Cacao, plátano, maíz, arroz y pastizales enfrentan amenazas por inundaciones y deslizamientos, mientras los productores ecuatorianos refuerzan drenajes, podas y estructuras antes de las lluvias más intensas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El fortalecimiento de El Niño ha colocado bajo una doble amenaza climática a una extensa superficie agrícola de Manabí, en Ecuador. El Plan de Acción Nacional ante el evento identifica 506.281 hectáreas con susceptibilidad media a movimientos en masa, otras 14.664 hectáreas con susceptibilidad alta y más de 101.000 hectáreas expuestas a inundaciones. Cacao, plátano, maíz, arroz, café y pastizales figuran entre los sistemas productivos que podrían resultar afectados dependiendo de la ubicación y evolución de las lluvias.
Las cifras describen superficies expuestas o susceptibles y no hectáreas que ya hayan sufrido pérdidas. La diferencia es fundamental: el impacto efectivo dependerá de la intensidad y duración de las precipitaciones, la topografía, los drenajes, las condiciones del suelo y las medidas preventivas aplicadas en cada explotación.
La amenaza llega a una provincia donde la agricultura constituye una actividad económica esencial y donde el cacao tiene especial relevancia. Una investigación anterior con 1.060 agricultores ya había documentado la elevada vulnerabilidad climática de los productores de cacao de Manabí, asociada tanto con sequías como con inundaciones y alteraciones de los patrones de precipitación.
Inundaciones y deslizamientos amenazan zonas agrícolas diferentes
El riesgo no presenta la misma distribución en toda Manabí. Las áreas altas, laderas y estribaciones están más expuestas a deslizamientos, derrumbes y flujos de lodo, mientras los valles y terrenos próximos a las cuencas de los ríos Chone y Portoviejo concentran una mayor vulnerabilidad frente al anegamiento.
De las superficies agrícolas amenazadas por inundaciones, 69.272 hectáreas presentan susceptibilidad media y 32.006 hectáreas susceptibilidad alta. En estas zonas pueden quedar expuestos maíz, arroz, cacao y musáceas. En las áreas donde predominan los movimientos en masa, el riesgo se extiende también al café y a los pastizales utilizados por la ganadería.
El escenario de Manabí forma parte de una amenaza considerablemente mayor para Ecuador. El plan nacional identifica 494.274 hectáreas agrícolas con alta exposición a inundaciones y 606.584 hectáreas con alta exposición a movimientos en masa en diferentes provincias.
La situación ecuatoriana confirma que un episodio severo de El Niño puede afectar de formas distintas a los cultivos básicos: mientras determinadas regiones enfrentan exceso de agua, erosión y enfermedades asociadas con humedad, otras pueden experimentar períodos secos o alteraciones en la disponibilidad de agua para riego.
Los productores de plátano abren drenajes y apuntalan las plantas
En varias zonas productoras de Manabí las medidas preventivas ya comenzaron. Agricultores dedicados al plátano están limpiando y excavando zanjas para acelerar la evacuación del agua, además de apuntalar y anclar plantas con el objetivo de disminuir las pérdidas ocasionadas por vientos y corrientes fuertes.
Las precipitaciones se intensificaron desde agosto en sectores del norte y noroccidente de la provincia. El Carmen, Manga del Cura, La Concordia y áreas próximas a la cordillera aparecen entre las zonas donde los productores han observado lluvias y vientos de mayor intensidad.
El exceso de humedad plantea además un problema fitosanitario. La sigatoka negra puede deteriorar el área foliar de las musáceas y reducir la capacidad de las plantas para desarrollar fruta con la calidad exigida comercialmente. La combinación de lluvias persistentes, temperaturas favorables y dificultades para entrar oportunamente a las parcelas puede complicar el control.
Situaciones similares han sido observadas en otros países productores. En Costa Rica, por ejemplo, las lluvias intensas y la sigatoka han elevado el riesgo sobre las plantaciones de banano, mostrando cómo un problema climático puede transformarse simultáneamente en una presión productiva, sanitaria y logística.
El cacao necesita sacar rápidamente el exceso de agua
Los cacaocultores de Manabí también están preparando las fincas. Entre las acciones adoptadas aparecen podas para reducir la acumulación de sombra y humedad, limpieza de canales de drenaje, mantenimiento de albarradas y vigilancia de los niveles de agua dentro de las plantaciones.
La provincia posee unas 122.000 hectáreas destinadas al cacao, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos citados en la información revisada. La magnitud de esa superficie convierte la protección de las plantaciones en un asunto relevante no solo para las familias productoras, sino también para la cadena ecuatoriana de exportación.
La permanencia prolongada del agua alrededor de las raíces puede causar daños severos. Productores de la zona han reportado casos de árboles muertos después de permanecer durante más de dos semanas en terrenos anegados. Los árboles adultos tampoco quedan necesariamente protegidos frente a períodos extensos de saturación del suelo.
La humedad elevada también favorece enfermedades del cacao como moniliasis y problemas causados por especies de Phytophthora. La poda y el drenaje buscan modificar las condiciones dentro de las parcelas antes de que las precipitaciones intensas eleven todavía más la presión sanitaria.
Las lluvias también amenazan la calidad después de cosechar el cacao
El riesgo no termina cuando las mazorcas salen de la plantación. El cacao necesita una adecuada fermentación y posteriormente debe reducir su humedad mediante secado antes de almacenarse y comercializarse.
Las lluvias continuas dificultan el trabajo en tendales abiertos que dependen de períodos de radiación solar. Asociaciones y centros de acopio están reforzando marquesinas y algunos productores evalúan sistemas de secado artificial para disminuir el riesgo de deterioro del grano durante jornadas prolongadas de precipitación.
Esta protección poscosecha adquiere todavía mayor importancia en un año económicamente complejo para la cadena. Aunque Ecuador prevé aumentar el volumen comercializado, la caída de los precios internacionales está reduciendo los ingresos obtenidos por las exportaciones de cacao en 2026.
Una merma adicional de calidad causada por humedad, enfermedades o secado deficiente puede añadir presión sobre los márgenes de los agricultores. En un mercado de precios inferiores a los máximos alcanzados anteriormente, conservar la calidad comercial del grano adquiere mayor peso económico.
Guayas y Los Ríos concentran todavía más superficie expuesta
Manabí constituye uno de los focos de atención, pero no es la única región agrícola ecuatoriana amenazada. El Plan de Acción Nacional identifica en Guayas 268.761 hectáreas agrícolas con alta exposición a inundaciones, principalmente vinculadas con arroz, caña de azúcar, banano y cacao.
Los Ríos registra otras 121.289 hectáreas con exposición alta. Le siguen El Oro, con 43.858 hectáreas; Manabí, con 32.006 hectáreas dentro de la categoría alta frente a inundaciones; y Esmeraldas, con 26.776 hectáreas.
Para el banano ecuatoriano, el riesgo climático se suma a las exigencias sanitarias existentes. El país ya ha tenido que reforzar la vigilancia frente al Fusarium R4T en importantes zonas bananeras, por lo que una temporada de lluvias intensas obliga a mantener simultáneamente drenaje, bioseguridad y vigilancia fitosanitaria.
El Oro presenta una particularidad adicional: figura entre las provincias con exposición agrícola alta tanto a inundaciones como a movimientos en masa. Esto significa que las medidas de prevención deben responder a amenazas distintas incluso dentro de un mismo territorio.
Las carreteras pueden convertirse en otro punto crítico
El impacto potencial de El Niño no se limita a la superficie cultivada. Las carreteras rurales y los corredores que conectan las fincas con centros de acopio, industrias, mercados y puertos también pueden sufrir interrupciones por inundaciones o deslizamientos.
En Manabí existe preocupación por rutas que comunican zonas productoras con Pichincha, Flavio Alfaro, Chone, Tosagua y Rocafuerte. Una cosecha que sobreviva en la finca puede perder valor comercial si no consigue salir a tiempo, especialmente cuando se trata de productos perecederos.
Algunas empresas agropecuarias están incorporando esta posibilidad a sus planes de contingencia. En el sector avícola se han utilizado instalaciones situadas en zonas más elevadas, mientras actores de la industria analizan reservas privadas de maíz para disminuir su dependencia del transporte inmediato durante una eventual interrupción vial.
La planificación anticipada adquiere especial importancia porque los efectos de El Niño no son uniformes. Como ha mostrado el caso de zonas arroceras de Colombia afectadas por episodios anteriores de El Niño, la alteración del agua disponible puede modificar superficies cultivadas y decisiones productivas mucho antes de que exista un balance definitivo de pérdidas.
Seguro agrícola y crédito forman parte de la respuesta
El plan ecuatoriano incorpora instrumentos destinados a disminuir el impacto económico sobre los agricultores. Entre ellos figura Agroprotege, que contempla un subsidio de hasta el 80 % del costo del seguro agrícola para cultivos expuestos a riesgos climáticos asociados con El Niño.
También están previstas acciones de capacitación en manejo integrado de plagas, asistencia técnica relacionada con riego y medidas para proteger los suelos. Para explotaciones que sufran daños se contemplan mecanismos financieros a través de BanEcuador, entre ellos créditos de emergencia, reestructuración de obligaciones y aplazamientos de pagos.
Estas herramientas no eliminan el riesgo físico sobre las fincas. Su función es reducir parte de las consecuencias económicas y facilitar la recuperación cuando las medidas preventivas no sean suficientes para impedir daños.
La prevención se concentra ahora en agua, sanidad y acceso a las fincas
La prioridad inmediata para los productores de Manabí es mantener operativos los drenajes, proteger los cultivos frente al viento, disminuir condiciones favorables para enfermedades y vigilar los puntos donde el agua puede permanecer acumulada durante varios días.
Para el cacao, las medidas se extienden hasta fermentación y secado. En plátano, el apuntalamiento de plantas y el manejo de sigatoka adquieren mayor importancia. En arroz y maíz, la evolución de las inundaciones y el acceso a los campos determinarán qué labores pueden realizarse oportunamente.
La experiencia ecuatoriana también muestra por qué la amenaza climática debe analizarse junto con la estructura productiva de cada territorio. Ecuador combina cultivos destinados al mercado interno con grandes cadenas agroexportadoras, de modo que una alteración extensa de las lluvias puede repercutir desde las fincas familiares hasta la logística internacional.
Las más de 600.000 hectáreas identificadas en Manabí dentro de diferentes categorías de susceptibilidad no constituyen una estimación de pérdidas futuras. Son, en cambio, una señal territorial de dónde se concentra la exposición y de por qué las decisiones tomadas antes de las precipitaciones más intensas pueden resultar determinantes para limitar daños en cultivos, ganado, infraestructura y comunidades rurales.
Fuentes referenciales:
El Universo
Expreso


