Mundo Agropecuario

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Pedro Raúl Solórzano Peraza


Éste es un fenómeno que debe influir directamente en los programas de fertilización con fósforo, especialmente en lo referente a las dosis de abono que deben ser aplicadas. Los fosfatos sufren el proceso de fijación en los suelos, lo cual no es más que la transformación de formas de P de alta solubilidad en compuestos de menor solubilidad, no disponibles para las plantas. Así, se estima que en suelos pobres en P, del fósforo que se aplica al suelo en fertilizantes, alrededor de 5 a 20% puede ser aprovechado de inmediato por las plantas resultando la fertilización fosfatada con una eficiencia bastante baja. Sin embargo, el fósforo fijado no puede considerarse totalmente perdido, ya que este proceso es parcialmente reversible. De esta manera, este fósforo que se va acumulando en los suelos a medida que se aplica en fertilizantes, representa la residualidad de los fosfatos.

La residualidad de los fosfatos en el suelo, influye entonces sobre el manejo de la fertilización con este nutriente. Cuando se incorpora un suelo con niveles bajos de P aprovechable al proceso de producción agrícola, la fertilización fosfatada frecuente es fundamental para obtener buenos rendimientos de los cultivos. Esa aplicación frecuente de P, debido al efecto residual de este nutriente, va incrementando en el suelo sus niveles aprovechables para las plantas a la vez que va disminuyendo la capacidad de fijación de fosfatos de ese suelo. Esto trae como consecuencia, que con el tiempo, las dosis adecuadas de P sean cada vez menores y la eficiencia de la fertilización fosfatada se incremente, hasta que se llega a un punto en el cual aquel suelo que era inicialmente muy pobre en P adquiere un nivel de fertilidad alto y las dosis de fósforo recomendadas serán de una magnitud suficiente para mantener esas buenas condiciones de fertilidad.

Por supuesto, para manejar eficientemente el efecto residual de los nutrientes en el suelo, especialmente del fósforo, es indispensable recurrir a un análisis de suelo periódico, que nos permita hacerle seguimiento a los cambios que va sufriendo el nivel de P aprovechable de un suelo y poder ir realizando los ajustes pertinentes en los programas de fertilización para cada ciclo de cultivo.


Pedro Raúl Solórzano Peraza es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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