La Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines advierte que la reducción del agua para riego compromete el ciclo norte-verano y recomienda ajustar la superficie sembrada, conservar la humedad del suelo y reforzar la planificación hídrica
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
La sequía, las altas temperaturas y la disminución de las reservas de agua para riego están elevando el riesgo para las próximas siembras del ciclo norte-verano en Venezuela. La Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (SVIAA) emitió a comienzos de octubre una alerta dirigida a los productores y señaló entre los cultivos particularmente expuestos al arroz, frijol, ajonjolí y girasol.
El gremio recomienda que las explotaciones dependientes de sistemas de riego revisen antes de sembrar cuánta agua tendrán realmente disponible durante todo el ciclo productivo. La advertencia implica una decisión especialmente sensible: ajustar la cantidad de hectáreas cultivadas a la capacidad hídrica de cada unidad de producción para reducir el riesgo de establecer superficies que posteriormente no puedan mantenerse.
La alerta aparece cuando la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirma que El Niño está firmemente establecido en el Pacífico tropical y continuará intensificándose. Su actualización de septiembre sitúa en cerca del 100 % la probabilidad de que el episodio persista hasta febrero de 2027 y prevé que alcance una intensidad muy fuerte antes de su máximo hacia finales de 2026.
La situación introduce una nueva variable sobre la campaña agrícola venezolana después de un periodo en el que el país inició la cosecha de cereales con 503.037 hectáreas de maíz sembradas. Ahora la atención comienza a desplazarse desde la recolección del ciclo de invierno hacia la disponibilidad de agua necesaria para establecer y sostener las siembras siguientes.
El agua disponible determinará cuántas hectáreas pueden sembrarse
Saúl Elías López, presidente de la SVIAA, advirtió que la reducción de los volúmenes de agua destinados al riego puede comprometer la viabilidad de los cultivos del ciclo norte-verano. Entre las recomendaciones difundidas por la organización figura evaluar previamente el terreno y comprobar la humedad del suelo antes de sembrar o aplicar fertilizantes.
El criterio busca evitar que las decisiones se basen únicamente en la superficie disponible o en las expectativas comerciales. En condiciones de déficit hídrico, la capacidad para suministrar agua durante las fases críticas del cultivo puede convertirse en el factor que determine tanto la superficie viable como el rendimiento final.
El arroz merece especial atención debido a su dependencia de una gestión hídrica adecuada. Venezuela había llegado a esta etapa con perspectivas favorables para el sector: los productores proyectaron para 2026 una cosecha superior a 1,4 millones de toneladas de arroz paddy, apoyada en la recuperación de superficie y capacidad productiva en estados como Portuguesa y Guárico.
Una menor disponibilidad de agua durante el nuevo ciclo no implica automáticamente una caída de esa magnitud ni permite anticipar todavía el resultado de las próximas cosechas. La alerta de la SVIAA se refiere al riesgo que afrontarán las nuevas siembras si las reservas destinadas al riego no resultan suficientes durante su desarrollo.
Frijol, ajonjolí y girasol también entran en la planificación
Además del arroz, la organización incluye entre los rubros expuestos al frijol, el ajonjolí y el girasol. Se trata de cultivos con características agronómicas diferentes, por lo que la respuesta frente al déficit de agua no puede aplicarse de manera uniforme.
El frijol forma parte de las leguminosas tradicionalmente cultivadas en Venezuela. La producción nacional de estos granos ha atravesado importantes fluctuaciones y el país mantiene antecedentes productivos con caraota, frijol, quinchoncho y otras leguminosas que pueden formar parte de los ciclos agrícolas de diferentes regiones.
El girasol, por su parte, posee antecedentes particulares en los Llanos venezolanos. Su sistema radical profundo le permite aprovechar agua almacenada en capas del suelo que quedan fuera del alcance de cultivos con raíces más superficiales. Sin embargo, esa característica no elimina la necesidad de contar con humedad suficiente durante las etapas determinantes del desarrollo.
El cultivo llegó a superar históricamente las 100.000 hectáreas anuales en Venezuela antes de atravesar una fuerte contracción. Portuguesa ha sido considerada una de las regiones con mejores condiciones para recuperar el girasol durante el ciclo de nortes, precisamente por la posibilidad de aprovechar la humedad residual después de la temporada lluviosa.
La SVIAA recomienda conservar la humedad antes de sembrar
Entre las medidas planteadas por los ingenieros agrónomos se encuentran el uso de rastrojos y coberturas vegetales, la mínima labranza, el control de malezas y el seguimiento del comportamiento histórico de las precipitaciones en cada región.
Estas prácticas tienen un objetivo común: reducir las pérdidas de humedad y utilizar con mayor eficiencia el agua almacenada en el perfil del suelo. Mantener residuos vegetales sobre la superficie puede disminuir la exposición directa del terreno al sol y al viento, mientras una menor perturbación mecánica puede ayudar a conservar estructura y humedad cuando las condiciones agronómicas permiten aplicarla.
La organización también recomienda conocer la humedad existente antes de fertilizar. En un escenario de escasez de agua, aplicar insumos sin considerar las condiciones del suelo puede reducir su aprovechamiento por las plantas y aumentar el riesgo económico para el productor.
La gestión del agua frente a El Niño no es una preocupación nueva para la agricultura venezolana. análisis anteriores ya habían planteado la necesidad de mejorar el riego, almacenar agua y utilizar coberturas vegetales para afrontar episodios secos asociados a El Niño. La diferencia actual es que el país entra en el último trimestre de 2026 con un episodio fuerte ya consolidado y con nuevas advertencias sobre las reservas destinadas a las próximas siembras.
La OMM prevé que El Niño se intensifique hasta finales de 2026
La OMM informó el 3 de septiembre que El Niño está establecido y que las anomalías cálidas de la superficie del Pacífico ecuatorial continúan intensificándose. Sus centros mundiales de predicción estiman una probabilidad cercana al 100 % de persistencia tanto durante septiembre-noviembre de 2026 como durante diciembre de 2026-febrero de 2027.
Para septiembre-noviembre, el conjunto de modelos de la organización proyecta que la anomalía media de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 alcance aproximadamente 3,6 °C, con un máximo previsto hacia noviembre-diciembre. La OMM describe el episodio esperado como de intensidad “muy fuerte”.
La institución internacional advierte, sin embargo, que El Niño no produce exactamente las mismas condiciones meteorológicas en todos los países o regiones. Sus efectos dependen de las características locales y de la interacción con otros componentes del sistema climático. Por ello, una perspectiva global de El Niño no sustituye los pronósticos nacionales, regionales y locales necesarios para decidir fechas de siembra o necesidades de riego.
Esta precisión es relevante porque algunas comunicaciones venezolanas han empleado la expresión “súper El Niño”. La OMM no utiliza “Super El Niño” como categoría oficial; su terminología actual señala que el evento de 2026 se encamina hacia una intensidad muy fuerte.
Una guía técnica busca apoyar las decisiones de los productores
Como parte de la respuesta, la SVIAA informó de la activación de una guía de contingencia climática dentro de Crediagro, plataforma integrada en el ecosistema Agroo Educa. La herramienta está dirigida a agricultores, ganaderos y avicultores y ofrece información para afrontar condiciones climáticas adversas, además de servicios vinculados con financiamiento y adquisición de insumos y maquinaria.
La iniciativa incorpora así una dimensión económica al manejo agronómico. Reducir una superficie planificada, modificar labores o invertir en medidas de conservación de agua implica decisiones financieras que deben tomarse antes de que el cultivo esté establecido.
El contexto comercial también aumenta la importancia de planificar cuidadosamente la próxima campaña. Durante septiembre, productores venezolanos ya habían advertido sobre dificultades de comercialización e importaciones que presionaban las cosechas nacionales de arroz, maíz y azúcar. Un escenario de menor disponibilidad hídrica añade ahora un riesgo productivo a esas tensiones de mercado.
La decisión inmediata está en cada unidad de producción
La advertencia de la SVIAA no establece una reducción nacional de superficie ni cuantifica todavía pérdidas de cosecha. Su mensaje central es preventivo: antes de comprometer semillas, fertilizantes, combustible, maquinaria y financiamiento, cada productor debe contrastar la superficie prevista con el agua realmente disponible.
La evolución de las lluvias durante los próximos meses determinará cuánto de este riesgo termina materializándose. La persistencia de El Niño hasta comienzos de 2027 obliga, entretanto, a mantener seguimiento meteorológico y agronómico, especialmente en las áreas donde las siembras de norte-verano dependen de embalses, canales, pozos u otras fuentes de riego.
Para los agricultores venezolanos, la planificación del nuevo ciclo pasa así por una combinación de decisiones: medir humedad, conservar agua en el suelo, ajustar la superficie, controlar malezas, revisar las reservas hídricas y seguir los pronósticos locales. Son medidas destinadas a evitar que una siembra iniciada con recursos insuficientes termine convirtiéndose en una pérdida productiva y económica.
Fuentes referenciales:
Federación Nacional de Avicultura de Venezuela — Alerta de la SVIAA sobre las siembras del ciclo norte-verano
Organización Meteorológica Mundial — El Niño/La Niña Hoy, septiembre de 2026
Organización Meteorológica Mundial — Global Seasonal Climate Update, septiembre-noviembre de 2026


