Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia encontró cerca de 90 compuestos antioxidantes en zanahorias “imperfectas” que suelen quedar fuera del mercado por criterios estéticos.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
En municipios de Antioquia como Marinilla y El Santuario se pierde hasta el 30 % de la producción de zanahoria por criterios estéticos del mercado, aunque muchas de esas piezas descartadas tienen alto valor nutricional. Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), Sede Medellín, encontró cerca de 90 compuestos antioxidantes en zanahorias consideradas “imperfectas” por su forma o apariencia.
La investigación muestra que algunas de estas zanahorias descartadas pueden superar en valor nutricional a las que sí llegan a supermercados y tiendas. El hallazgo cuestiona la forma en que la cadena comercial define la calidad de los alimentos y expone una pérdida productiva que afecta tanto a agricultores como a consumidores.
Una pérdida causada por la apariencia
La zanahoria que no cumple con los estándares visuales de tamaño, forma, color o uniformidad suele quedar por fuera del circuito comercial. Raíces bifurcadas, torcidas, pequeñas o con aspecto irregular pueden ser rechazadas aunque conserven sus propiedades internas.
En Marinilla y El Santuario, dos municipios productores de Antioquia, esa selección estética puede dejar sin mercado hasta el 30 % de la cosecha. Esta pérdida no se debe a deterioro del alimento, sino a criterios visuales impuestos por compradores, intermediarios y canales de venta.
El problema forma parte de un debate más amplio sobre el aprovechamiento de alimentos que no encajan en los parámetros tradicionales de venta. También se relaciona con el interés por desarrollar productos a partir de descartes agroalimentarios, una vía que busca reducir pérdidas y transformar residuos o excedentes en ingredientes de mayor valor.
Cerca de 90 compuestos antioxidantes
El estudio de la UNAL Sede Medellín identificó alrededor de 90 compuestos antioxidantes en las zanahorias evaluadas. Estos compuestos son relevantes porque ayudan a neutralizar procesos asociados al estrés oxidativo y forman parte del valor funcional de frutas y hortalizas.
El resultado más llamativo es que las zanahorias rechazadas por su aspecto no solo conservan valor nutricional, sino que en algunos casos presentan concentraciones superiores a las de piezas aceptadas por el mercado. La apariencia externa, por tanto, no refleja necesariamente la calidad interna del alimento.
La presencia de antioxidantes también ha sido destacada en otros cultivos hortícolas. En tomate, por ejemplo, investigaciones sobre bioestimulantes en cultivo orgánico han resaltado la importancia de compuestos como licopeno, betacaroteno, polifenoles y ácido ascórbico en la calidad funcional del fruto.
Calidad real frente a calidad comercial
La investigación evidencia una separación entre calidad comercial y calidad nutricional. El mercado suele premiar la uniformidad visual porque facilita empaque, transporte y venta, pero esa lógica puede dejar fuera alimentos aptos, nutritivos y con valor para el consumo humano.
En el caso de la zanahoria, el rechazo por forma o aspecto genera pérdidas de producto, trabajo agrícola, agua, suelo e insumos. También reduce los ingresos de los productores, que ven cómo una parte de la cosecha queda excluida por razones que no están relacionadas con inocuidad ni composición nutricional.
La discusión conecta con el papel de los sistemas productivos en la calidad final de los alimentos. Estudios sobre prácticas amigables con el suelo han mostrado que la nutrición de los cultivos no depende solo de su apariencia, sino también de condiciones de manejo, suelo y sistema agrícola.
Un problema económico para los productores
Cuando una parte de la producción no puede venderse por criterios estéticos, el agricultor asume la pérdida. La cosecha ya requirió tierra, mano de obra, fertilización, riego, transporte y manejo, pero no recibe un precio proporcional al esfuerzo invertido.
En zonas productoras como Marinilla y El Santuario, esa dinámica puede afectar la rentabilidad de los pequeños y medianos productores. Además, al quedar fuera del mercado formal, las zanahorias descartadas pueden terminar como alimento animal, desperdicio o venta informal a menor precio.
El hallazgo de la UNAL abre la posibilidad de revisar estos criterios y buscar canales alternativos para productos “imperfectos”: venta directa, procesamiento, jugos, harinas, ingredientes funcionales, mercados locales o campañas de consumo responsable.
Antioxidantes, hortalizas y valor agregado
El hecho de que las zanahorias descartadas contengan compuestos antioxidantes de interés refuerza su potencial como materia prima. No se trata solo de rescatar alimentos por razones éticas o ambientales, sino de reconocer que pueden tener valor nutricional y comercial.
La industria agroalimentaria podría aprovechar este tipo de productos en formatos procesados, donde la forma original pierde importancia. Purés, deshidratados, harinas vegetales, extractos, snacks, sopas o ingredientes funcionales son opciones que reducen el peso de la estética y priorizan composición, sabor y utilidad.
Este enfoque coincide con tendencias de innovación alimentaria en las que subproductos y descartes agrícolas se transforman en ingredientes con mayor valor. La clave está en garantizar inocuidad, trazabilidad y aceptación del consumidor.
Repensar la selección de alimentos
El estudio de la Universidad Nacional de Colombia plantea una pregunta directa para productores, comercializadores y consumidores: ¿cuánta comida valiosa se pierde porque no se ve “perfecta”?
La respuesta no depende solo de la investigación científica. También requiere cambios en normas comerciales, educación del consumidor, compras públicas, estrategias de mercadeo y acuerdos entre productores y distribuidores.
Si los criterios de calidad incorporan valor nutricional, aprovechamiento integral y reducción de pérdidas, las zanahorias descartadas pueden dejar de ser un problema de desperdicio para convertirse en una oportunidad productiva.
Fuente(s) referenciales
Agencia de Noticias UNAL / Universidad Nacional de Colombia


