El trigo de los faraones: la historia y el renacimiento del enigmático Khorasan

En los templos de los antiguos faraones egipcios, los granos eran símbolo de vida eterna.


Redacción Mundo Agropecuario

Entre ellos, uno destacaba por su tamaño y brillo dorado: el trigo Khorasan, un cereal que durante siglos cayó en el olvido y que hoy resurge como una joya nutricional y cultural. Su historia combina arqueología, genética y una dosis de misterio que fascina a científicos y agricultores por igual.

El cereal perdido del antiguo Egipto

Según los registros arqueobotánicos, el trigo Khorasan (Triticum turanicum) fue cultivado hace más de 4.000 años en las fértiles orillas del Nilo. Su grano, dos veces más grande que el del trigo moderno, formaba parte de las ofrendas funerarias que acompañaban a los faraones en su viaje al más allá.

Durante siglos, este trigo desapareció de los campos egipcios, desplazado por variedades más productivas. Sin embargo, algunas semillas sobrevivieron en regiones aisladas de Irán, Afganistán y Turquía, donde siguieron cultivándose de forma marginal. Su nombre moderno, “Khorasan”, proviene precisamente de una antigua provincia del noreste de Irán.

En el siglo XX, un puñado de granos llegó a Estados Unidos en circunstancias casi legendarias: según algunos relatos, un aviador norteamericano los recibió de un comerciante egipcio después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de esas semillas se inició un proceso de investigación que devolvió al Khorasan su esplendor.

El renacimiento de un trigo ancestral

Hoy, el trigo Khorasan se cultiva nuevamente en distintas partes del mundo bajo la marca comercial Kamut®, nombre registrado por agricultores de Montana que promovieron su recuperación. Más allá del marketing, la ciencia ha confirmado que este cereal posee propiedades únicas.

Estudios realizados por la Universidad de Florencia y el Consejo de Investigación Agrícola de Canadá han demostrado que el Khorasan contiene hasta un 30% más de proteínas que el trigo común, además de niveles elevados de minerales como el selenio, zinc y magnesio. También aporta antioxidantes naturales y carotenoides, responsables de su característico tono dorado.

El Khorasan destaca además por su baja alergenicidad: muchas personas con sensibilidad al gluten (aunque no celíacas) lo toleran mejor que otras variedades modernas. Esto se debe a que su estructura genética se ha mantenido prácticamente intacta durante milenios, sin cruces extensivos ni modificaciones.

Ciencia, historia y resiliencia genética

Los estudios genómicos recientes revelan que el trigo Khorasan pertenece a una línea evolutiva intermedia entre el trigo duro y el emmer (Triticum dicoccum), lo que le confiere una estructura genética especialmente estable. Esta “pureza evolutiva” explica su resistencia a enfermedades fúngicas y su capacidad de adaptarse a suelos pobres o climas secos.

A diferencia de los trigos modernos, diseñados para altos rendimientos y dependencia de fertilizantes, el Khorasan prospera en sistemas de agricultura orgánica o regenerativa, donde los suelos vivos y el equilibrio ecológico favorecen su expresión natural.

Un legado para el futuro agrícola

El resurgimiento del Khorasan es más que una curiosidad arqueológica. Representa un modelo de diversificación genética que puede ayudar a enfrentar los desafíos de la agricultura moderna: cambio climático, erosión genética y demanda de alimentos saludables.

Los bancos de germoplasma de la FAO y el CIMMYT conservan actualmente distintas líneas de trigos antiguos, entre ellos el Khorasan, para asegurar su disponibilidad en programas de mejoramiento genético. La idea es rescatar la fortaleza del pasado para fortalecer los cultivos del mañana.

Entre el mito y la ciencia

Algunos entusiastas lo llaman “el trigo de los faraones” o incluso “el cereal del arca de Noé”. Más allá de la leyenda, su historia encierra una lección esencial: la diversidad agrícola es una forma de memoria biológica. Cada semilla antigua guarda un código adaptativo que puede ser decisivo en tiempos de crisis ambiental.

El renacimiento del Khorasan no solo devuelve un sabor perdido, sino que también simboliza el reencuentro entre tradición y ciencia. Desde las tumbas del antiguo Egipto hasta los campos del siglo XXI, este trigo dorado sigue recordándonos que en el corazón de cada grano duerme una historia milenaria que aún tiene mucho que contar.


Referencias

  • University of Florence. “Nutritional Evaluation of Khorasan Wheat (Kamut®) vs. Modern Durum Wheat.” 2023.
  • FAO. “Ancient Wheat Varieties and Genetic Diversity Conservation.” 2024.
  • CIMMYT. “Traditional Wheat Lines in Modern Breeding Programs.” 2023.
  • USDA Agricultural Research Service. “Physiological and Agronomic Traits of Triticum turanicum.” 2022.

Nota editorial:
Este artículo ha sido elaborado con fines divulgativos a partir de información pública y fuentes especializadas, adaptado al enfoque editorial del medio para facilitar su comprensión y contextualización.


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