El biocarbón no impulsa el rendimiento de la papa, pero sí puede fortalecer el suelo a largo plazo


Un estudio en Noruega muestra que este material tuvo escaso impacto en la cosecha de papa, aunque dejó señales positivas sobre la estabilidad del suelo, la retención de agua y el almacenamiento de carbono


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

El uso de biocarbón se ha convertido en una de las alternativas más observadas dentro de la agricultura sostenible por su potencial para mejorar la calidad del suelo y reducir emisiones. Sin embargo, cuando esta tecnología se lleva al terreno productivo, los resultados no siempre responden a las expectativas de un aumento directo en los rendimientos.

Esa fue precisamente la conclusión de un proyecto desarrollado durante tres años por investigadores del Norwegian Institute of Bioeconomy Research, que evaluó el comportamiento del biocarbón en cultivos de papa bajo condiciones agrícolas de Noruega. El trabajo reveló que su aplicación tuvo un efecto muy limitado sobre la producción, aunque sí dejó indicios de beneficios relevantes para la salud del suelo y el balance climático.

Un ensayo prolongado en parcelas agrícolas reales

La investigación se centró en comprobar si el biocarbón podía mejorar el rendimiento de la papa en sistemas productivos con buen manejo agronómico. Para ello, los especialistas trabajaron en distintos ensayos de campo durante tres campañas consecutivas, analizando tanto la producción final como variables relacionadas con la estructura y el comportamiento del suelo.

El equipo probó distintas dosis de aplicación y también evaluó el uso del material combinado con fertilizantes orgánicos y minerales. Incluso se ensayó una variante enriquecida con bentonita, un tipo de arcilla mineral utilizada para modificar ciertas propiedades físicas del suelo.

Los resultados fueron claros: en la mayoría de los lotes no se detectaron diferencias estadísticamente significativas entre las parcelas tratadas con biocarbón y aquellas manejadas sin este insumo. La respuesta productiva fue, en general, reducida o incierta.

Una excepción puntual en un ensayo de gran escala

Dentro del conjunto de pruebas hubo un caso particular que sí mostró una mejora moderada del rendimiento. Se trató de un ensayo realizado en 2022 en Romedal, en el condado de Innlandet, donde se observó un incremento productivo frente a las parcelas testigo.

No obstante, ese resultado no se repitió de forma consistente en las campañas posteriores ni en otros cultivos de rotación como los cereales. Esto llevó a los investigadores a concluir que el biocarbón, por sí solo, no representa una solución inmediata para elevar el volumen de cosecha en sistemas agrícolas que ya cuentan con suelos fértiles y condiciones favorables de producción.

Más valor en el suelo que en la cosecha inmediata

Aunque el impacto sobre la producción fue discreto, el estudio sí encontró señales de mejora en aspectos clave de la calidad del suelo. Las muestras analizadas mostraron un aumento del carbono activo, un indicador vinculado con la actividad biológica y el dinamismo del sistema edáfico.

Este dato resulta importante porque un suelo con mayor actividad biológica suele tener mejor capacidad de reciclaje de nutrientes, mayor estabilidad estructural y mejores condiciones para sostener cultivos en el tiempo.

Los investigadores también observaron que el biocarbón puede ayudar a estabilizar la estructura física del terreno. Esto podría traducirse en una mejor retención de humedad y una menor susceptibilidad a la erosión, especialmente en suelos livianos o arenosos.

Un aporte posible frente al desafío climático

Uno de los puntos más relevantes del trabajo tiene que ver con el papel del biocarbón en la reducción de emisiones agrícolas. Este material se produce mediante el calentamiento de materia orgánica en ausencia de oxígeno, un proceso que permite fijar carbono de forma más estable.

En lugar de liberarse rápidamente como dióxido de carbono, parte de ese carbono queda almacenado en el suelo por largos periodos. En un contexto de creciente presión para reducir la huella climática del agro, esta propiedad puede convertirse en un argumento importante para su adopción estratégica.

Aunque los efectos sobre la productividad no fueron contundentes en este ensayo, su valor ambiental sigue siendo un aspecto de interés para productores que buscan sistemas más resilientes y sostenibles.

El contexto del suelo define la respuesta

Uno de los principales mensajes que deja esta experiencia es que el comportamiento del biocarbón depende en gran medida del tipo de suelo, del clima y de las condiciones iniciales del lote.

En este caso, las pruebas se realizaron en tierras fértiles y bien manejadas, donde el margen de mejora era reducido desde el inicio. Bajo ese escenario, era menos probable observar saltos significativos de rendimiento.

Esto abre la posibilidad de que los efectos sean más notorios en zonas con menor fertilidad, en suelos degradados o en ambientes con estrés hídrico frecuente. Allí, la mejora en la retención de agua y en la estructura podría generar una respuesta agronómica más visible.

Los especialistas consideran que todavía hace falta ampliar la evidencia sobre los efectos de largo plazo, así como evaluar cómo responde esta tecnología en distintos cultivos y regiones productivas. El biocarbón, más que una fórmula rápida para producir más, aparece como una herramienta de manejo con potencial para fortalecer la base productiva del suelo a futuro.

Referencias

Phys.org: Biochar has limited effect on potato yields—but may improve soil and climate (10 de abril de 2026).



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