El día en que las plantas comenzaron a oler: cómo descubrieron su sentido del olfato

Durante siglos, los humanos creyeron que el olfato era un privilegio exclusivo de los animales. Sin embargo, recientes descubrimientos científicos han demostrado que las plantas también “huelen”.


Redacción Mundo Agropecuario

Aunque no poseen nariz ni cerebro, son capaces de detectar compuestos volátiles en el aire y responder a ellos de forma precisa y sorprendentemente inteligente. Esta revelación ha transformado la manera en que entendemos el mundo vegetal y su comunicación con el entorno.

El aroma como lenguaje vegetal

Cuando una hoja es mordida por un insecto, la planta no se queda inmóvil. En cuestión de minutos libera una mezcla de moléculas aromáticas llamadas compuestos orgánicos volátiles (COVs), que actúan como señales de advertencia. Otras plantas cercanas, al percibir estos compuestos, activan sus propias defensas antes de ser atacadas.

Este fenómeno fue documentado por primera vez en la década de 1980, cuando científicos observaron que plantas de tabaco podían “prepararse” para resistir orugas si estaban junto a ejemplares ya dañados. Décadas después, la biología molecular confirmó que las plantas poseen receptores químicos capaces de identificar aromas específicos, del mismo modo que los animales utilizan receptores olfativos en su nariz.

El olfato vegetal bajo el microscopio

Investigaciones del Instituto Max Planck de Ecología Química (Alemania) y de la Universidad de Tel Aviv han revelado que las plantas pueden distinguir entre diferentes olores y responder de manera diferenciada. Por ejemplo, al oler etileno, una hormona gaseosa producida por frutos maduros, las plantas cercanas aceleran su propio proceso de maduración.

De forma similar, algunas flores pueden detectar el olor de los polinizadores antes de que lleguen y ajustar la liberación de néctar. Es un sistema de comunicación basado en moléculas flotando en el aire, tan complejo como cualquier lenguaje animal.

Un caso fascinante es el del tabaco silvestre (Nicotiana attenuata), que cambia su aroma nocturno cuando percibe la presencia de polillas. De esta forma, atrae a insectos alternativos menos dañinos para sus flores.

Las raíces también “huelen”

El olfato vegetal no se limita al aire. Bajo tierra, las raíces también detectan señales químicas de hongos, bacterias y otras raíces. Un estudio de la Universidad de Turku (Finlandia) demostró que las raíces pueden “oler” el dióxido de carbono emitido por microorganismos del suelo y orientarse hacia las zonas más ricas en actividad biológica.

Esta capacidad olfativa subterránea permite a las plantas identificar aliados o competidores, seleccionando con quién asociarse en la red del suelo. En los sistemas agrícolas, esta interacción química podría ser clave para diseñar cultivos más resilientes y cooperativos.

Implicaciones para la agricultura moderna

Comprender cómo las plantas “huelen” abre nuevas posibilidades para la agricultura sostenible. Si las plantas responden a ciertos aromas, es posible manipular su comportamiento mediante compuestos naturales. Por ejemplo, ya se desarrollan bioestimulantes que imitan las señales de alerta entre cultivos, ayudando a reducir el uso de pesticidas.

La agricultura del futuro podría incluir el uso de “perfumes vegetales” diseñados para fortalecer defensas, atraer polinizadores o sincronizar floraciones. Esta ciencia emergente, llamada ecología química aplicada, está revolucionando la manera de entender los ecosistemas agrícolas.

Una visión nueva de la inteligencia vegetal

El descubrimiento del olfato en las plantas no solo tiene implicaciones prácticas, sino también filosóficas. Obliga a repensar la frontera entre lo que consideramos “inteligencia” y “percepción”. Las plantas no sienten como los humanos, pero poseen sistemas sofisticados para registrar, interpretar y reaccionar ante el mundo que las rodea.

Oler, en el lenguaje de las plantas, es una forma de escuchar el aire. Cada aroma lleva un mensaje, y cada respuesta vegetal, una estrategia para sobrevivir. En silencio, sin moverse, los bosques y los campos están conversando todo el tiempo.


Referencias

  • Karban, R. & Baldwin, I.T. (2019). Induced Responses to Herbivory. University of Chicago Press.
  • Dudareva, N. et al. (2022). “Plant Volatiles: Synthesis, Emission, and Function.” Annual Review of Plant Biology.
  • Max Planck Institute for Chemical Ecology. “Plant Odor Perception and Signaling.” 2024.
  • University of Turku. “Root Chemosensing in Soil Microbial Environments.” 2023.

Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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