Investigadores del campus de Lugo estudiaron durante años viñedos en Portomarín y manzanos en Boimorto para evaluar el efecto de los cultivos de cobertura en la producción y el manejo agrícola
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Sembrar hierba entre cultivos puede convertirse en una herramienta agrícola útil para producir más y reducir el gasto en herbicidas. Investigadores del campus de Lugo presentaron en un congreso nacional las conclusiones de un estudio desarrollado durante varios años en terrenos con viñedos y manzanos en Galicia, España, donde analizaron el efecto de los cultivos de cobertura sobre la producción, el manejo del suelo y la competencia con las malas hierbas.
El trabajo se realizó en viñedos situados en Portomarín y en plantaciones de manzanos ubicadas en Boimorto. La investigación fue explicada por la catedrática Rosa Mosquera, quien destacó el papel de la hierba sembrada entre líneas de cultivo como una práctica capaz de estimular el crecimiento de plantas próximas y, al mismo tiempo, reducir la necesidad de recurrir a herbicidas para controlar la vegetación espontánea.
La idea central es sencilla: en lugar de mantener el suelo completamente desnudo o depender de tratamientos químicos para eliminar la hierba, los productores pueden manejar una cubierta vegetal controlada entre las líneas de cultivo. Esta estrategia permite ocupar el espacio donde crecerían malezas no deseadas, proteger el suelo y generar un entorno más equilibrado para el sistema productivo.
Una práctica probada en viñedos y manzanos gallegos
Los ensayos presentados por los investigadores del campus de Lugo se centraron en dos cultivos permanentes de alto interés agrícola: la vid y el manzano. En ambos casos, la hierba sembrada entre los cultivos funcionó como una cubierta vegetal que modifica la relación entre suelo, cultivo principal y vegetación acompañante.
En los viñedos de Portomarín y en los manzanos de Boimorto, el estudio permitió observar cómo los cultivos de cobertura pueden integrarse dentro de una agricultura más eficiente. Esta línea de trabajo conecta con otras estrategias aplicadas en viñedos para reducir el uso de pesticidas, donde la innovación agronómica busca disminuir insumos sin comprometer la productividad.
El valor de la cubierta vegetal está en su capacidad para ocupar el suelo entre líneas y limitar el desarrollo de malezas problemáticas. En términos prácticos, eso puede traducirse en menor gasto en herbicidas, menos dependencia de aplicaciones químicas y una gestión más estable del terreno. Para cultivos leñosos como la vid y el manzano, el manejo del suelo entre filas es una decisión clave porque influye en la competencia por agua y nutrientes, pero también en la conservación del terreno.
Menos herbicidas y mejor manejo del suelo
El estudio sitúa el control de la vegetación como uno de los puntos centrales. Las malas hierbas pueden competir con el cultivo principal, pero eliminarlas por completo no siempre es la opción más eficiente. Una cubierta vegetal manejada correctamente permite sustituir parte de ese control químico por una estrategia agronómica basada en el equilibrio del sistema.
La reducción del gasto en herbicidas es uno de los aspectos más relevantes para los agricultores. Los tratamientos químicos representan un coste económico y operativo, además de exigir planificación según clima, estado del suelo y presión de malezas. En Mundo Agropecuario ya se ha explicado que la eficacia de un herbicida del suelo puede depender de factores ambientales como la humedad y las condiciones climáticas, lo que refuerza la necesidad de combinar herramientas de manejo.
La cubierta vegetal también puede ayudar a proteger el suelo frente a la erosión y mejorar la estructura superficial. En terrenos agrícolas con pendiente o expuestos a lluvias intensas, mantener una capa vegetal entre cultivos reduce el impacto directo del agua, limita el arrastre de partículas y contribuye a conservar la fertilidad. Ese efecto resulta especialmente importante en cultivos permanentes, donde el suelo permanece durante años bajo el mismo sistema productivo.
Una alternativa frente a la presión de las malezas
El manejo de malezas es uno de los desafíos constantes de la agricultura. Cuando la vegetación espontánea crece sin control, compite con el cultivo principal y puede dificultar las labores agronómicas. Pero cuando se introduce una cubierta vegetal seleccionada y manejada, esa competencia puede ordenarse de manera más favorable para el productor.
La estrategia presentada por los investigadores de Lugo se diferencia de un abandono del terreno. No se trata de dejar crecer cualquier hierba, sino de sembrar y manejar una vegetación útil entre líneas. Esa distinción es importante porque el objetivo no es sumar competencia al cultivo, sino crear una cobertura que ayude a controlar malezas, mejorar el suelo y reducir costes.
El interés por alternativas al control químico también responde a una preocupación creciente por la resistencia de malezas y la necesidad de diversificar estrategias. Distintos estudios han señalado que las malezas agrícolas en un clima cambiante pueden complicar cada vez más el manejo tradicional, especialmente cuando los herbicidas pierden eficacia o se usan de manera repetitiva.
Producción agrícola con menor dependencia química
El uso de cultivos de cobertura forma parte de un enfoque más amplio de agricultura sostenible. En este caso, la práctica se orienta a mejorar la producción y reducir gastos, sin presentar la sostenibilidad como una idea abstracta. El aporte concreto está en el manejo del suelo, la menor presión de herbicidas y el posible estímulo al crecimiento de las plantas próximas.
La investigación gallega también muestra que las soluciones agrícolas no siempre requieren tecnologías complejas. Sembrar hierba entre cultivos puede parecer una práctica sencilla, pero su aplicación efectiva exige conocimiento del terreno, selección adecuada de especies, control del crecimiento y adaptación al calendario de labores de cada cultivo.
En cultivos permanentes como viñedos y manzanos, el resultado depende de equilibrar beneficios y riesgos. Una cubierta mal manejada podría competir por agua o nutrientes, pero una cubierta bien gestionada puede favorecer el sistema. Por eso, las conclusiones del estudio son relevantes para productores que buscan reducir costes sin comprometer el rendimiento.
Galicia como campo de ensayo agrícola
Los terrenos de Portomarín y Boimorto aportan un contexto específico: Galicia, una región donde la agricultura convive con condiciones climáticas húmedas, suelos diversos y cultivos permanentes de valor económico. El hecho de que el estudio se desarrollara durante años permite observar el comportamiento de la práctica más allá de una campaña puntual.
La presencia de manzanos en el estudio también resulta significativa porque los frutales enfrentan retos crecientes relacionados con clima, sanidad vegetal y manejo de suelo. En otros contextos, investigaciones sobre manzanos y cambio climático han mostrado la importancia de adaptar los sistemas productivos a condiciones ambientales cada vez más variables.
En el caso gallego, la cubierta vegetal aparece como una herramienta de manejo local con efectos productivos y económicos. Su interés no está solo en reducir herbicidas, sino en demostrar que el suelo entre cultivos puede gestionarse como parte activa del sistema y no como una superficie vacía que debe mantenerse limpia a cualquier coste.
Una decisión agronómica con impacto económico
La conclusión práctica del trabajo presentado por los investigadores del campus de Lugo es que sembrar hierba entre cultivos puede ayudar a producir más y gastar menos en herbicidas. Esa relación es relevante porque conecta la sostenibilidad con la rentabilidad, dos dimensiones que muchas explotaciones necesitan integrar para seguir siendo viables.
El estudio en viñedos y manzanos confirma que las cubiertas vegetales pueden ser una herramienta útil cuando se adaptan al terreno y al cultivo. La clave está en convertir una práctica de manejo del suelo en una ventaja productiva: menos dependencia de herbicidas, mejor control de vegetación no deseada y una gestión más eficiente del espacio agrícola.
Para los productores, el dato central no es solo que la hierba pueda crecer entre cultivos, sino que puede hacerlo de forma planificada y con beneficios medibles. En ese punto, la investigación gallega aporta una señal concreta: el suelo cubierto y bien manejado puede dejar de ser visto como un problema y convertirse en parte de la solución productiva.
Referencias
