Un estudio nacional de la Universidad de Nebraska advierte sobre concentración productiva, presión sobre acuíferos y nuevas fronteras de manejo del agua
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La agricultura irrigada de Estados Unidos atraviesa una transformación silenciosa, pero de alto impacto para la seguridad alimentaria, la política hídrica y la economía rural. Un estudio desarrollado por investigadores del Daugherty Water for Food Global Institute, de la Universidad de Nebraska, ofrece una evaluación nacional sobre el estado reciente del riego agrícola en el país y plantea cuáles son los principales desafíos para sostener su viabilidad en los próximos años.
El trabajo, publicado en la revista Agricultural Water Management, lleva por título Irrigated agriculture in the United States: Current status and future frontiers y fue elaborado por Ivo Zution Gonçalves, Christopher Neale, Thais Murias Jardim, Regiane de Carvalho Bispo, Randall Ritzema y Renata Rimšaitė. La investigación se apoyó en múltiples conjuntos de datos y en análisis geoespaciales para observar dónde se concentra hoy la agricultura bajo riego, hacia dónde se está desplazando y qué cambios serán necesarios para mantener su papel dentro del sistema agroalimentario estadounidense.
Una agricultura irrigada concentrada en pocos estados
Uno de los datos centrales del estudio es que la agricultura irrigada estadounidense sigue altamente concentrada. California, Nebraska, Arkansas, Texas e Idaho reúnen aproximadamente la mitad de toda la superficie agrícola irrigada del país. Esta concentración convierte las decisiones de manejo del agua en esos territorios en un factor de alcance nacional, porque cualquier restricción, ajuste normativo o presión sobre los recursos hídricos puede tener efectos sobre la producción interna de alimentos.
La relevancia de estos cinco estados no se limita al volumen de hectáreas bajo riego. También refleja la dependencia de regiones agrícolas enteras respecto de fuentes de agua cada vez más exigidas, tanto por la extracción subterránea como por la variabilidad climática y el aumento de costos operativos. En ese escenario, la irrigación deja de ser solo una herramienta productiva y se convierte en un eje de planificación territorial, energética y económica.
El desplazamiento hacia el este cambia el mapa agrícola
El estudio identifica un cambio gradual en la distribución geográfica del riego agrícola: la actividad muestra señales de desplazamiento hacia el este del país. Esta tendencia aparece vinculada a la presión que enfrenta el Acuífero de las Grandes Llanuras, especialmente en zonas donde la extracción de agua subterránea limita la continuidad de los sistemas productivos tradicionales.
A medida que algunas áreas del oeste y de las Grandes Llanuras enfrentan restricciones por agotamiento de acuíferos, parte de la expansión agrícola bajo riego se dirige hacia estados orientales, donde la disponibilidad de agua superficial y las lluvias son más abundantes. Este movimiento no solo modifica el mapa productivo, sino que también plantea nuevas demandas sobre infraestructura, uso del suelo y marcos de política agrícola en regiones que históricamente no estuvieron asociadas con sistemas de riego a gran escala.
La relación causa y resultado es clara: la reducción de disponibilidad de agua subterránea en zonas tradicionales empuja a buscar áreas con mayor oferta hídrica relativa, pero ese desplazamiento exige capacidades nuevas en territorios que no siempre cuentan con infraestructura, gobernanza o experiencia técnica equivalente.
Maíz y soja ganan terreno bajo riego
La investigación también detecta cambios en los cultivos que dependen de irrigación. En los últimos años aumentó la superficie irrigada de maíz y soja, mientras que disminuyó la superficie bajo riego destinada a alfalfa, algodón y arroz. Esta reconfiguración responde a una combinación de condiciones de mercado, disponibilidad regional de agua y esfuerzos por utilizar de forma más eficiente los recursos hídricos limitados.
El dato es importante porque muestra que el debate sobre el riego no se reduce a cuánta agua se usa, sino también a qué cultivos la demandan, dónde se ubican y qué rentabilidad o prioridad productiva tienen dentro de cada región. En sistemas agrícolas de gran escala, el cambio de cultivos irrigados puede alterar cadenas de suministro, decisiones de inversión y estrategias de manejo a nivel de finca.
Tecnología disponible, adopción desigual
El estudio documenta un aumento en la adopción de métodos de riego de bajo flujo y herramientas de monitoreo de humedad del suelo. Estas tecnologías permiten aplicar agua con mayor precisión, reducir pérdidas y ajustar el riego a las necesidades reales del cultivo. Sin embargo, el avance no ocurre de manera uniforme.
Los productores pequeños y medianos aparecen como los más afectados por las barreras de acceso. La falta de capital, asistencia técnica y recursos para implementar sistemas avanzados limita la incorporación de herramientas que ya están disponibles. Esta brecha entre tecnología existente y práctica generalizada se mantiene como uno de los principales desafíos para mejorar la eficiencia del riego agrícola en Estados Unidos.
El problema no es únicamente tecnológico. Aunque existan sensores, sistemas de monitoreo y equipos de mayor precisión, su impacto depende de que los productores puedan financiarlos, aprender a utilizarlos e integrarlos en decisiones diarias de manejo. Sin esa adopción amplia, la eficiencia queda concentrada en determinados perfiles productivos y no transforma el sistema en su conjunto.
Acuíferos, clima y costos presionan la viabilidad
La presión sobre los recursos hídricos aparece en varias direcciones. El estudio destaca el agotamiento de aguas subterráneas, la variabilidad climática y el aumento de costos energéticos y operativos. En regiones clave para el riego, los niveles de los acuíferos están disminuyendo más rápido de lo que pueden recuperarse.
Esta situación compromete la continuidad de modelos agrícolas que dependen de la extracción intensiva. Cuando el agua subterránea se reduce, aumentan los costos de bombeo, se vuelve más difícil sostener rendimientos y se intensifica la necesidad de regular el uso del recurso. A ello se suman sistemas de derechos de agua fragmentados y supervisión regulatoria desigual, dos factores que dificultan una gestión coordinada a la escala que exige el problema.
Gobernanza y precisión serán decisivas
Los investigadores plantean tres líneas prioritarias: fortalecer el monitoreo de aguas subterráneas, mejorar los marcos de política hídrica y ampliar la adopción de prácticas de riego de precisión. También subrayan la necesidad de facilitar el acceso a tecnologías de irrigación para productores de menor escala.
La conclusión técnica del estudio es que la sostenibilidad futura de la agricultura irrigada estadounidense no dependerá solo de nuevas herramientas, sino también de reglas más efectivas para gobernar el agua. La inversión tecnológica puede mejorar la eficiencia, pero sin seguimiento de acuíferos, coordinación institucional y políticas consistentes, el sistema seguirá expuesto a pérdidas, agotamiento y desigualdad en el acceso a soluciones.
La agricultura bajo riego de Estados Unidos continúa siendo una pieza central para la producción alimentaria, pero su mapa está cambiando. La concentración en cinco estados, el desplazamiento hacia el este, el crecimiento del maíz y la soja irrigados, la presión sobre acuíferos y la adopción desigual de tecnología muestran un sistema en transición. El desafío ya no es simplemente regar más, sino regar mejor, con datos, gobernanza y acceso técnico para productores de distintas escalas.
Referencias
https://phys.org/news/2026-04-irrigated-agriculture-viability-strategies.html
https://doi.org/10.1016/j.agwat.2026.110319
