Impacto Ambiental

Un estudio revela cuánto alimento puede salvarse tras la cosecha

Publicado el 19/10/2026 ·

Una revisión de 324 investigaciones en países del Sur Global identifica reducciones importantes de las pérdidas poscosecha mediante mejores sistemas de almacenamiento, transporte, conservación y manejo de los productos agrícolas.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Una investigación internacional ha identificado oportunidades importantes para reducir las pérdidas de alimentos que se producen después de la cosecha, especialmente en países de África, Asia y América Latina. El estudio, publicado en 2026 en la revista científica Advances in Agriculture, examinó 324 investigaciones sobre las causas del deterioro de los productos agrícolas y las medidas utilizadas para conservarlos hasta su comercialización.

Los resultados muestran que las pérdidas pueden disminuir considerablemente cuando los agricultores disponen de instalaciones adecuadas, mejores prácticas de manipulación, tecnologías de conservación y acceso oportuno a los mercados. Sin embargo, los investigadores advierten que la magnitud del problema varía entre cultivos, regiones y etapas de la cadena alimentaria.

El trabajo fue desarrollado por Abeeb Babatunde Omotoso, Abiodun Olusola Omotayo, Adeyemi Oladapo Aremu y Olaniyi Fawole, especialistas en agricultura, seguridad alimentaria y conocimientos tradicionales. Sus conclusiones fueron difundidas el 14 de octubre de 2026.

La investigación plantea una cuestión relevante para las explotaciones rurales: producir más alimentos no garantiza necesariamente una mayor disponibilidad para los consumidores si una parte considerable se deteriora antes de llegar al mercado.

Las pérdidas varían considerablemente entre los productos agrícolas

Los investigadores analizaron información correspondiente a distintos grupos alimentarios, incluidos cereales, hortalizas, frutas, raíces y tubérculos.

La revisión identificó diferencias importantes entre las estimaciones de pérdidas registradas en situaciones sin medidas adecuadas de prevención y aquellas observadas cuando se aplicaron intervenciones para mejorar la conservación.

En los cereales, las pérdidas estimadas sin intervenciones alcanzaron aproximadamente el 27,7 %. Con medidas de mitigación apropiadas, la cifra descendió hasta alrededor del 8,2 %.

En las hortalizas, los valores pasaron del 35,1 % al 7,3 %, mientras que en las frutas disminuyeron del 25,8 % al 6,2 %.

Las raíces y los tubérculos presentaron las mayores pérdidas estimadas entre los cuatro grupos examinados: un 42,9 % sin intervenciones y un 11,5 % cuando se aplicaron medidas de conservación.

Estas cifras corresponden a estimaciones sintetizadas a partir de investigaciones realizadas en contextos diferentes. No representan una tasa uniforme de pérdidas para todos los agricultores ni demuestran que una intervención aislada consiga esos resultados en cualquier explotación.

Su importancia reside en mostrar el margen de mejora que puede existir cuando se corrigen las deficiencias de manejo y conservación.

Las hortalizas y los tubérculos presentan grandes oportunidades de mejora

Los datos recopilados permiten comparar el comportamiento de diferentes grupos alimentarios frente a las pérdidas posteriores a la cosecha.

En las hortalizas, la diferencia entre las estimaciones sin intervención y con medidas de mitigación alcanza 27,8 puntos porcentuales.

En raíces y tubérculos, la diferencia es de 31,4 puntos porcentuales, la mayor entre los grupos examinados.

Para las frutas, la reducción estimada equivale a 19,6 puntos porcentuales, mientras que en los cereales alcanza 19,5 puntos.

Los investigadores consideran que estas diferencias ilustran el potencial de mejorar la conservación de alimentos que ya han sido producidos.

Sin embargo, las comparaciones deben interpretarse con cautela porque las investigaciones originales utilizaron metodologías, productos y condiciones de almacenamiento diferentes.

Una parte de los estudios examinó pérdidas de peso o volumen, mientras que otros consideraron deterioro de calidad, daños durante la manipulación o pérdidas registradas en distintas etapas comerciales.

Por tanto, los resultados permiten identificar tendencias y oportunidades, pero no deben utilizarse como una predicción exacta de los beneficios que obtendrá un agricultor concreto.

La pérdida de alimentos comienza antes de llegar al almacén

Una de las conclusiones centrales de la revisión es que las pérdidas poscosecha no se concentran exclusivamente durante el almacenamiento.

El deterioro puede comenzar en la recolección y continuar durante la manipulación, el transporte, el procesamiento y la comercialización.

Los daños físicos ocasionados durante la cosecha, los envases inadecuados, los retrasos en el traslado y la exposición prolongada a temperaturas desfavorables pueden reducir la calidad comercial de los productos.

En los alimentos perecederos, estos problemas adquieren especial importancia porque la maduración y otros procesos fisiológicos continúan después de la recolección.

Una investigación reciente con productores de tomate en Tanzania documentó cómo las lluvias impredecibles, las deficiencias de almacenamiento y las dificultades de transporte pueden provocar pérdidas importantes incluso después de completar satisfactoriamente la producción agrícola.

El nuevo análisis internacional amplía esa perspectiva al reunir resultados de numerosos productos y regiones.

Los autores destacan que las causas del deterioro suelen actuar simultáneamente. Un sistema de almacenamiento deficiente puede agravar las consecuencias de los retrasos del transporte, mientras que las condiciones climáticas pueden acelerar los daños cuando los alimentos permanecen demasiado tiempo sin protección.

Los caminos rurales y la refrigeración son parte del sistema productivo

El estudio identifica las limitaciones de infraestructura entre los principales obstáculos para reducir las pérdidas.

Los caminos rurales en mal estado dificultan el traslado de los productos desde las explotaciones hasta los centros de acopio y los mercados.

La falta de almacenes apropiados reduce las posibilidades de conservar la cosecha durante períodos de interrupción comercial.

En el caso de las frutas, hortalizas y otros alimentos perecederos, la ausencia de refrigeración puede acelerar el deterioro y limitar la distancia a la que pueden comercializarse.

Los investigadores sostienen que las instalaciones de almacenamiento, las carreteras, los centros de procesamiento y las cadenas de frío deben considerarse componentes del sistema de producción alimentaria, y no solamente servicios complementarios.

Esta interpretación tiene consecuencias para las inversiones agrícolas. Mejorar el rendimiento de un cultivo puede resultar insuficiente si la infraestructura disponible impide conservar y transportar la producción obtenida.

También explica por qué la rentabilidad de los agricultores depende de factores que van más allá de las semillas, la fertilización y el riego.

El almacenamiento hermético puede proteger los granos

Entre las alternativas de conservación identificadas por la revisión figura el almacenamiento hermético, basado en recipientes o envases que limitan el intercambio de aire con el exterior.

Estos sistemas pueden ayudar a proteger los granos almacenados frente a determinados procesos de deterioro, siempre que se utilicen de manera adecuada y con productos preparados para su conservación.

La protección del maíz y otros cereales constituye una preocupación importante para los pequeños productores que necesitan almacenar parte de sus cosechas durante varios meses.

Los problemas ocasionados por insectos en el maíz almacenado han impulsado investigaciones sobre alternativas de manejo que permitan reducir las pérdidas y la dependencia de determinados tratamientos químicos.

La revisión internacional considera que el almacenamiento hermético debe formar parte de un conjunto de opciones adaptadas a las condiciones locales.

No todos los agricultores disponen de los mismos recursos económicos, volúmenes de producción o necesidades de conservación.

Por ello, la selección de una tecnología debe considerar su costo, la disponibilidad de materiales y la capacidad de los productores para utilizarla y mantenerla correctamente.

El secado y las técnicas tradicionales conservan su importancia

La investigación también destaca que reducir las pérdidas no depende exclusivamente de equipos sofisticados.

El secado solar, la mejora de los envases y los sistemas de enfriamiento de bajo costo pueden complementar prácticas de conservación utilizadas durante generaciones.

Entre estas técnicas tradicionales figuran el secado, el ahumado, la salazón y la fermentación, cuya utilidad depende del alimento y de las condiciones de procesamiento.

Los autores consideran que combinar tecnologías apropiadas con conocimientos locales puede facilitar su adopción en comunidades rurales con recursos limitados.

La conservación de los productos debe responder a las características de cada cultivo. Los métodos apropiados para granos secos no son necesariamente adecuados para frutas frescas, tubérculos o productos de origen animal.

El control de la humedad representa un factor especialmente importante en numerosos sistemas de almacenamiento, porque las condiciones inadecuadas pueden favorecer el crecimiento de microorganismos y comprometer la calidad del producto.

Un estudio sobre la protección del maíz almacenado frente a hongos del género Fusarium ilustra el interés científico por desarrollar métodos que respondan a problemas concretos de conservación de granos.

La revisión de 324 investigaciones sitúa estas alternativas dentro de una estrategia más amplia que combina manejo, infraestructura, capacitación y acceso a los mercados.

La falta de financiación limita las mejoras en las explotaciones

Los investigadores identificaron las restricciones económicas como una de las principales barreras para reducir las pérdidas de alimentos.

Muchos pequeños agricultores no disponen de recursos suficientes para adquirir instalaciones de almacenamiento, equipos de procesamiento o sistemas de refrigeración.

La falta de acceso al crédito también puede impedir la adopción de tecnologías que, en determinadas condiciones, resultarían beneficiosas para conservar la producción.

El problema se agrava cuando los precios agrícolas fluctúan o cuando una cosecha abundante supera temporalmente la capacidad de compra de los mercados.

En esas circunstancias, los productores pueden encontrarse con grandes cantidades de alimentos perecederos y pocas posibilidades de conservarlos hasta que aparezcan compradores.

Los autores proponen considerar instrumentos financieros como préstamos accesibles, subvenciones específicas, garantías y mecanismos para compartir riesgos.

Sin embargo, advierten que financiar la compra de equipos no garantiza por sí solo una reducción sostenida de las pérdidas.

Las inversiones deben acompañarse de capacitación, mantenimiento y condiciones comerciales que permitan utilizar las instalaciones durante períodos prolongados.

Las cooperativas pueden facilitar la adopción de mejores prácticas

La investigación destaca la importancia de los servicios de extensión agrícola, las organizaciones de productores y las cooperativas para mejorar el manejo poscosecha.

Estas entidades pueden organizar demostraciones prácticas, ofrecer formación y facilitar el acceso colectivo a instalaciones que resultarían demasiado costosas para agricultores individuales.

Los centros de procesamiento, las empresas proveedoras de equipos y las organizaciones de desarrollo rural también pueden contribuir a extender soluciones adaptadas a las necesidades locales.

Los investigadores consideran que la capacitación debe incluir la selección, utilización y conservación de las tecnologías, no solamente su instalación inicial.

Una infraestructura que deja de funcionar por falta de mantenimiento o que no se adapta al producto agrícola puede generar costos sin proporcionar los beneficios esperados.

Por ello, el estudio recomienda desarrollar programas integrados que combinen tecnología, formación, financiación, transporte y acceso a mercados.

El objetivo es evitar que las inversiones queden limitadas a proyectos aislados que no consiguen modificar las condiciones generales de comercialización de las cosechas.

Las agricultoras deben participar en las decisiones

Otro aspecto destacado por los autores es la participación de las mujeres en las actividades posteriores a la cosecha.

En numerosas comunidades rurales, las mujeres desempeñan funciones importantes en la manipulación, transformación, conservación y comercialización de alimentos.

Sin embargo, pueden enfrentar dificultades específicas para acceder al crédito, a los programas de capacitación y a las tecnologías de procesamiento.

La investigación recomienda incorporar su participación desde el diseño de los programas y evaluar cómo se distribuyen los beneficios de las intervenciones entre diferentes grupos de productores.

También plantea la necesidad de recopilar información que permita identificar diferencias en el acceso a equipos, financiación y asistencia técnica.

Este enfoque busca que las mejoras en la conservación de alimentos respondan a las condiciones reales de quienes participan en las distintas etapas de la cadena agrícola.

Medir correctamente las pérdidas permitirá orientar las inversiones

Una de las principales limitaciones detectadas en la revisión es la falta de uniformidad en las investigaciones disponibles.

Los autores encontraron estudios que utilizaban diferentes indicadores, métodos de medición y definiciones de pérdidas poscosecha.

Además, una parte importante de la investigación existente se concentra en el almacenamiento de alimentos básicos como el maíz, el arroz y las legumbres.

En comparación, existen vacíos de información sobre frutas, hortalizas, raíces, tubérculos y productos de origen animal.

Estas diferencias dificultan determinar con precisión dónde se producen las mayores pérdidas y cuáles son las inversiones más eficaces para evitarlas.

Los investigadores recomiendan desarrollar métodos estandarizados, adaptados a cada región y grupo alimentario, que permitan comparar los resultados de manera más confiable.

Entre las herramientas propuestas figuran las encuestas a agricultores y hogares, las mediciones directas en campo, las evaluaciones de almacenes y mercados y el seguimiento de productos durante las distintas etapas de comercialización.

Una información más precisa permitiría orientar los recursos hacia los puntos donde las pérdidas son mayores y donde las intervenciones pueden ofrecer mejores resultados.

Reducir las pérdidas puede aumentar los alimentos disponibles sin sembrar más

La investigación destaca una oportunidad importante para los sistemas agrícolas del Sur Global: aumentar la cantidad de alimentos disponibles mediante un mejor aprovechamiento de las cosechas existentes.

Cuando una parte de la producción se pierde después de la recolección, también se desaprovechan los recursos utilizados para obtenerla, incluidos tierra, agua, fertilizantes, energía y trabajo agrícola.

Reducir ese deterioro puede mejorar la proporción de producto que llega al mercado y contribuir a proteger los ingresos de los agricultores.

Sin embargo, los beneficios económicos dependerán de los costos de las intervenciones y de las condiciones comerciales de cada región.

El estudio no demuestra que una única tecnología pueda resolver el problema de las pérdidas poscosecha en todos los países.

Su aportación consiste en reunir evidencia de 324 investigaciones y mostrar que las mejoras más consistentes requieren actuar sobre varios factores al mismo tiempo.

Para los autores, la prioridad no debe limitarse a incrementar la producción agrícola. También es necesario fortalecer las condiciones que permiten conservar, transportar, procesar y comercializar los alimentos que los agricultores ya producen.

Fuentes referenciales:
Advances in Agriculture — Reducing Postharvest Losses in the Global South: A Meta-Analytical Framework for Food Policy Intervention (2026)
The Conversation — Análisis de los investigadores sobre pérdidas poscosecha, difundido el 14 de octubre de 2026