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La oferta mundial de carne supera cinco veces el nivel de 1961

Publicado el 24/08/2026 · REDACCION

La FAO atribuye gran parte del crecimiento a las aves y advierte que la disponibilidad de alimentos de origen animal continúa siendo desigual


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz

La producción mundial de carne alcanzó los 361 millones de toneladas en 2022, frente a unos 71 millones en 1961, según un estudio divulgado en Roma por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El aumento, impulsado principalmente por la carne aviar, los huevos y la producción porcina, convirtió a la ganadería en uno de los componentes de mayor crecimiento del sector agrícola.

El informe examina la evolución entre 1961 y 2022 de la oferta y la demanda de alimentos terrestres de origen animal. Esta categoría comprende productos procedentes de mamíferos, aves e insectos y abarca sistemas productivos de distinta escala, desde explotaciones mixtas agrícolas y ganaderas hasta operaciones especializadas, pastoreo, pastoralismo y cría de fauna silvestre.

Las aves lideran la expansión de la producción animal

La carne de aves registró el crecimiento más pronunciado durante el periodo analizado, con una oferta aproximadamente cinco veces mayor. Los huevos y la carne porcina casi duplicaron sus respectivos volúmenes, mientras que la carne bovina permaneció estable o disminuyó en numerosas regiones.

La expansión confirma la creciente importancia productiva de las especies de ciclo corto y de los sistemas capaces de responder con rapidez a la demanda. Este comportamiento guarda relación con el peso alcanzado por la industria porcina de China y con la evolución de los principales mercados internacionales de proteína animal.

Además de los 361 millones de toneladas de carne, la producción mundial llegó en 2022 a 930 millones de toneladas de leche, frente a aproximadamente 342 millones en 1961. En el caso de los huevos, el volumen aumentó desde unos 15 millones hasta 94 millones de toneladas.

La información disponible sobre insectos destinados a la alimentación sigue siendo limitada y procede principalmente de África, Asia y América Latina. Las estimaciones recopiladas indican que cerca de 1.900 especies son consumidas como alimento, aunque la falta de datos homogéneos impide establecer una comparación completa con otros productos animales.

El aumento de la oferta no garantiza un acceso equitativo

Asia se convirtió en la mayor región productora de alimentos terrestres de origen animal, seguida de Europa. Sin embargo, el liderazgo productivo asiático no se traduce en la mayor disponibilidad por habitante, que continúa concentrándose en América del Norte.

En África subsahariana, la oferta per cápita se mantuvo prácticamente estancada durante buena parte del periodo estudiado. La FAO identificó avances limitados en determinados países y productos, entre ellos la leche en Kenia y la carne de aves en Sudáfrica.

Estas diferencias muestran que producir más no resuelve por sí solo los problemas de acceso, asequibilidad y seguridad alimentaria. El análisis coincide con el debate sobre el papel de la ganadería sostenible en la seguridad alimentaria, donde la disponibilidad de alimentos debe evaluarse junto con la capacidad de los sistemas productivos para conservar sus recursos y atender a poblaciones vulnerables.

El comercio internacional tampoco compensa completamente los desequilibrios regionales. Aunque los intercambios aumentaron, representan alrededor del 10 % del consumo mundial de estos alimentos y tienen una incidencia especialmente limitada en numerosas economías en desarrollo.

Pérdidas, cadena de frío y políticas agroalimentarias

La pérdida y el desperdicio agravan la distribución desigual. La FAO estima que cerca de un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia; en los productos terrestres de origen animal, la proporción ronda el 14 %. Su carácter perecedero, las deficiencias de la cadena de frío y el control inadecuado de la temperatura aparecen entre las causas principales.

Estos problemas son más intensos en países de ingresos bajos y medios, donde el consumo de alimentos de origen animal ya es comparativamente reducido. Mejorar el almacenamiento refrigerado, el transporte y el procesamiento puede resultar tan importante como ampliar la producción para asegurar que los alimentos lleguen efectivamente a los consumidores.

El estudio también encuentra diferencias en las prioridades regulatorias. Los países de ingresos altos y medianos altos tienden a concentrarse en la inocuidad, la calidad y la regulación comercial, mientras que las economías de menores ingresos priorizan el aumento de la producción, la disponibilidad, la reducción de precios y la autosuficiencia.

La dimensión económica puede observarse igualmente en mercados nacionales dependientes del suministro externo, como refleja el análisis sobre las importaciones mexicanas de carne de cerdo. En paralelo, las proyecciones sobre los nuevos máximos de la producción mundial de alimentos muestran que el crecimiento agregado debe interpretarse junto con las condiciones regionales de acceso y comercialización.

La ganadería afronta límites ambientales y sanitarios

La FAO reconoce que las especies ganaderas pueden producir alimentos en zonas poco aptas para los cultivos y contribuir a dietas diversas. No obstante, el sector debe responder a presiones relacionadas con la deforestación, los cambios de uso del suelo, las emisiones de gases de efecto invernadero, el consumo insostenible de agua y territorio, la contaminación y la competencia entre alimentos y piensos.

El documento incluye además desafíos vinculados con la baja productividad, el sobrepastoreo, el bienestar animal y la sanidad de los rebaños. A estos factores se suman las enfermedades zoonóticas y transmitidas por alimentos, la resistencia a los antimicrobianos y las desigualdades sociales asociadas a los sistemas ganaderos.

Para la FAO, la transformación del sector requiere considerar conjuntamente producción, nutrición, asequibilidad, sostenibilidad ambiental y salud. Las cifras evidencian una expansión histórica de la oferta, pero también revelan que su distribución y sus beneficios siguen dependiendo de infraestructura, políticas públicas y capacidades productivas muy diferentes entre regiones.

Fuente referencial:
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura



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