La resistencia a fungicidas en cereales: un desafío creciente para el manejo sanitario


La situación en Alemania y Europa obliga a replantear las estrategias de control en trigo y otros cultivos


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

El control de enfermedades en cereales atraviesa un momento crítico. La creciente resistencia a fungicidas en patógenos clave está reduciendo la eficacia de herramientas que durante años han sido pilares en la protección de cultivos como el trigo. En este contexto, el análisis realizado por el especialista Dr. Andreas Mehl aporta claridad sobre el estado actual del problema y, sobre todo, sobre cómo enfrentarlo desde la práctica agrícola.

En los sistemas productivos europeos, especialmente en Alemania, enfermedades como la septoria, las distintas formas de roya y el oídio continúan siendo amenazas constantes. Sin embargo, lo que cambia no es solo su presencia, sino su capacidad de adaptarse a los tratamientos disponibles. Esta evolución obliga a revisar enfoques tradicionales y a asumir que el control químico, por sí solo, ya no es suficiente.

Patógenos más resistentes y menor margen de error

Uno de los puntos clave es que la resistencia no aparece de forma uniforme en todos los patógenos ni frente a todos los ingredientes activos. En el caso de la septoria en trigo, considerada una de las enfermedades más complejas de manejar, se observa una reducción progresiva en la sensibilidad a varios grupos de fungicidas. Esto significa que, aunque los productos siguen funcionando, su margen de eficacia se estrecha.

En el caso de las royas, el comportamiento es algo diferente, pero igualmente preocupante. La capacidad de estos hongos para evolucionar rápidamente genera escenarios donde ciertas sustancias pierden efectividad en periodos relativamente cortos. Por su parte, el oídio también presenta signos de adaptación, lo que obliga a ajustar dosis, momentos de aplicación y combinaciones de productos.

Este contexto genera una realidad técnica clara: el agricultor ya no puede confiar en una única solución. La gestión de enfermedades pasa a ser un proceso dinámico que requiere observación constante y decisiones ajustadas a cada campaña.

La presión de selección como factor determinante

La aparición de resistencias está directamente vinculada a la llamada presión de selección, es decir, al uso repetido de los mismos modos de acción. Cuando un mismo tipo de fungicida se aplica de forma continua, se favorece la supervivencia de aquellos individuos del patógeno que tienen cierta tolerancia, acelerando así el desarrollo de poblaciones resistentes.

El análisis técnico subraya que este fenómeno no es nuevo, pero sí se ha intensificado con los años. En sistemas agrícolas intensivos, donde la protección del rendimiento es prioritaria, el uso frecuente de fungicidas ha sido una práctica habitual. Sin embargo, este enfoque ha contribuido a debilitar la eficacia de algunas herramientas.

La consecuencia directa es que hoy resulta imprescindible diversificar estrategias. No se trata solo de cambiar productos, sino de entender cómo interactúan los distintos factores agronómicos en el campo.

Estrategias prácticas para frenar la resistencia

Desde una perspectiva técnica aplicada, el enfoque más eficaz pasa por combinar diferentes medidas. El especialista destaca la importancia de utilizar mezclas de fungicidas con distintos modos de acción, lo que reduce la probabilidad de que un patógeno desarrolle resistencia simultánea a todos ellos.

Asimismo, el momento de aplicación adquiere un papel decisivo. Aplicar fungicidas en fases clave del desarrollo del cultivo permite maximizar su eficacia y evitar tratamientos innecesarios. Esto no solo mejora los resultados, sino que también reduce la presión de selección.

Otro aspecto fundamental es la rotación de sustancias activas. Alternar productos con diferentes mecanismos de acción ayuda a mantener la sensibilidad de los patógenos a largo plazo. En este sentido, la planificación de la campaña debe contemplar no solo la enfermedad presente, sino también la estrategia global de manejo.

El papel del manejo agronómico

Más allá del uso de productos fitosanitarios, el control de enfermedades también depende de decisiones agronómicas. La elección de variedades, por ejemplo, influye directamente en la susceptibilidad del cultivo. Optar por materiales con cierta tolerancia puede reducir la necesidad de intervenciones químicas.

La densidad de siembra, la fertilización y la gestión del rastrojo son otros factores que condicionan el desarrollo de enfermedades. Un cultivo demasiado denso o con exceso de nitrógeno puede generar un microclima favorable para los patógenos, aumentando la presión sanitaria.

En este sentido, el enfoque moderno se orienta hacia un manejo integrado, donde cada decisión contribuye a reducir el riesgo. No se trata de eliminar el uso de fungicidas, sino de utilizarlos de forma más estratégica y eficiente.

Un cambio necesario en la toma de decisiones

El escenario actual obliga a los productores a adoptar una visión más analítica. La simple aplicación preventiva ya no garantiza resultados óptimos. En su lugar, se requiere un seguimiento más preciso del estado del cultivo y de las condiciones ambientales.

La digitalización y el uso de herramientas de monitoreo pueden jugar un papel importante en este proceso, permitiendo ajustar las intervenciones en función del riesgo real. Sin embargo, el conocimiento técnico sigue siendo el factor determinante.

El mensaje central es claro: la resistencia a fungicidas no es un problema aislado, sino una consecuencia del sistema de producción. Por ello, su solución también debe ser sistémica.

Un equilibrio entre productividad y sostenibilidad

El desafío de las resistencias pone en evidencia la necesidad de equilibrar la productividad agrícola con la sostenibilidad del manejo fitosanitario. Mantener la eficacia de los fungicidas disponibles es esencial para garantizar la estabilidad de los rendimientos en cultivos clave como el trigo.

Al mismo tiempo, el uso responsable de estas herramientas se convierte en una prioridad técnica y económica. La pérdida de eficacia no solo implica mayores costos, sino también un aumento en el riesgo productivo.

En este contexto, el enfoque recomendado no es restrictivo, sino estratégico. Se trata de optimizar el uso de recursos disponibles, combinando conocimiento, planificación y adaptación constante.

La evolución de los patógenos es inevitable, pero su impacto puede ser gestionado. La clave está en anticiparse, diversificar y tomar decisiones informadas en cada campaña.

Referencias

https://www.topagrar.com/acker/news/fungizidresistenzen-wo-stehen-wir-und-wie-lasst-sich-vorbeugen-20024471.html



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