Una evaluación de 197 países advierte rezagos generalizados en nutrición, ambiente, medios de vida, gobernanza y resiliencia, sin ningún país encaminado a cumplir la meta de emisiones de los sistemas alimentarios
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Raúl Méndez C.
Los sistemas alimentarios mundiales avanzan a una velocidad insuficiente para alcanzar la mayoría de los objetivos internacionales fijados para 2030. Una nueva evaluación de la Food Systems Countdown Initiative concluye que los rezagos abarcan desde la inseguridad alimentaria y el acceso a dietas saludables hasta las emisiones, el consumo de agua, el uso de pesticidas y la capacidad de los gobiernos para conducir la transformación.
El análisis, publicado el 10 de agosto de 2026 en la revista Nature Food, abarcó 197 países y 44 indicadores. Es presentado por sus autores como la evaluación más completa realizada hasta ahora sobre el desempeño de los sistemas alimentarios, porque no se limita a comprobar si los indicadores mejoran o empeoran: también calcula la distancia que separa a cada país de una meta o referencia determinada.
La Food Systems Countdown Initiative, conocida como FSCI, es una colaboración interdisciplinaria codirigida por la Universidad Johns Hopkins, la Universidad Cornell, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Alianza Global para una Nutrición Mejorada. La iniciativa surgió después de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021.
Una sola meta fue alcanzada por la mayoría de los países
De los 30 indicadores para los cuales el estudio pudo comparar el desempeño con una meta o referencia, solamente uno había sido alcanzado por la mayoría de los países: las suscripciones a teléfonos móviles, utilizadas como aproximación a la conectividad y a determinados componentes de la resiliencia.
Para 22 de esos indicadores, menos de un tercio de los países alcanzaría la meta mundial o el valor de referencia en 2030 si mantiene la trayectoria observada. La evaluación muestra así que registrar avances parciales no implica necesariamente que el ritmo sea suficiente para cumplir los compromisos internacionales.
El marco de seguimiento organiza los datos en cinco áreas: dietas, nutrición y salud; ambiente, recursos naturales y producción; medios de vida, pobreza y equidad; gobernanza; y resiliencia. Esta estructura reconoce que producir alimentos no basta para considerar exitoso un sistema agroalimentario si la población no puede adquirirlos, los productores carecen de ingresos dignos o la actividad deteriora los recursos naturales de los que depende.
La brecha también se observa en América Latina y el Caribe. Aunque la región ha reducido durante varios años algunos indicadores de hambre, todavía enfrenta desigualdades importantes. Un balance presentado por la FAO señaló que millones de latinoamericanos continúan sin poder costear una dieta saludable, lo que exige integrar producción, ingresos, protección social y mercados.
Ningún país está encaminado a cumplir la meta de emisiones
Las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los sistemas alimentarios figuran entre los indicadores con mayor distancia respecto del objetivo. El promedio mundial se encuentra un 75 % alejado de la meta y, al ritmo actual, ningún país está proyectado para alcanzarla en 2030.
El cálculo incluye el conjunto del sistema alimentario, no solamente la producción dentro de las explotaciones. También intervienen cambios de uso del suelo, ganadería, fertilizantes, procesamiento, refrigeración, transporte, comercialización, consumo y eliminación de residuos.
Según el estudio, cerrar la brecha de emisiones dentro del plazo de 2030 exigiría reducciones anuales superiores al 60 %, una transformación que los autores consideran extremadamente difícil incluso con un horizonte ampliado hasta 2050. El dato refleja el tamaño del rezago acumulado y no debe interpretarse como una reducción uniforme aplicable a cada actividad o país.
Existen alternativas productivas con potencial de mitigación, pero su desempeño depende del contexto. Una investigación europea encontró que los sistemas alimentarios circulares pueden reducir emisiones y demanda de tierras agrícolas cuando reincorporan nutrientes, aprovechan subproductos y disminuyen la competencia entre alimentos para personas y alimento animal.
Agua, pesticidas y alimentos ultraprocesados retroceden
La evaluación identificó indicadores que no solo avanzan lentamente, sino que se desplazan en la dirección contraria a la deseada. Entre ellos aparecen la extracción de agua para usos agrícolas, el empleo de pesticidas, las ventas de alimentos ultraprocesados y la evolución de las emisiones alimentarias.
El aumento de la extracción agrícola de agua eleva la presión sobre acuíferos, ríos y embalses, especialmente en regiones sometidas a sequías más intensas. Reducir esa presión requiere mejorar la eficiencia del riego, elegir cultivos adecuados para cada territorio y evitar que los incrementos de eficiencia se traduzcan automáticamente en una expansión de la superficie regada.
El uso de pesticidas plantea otro desafío porque debe abordarse sin comprometer el control de plagas ni los rendimientos que sostienen el abastecimiento y los ingresos rurales. La transición demanda manejo integrado, vigilancia de resistencias, rotación de cultivos, control biológico y asesoramiento técnico accesible para productores de diferentes escalas.
En alimentación, el incremento de las ventas de productos ultraprocesados muestra que la transformación también depende de los entornos comerciales y de consumo. Las políticas agrícolas, sanitarias y económicas deben coordinarse para que frutas, verduras, legumbres y otros alimentos nutritivos sean físicamente accesibles y económicamente asequibles.
Una comparación elaborada mediante diez modelos globales mostró que la adopción de dietas saludables y la reducción del desperdicio modificarían la agricultura mundial, disminuyendo la presión sobre las tierras y las emisiones mientras aumenta la demanda de determinados grupos de cultivos.
África y Asia necesitan aceleraciones extraordinarias
Las brechas varían entre regiones. Para alcanzar las referencias de 2030, África necesitaría mejoras anuales de entre el 15 % y el 20 % en 23 indicadores. Asia tendría que reducir la inseguridad alimentaria en más del 63 % cada año, una exigencia que evidencia la distancia entre las tendencias actuales y el objetivo.
Las regiones de ingresos elevados tampoco están en condiciones de cumplir todas las metas. En Europa, 19 indicadores aparecen como inalcanzables para 2030 bajo la trayectoria analizada. El resultado cuestiona la idea de que los problemas alimentarios corresponden exclusivamente a países con bajos ingresos: el consumo, las emisiones, el desperdicio y el uso de recursos también generan rezagos en las economías más prósperas.
El cambio climático incrementa la dificultad al afectar simultáneamente producción, precios y estabilidad de los medios de vida. Las pérdidas agrícolas asociadas con fenómenos meteorológicos y climáticos golpean con mayor intensidad a productores con menos recursos, como explica el análisis sobre las soluciones necesarias para adaptar la agricultura a un planeta más cálido.
Los puntos de avance muestran que la transformación es posible
El diagnóstico no presenta un deterioro uniforme. Para siete de 33 indicadores con proyecciones hacia 2030, al menos un tercio de los países ya se encuentra encaminado a cumplir la meta. Además, la mitad de los indicadores examinados se mueve globalmente en una dirección favorable, aunque con una velocidad frecuentemente insuficiente.
Los investigadores proponen complementar las metas mundiales con referencias regionales o correspondientes a grupos de ingresos. Estas comparaciones permiten identificar a los países con mejor desempeño dentro de condiciones económicas y geográficas semejantes, sin sustituir los compromisos globales por objetivos menos ambiciosos.
Un ejemplo es la asequibilidad de las dietas saludables en África. La región se encuentra, en promedio, un 58,7 % alejada de la referencia mundial, pero la distancia disminuye al 32,2 % cuando se compara con el promedio del 20 % de países africanos que presenta los mejores resultados. Esos casos pueden revelar políticas replicables dentro de la propia región.
La gobernanza condiciona los cambios en el campo
La participación de la sociedad civil, la rendición de cuentas y la eficacia gubernamental también muestran desempeños preocupantes. Para los autores, estos indicadores no constituyen una dimensión administrativa separada: determinan la posibilidad de coordinar políticas agrícolas, ambientales, sanitarias, laborales y comerciales.
Las inversiones productivas pueden perder efectividad si no existen instituciones capaces de medir resultados, corregir incentivos y proteger a los grupos vulnerables. De manera similar, una regulación ambiental que ignore los costos y riesgos asumidos por agricultores y ganaderos puede generar resistencia o trasladar la producción hacia territorios con controles más débiles.
La transformación requiere políticas diferenciadas para explotaciones familiares, empresas agroindustriales, comerciantes, procesadores y consumidores. También demanda datos nacionales más completos, ya que la cobertura y calidad estadística no es igual para todos los países ni para los 44 indicadores examinados.
La FSCI continuará realizando evaluaciones periódicas hasta 2030. Su finalidad es ofrecer a gobiernos, productores, empresas y organizaciones sociales una referencia para priorizar inversiones y determinar qué indicadores requieren una aceleración inmediata, en lugar de limitar el seguimiento a declaraciones generales sobre sostenibilidad.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Nature Food
Global Alliance for Improved Nutrition

