Fertilizantes bajo presión geopolítica: el insumo agrícola que volvió al centro del conflicto global


La tensión en torno al estrecho de Ormuz recuerda que nitrógeno, fósforo y potasio no son solo nutrientes para cultivos, sino recursos estratégicos para la seguridad alimentaria


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

Los fertilizantes vuelven a mostrar su dimensión más sensible: no son únicamente un insumo agrícola, sino una pieza estratégica dentro de la economía mundial de los alimentos. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y las interrupciones vinculadas al transporte marítimo por el estrecho de Ormuz están generando presión sobre el sistema agrícola global, porque por esa zona circula una parte importante del comercio de fertilizantes químicos y materias primas necesarias para producirlos.

El análisis publicado por Lorenzo Feltrin en The Conversation y reproducido por Phys.org plantea que la vulnerabilidad actual no es nueva. Detrás de la agricultura moderna existe una infraestructura compleja formada por minerales críticos, energía, yacimientos extractivos, rutas marítimas e industrias químicas. Cuando una de esas piezas se tensiona, el impacto puede llegar rápidamente al precio de los fertilizantes y, meses después, al costo de producir alimentos.

La dependencia de estos insumos vuelve especialmente expuestos a los agricultores. Nitrógeno, fósforo y potasio sostienen buena parte de la productividad agrícola convencional, pero su disponibilidad depende de cadenas globales concentradas, consumo energético, minería, transporte marítimo y decisiones políticas que muchas veces se toman lejos del campo.

El estrecho de Ormuz y el riesgo para la agricultura

El estrecho de Ormuz es una de las rutas marítimas más sensibles del planeta. Además de hidrocarburos, por ese punto circulan fertilizantes y materias primas clave para su fabricación, como gas, amoníaco y azufre. Una interrupción en esa zona no afecta solo al comercio energético, sino también a la producción agrícola mundial.

Cuando los fertilizantes se encarecen o escasean, el productor enfrenta una decisión difícil: aplicar menos, cambiar dosis, postergar compras o asumir costos más altos. Cualquiera de esas opciones puede afectar rendimientos, márgenes y disponibilidad futura de alimentos.

El riesgo ya venía siendo observado en el sector agropecuario. En Mundo Agropecuario se ha señalado que la seguridad alimentaria global queda bajo presión cuando conflictos, energía y fertilizantes se combinan en una misma cadena de vulnerabilidad.

Una historia de más de un siglo

Feltrin recuerda que la relación entre fertilizantes, guerra e imperialismo tiene más de cien años. En el siglo XIX, la industrialización del Norte Global desplazó población del campo hacia fábricas, minas, obras y servicios. Alimentar a esas masas urbanas se convirtió en una urgencia política y económica.

Desde la década de 1840, el guano rico en fósforo y nitrógeno fue extraído de islas peruanas para abastecer al Norte Global. Más tarde, en la década de 1860, el intento de España de disputar ese recurso terminó en la guerra de las islas Chincha, un conflicto ligado al control de recursos naturales estratégicos.

Cuando las reservas de guano se agotaron, las minas de nitrato chilenas pasaron a ocupar un lugar central. La guerra del Pacífico, entre 1879 y 1884, también quedó vinculada a esa disputa por fuentes de nitrógeno. La historia muestra que la nutrición de los cultivos nunca estuvo completamente separada de la política internacional.

Fósforo, nitrógeno y potasio como recursos estratégicos

La agricultura convencional moderna depende de tres grandes nutrientes: nitrógeno, fósforo y potasio. El nitrógeno pudo industrializarse a gran escala a partir del proceso desarrollado por Fritz Haber a comienzos del siglo XX, mientras que el fósforo siguió dependiendo de la extracción de roca fosfórica.

Esa diferencia es clave. El fósforo no se fabrica desde el aire: debe extraerse de depósitos minerales. Por eso, su control histórico estuvo ligado a territorios, minas, colonias, rutas comerciales y sistemas laborales profundamente desiguales.

La preocupación por el fósforo continúa vigente. La escasez global de fósforo ya aparece como una crisis silenciosa para la agricultura, porque se trata de un recurso no renovable y esencial para sostener rendimientos altos en cultivos alimentarios.

El espejismo de la autosuficiencia agrícola

El artículo también analiza el caso de la Italia fascista. En 1925, el régimen de Benito Mussolini lanzó la llamada “Batalla por el Grano”, una campaña para aumentar la producción de trigo y reducir la dependencia de importaciones.

La industria química italiana, especialmente Montecatini, expandió la producción de fertilizantes, mientras la propaganda promovía una agricultura intensiva en insumos. La producción de trigo creció, pero el sistema profundizó su dependencia de fosfatos importados.

La contradicción quedó expuesta durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando Italia entró en el conflicto, Reino Unido requisó sus minas de fosfato en Egipto y las rutas mediterráneas quedaron interrumpidas. Sin acceso suficiente a fosfatos de Túnez y Egipto, la producción de fertilizantes cayó, la producción agrícola se redujo y la escasez de alimentos empeoró.

El costo llega primero al agricultor

La historia se repite con otros nombres y otras rutas. Cuando suben los precios del gas, se encarece el nitrógeno. Cuando se bloquean rutas marítimas, se tensiona el comercio. Cuando pocos países concentran minerales esenciales, los agricultores quedan expuestos a decisiones geopolíticas que no controlan.

En 2026, la tensión internacional volvió a trasladarse al campo a través de los costos de producción. El precio del fertilizante ya había mostrado alzas en plena campaña, con impacto directo sobre agricultores y ganaderos que dependen de estos insumos para sostener productividad.

La presión no afecta por igual a todos los países. Las economías con mayor dependencia de importaciones de fertilizantes quedan más expuestas a interrupciones comerciales, costos logísticos y cambios bruscos de precios. En esos casos, la seguridad alimentaria se vuelve también un problema de acceso a insumos.

Brasil como ejemplo de vulnerabilidad

El caso de Brasil ilustra el tamaño del riesgo. Su agricultura depende en gran medida de fertilizantes importados, una condición especialmente delicada para un país que ocupa un lugar central en el comercio mundial de soja, maíz, carne y otros productos agroalimentarios.

Cuando el abastecimiento de fertilizantes se encarece o se retrasa, el impacto puede trasladarse a la siembra, al rendimiento y a la oferta exportable. Por eso, la dependencia brasileña se ha convertido en una señal de alerta dentro del debate sobre fertilizantes importados y conflicto en Ormuz.

La vulnerabilidad no se reduce únicamente con comprar más fertilizante. También exige diversificar proveedores, mejorar eficiencia de uso, recuperar nutrientes, fortalecer alternativas locales y reducir pérdidas dentro de los sistemas agrícolas.

Más eficiencia y menos dependencia

La lección principal del análisis es que los fertilizantes deben entenderse como un recurso estratégico. El sistema alimentario moderno depende de ellos con la misma profundidad con la que depende de energía, transporte y agua.

Frente a ese escenario, la respuesta no puede limitarse a esperar que bajen los precios. La agricultura necesita mejorar el uso de nutrientes, reducir desperdicios, aprovechar fuentes orgánicas, reciclar fósforo y ajustar la fertilización con mayor precisión agronómica.

La búsqueda de alternativas ya está en marcha. Soluciones como el reciclaje de nutrientes, el uso de residuos orgánicos y nuevas fuentes de fertilización han sido planteadas como parte de una estrategia para reducir dependencia. El reciclaje de excrementos humanos y animales, por ejemplo, aparece como una vía posible para recuperar nutrientes que hoy se pierden o se gestionan de forma ineficiente.

Un insumo agrícola convertido en asunto de seguridad

El artículo de Feltrin muestra que los fertilizantes no son un asunto técnico aislado. Su historia conecta minería, colonias, guerras, industrias químicas, rutas marítimas y políticas de autosuficiencia agrícola.

La tensión actual en torno al estrecho de Ormuz confirma que esa dependencia sigue vigente. Una interrupción en el flujo de gas, amoníaco, azufre o fertilizantes puede modificar los costos agrícolas, presionar los precios de los alimentos y aumentar la fragilidad de países dependientes de importaciones.

Para los productores, el mensaje es concreto: la fertilización ya no puede analizarse solo desde la dosis por hectárea. También debe leerse como parte de una estrategia de resiliencia productiva, económica y alimentaria frente a un mercado internacional cada vez más condicionado por conflictos, energía y recursos minerales críticos.

Fuente(s) referenciales

Phys.org. “Fertilizer: The forgotten history linking the agricultural commodity and empire in wartime”. 21 de mayo de 2026.



Mundo Agropecuario
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