La Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos advierte que las interrupciones del suministro eléctrico obligan a las plantas procesadoras a depender de equipos de emergencia, combustible y recursos adicionales para mantener sus operaciones.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
La industria alimentaria de Venezuela enfrenta dificultades operativas asociadas con las deficiencias del suministro eléctrico, una situación que afecta las condiciones necesarias para transformar las materias primas agrícolas y pecuarias en productos destinados al consumo nacional. La Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos (Cavidea) advirtió, en declaraciones difundidas el 8 de octubre de 2026, que las empresas deben sostener sus operaciones en un entorno energético complicado, incluso cuando disponen de plantas eléctricas de emergencia.
Juvenal Arbeláez, presidente de Cavidea, explicó que las instalaciones industriales cuentan con equipos auxiliares para responder a las interrupciones del servicio. Sin embargo, su funcionamiento depende de la disponibilidad de combustibles como diésel y gas, lo que incorpora nuevas exigencias a la continuidad de las operaciones.
La advertencia adquiere especial importancia para las cadenas agroalimentarias venezolanas, porque la producción primaria no termina cuando los agricultores cosechan o los ganaderos entregan sus productos. Buena parte de esos alimentos necesita pasar por instalaciones de recepción, acondicionamiento, transformación, conservación y distribución antes de llegar a los consumidores.
Las declaraciones de Cavidea identifican una dificultad concreta para el funcionamiento industrial, aunque no incluyen una cuantificación nacional de las horas de interrupción eléctrica, las pérdidas de producción o el número de plantas afectadas.
La electricidad condiciona el procesamiento de las cosechas
El funcionamiento de una planta agroindustrial depende de diferentes equipos eléctricos, cuya importancia varía según el producto procesado. En las instalaciones cerealeras, por ejemplo, la energía permite operar sistemas de recepción, transporte interno, limpieza, clasificación y molienda de granos.
Cuando el suministro eléctrico presenta interrupciones, las empresas necesitan disponer de sistemas alternativos para evitar paralizaciones. No obstante, contar con una planta de emergencia no elimina automáticamente las dificultades, porque estos equipos requieren combustible, mantenimiento y capacidad suficiente para atender los procesos considerados esenciales.
Esta dependencia resulta particularmente relevante durante períodos de elevada actividad agrícola. Venezuela se encuentra desarrollando la cosecha de maíz del ciclo invierno 2026, una campaña que contempla más de 503.000 hectáreas sembradas de maíz blanco y amarillo, según el balance oficial difundido a finales de septiembre.
La recolección de grandes volúmenes de cereales exige una coordinación entre agricultores, transportistas, centros de acopio, instalaciones de almacenamiento y establecimientos industriales. Por ello, la disponibilidad de energía constituye una condición operativa importante para mantener la circulación de las materias primas dentro de la cadena.
Sin embargo, las declaraciones conocidas de Cavidea no permiten afirmar que las interrupciones eléctricas hayan ocasionado pérdidas específicas en la cosecha de maíz de 2026. La relación corresponde a una vulnerabilidad operativa de la cadena, no a un daño cuantificado en esa campaña.
Las plantas de emergencia también necesitan combustible
Uno de los elementos centrales de la advertencia empresarial es que la generación eléctrica de respaldo depende de otros suministros. Arbeláez señaló que las instalaciones industriales disponen de plantas de emergencia, pero estas necesitan combustibles para funcionar.
El problema es especialmente importante cuando una interrupción se prolonga o cuando las instalaciones deben recurrir repetidamente a sus sistemas auxiliares. En esas circunstancias, mantener la actividad requiere organizar el abastecimiento energético y garantizar el funcionamiento de los equipos.
Además del combustible, la operación de generadores puede representar gastos adicionales relacionados con lubricantes, repuestos, mantenimiento preventivo y reparaciones. Estos componentes forman parte de los costos potenciales de la generación de respaldo, aunque Cavidea no presentó cifras que permitan determinar cuánto están gastando actualmente las industrias venezolanas por este concepto.
Para las empresas procesadoras de materias primas agropecuarias, la estabilidad energética también influye en la planificación de los turnos de trabajo y en la utilización de la capacidad instalada.
Una instalación puede contar con materias primas disponibles y, aun así, encontrar dificultades para mantener un ritmo regular de procesamiento cuando alguno de sus servicios esenciales resulta interrumpido.
La conservación de alimentos requiere suministro continuo
Las dificultades eléctricas tienen implicaciones particulares para los productos perecederos. La leche cruda, determinadas carnes, frutas y hortalizas necesitan condiciones específicas de conservación para mantener su calidad durante el almacenamiento y la distribución.
En la cadena láctea, por ejemplo, el enfriamiento de la leche constituye una práctica importante para limitar la proliferación de microorganismos y preservar las características del producto antes de su transformación industrial.
La importancia comercial de estas operaciones también se refleja en los indicadores recientes del mercado lácteo venezolano, que distinguen entre leche fría y leche caliente a puerta de corral.
Los datos del Instituto Venezolano de la Leche y la Carne (INVELECAR), correspondientes al 7 de octubre, situaron la referencia nacional de la leche fría en 0,83 dólares por litro y la leche caliente en 0,73 dólares. Aunque esas cotizaciones no permiten medir el efecto de los problemas eléctricos, muestran que ambas modalidades de comercialización tienen valores diferenciados.
En los establecimientos que utilizan refrigeración, las interrupciones prolongadas pueden comprometer las condiciones de almacenamiento si no existen sistemas de respaldo adecuados. El riesgo depende del tiempo sin energía, las temperaturas alcanzadas, las características de cada alimento y la capacidad de recuperación de los equipos.
No se dispone, a partir de las declaraciones examinadas, de información suficiente para atribuir a las fallas eléctricas pérdidas concretas de leche, carne u otros productos perecederos durante octubre.
Una dificultad adicional para la cadena agroalimentaria
La situación descrita por Cavidea se suma a otras limitaciones que enfrentan los productores y las empresas vinculadas con el abastecimiento nacional.
En septiembre, la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) manifestó su preocupación por las condiciones comerciales de diferentes rubros agrícolas, especialmente por la competencia de productos importados y las dificultades para colocar las cosechas nacionales.
Las advertencias sobre las importaciones que presionan la comercialización agrícola corresponden a un problema distinto del suministro eléctrico, pero ambos asuntos forman parte de las condiciones que deben afrontar las cadenas agroalimentarias.
Para que una explotación agrícola pueda mantener su actividad, necesita producir, transportar y vender su cosecha. Posteriormente, cuando el producto requiere transformación, las industrias deben contar con capacidad operativa suficiente para recibirlo y procesarlo.
Las dificultades en cualquiera de esas etapas pueden afectar la coordinación comercial y productiva. No obstante, establecer la magnitud de sus consecuencias requiere datos específicos sobre volúmenes, costos, tiempos de procesamiento y pérdidas efectivamente registradas.
Cavidea asegura que la industria mantiene sus operaciones
A pesar de las dificultades descritas, el presidente de Cavidea sostuvo que las empresas alimentarias continúan trabajando para atender el abastecimiento nacional.
La posición empresarial distingue dos situaciones que no deben confundirse: la existencia de condiciones operativas complicadas y una eventual paralización generalizada de la producción. Las declaraciones difundidas el 8 de octubre respaldan la primera, pero no documentan una suspensión nacional de las actividades industriales.
Esta precisión resulta importante porque la disponibilidad de alimentos depende de múltiples factores, entre ellos la producción agrícola, la ganadería, las importaciones, la transformación industrial, el transporte y la capacidad de compra de los consumidores.
En el caso venezolano, los problemas estructurales del sistema agroalimentario incluyen limitaciones de financiamiento, costos productivos, dependencia de importaciones y dificultades para sostener la actividad económica de las explotaciones.
El suministro eléctrico representa otro componente de ese entorno, especialmente para las empresas que requieren maquinaria industrial, sistemas de refrigeración y procesos continuos de transformación.
La continuidad energética se convierte en una necesidad productiva
La advertencia de Cavidea pone de relieve que la disponibilidad de materias primas agropecuarias no garantiza por sí sola el funcionamiento regular de la industria alimentaria.
Las plantas procesadoras necesitan electricidad para desarrollar numerosas operaciones, mientras que los sistemas de respaldo requieren combustible y mantenimiento para responder a las interrupciones del servicio.
El balance divulgado en octubre de 2026 no permite establecer cuántas toneladas de alimentos han dejado de procesarse ni cuánto han aumentado los costos industriales por las deficiencias energéticas. Tampoco ofrece una evaluación diferenciada por estados, empresas o categorías de productos.
Por tanto, el hecho verificable es la advertencia formulada por la representación de la industria alimentaria sobre las dificultades que enfrenta para mantener sus operaciones en las actuales condiciones del suministro energético.
La información resulta relevante para el sector agropecuario porque conecta directamente la producción primaria con la capacidad industrial de transformar y conservar los alimentos. Mantener operativa esa infraestructura es una condición necesaria para que las cosechas y los productos pecuarios puedan avanzar hacia sus respectivos mercados.
Fuente referencial: Visión Agropecuaria — Declaraciones del presidente de Cavidea sobre el suministro eléctrico y la producción de alimentos, 8 de octubre de 2026


