El orujo de uva abre una vía natural para reducir antibióticos en pollos de engorde


Un estudio de la Universidad de Cornell publicado en npj Biofilms and Microbiomes probó que este subproducto del vino puede mejorar el crecimiento, la salud intestinal y el equilibrio microbiano de las aves


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.

Un residuo habitual de la industria del vino podría tener un nuevo destino dentro de la producción avícola. El orujo de uva, el material que queda después del prensado de la fruta, fue evaluado por investigadores de la Universidad de Cornell como posible alternativa natural a los antibióticos promotores de crecimiento en pollos de engorde.

El estudio fue publicado el 7 de mayo en la revista científica npj Biofilms and Microbiomes y se centró en un problema que preocupa tanto a la ganadería como a la salud pública: la necesidad de reducir el uso de antibióticos sin afectar el crecimiento, la eficiencia alimenticia ni la salud intestinal de las aves.

La investigación cobra relevancia porque la resistencia antimicrobiana se ha convertido en una amenaza global. En producción avícola, la búsqueda de sustitutos naturales se ha intensificado ante la prohibición completa de los promotores de crecimiento antibióticos en la Unión Europea, China y Brasil, mientras Estados Unidos enfrenta una presión creciente para disminuir su uso.

Un residuo del vino probado en 126 pollos de engorde

El equipo fue liderado por Elad Tako, profesor asociado del Departamento de Ciencia Alimentaria del College of Agriculture and Life Sciences de Cornell. Los investigadores compararon el efecto del orujo de uva con el de la zinc bacitracina, uno de los promotores de crecimiento antibióticos más utilizados en la avicultura industrial.

El experimento incluyó 126 pollos de engorde de la línea Cornish-Cross, divididos en seis grupos de tratamiento durante 42 días. Para reproducir condiciones de estrés intestinal frecuentes en criaderos comerciales, las aves recibieron una dieta con 30 % de salvado de arroz, un ingrediente de alto contenido en fibra que puede provocar inflamación intestinal crónica de bajo grado.

La prueba se relaciona directamente con los desafíos de la avicultura moderna, donde el rendimiento productivo, el costo del pienso y la sanidad intestinal son factores decisivos para mantener sistemas eficientes sin aumentar la dependencia de medicamentos.

Mejor ganancia de peso y conversión alimenticia comparable

Las aves que recibieron solo la dieta inflamatoria redujeron su ganancia de peso en más de 54 % y mostraron niveles elevados de dos proteínas asociadas con inflamación: TNF-α e IL-1β. Al añadir orujo de uva al pienso en una proporción mínima de 0,5 %, la respuesta cambió de forma notable.

La ganancia de peso mejoró al menos 79 % frente a las aves inflamadas sin suplemento, mientras la conversión alimenticia alcanzó valores comparables a los del grupo tratado con antibióticos. El resultado sugiere que una dosis baja del subproducto vitivinícola puede ayudar a mitigar la inflamación intestinal sin recurrir a promotores antibióticos convencionales.

La alimentación es un punto central en este tipo de investigaciones. Otros enfoques sobre qué alimentar a los pollos de engorde también muestran que la calidad del pienso, la proteína disponible y los aditivos utilizados influyen directamente en el desarrollo de las aves.

Fermentación, microbioma y salud intestinal

El equipo de Cornell también evaluó dos versiones fermentadas del orujo de uva: una con Lactobacillus casei, bacteria presente en yogures y quesos, y otra con Saccharomyces cerevisiae, levadura utilizada en panificación y elaboración de cerveza.

Aunque la fermentación redujo ligeramente la concentración total de polifenoles, ambas versiones lograron resultados equivalentes o superiores al orujo sin fermentar en varios indicadores productivos. La versión fermentada con bacterias destacó por generar una mayor superficie de vellosidades intestinales en el intestino delgado, estructuras esenciales para la absorción de nutrientes.

Además, fue el único grupo donde se detectaron niveles cuantificables de butirato, un ácido graso de cadena corta que funciona como fuente de energía para las células del revestimiento intestinal y participa en la regulación de la inflamación.

En el ciego de las aves, donde se concentra buena parte del microbioma, el orujo de uva y sus versiones fermentadas modificaron favorablemente la comunidad microbiana. Las poblaciones de Klebsiella y Clostridium, asociadas con enfermedades intestinales, descendieron hasta niveles comparables a los observados en el grupo tratado con antibióticos.

Este enfoque coincide con el creciente interés por los probióticos en dietas avícolas, una línea de trabajo que busca modular el microbioma para mejorar la salud de las aves y reducir la presión sobre el uso de antimicrobianos.

Menor presión sobre la resistencia antimicrobiana

Uno de los datos más relevantes del estudio fue la menor presencia del gen de resistencia bcrA en los grupos que recibieron orujo de uva. Este resultado apunta a que el suplemento no contribuiría a generar presión adicional sobre los mecanismos de resistencia microbiana, uno de los principales riesgos asociados al uso de promotores de crecimiento antibióticos.

La investigación no plantea una sustitución automática en condiciones comerciales, sino una vía prometedora que requiere validación en granjas reales y con poblaciones más amplias. El propio equipo reconoce que el siguiente paso debe ser comprobar si los resultados obtenidos en condiciones controladas se mantienen en sistemas productivos de mayor escala.

En ese debate también encajan otras alternativas naturales ya estudiadas para mejorar la salud intestinal y reducir patógenos, como los péptidos antimicrobianos contra la salmonella en pollos, que muestran cómo la avicultura busca herramientas distintas al uso rutinario de antibióticos.

Economía circular para la industria vitivinícola y avícola

El orujo de uva también ofrece una ventaja ambiental. La industria vitivinícola genera millones de toneladas de este subproducto cada año, y una parte importante termina en vertederos o se composta con bajo valor económico. Redirigir una fracción hacia aditivos para piensos permitiría aprovechar un residuo agrícola dentro de una lógica de economía circular.

El trabajo fue financiado parcialmente por la New York Wine and Grape Foundation y el Cornell Atkinson Center for Sustainability. Sus resultados señalan que la inclusión de orujo de uva al 0,5 % en el pienso puede ofrecer efectos comparables a la zinc bacitracina, con la ventaja de no dejar residuos de antibióticos ni aumentar la presión sobre la resistencia microbiana.

Para la producción avícola, la investigación representa una posibilidad concreta: transformar un subproducto del vino en un ingrediente funcional para mejorar salud intestinal, crecimiento y eficiencia alimenticia. El reto ahora será pasar del ensayo controlado a la granja comercial, donde las condiciones de manejo, densidad, sanidad y alimentación determinarán si el orujo puede consolidarse como herramienta productiva real.

Fuente(s) referenciales

OK Diario / OK Green. “Adiós a los antibióticos en las granjas de gallinas: consiguen hacerlo reciclando los residuos del vino”. 17 de mayo de 2026.



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