la siembra temprana en una recomendación universal. Las condiciones del suelo, temperatura, humedad disponible, ciclo del híbrido y características climáticas de cada comarca deben determinar la fecha apropiada. En otros ambientes productivos, el ajuste conjunto de fecha de siembra, híbrido, densidad, nutrición y sanidad también se considera determinante para transformar el potencial genético del maíz en rendimiento efectivo.
Las malezas presionan el cultivo desde las primeras etapas
El control de malezas constituyó otro de los componentes de las pruebas. Nicolás Fernández Blanco, ingeniero agrónomo y asesor de Progando, señaló que los tratamientos de preemergencia ofrecieron buenos resultados durante la campaña porque las aplicaciones realizadas entre finales de abril y comienzos de mayo coincidieron con humedad suficiente en el suelo.
Los tratamientos de postemergencia también lograron resultados favorables en condiciones ambientales más difíciles. En esos casos, el estrés hídrico que ya afectaba a las malezas se combinó con la acción de los herbicidas.
La experiencia volvió a mostrar, sin embargo, dificultades crecientes para controlar algunas especies. Los técnicos detectaron problemas relacionados con setaria y amaranto. Para la primera, las mayores eficacias observadas se obtuvieron en preemergencia con tratamientos a base de dimetenamida-P, mientras que en amaranto joven se señalaron resultados con mesotriona, dicamba y piridato.
El problema exige combinar herramientas químicas con prácticas agronómicas y evitar depender exclusivamente de una única estrategia. La eficacia de los tratamientos está condicionada por el estado de las plantas, la humedad, la temperatura y el momento de aplicación, como muestra el análisis sobre cómo mejorar el control de malezas y la eficacia de los herbicidas en maíz.
Entre las medidas culturales recomendadas figura mantener limpios los bordes de las parcelas para disminuir la incorporación de nuevas semillas al suelo. Reducir progresivamente ese banco de semillas puede limitar la presión futura y complementar los tratamientos realizados durante el ciclo del maíz.
La nutrición busca sincronizar el nitrógeno con la demanda del maíz
Los ensayos también evaluaron la gestión de nutrientes. Jesús Val, asesor técnico de EuroChem para el noroeste de España, presentó el uso de fertilizantes de eficiencia mejorada orientados a mantener nutrientes disponibles durante distintas fases del desarrollo.
El planteamiento ensayado combina nitrógeno nítrico, disponible durante las primeras etapas, con nitrógeno amoniacal estabilizado en el suelo para prolongar su disponibilidad hacia fases medias y finales. La estrategia pretende reducir pérdidas y acompasar el suministro con el momento en que el cultivo incrementa sus necesidades.
La sincronización entre disponibilidad de nutrientes y demanda vegetal es especialmente importante en maíz, un cultivo con elevada capacidad productiva pero también con requerimientos nutricionales significativos. La respuesta final depende del diagnóstico del suelo, del rendimiento esperado y de las condiciones ambientales, por lo que las dosis no pueden trasladarse automáticamente entre parcelas.
La importancia de ese ajuste también se observa en otros sistemas productivos. Recientemente, especialistas advirtieron que el potencial del maíz puede quedar limitado por deficiencias de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc, incluso cuando existe buena disponibilidad de agua y genética de alto rendimiento.
Bioestimulantes y manejo por parcelas completaron los ensayos
Los responsables de las pruebas informaron asimismo de resultados favorables en parcelas donde se utilizaron bioestimulantes, particularmente en relación con la respuesta de las plantas durante la sequía. Los datos corresponden a los ensayos de esta campaña y deben interpretarse dentro de las condiciones específicas en las que fueron obtenidos.
La experimentación incluyó variedades comerciales y materiales todavía en evaluación, con ciclos comprendidos entre 200 y 700 y una media de 16 variedades por campo. Además del rendimiento, se examinaron digestibilidad, sanidad de las hojas, permanencia del verdor y resistencia al vuelco.
El seguimiento de las diferencias dentro de cada parcela también fue presentado como una herramienta para ajustar la densidad y la fertilización. Las variaciones de suelo, humedad y productividad dentro de una misma explotación pueden justificar manejos diferenciados en lugar de aplicar una única dosis de semilla o fertilizante en toda la superficie.
El objetivo final es asegurar forraje de calidad para el ganado
En Galicia, el maíz forrajero desempeña un papel central en numerosas explotaciones lecheras y ganaderas. Por ello, las pérdidas ocasionadas por sequía, malezas, encamado o una nutrición deficiente no terminan en la parcela: condicionan las reservas de alimento disponibles durante los meses posteriores.
Una vez alcanzado el momento de cosecha, la conservación pasa a ser igualmente decisiva. Humedad, procesamiento del grano, compactación y sellado determinan cuánto valor nutricional llega finalmente al ganado. El manejo posterior fue abordado en una guía sobre las claves para conservar el valor nutritivo del maíz destinado a ensilaje.
Los resultados presentados en Trazo muestran que las respuestas frente a una campaña seca pueden comenzar desde la propia implantación del cultivo. Reducir la separación entre líneas, seleccionar adecuadamente la fecha de siembra, intervenir temprano sobre las malezas y sincronizar la nutrición con las necesidades de la planta aparecen como estrategias complementarias, pero los técnicos insistieron en que cada decisión debe ajustarse a las condiciones concretas de la parcela y de la explotación.
Fuente referencial:
Campo Galego


