Impacto Ambiental

Restauración de ecosistemas genera un millón de empleos verdes

Publicado el 30/10/2026 ·

Un informe de Naciones Unidas presentado en Armenia registra 252 millones de hectáreas en proceso de recuperación en 149 países, pero advierte que la financiación anual deberá aumentar considerablemente para cumplir las metas de 2030.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

La recuperación de tierras degradadas, bosques, pastizales y otros ecosistemas se está convirtiendo en una fuente de empleo y oportunidades económicas para las comunidades rurales. Un nuevo informe de Naciones Unidas, presentado en Ereván, Armenia, señala que existen 252 millones de hectáreas en proceso de restauración distribuidas en 149 países y que estas actividades ya han generado alrededor de un millón de empleos verdes.

El balance fue difundido durante la decimoséptima Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica, celebrada en octubre de 2026. El documento, titulado El regreso de la naturaleza: ampliar la restauración de los ecosistemas para las personas y el planeta, examina los avances internacionales en recuperación ambiental y los desafíos para ampliar estas intervenciones.

Para el sector agropecuario, la información resulta especialmente relevante porque buena parte de la degradación de los ecosistemas afecta directamente a los suelos productivos, la disponibilidad de agua, la vegetación natural y los medios de vida de agricultores, ganaderos y comunidades rurales.

La restauración no consiste únicamente en plantar árboles. También puede incluir la rehabilitación de pastizales, la recuperación de suelos erosionados, la regeneración de la vegetación nativa y la adopción de prácticas productivas que permitan conservar los recursos naturales.

Una superficie en recuperación comparable al tamaño de Kazajistán

Las 252 millones de hectáreas identificadas por el informe representan una superficie aproximada a la extensión territorial de Kazajistán, uno de los países más grandes del mundo.

Los programas registrados abarcan ecosistemas muy diferentes, desde tierras áridas africanas hasta regiones montañosas, áreas forestales, zonas costeras y ambientes marinos.

Entre los ejemplos mencionados se encuentran la recuperación de vegetación en los Andes, la restauración de territorios secos en Senegal, la rehabilitación de áreas de reproducción del salmón en Canadá y las intervenciones sobre arrecifes de coral en Indonesia.

Estas iniciativas comparten el objetivo de recuperar funciones ecológicas deterioradas, aunque sus métodos deben adaptarse a las condiciones de cada territorio.

En los paisajes agrícolas, restaurar puede significar recuperar la fertilidad del suelo, mejorar la infiltración de agua o restablecer vegetación que favorezca a los polinizadores y enemigos naturales de las plagas.

En las regiones ganaderas, las actuaciones pueden centrarse en reducir la erosión, rehabilitar pastizales y establecer sistemas de manejo que permitan mantener la producción sin acelerar la degradación.

Una experiencia reciente en Colombia demuestra cómo la combinación de árboles nativos, apicultura y participación campesina permitió intervenir 577 hectáreas de ecosistemas de alta montaña, integrando objetivos ambientales y actividades productivas.

Un millón de empleos vinculados con la recuperación de la naturaleza

El informe atribuye a las iniciativas de restauración registradas la generación de aproximadamente un millón de empleos verdes.

Esta cifra muestra que la recuperación ambiental también puede convertirse en una actividad económica, especialmente en territorios donde las oportunidades laborales dependen de la agricultura, la ganadería, los bosques y otros recursos naturales.

Las tareas de restauración requieren diferentes perfiles de trabajadores, desde personal dedicado a la producción de plantas y al establecimiento de vegetación hasta especialistas en suelos, gestión hídrica, mantenimiento y seguimiento ambiental.

En algunos proyectos, las actividades pueden complementarse con aprovechamientos productivos compatibles con la recuperación de los ecosistemas, como la apicultura, los sistemas agroforestales y el manejo sostenible de productos forestales.

Sin embargo, la cifra global no permite establecer cuántos empleos son permanentes, temporales o estacionales. Tampoco demuestra por sí sola que todos los puestos tengan condiciones laborales equivalentes.

Para que la restauración represente una oportunidad duradera, las comunidades necesitan ingresos sostenibles, capacitación y participación en las decisiones sobre el uso de sus territorios.

En Zimbabue, por ejemplo, la capacitación de jóvenes rurales en apicultura ha permitido vincular la generación de ingresos con la protección de los bosques, una experiencia que muestra cómo pueden relacionarse los objetivos productivos y ambientales.

La financiación debe pasar de 64.000 a 296.000 millones de dólares

El principal obstáculo identificado por Naciones Unidas es la insuficiencia de recursos financieros para ampliar las iniciativas.

Según las cifras difundidas, los programas de restauración reciben actualmente alrededor de 64.000 millones de dólares anuales, mientras que las necesidades estimadas para avanzar hacia las metas internacionales ascienden a 296.000 millones.

Esto supone multiplicar la financiación actual por aproximadamente 4,6, una expansión considerable de los recursos disponibles.

La diferencia refleja que los proyectos existentes, aunque importantes, todavía no alcanzan la escala necesaria para responder a la degradación acumulada de los ecosistemas.

Además, la restauración requiere inversiones que se mantengan durante períodos prolongados. Una intervención puede comenzar con la plantación de vegetación o la rehabilitación de un suelo, pero sus resultados dependen del mantenimiento y de la recuperación progresiva de los procesos ecológicos.

La falta de continuidad financiera puede comprometer esos avances si los terrenos vuelven a sufrir sobrepastoreo, deforestación, incendios o prácticas que favorecen la erosión.

El problema también afecta a los productores que desean incorporar medidas de conservación en sus explotaciones.

Una investigación realizada en Alemania encontró que agricultores y gestores forestales identifican los costos, la burocracia y la rigidez de las ayudas como obstáculos importantes para proteger la biodiversidad.

Por ello, ampliar los recursos no garantiza automáticamente el éxito: también es necesario facilitar el acceso a la financiación y adaptar los programas a las condiciones de las explotaciones rurales.

La meta internacional contempla restaurar mil millones de hectáreas

Los compromisos internacionales de recuperación de ecosistemas apuntan a intervenir aproximadamente 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas, una superficie cercana al tamaño de China.

Esta aspiración se relaciona con los objetivos de biodiversidad establecidos para 2030 y con el Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas, impulsado desde 2021 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece objetivos para conservar y restaurar ecosistemas, aunque conviene distinguir entre las superficies destinadas a protección y aquellas sometidas a recuperación ecológica.

La restauración busca mejorar la condición de los ecosistemas degradados, mientras que la conservación procura evitar la pérdida o el deterioro de los espacios naturales existentes.

Ambas actuaciones son complementarias, pero no intercambiables.

El informe también plantea que, si se alcanzara la escala prevista de restauración, podrían generarse hasta 32 millones de empleos adicionales y mejorar las condiciones relacionadas con la seguridad alimentaria de unos 1.300 millones de personas.

Estas cantidades son proyecciones de beneficios potenciales asociadas al cumplimiento de los objetivos, no resultados ya obtenidos.

Recuperar los suelos es una prioridad para la agricultura

La degradación del suelo representa una amenaza directa para la productividad agrícola.

La pérdida de materia orgánica, la erosión, la compactación y el deterioro de la estructura física pueden reducir la capacidad del terreno para almacenar agua y sostener el crecimiento de los cultivos.

La restauración de tierras agrícolas requiere intervenciones adaptadas al tipo de suelo, el clima y las actividades productivas.

Entre las alternativas se encuentran la incorporación de coberturas vegetales, la protección de las áreas más vulnerables a la erosión, el establecimiento de barreras vivas y la recuperación de vegetación permanente en sectores estratégicos.

En las regiones secas, las técnicas de captación e infiltración de agua pueden contribuir a recuperar terrenos que han perdido capacidad productiva.

Una experiencia desarrollada en el Sahel africano muestra cómo las estructuras semicirculares conocidas como medias lunas permiten retener escorrentía y favorecer la recuperación de suelos degradados.

Estas intervenciones no sustituyen la necesidad de mejorar el manejo general de las explotaciones. Su eficacia depende de la continuidad de las precipitaciones, el mantenimiento y la reducción de las presiones que provocaron la degradación.

La restauración puede integrarse en fincas agrícolas y ganaderas

Uno de los desafíos de la recuperación ambiental consiste en evitar que las iniciativas se interpreten como una alternativa incompatible con la producción de alimentos.

En numerosos territorios, las medidas de restauración pueden desarrollarse dentro de paisajes productivos mediante sistemas que combinan cultivos, árboles, pasturas y vegetación natural.

Los sistemas agroforestales permiten integrar especies arbóreas con actividades agrícolas, mientras que los sistemas silvopastoriles incorporan árboles y arbustos en superficies utilizadas para la ganadería.

Estas configuraciones pueden proporcionar sombra, favorecer determinados organismos beneficiosos y mejorar la diversidad estructural del paisaje.

Un estudio internacional sobre ganadería encontró que la incorporación de árboles en potreros puede aumentar considerablemente la biodiversidad respecto de pasturas sin cobertura arbórea.

Los beneficios no son idénticos en todas las explotaciones. Dependen de la selección de especies, la disponibilidad de agua, la densidad de árboles y la forma en que se maneja el ganado.

La restauración también debe evitar intervenciones inadecuadas, como establecer árboles donde el ecosistema natural corresponde a pastizales abiertos cuya biodiversidad depende precisamente de la ausencia de una cobertura forestal densa.

El objetivo debe ser recuperar las funciones ecológicas propias de cada territorio, no aplicar una misma técnica a todos los paisajes.

La recuperación de la biodiversidad exige resultados duraderos

El informe de Naciones Unidas advierte que los avances internacionales son desiguales.

La restauración de ecosistemas terrestres ha progresado más que la de ambientes marinos y costeros, donde las intervenciones siguen siendo comparativamente limitadas.

También existen diferencias entre países en cuanto a financiación, capacidad técnica, seguimiento y participación comunitaria.

La superficie intervenida constituye un indicador útil, pero no demuestra por sí sola que un ecosistema haya recuperado todas sus funciones.

Por ejemplo, un terreno puede mostrar nuevamente vegetación sin que las comunidades de microorganismos del suelo, los polinizadores o las redes ecológicas hayan alcanzado condiciones semejantes a las de un ambiente de referencia.

Una investigación de la Universidad de Flinders, en Australia, documentó que los hongos del suelo pueden necesitar períodos de recuperación más prolongados que la vegetación visible.

Esta diferencia demuestra la importancia de evaluar la calidad ecológica de los resultados y no únicamente la cantidad de hectáreas sometidas a intervención.

La permanencia de los beneficios depende también de evitar que continúen las causas originales de degradación.

Si una región sigue experimentando deforestación, contaminación o un uso del suelo incompatible con su recuperación, los avances pueden resultar insuficientes para revertir el deterioro ambiental.

La FAO pide integrar la restauración en los sistemas agroalimentarios

El director general de la FAO, Qu Dongyu, señaló durante la presentación del informe la necesidad de incorporar la restauración a la gestión sostenible de la tierra, el agua y los recursos naturales.

También destacó la importancia de transformar los sistemas agroalimentarios para que la producción y la recuperación ambiental avancen de manera coherente.

Este enfoque reconoce que agricultores y ganaderos administran una parte considerable de los territorios donde pueden aplicarse medidas de conservación y restauración.

La recuperación de la naturaleza, por tanto, no depende exclusivamente de crear nuevas áreas protegidas. También requiere mejorar las prácticas productivas y ofrecer condiciones económicas que permitan sostener los cambios.

La participación de las comunidades rurales resulta decisiva porque son quienes conocen las características de los suelos, las fuentes de agua, los ciclos de las lluvias y las limitaciones prácticas del territorio.

Los programas que incorporan ese conocimiento pueden diseñar intervenciones más adecuadas y reducir el riesgo de que las medidas sean abandonadas una vez finalizada la financiación inicial.

Un avance importante que todavía necesita mayor inversión

El balance presentado en Armenia muestra que la restauración ecológica ha dejado de ser una actividad limitada a proyectos aislados y se desarrolla actualmente en numerosos países.

Las 252 millones de hectáreas en proceso de recuperación y el millón de empleos verdes asociados reflejan una movilización internacional significativa.

Sin embargo, las cifras también muestran la distancia entre los avances actuales y las metas establecidas para 2030.

La necesidad de elevar la financiación anual hasta aproximadamente 296.000 millones de dólares constituye uno de los principales desafíos para ampliar los programas y asegurar su continuidad.

Para el mundo agropecuario, la oportunidad consiste en vincular la recuperación de suelos, bosques, pastizales y fuentes de agua con actividades capaces de sostener los ingresos rurales.

El éxito de esa transformación dependerá de que las intervenciones produzcan mejoras ecológicas verificables, cuenten con recursos estables y reconozcan a agricultores, ganaderos y comunidades locales como participantes centrales en la gestión de sus territorios.

Fuentes referenciales:
IPS Agencia de Noticias – La naturaleza resurge, con un millón de empleos verdes