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Nueva oportunidad para el cultivo de girasol en Venezuela


Pedro Raúl Solórzano Peraza


Leyendo informaciones recientes de algunos productores agrícolas del estado Portuguesa, veo con agrado que nuevamente se propone el cultivo de girasol como una opción para las siembras durante el período conocido como Nortes, el cual ocurre en esta región del país después de la temporada de lluvias. Como un aporte a esta iniciativa, considero oportuno divulgar otra vez dos artículos que escribí en relación al cultivo de girasol, con las modificaciones correspondientes para actualizar su contenido, el primero publicado en el mes de septiembre del año 2017 y el otro en junio del año pasado.

Los dos artículos en cuestión son los siguientes:

¿SABÍA USTED?

EL GIRASOL, UN CULTIVO QUE VENCE LA SED

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Septiembre de 2017

El girasol  (Helianthus annuus) es un cultivo muy interesante debido a que su semilla acumula un alto porcentaje de aceite comestible de excelente calidad, y el subproducto, después de la extracción del aceite, es una torta de gran utilidad en la elaboración de alimentos balanceados para animales. Siendo una semilla oleaginosa, su producción en el país vendría a contribuir en la disminución de la dependencia que tenemos de mercados externos, desde donde importamos grandes volúmenes de aceites y grasas comestibles visibles cada año.

En el país su producción ha sido muy variable durante los últimos 25 años, y el girasol se ha promocionado como una planta de buenas perspectivas en regiones de errática precipitación, tales como algunos sectores de los Llanos Centrales, y en las sabanas orientales con suelos de baja capacidad de retención de humedad, donde cortos períodos secos durante la estación lluviosa pueden causar estragos en cultivos sensibles a esta situación. Igualmente, se ha promocionado como segundo cultivo (período de Nortes a salidas de la temporada de lluvias) en los Llanos Occidentales, todo lo cual se debe a que es una planta con un sistema radical profundo, capaz de aprovechar agua y nutrientes que escaparían a otras plantas cultivadas que tienen raíces más superficiales. Por esto consideramos que el girasol es un cultivo que vence la sed.

El girasol se ha estado evaluando en diversas regiones del país desde principios de los años setenta por parte de dos especialistas del FONAIAP, Voinea y Mazzani. Las evaluaciones comenzaron por el estado Guárico con unas variedades de origen rumano, al igual que Voinea, que sembraron de amarillo las agrestes tierras en la ruta Chaguaramas-Las Mercedes del Llano. Aquello era una novedad en una región donde solo se conocía el blanco del algodonero que sembraban algunos productores con el concurso y apoyo de las empresas textileras, y para ese entonces, el alegre tono rojizo de las panículas de sorgo granífero que comenzaba a despuntar como un cultivo ideal para esa región ganadera del país.

Posteriormente se introdujeron materiales de girasol de USA, y cuando las evaluaciones se extienden a los Llanos Occidentales, también se trabaja con cultivares de origen argentino y de otros lugares. Luego de varios años, en la medida que se fueron obteniendo resultados favorables, el girasol se convirtió en una opción cierta y se comenzaron siembras comerciales que en un momento superaron las 100.000 ha anuales.

El estado Portuguesa se convirtió en el principal productor de este grano oleaginoso, en parte porque las condiciones durante el período de Nortes son muy favorables, ya que hay humedad edáfica suficiente para una buena germinación de las semillas y para cubrir sus requerimientos hídricos en las etapas de rápido crecimiento, hay un ambiente con baja humedad relativa poco propicio para enfermedades foliares y ocurre un período seco para el momento de la maduración del grano y la recolección, lo cual es muy conveniente. Quizás esta región del país sea la mejor para este cultivo, aunque no hay que descuidar otras donde se pueda cultivar girasol con bastante éxito.

En esos ciclos de Nortes, el girasol se siembra como segundo cultivo o cultivo complementario. Esto significa que después del cultivo principal que ocupa el primer pico de las lluvias, el cual puede ser maíz o arroz, o eventualmente soya ya que se han estado sembrando algunos cultivares que se comportan bien durante el ciclo de lluvias de esta región, se viene la siembra de girasol.  En estas condiciones, este segundo cultivo puede aprovechar el efecto residual de los fertilizantes fosfáticos y potásicos aplicados al cultivo principal, disminuyendo los costos de producción por concepto de fertilizantes. En el caso de que fuese soya el cultivo principal, posiblemente también se puedan disminuir las dosis de fertilizante nitrogenado para el girasol.

Basados sobre todo ese conocimiento que se tiene del cultivo, y la necesidad de producir fuentes de aceites comestibles en el país, es perentorio, apremiante, promover la siembra comercial de girasol en aquellos sistemas suelo-clima donde se tienen experiencias favorables, pero además mantener una evaluación permanente de los cultivares que pudieran tener buen comportamiento en esos sistemas, y de todas aquellas prácticas agronómicas que puedan contribuir a mejorar la productividad del cultivo. Paralelamente, organizar un flujo suficiente y oportuno de los insumos requeridos para que las siembras puedan llegar a un final satisfactorio, con buenos rendimientos y  productos de elevada calidad.

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Septiembre de 2017

SOYA, GIRASOL Y EL CICLO DE NORTES

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Junio de 2021

Soya y girasol son dos especies oleaginosas, cultivadas, que contienen concentraciones importantes de aceite comestible de muy buena calidad en sus semillas. Luego de la extracción del aceite, ambos granos, adicionalmente, dejan una excelente torta para preparar una harina muy útil en la elaboración de alimentos balanceados para animales. En esto, la soya ha sido por años insustituible, ya que tiene un alto contenido de proteína bien balanceada por su concentración de aminoácidos esenciales.

El cultivo de la soya se está arraigando en los llanos occidentales del país, y al mismo tiempo, ha continuado el interés por su siembra en regiones de comprobada adaptación como son los llanos centrales de Guárico y las sabanas orientales de Anzoátegui y Monagas.

En relación al girasol, en el país su producción ha sido cíclica durante los últimos 25 años, estando en la actualidad prácticamente en cero, especialmente durante los dos últimos años. Se ha promocionado por ser un cultivo de buenas perspectivas en regiones de errática precipitación, tales como algunos sectores de los llanos centrales, y en las sabanas orientales con suelos de baja capacidad de retención de humedad. Igualmente, se ha promocionado como segundo cultivo (ciclo de Nortes) en los Llanos Occidentales, todo lo cual se debe a que es una planta con un sistema radical profundo, capaz de aprovechar agua y nutrientes que escaparían a otras plantas cultivadas que tienen raíces más superficiales.

Ambos cultivos tienen algo de historia dentro de la agricultura venezolana. Con la soya hay reportes desde los años cincuenta de algunos intentos que se realizaron para conocer este cultivo en el país, pero no es sino hacia finales de los sesenta cuando se logró una siembra comercial importante en los Valles de Aroa, y a partir de allí se realizaron centenares de intentos por popularizar este cultivo, que por una variedad de razones terminaron sin mayor éxito. Sin embargo, en los años recientes ha ocurrido un repunte con lo que han denominado La Ruta de la Soya, un movimiento que nació en Portuguesa y es  organizado y llevado adelante por los propios agricultores, y ha sido respaldado por las diversas asociaciones gremiales de la región. Este impulso reciente y el esfuerzo que le han dado los agricultores a la soya, es la razón más importante para el éxito que ha tenido este cultivo, el cual comenzó en Portuguesa pero hoy se observa en Guárico, Anzoátegui, Monagas, Lara, Yaracuy y otras regiones del país.

El girasol, por su parte, se ha estado evaluando en diversas regiones desde principios de los años setenta, aunque en aquel momento no pasó de ser una novedad. Posteriormente, se introdujeron materiales de USA, y cuando las evaluaciones se extienden a los llanos occidentales, también se trabaja con cultivares de origen argentino y de otros lugares. Luego de varios años, en la medida que se fueron obteniendo resultados favorables, el girasol se convirtió en una opción cierta y se comenzaron siembras comerciales que en un momento superaron las 100.000 ha anuales.

Con la disponibilidad actual de nuevos cultivares de soya, se ha logrado tener buenos resultados en casi todo el país con siembras de secano (sembrando desde el mes de mayo hasta julio), y en los llanos occidentales en particular en lo que han llamado siembras agosteras y en siembras de Nortes. Para estas siembras tardías, del ciclo de Nortes, se debe trabajar con variedades precoces por sus menores requerimientos hídricos que las variedades de ciclo intermedio y largo.

En esos ciclos denominados Nortes, girasol y soya se pueden sembrar como segundo cultivo o cultivo complementario. Esto significa que después del cultivo principal que ocupa el primer pico de las lluvias, el cual puede ser maíz o arroz, se viene la siembra de la oleaginosa.  En estas condiciones, este segundo cultivo puede aprovechar el efecto residual de los fertilizantes fosfáticos y potásicos aplicados al cultivo principal, disminuyendo los costos de producción por concepto de fertilizantes.

La soya es un cultivo bondadoso, y en los ciclos de Nortes aprovecha el efecto residual de los nutrientes P y K aplicados al cultivo principal (maíz o arroz), y con una buena inoculación de la semilla con Bradyrhizobium japonicum, prácticamente no necesita la aplicación de fertilizantes. En el caso del girasol, también aprovecharía el efecto residual de los nutrientes P y K, y solamente requeriría la aplicación de fertilizante nitrogenado. Por supuesto, para ambos cultivos, es recomendable disponer de un análisis de suelo reciente y poder conocer el estado de fertilidad de los suelos, que permita decidir si el efecto residual de los nutrientes es suficiente o se requiere aplicar dosis modestas de P y K mediante la fertilización edáfica convencional.

Pedro Raúl Solórzano Peraza

Junio 2021

Como complemento a esos dos artículos, y ya que en ellos se expresa la utilidad que tiene el efecto residual de los nutrientes aplicados en los fertilizantes a los cultivos del ciclo de lluvias, es pertinente añadir lo siguiente:

1.-Para aprovechar adecuadamente el efecto residual de los fertilizantes durante el período de Nortes, es recomendable disponer de un análisis de suelos reciente que permita conocer el estado de fertilidad de los mismos y poder realizar los ajustes que sean requeridos. Por supuesto, en el caso de girasol, siempre será necesario aplicar fertilizantes nitrogenados, ya que este nutriente no se acumula en el suelo. Para la soya, realizar una buena inoculación de la semilla con el rizobio correspondiente antes de la siembra.

2.-Para una balanceada nutrición de las plantas, es necesario complementar la fertilización con aspersiones foliares de nutrientes, para lo cual se debe utilizar productos de reconocida calidad existentes en el mercado nacional.

3.-Recordar que una buena polinización de las flores en el cultivo de girasol requiere del concurso de la presencia de abundantes abejas. En general las abejas silvestres que realizan estas funciones no son suficientes, y es preciso aumentar las poblaciones de estos insectos con la colocación estratégica de apiarios en los campos cultivados.


Pedro Raúl Solórzano Peraza es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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