La presencia masiva de roedores en Australia Occidental y Australia Meridional vuelve a poner en alerta a agricultores y comunidades rurales, con riesgos para cultivos, maquinaria, salud y fauna nativa
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Cuando los ratones dejan de ser una presencia aislada y empiezan a multiplicarse por miles en los campos, el problema deja de ser doméstico y se convierte en una amenaza agrícola, económica y sanitaria. Eso es lo que vuelve a preocupar a productores de Australia Occidental y Australia Meridional, dos estados donde los agricultores están enfrentando una nueva expansión de roedores justo en un momento especialmente sensible para la campaña agrícola: el inicio de la siembra tras las lluvias recientes.
El fenómeno no es menor. En algunas zonas de Australia Occidental se han detectado entre 3.000 y 4.000 madrigueras en una sola hectárea, una señal clara de presión poblacional elevada. En Australia Meridional, los niveles de ratones se ubican en su punto más alto en al menos cuatro años. Esta combinación de abundancia, oportunidad reproductiva y disponibilidad de alimento ha encendido las alarmas porque los cultivos recién implantados pueden perderse incluso antes de germinar.
La situación recuerda las plagas de 2020 y 2021, que afectaron a comunidades rurales de Australia Meridional, el oeste de Victoria, Nueva Gales del Sur y el sur de Queensland. En aquel episodio, durante un periodo de once meses, millones de ratones devoraron cultivos de primavera, dañaron maquinaria agrícola y generaron pérdidas estimadas en 1.000 millones de dólares australianos para el sector agropecuario.
Una plaga que nace de lluvias, granos y reproducción acelerada
Los ratones forman parte del ambiente australiano desde su llegada con la Primera Flota en 1788. Desde entonces se expandieron por distintas regiones del país y, bajo determinadas condiciones, pueden alcanzar niveles de plaga. En Australia, una población se considera en proporciones de plaga cuando hay al menos 800 ratones por hectárea.
La causa de estos estallidos poblacionales suele estar vinculada a eventos climáticos que aumentan la humedad del suelo, como ciclones, inundaciones o periodos de lluvias abundantes. Las buenas precipitaciones favorecen el crecimiento de plantas nativas y también impulsan cosechas abundantes en regiones cerealeras. Ese escenario ofrece a los ratones dos elementos decisivos: clima favorable y comida disponible, especialmente granos.
La relación causa–resultado es directa: más humedad y más alimento permiten prolongar la temporada reproductiva de los ratones durante varios meses. En esas condiciones, los animales pueden producir varias camadas por temporada, lo que acelera la multiplicación de la población y transforma un problema localizado en una presión masiva sobre campos, viviendas rurales, depósitos y sistemas de almacenamiento.
El momento más delicado para los productores
La nueva expansión de ratones llega en un punto crítico porque muchos agricultores están por iniciar la siembra. Después de las lluvias recientes, los productores se preparan para colocar las semillas en el suelo, pero la presencia masiva de roedores amenaza con destruirlas antes de que los cultivos tengan oportunidad de emerger.
Para un establecimiento agrícola, esa pérdida temprana no solo implica volver a sembrar o asumir menores rindes. También significa más costos, mayor incertidumbre y riesgo de retrasos en el calendario productivo. En las regiones donde la presión de ratones es alta, el daño puede afectar semillas, granos almacenados, instalaciones, cables, maquinaria y espacios de vivienda.
El impacto tampoco es únicamente económico. Las plagas anteriores dejaron una fuerte carga emocional en comunidades rurales. La presencia constante de ratones en casas, galpones, cocinas, dormitorios y áreas de trabajo genera ansiedad, cansancio y sensación de pérdida de control. Además, los roedores pueden transmitir enfermedades y contaminar alimentos, lo que eleva la preocupación sanitaria en zonas afectadas.
Cebos, fosfuro de zinc y el debate por los riesgos ambientales
Frente al avance de los ratones, los agricultores de Australia Occidental y Australia Meridional están recurriendo a métodos de control. La herramienta principal en grandes explotaciones agrícolas es el uso de cebos, especialmente aquellos basados en fosfuro de zinc. Cuando el producto es ingerido en la dosis adecuada, resulta letal para los ratones.
Estudios recientes citados en el análisis disponible indican que dosis más altas de fosfuro de zinc pueden reducir las poblaciones de ratones hasta en un 90%. Sin embargo, ese uso requiere permisos especiales y ha generado debate regulatorio. La autoridad australiana responsable de pesticidas ha rechazado hasta ahora permitir la disponibilidad general de cebos más concentrados.
La razón principal es el riesgo para especies que no son el objetivo del control. Si los cebos se usan incorrectamente, pueden afectar fauna nativa, especialmente aves que se alimentan de semillas, como palomas crestadas, galahs y corellas. El desafío técnico es evidente: controlar una plaga que amenaza cultivos y comunidades sin provocar un daño adicional sobre especies silvestres.
Rodenticidas restringidos y alternativas de manejo
El problema ambiental no se limita al fosfuro de zinc. Equipos de investigación han estudiado los efectos de los rodenticidas anticoagulantes de segunda generación, entre ellos brodifacoum y bromadiolone. Estos productos, ampliamente conocidos por su toxicidad, han sido detectados en niveles letales en poblaciones de búhos nativos, reptiles y quolls amenazados.
Como respuesta, el regulador federal de pesticidas prohibió recientemente la venta de esos productos a consumidores minoristas. Esa restricción empuja a productores y residentes rurales a buscar alternativas más seguras, como cebos de primera generación, métodos complementarios y medidas preventivas.
Entre las estrategias recomendadas figuran el almacenamiento de granos a prueba de ratones, el sellado de huecos en viviendas y galpones, y barreras físicas. Incluso se menciona el caso de un agricultor que desarrolló una cerca casera contra ratones para ayudar a manejar la presión de roedores. No obstante, métodos como las trampas de golpe tienen una utilidad limitada cuando la población ya alcanzó niveles de plaga.
Una advertencia para el manejo agrícola en años favorables
El caso australiano muestra que una buena temporada de lluvias puede traer beneficios productivos, pero también abrir la puerta a desequilibrios biológicos cuando hay alimento, refugio y condiciones reproductivas favorables para una especie invasiva o altamente adaptable. En regiones cerealeras, ese equilibrio puede romperse rápido.
Para los agricultores, la lección práctica es que el control de ratones no puede quedar reducido a una reacción tardía. La vigilancia de madrigueras, la protección del grano almacenado, la limpieza de fuentes de alimento, el control regulado de cebos y la coordinación con autoridades agrícolas son piezas de una misma estrategia.
Australia Occidental y Australia Meridional enfrentan ahora una situación que podría agravarse si la reproducción continúa y los roedores alcanzan los cultivos recién sembrados. El antecedente de 2020 y 2021 pesa sobre el sector: millones de ratones, maquinaria dañada, cultivos destruidos, enfermedades asociadas y comunidades rurales sometidas a una presión psicológica severa.
El desenlace dependerá de la velocidad con que los productores puedan reducir las poblaciones, de las condiciones climáticas de las próximas semanas y de la capacidad de aplicar medidas de control sin multiplicar los daños ambientales. En un sistema agrícola donde la siembra marca el inicio de toda la campaña, perder la semilla antes de verla nacer puede ser el primer golpe de una crisis mucho mayor.
Referencias
Phys.org. Australian farmers are battling another potential mouse plague—what is causing it? Publicado el 25 de abril de 2026.
