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México certifica 5.916 unidades por inocuidad agroalimentaria

Publicado el 06/10/2026 ·

El sector agrícola concentra el 68 % de los reconocimientos otorgados en 2026, con controles sobre producción, cosecha, plaguicidas, trazabilidad y empaque para reducir riesgos de contaminación


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

México certificó durante 2026 un total de 5.916 unidades de producción y empaque primario que implementaron sistemas de inocuidad agroalimentaria, de acuerdo con información publicada el 2 de octubre por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica). El sector agrícola concentra la mayor parte de los reconocimientos, con 4.025 unidades, equivalentes al 68 % del total.

Los datos de la Dirección General de Inocuidad Agroalimentaria, Acuícola y Pesquera muestran que otras 1.407 unidades, el 24 %, corresponden al sector pecuario, mientras 484, equivalentes al 8 %, pertenecen a actividades acuícolas y pesqueras. La certificación acredita la aplicación de medidas destinadas a disminuir riesgos de contaminación física, química o microbiológica desde las primeras etapas de producción.

El resultado ofrece una fotografía concreta de la incorporación de controles de inocuidad dentro del sector primario mexicano. Los reconocimientos abarcan desde parcelas y explotaciones pecuarias hasta empaques, cuadrillas de cosecha, embarcaciones y unidades acuícolas, aunque los requisitos varían según la actividad y el esquema aplicado.

La agricultura reúne 4.025 unidades certificadas

Dentro del sector agrícola, 3.229 reconocimientos corresponden a Áreas Integrales, mientras otras 442 unidades fueron certificadas mediante Sistemas de Reducción de Riesgos de Contaminación (SRRC). Además, se contabilizan 184 empaques, 121 unidades reconocidas por Buen Uso y Manejo de Plaguicidas y 49 cuadrillas de cosecha.

Entre los cultivos presentes en los esquemas de certificación figuran aguacate, tomate, uva, lechuga, chile, fresa, frambuesa, cilantro, cebolla, papaya, plátano, apio y arándano. La diversidad de productos refleja que la inocuidad no se limita a una sola cadena agrícola, sino que abarca alimentos con diferentes sistemas de cultivo, cosecha, manipulación y comercialización.

La prevención adquiere especial importancia en frutas y hortalizas que pueden llegar frescas al consumidor. México ya ha tenido que reforzar mecanismos de trazabilidad e investigación sanitaria en cadenas de suministro de hortalizas, como ocurrió durante la investigación relacionada con lechuga y un brote de ciclosporiasis en Estados Unidos.

Los SRRC están diseñados precisamente para disminuir la posibilidad de contaminación durante la producción primaria. El sistema exige infraestructura básica, mecanismos de control interno, trazabilidad, manejo adecuado de insumos y buenas prácticas durante cosecha, poscosecha y empaque.

Plaguicidas, cosecha y empaque forman parte del control

La certificación agrícola no consiste únicamente en revisar el producto terminado. Los controles comienzan en la parcela y alcanzan las operaciones posteriores a la cosecha, porque un alimento puede quedar expuesto a diferentes fuentes de contaminación durante su recorrido hacia el mercado.

Uno de los componentes específicos es el Buen Uso y Manejo de Plaguicidas. Las 121 unidades reconocidas bajo este apartado deben aplicar prácticas destinadas a disminuir riesgos asociados con estos insumos, una cuestión vinculada tanto con la inocuidad de los alimentos como con la protección de trabajadores y del entorno productivo.

El uso responsable de fitosanitarios forma parte de un marco más amplio de manejo agrícola. Las Buenas Prácticas Agrícolas combinan productividad, seguridad y manejo responsable de los insumos, con protocolos que buscan prevenir problemas antes de que el producto abandone la explotación.

Las 49 cuadrillas de cosecha reconocidas constituyen otro eslabón del sistema. La manipulación durante la recolección puede introducir riesgos si no existen procedimientos adecuados de higiene, limpieza de equipos, capacitación del personal y protección de los productos cosechados.

En los empaques ocurre una situación similar. Las instalaciones deben evitar que un producto que salió de la parcela en buenas condiciones quede expuesto posteriormente a agentes contaminantes durante selección, almacenamiento o preparación para su comercialización.

Michoacán encabeza la concentración de empresas certificadas

Senasica señala que la mayor concentración de empresas certificadas se encuentra en Michoacán, seguido por Jalisco y Guanajuato. La distribución está relacionada con el peso que estos territorios tienen en diferentes cadenas agroalimentarias orientadas tanto al mercado nacional como a la exportación.

En los sectores pecuario, acuícola y pesquero, Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chiapas y Chihuahua figuran entre las entidades con mayor número de unidades certificadas.

La inocuidad complementa, pero no sustituye, otros componentes de la sanidad agropecuaria. Un sistema productivo puede necesitar simultáneamente controles sobre contaminación de los alimentos y acciones contra enfermedades o plagas que amenazan a cultivos y animales.

En el café mexicano, por ejemplo, Senasica mantiene una estrategia distinta orientada a proteger más de 700.000 hectáreas frente a plagas como la roya y la broca. La comparación permite distinguir la fitosanidad, enfocada en la salud de los cultivos, de los programas de inocuidad dirigidos a reducir riesgos de contaminación en los alimentos.

El sector pecuario suma 1.407 unidades

En producción pecuaria se contabilizaron 1.407 unidades reconocidas durante 2026. De ellas, 1.397 fueron certificadas por organismos de certificación y diez directamente por Senasica.

Los sistemas pecuarios incluidos abarcan ganado bovino, ovino y porcino, además de actividades relacionadas con huevo, miel, pollo y leche. Cada cadena requiere procedimientos adaptados a sus características productivas y a los riesgos que deben controlarse.

La trazabilidad tiene un papel especialmente importante cuando los animales o sus productos ingresan a circuitos comerciales regulados. En el comercio ganadero entre México y Estados Unidos, por ejemplo, la identificación y los controles sanitarios se han convertido en elementos fundamentales para mantener el acceso de los bovinos mexicanos al mercado estadounidense.

Esos protocolos fronterizos responden principalmente a riesgos zoosanitarios y no son equivalentes a una certificación de inocuidad, pero ilustran cómo la capacidad de documentar el origen, manejo y condición sanitaria de la producción adquiere cada vez mayor peso en las cadenas agroalimentarias.

Otras 484 certificaciones corresponden a pesca y acuicultura

El componente acuícola y pesquero representa el 8 % del total informado por las autoridades. Las 484 certificaciones comprenden 318 unidades de producción, 151 permisionarios de embarcaciones menores y 15 establecimientos dedicados al procesamiento primario.

Entre las especies incluidas aparecen tilapia, camarón, trucha arcoíris, rana toro y almeja generosa. Al igual que en agricultura y ganadería, las condiciones de producción, manipulación y procesamiento primario determinan qué prácticas deben aplicarse para reducir riesgos.

La incorporación de diferentes sectores bajo una política común de inocuidad permite establecer controles desde el origen de los alimentos, en lugar de depender exclusivamente de inspecciones cuando los productos ya han llegado a los mercados.

La certificación es voluntaria y debe solicitarla el productor

Un elemento importante del esquema mexicano es que el reconocimiento no se concede automáticamente a todas las explotaciones. Senasica precisa que la certificación se otorga a solicitud de la productora o el productor interesado, después de implementar las prácticas correspondientes y cumplir las condiciones del programa.

Esto significa que las 5.916 unidades contabilizadas no representan la totalidad de las explotaciones agrícolas, pecuarias, acuícolas y pesqueras existentes en México. La cifra corresponde específicamente a las unidades que durante 2026 obtuvieron los reconocimientos incluidos en el reporte oficial.

La autoridad considera que incorporar estos sistemas puede ofrecer ventajas comerciales además del componente sanitario. Una producción documentada y sometida a procedimientos verificables puede brindar mayor certeza a compradores y consumidores, especialmente en cadenas que abastecen mercados con requisitos estrictos.

No obstante, la certificación por sí sola no elimina todos los riesgos. Los procedimientos necesitan mantenerse después de obtener el reconocimiento y requieren seguimiento en aspectos como higiene, uso de insumos, trazabilidad, cosecha, manipulación y condiciones de las instalaciones.

Prevenir la contaminación desde la parcela

El enfoque de los SRRC parte de una premisa preventiva: resulta más eficaz identificar y controlar posibles fuentes de contaminación durante la producción que intentar corregir el problema cuando el alimento ya se encuentra en distribución.

Los riesgos pueden ser físicos, químicos o microbiológicos. Su origen varía desde insumos y condiciones del agua hasta prácticas de cosecha, manipulación, almacenamiento o contacto con superficies contaminadas. Por ello, el sistema requiere evaluar cada etapa y establecer procedimientos verificables.

La experiencia internacional demuestra que incluso cadenas agrícolas consolidadas pueden enfrentar investigaciones cuando surge una alerta alimentaria. De ahí que la trazabilidad sea importante: permite reconstruir movimientos, identificar proveedores y delimitar rápidamente las unidades relacionadas con un incidente.

En México, la Dirección General de Inocuidad Agroalimentaria, Acuícola y Pesquera utiliza indicadores específicos para evaluar el avance de los programas, incluidos el porcentaje de unidades certificadas en sistemas de reducción de riesgos y buenas prácticas y los reconocimientos asociados al manejo de plaguicidas.

El balance de 2026 muestra que la agricultura concentra actualmente el mayor número de reconocimientos. De las 5.916 unidades certificadas, más de dos terceras partes corresponden al sector agrícola, con presencia de cultivos de alto valor comercial y productos frescos que requieren controles desde el campo hasta el empaque.

Fuentes referenciales:
Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria
Senasica – Indicadores en materia de inocuidad