Un especialista del NABU Berlín explica que las abejas urbanas necesitan tubos de nidificación largos, limpios, soleados y protegidos de la lluvia para reproducirse mejor
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La primavera en Alemania vuelve a poner a las abejas silvestres en movimiento. En balcones, terrazas, puertas y muebles de exterior, algunos insectos peludos buscan pequeños agujeros donde depositar sus huevos. La escena puede parecer curiosa, pero Stephan Härtel, biólogo y especialista en avispas, abejas y abejorros del Naturschutzbund Berlin, NABU Berlín, advierte que ese comportamiento revela un problema concreto: en la ciudad faltan sitios adecuados para nidificar.
La presencia de estas abejas en espacios urbanos no debe generar alarma. Härtel explica que en esta época aparecen sobre todo dos especies inofensivas: la abeja peluda de primavera, Anthophora plumipes, y la abeja albañil roja, Osmia bicornis. La primera suele acercarse a macetas secas que quedaron del año anterior, mientras que la segunda busca cavidades en madera, muebles o pequeños orificios disponibles. Ambas forman parte de ese amplio grupo de abejas silvestres que no viven en colonias como las abejas melíferas, sino que crían a su descendencia de manera solitaria.
La ciudad ofrece alimento, pero no siempre buenos nidos
El año 2026 ha comenzado de forma favorable para los himenópteros en Berlín, de acuerdo con Härtel. Las lluvias registradas semanas atrás ayudaron a que crecieran las plantas que sirven de alimento y a que muchas flores abrieran durante la primavera. En años de sequía, en cambio, estos insectos sufren más porque disminuyen los recursos florales disponibles.
El problema principal no está solo en la comida, sino en la reproducción. La abeja albañil roja suele aprovechar en la naturaleza los túneles que dejan las larvas de escarabajos en la madera. Dentro de esas galerías construye pequeñas cámaras separadas con barro, deposita un huevo en cada una y deja una reserva de polen para que la larva pueda alimentarse. Ese proceso muestra por qué los espacios urbanos pueden resultar engañosos: no todo agujero sirve como refugio reproductivo.
En los muebles o puertas con cavidades cortas, las crías que llegan a desarrollarse suelen ser machos. Härtel explica que la posición dentro del nido influye en el sexo de las crías: las hembras se desarrollan en las cámaras más internas y profundas, mientras que los machos ocupan las externas. Por eso, una cavidad demasiado corta limita el aporte real a la población, ya que las hembras son las que luego podrán poner nuevos huevos.
Por qué muchos hoteles de insectos son insuficientes
La recomendación técnica es clara: para favorecer realmente la reproducción de la abeja albañil roja, los tubos de nidificación deberían medir al menos entre 15 y 18 centímetros de longitud. Muchos hoteles de insectos comerciales no cumplen esa condición y ofrecen cavidades demasiado cortas. En esos casos, pueden parecer útiles desde el punto de vista decorativo, pero no siempre resuelven la necesidad biológica de las especies que se pretende proteger.
También importa la calidad del orificio. Si la entrada está mal cortada, astillada o áspera, las abejas pueden dañarse las alas mientras entran y salen. Esto convierte algunos muebles perforados o refugios mal terminados en sitios de riesgo. La ayuda efectiva no consiste únicamente en colocar un objeto etiquetado como “hotel de insectos”, sino en ofrecer cavidades limpias, profundas, secas y bien orientadas.
La explicación tiene una lectura agrícola y ecológica más amplia. La protección de polinizadores no depende solo de la abeja melífera manejada, sino también de insectos nativos y silvestres que cumplen funciones decisivas en cultivos, huertos y ecosistemas. En ese sentido, el cuidado de los nidos urbanos se conecta con la conservación de los polinizadores nativos, cuya presencia ayuda a sostener procesos de reproducción vegetal y estabilidad ambiental.
Una alternativa sencilla: cañas largas, sol y protección contra la lluvia
Härtel propone una solución sencilla para balcones y jardines: usar esteras de caña o carrizo, dividirlas con tijeras de jardinería, enrollarlas y colocarlas en un sitio soleado y protegido de la lluvia. Las cañas huecas ofrecen diámetros distintos, lo que puede atraer a varias especies. La abeja albañil roja, por ejemplo, prefiere cavidades interiores de entre 3 y 7 milímetros.
La ubicación es importante. Las abejas necesitan calor, por lo que conviene orientar la ayuda de nidificación hacia un lugar luminoso y estable. Las cañas no deben quedar deshilachadas en los extremos, porque las fibras pueden dificultar el ingreso o dañar a los insectos. Si un tubo queda cerrado, puede marcarse con un rotulador; si al año siguiente no emerge ninguna abeja, es señal de que la cría no prosperó y la caña puede reemplazarse.
Este tipo de manejo práctico tiene más valor que muchos refugios prefabricados. El propio Härtel recomienda construir o adaptar las ayudas de nidificación de manera casera, porque así se puede controlar mejor la longitud, limpieza y orientación de los tubos. Además, permite observar de cerca el ciclo de vida de estos insectos sin interferir en su comportamiento natural.
No basta con nidos: también hacen falta flores
El refugio no resuelve todo si falta alimento. En mayo, organizaciones ambientales de Berlín recomiendan evitar cortar céspedes y praderas para conservar plantas en flor como ortigas muertas, verónicas y dientes de león. Estas especies espontáneas ofrecen néctar y polen en un momento clave para las abejas silvestres.
La relación entre flores, polinizadores y paisaje es central. En áreas agrícolas y urbanas, la diversidad floral aumenta los recursos disponibles y puede favorecer una mayor actividad de insectos. Por eso, las recomendaciones para balcones también dialogan con investigaciones sobre flores que benefician a las abejas y a la biodiversidad, especialmente cuando se seleccionan especies ricas en polen y néctar.
Härtel recuerda que incluso especies frecuentes, como la abeja albañil roja, merecen protección. No estar en peligro inmediato no significa carecer de valor ecológico. En ciudades como Berlín, donde desaparecen solares, rincones silvestres y pequeñas áreas sin urbanizar, cada cavidad bien preparada y cada planta en flor pueden marcar una diferencia para individuos concretos.
La advertencia final es práctica: ayudar a las abejas silvestres no consiste en comprar cualquier hotel de insectos, sino en entender qué necesitan para completar su ciclo reproductivo. Tubos de 15 a 18 centímetros, diámetros adecuados, bordes limpios, sol, resguardo de la lluvia y flores disponibles forman una combinación más útil que un refugio bonito pero mal diseñado. Esa suma de pequeños cuidados urbanos también fortalece la conversación sobre hábitats de calidad para los polinizadores, una pieza cada vez más relevante para la biodiversidad y la producción de alimentos.
Referencias
Der Tagesspiegel. “Wie helfe ich Bienen beim Nisten?: Insektenhotels sind oft ungeeignet”. Publicado el 13 de mayo de 2026. https://www.tagesspiegel.de/wissen/wie-helfe-ich-bienen-beim-nisten-insektenhotels-sind-oft-ungeeignet-15574730.html
